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Fuimos la Primera Clase Media de Panamá

La Renta 10.

La Renta 10.

El Karchi. Véase steam whistle.

El Karchi. Véase steam whistle.

El imponente Edificio Magnolia subrayaba la importancia de los vecinos Afro-Antillanos para el barrio de Calidonia. El último y más grande de los edificios de los alrededores habían visto el final de la terrible situación económica de la década de los 1930 como un auge en el sector inmobiliario panameño. El edificio se levantó, y sigue en pie, en la esquina de la famosa Calle “P” y la Calle Mariano Arosemana, que históricamente se había convertido en uno de los monumentos de la ciudad de Panamá, y en ese período se hizo conocer por albergar una pujante clase media Westindian. Continue reading

Escasa Privacidad Pero Muchos Niños

El caserón de madera donde vivíamos en la
29-47 de la Calle Mariano Arosemena.


Nuestro barrio en el conocido Corregimiento de
Calidonia, en una de las principales calles en el caserón numero 29-47 de la Calle Mariano Arosemena, iba a parecer apacible por un largo rato. Habíamos llegado a residir allí como unos más de los niños más pequeños de los de nuestra etnia Westindian. En realidad nos criábamos como otros más de los niños hispanos y nos confortábamos con la idea que las cosas seguirán siendo idílicas tan sólo para nosotros. Continue reading

La Vida Urbana No Parece Mejorar el Problema de la Vivienda

En esta antigua imagen podemos apreciar
la entrada al Comisariato “Silver” en la
Zona. Imagen gracias a afropanavisions.com

La foto resalta las condiciones deplorables
en que vivían los del Silver Roll en medio de
la gran urbe en Ciudad Panamá en Calidonia.

Estas deplorables condiciones de vida para los de la comunidad Westindian en la Zona del Canal, explicaría el estudio, darían lugar a una serie de problemas debido a la disminución en la moral y la eficiencia del grupo, como el desmejoramiento de la salud y la exposición a enfermedades contagiosas.

Tras las revelaciones de las conclusiones de esos estudios la vivienda en la zona norteamericana se convertiría en tema de exámenes minuciosos, incluso hasta cuando las unidades de viviendas estuvieron bastante limitadas por las restricciones de los tratados. Llega a tal punto que a solamente una pequeña porción de los empleados se les haría acceder a vivienda alguna.

Con el paso del tiempo el Congreso de los Estados Unidos mostraría un creciente interés en mejorar la oferta habitacional de los del Silver Roll y, gradualmente, comienza a asignar fondos para mejorar las condiciones de las viviendas en la Zona del Canal Negra. Al mismo tiempo, y de acuerdo con las condiciones del reciente tratado con Panamá, se modifica el número de empleados Silver autorizados para vivir en la zona, mostrando una brusca caída en solicitudes. Además, el codiciado “privilegio” de poder comprar en los Comisariatos Silver de la zona, concesión muy codiciada tradicionalmente, sería otorgado único y exclusivamente a aquellos empleados y sus familiares que realmente estaban autorizados a vivir en las viviendas de la Zona del Canal Negra.

El Gobernador de la Zona del Canal de Panamá David Parker, reporta ante un Comité del Congreso de los Estados Unidos, y expresa que los privilegios de viviendas en la Zona Silver Roll, representaba un “bono adicional” de $ 2,000 para cada trabajador individualmente entre los que estuvieran beneficiados por vivir allá. En cambio lo que el gobernador no menciona, sin embargo, fue que esas familias pagaban alquiler en esas unidades de vivienda, y que además experimentaban muchas alzas en los alquileres a lo largo de sus relaciones con funcionarios de vivienda de esa zona del canal.

Por otra parte, la situación socio/económica en las ciudades urbanas terminales de Panamá y Colón, en las áreas habitadas principalmente por gentes de la etnia Westindians, se convirtieron en focos de insalubridad y hacinamiento. En un específico estudio de un cuadrante de diecisiete bloques de una área estudiada en 1946, el Banco de Urbanización y Rehabilitación, ordenada por el Gobierno de Panamá en septiembre de 1945, sus estudios hicieron muy evidente que, de las 4,600 unidades de vivienda de esa área en particular, el 86% eran de unidades habitacionales de un solo cuarto.

Además hasta incluso, el lenguaje cotidiano de la gente de la etnia Silver iba a estar reflejándose en estas adaptaciones urbanas, tan dolorosas y penosas a ser parte de su incómoda realidad de vivienda. A lo largo de mi infancia, habría yo de escuchar miembros de mi familia y vecinos hablar en términos del cuarto o de los “dos cuartos” de alquiler. Eran tiempos en que nunca se hablaba de un apartamento o de tener una casa entera, y además esas habitaciones a menudo cadecían de áreas privadas o de instalaciones privadas sanitarias o de cocinas apartadas. Las familias que tenían varios niños tenían que bastarse con un baño compartido entre varias familas y con áreas de diminutas e improvisadas “cocinas,” usualmente en las afueras de la vivienda como en los balcones, usualmente en frente de las entradas a sus hogares.

Además, estas áreas dedicadas a la lavandería también eran áreas comunales, a menudo ubicadas en la planta baja de los edificios en el área conocido como el “patio.” Equipadas con uno o varios grifos de agua junto a sus correspondientes lavaderos estas áreas, además, fungían como área social que eran compartidas por todos los vecinos. En muchos casos estas áreas servían como la única fuente de agua potable para familias enteras. Estos lugares eran primordialmente usados por las mujeres y colgaban su ropa en los alambrados comunales apoyados por largas y fuertes varas dejándola secar al sol tropical resplandeciente.

A pesar de las dificultades, sin embargo, las familias de la etnia Westindian generalmente lograban mantener los establos de ducharse que llamaban “cuartos de baño,” escrupulosamente limpios. Entre las amas de casa había un código no escrito de pulcritud para con la limpieza de los caños y las regaderas que la mayoría de ellas y sus hijos seguían fielmente ya que consideraban estos sitios de conexión humano lugares dignos de poder llevarse a cabo con decencia sus necesidades intimas.

Tales eran esos tiempos históricos que resultaron ser vida de escasez en viviendas inadecuadas para las gentes de la etnia Silver. Así que el trabajador Westindian, al verse limitado en esos grandes caserones de alquiler, se encontraría inmerso en miserables condiciones de vida. De hecho, le parecía que toda la raza estaba afectada negativamente por esas condiciones de vida, en esos los primeros barrios urbanos de Panamá. Eran tiempos históricos, sin embargo, en que todos pertenecíamos a la sociedad Panameña, siendo los hijos del Silver Roll esperanzados por cambios de actitud por parte del gobierno nacional.

Luego de muchos años y varias generaciones de esfuerzo frustrado en tratar de hacerle frente a tales condiciones- siempre en espera de algunos cambios en actitud del gobierno panameño- comienzan las grandes olas de migración de toda la etnia Westindian. Las primeras, generalmente, tomarían dos rumbos siendo la primera al exterior, a Estados Unidos. La otra sería a las áreas que se vuelven suburbios de las principales urbes de Panamá y Colón. Su principal motivo- poder poseer su propia y única vivienda familiar.

Siempre quedaría un número importante de nuestra etnia Silver Roll arraigada a los centros tradicionales de la Zona estadounidense del Canal de Panamá expuestos a las indignidades y limitaciones que todavía incluían el racismo y el clasismo. Además, quedaron muchas familias de nuestra etnia Silver que tuvieron que hacerle frente a los peligros del nuevo vivir en las urbes en condiciones deplorables sin seguridad personal. Pudiéramos añadir a estos grupos los que se rehusaban a inmigrar; esos quienes, después del traspaso de las “instalaciones” culturales de la zona del Canal Silver a manos panameñas, harían su hogar en las antiguas viviendas añadidas a la nueva historia urbana de Panamá.

Esta historia continuará.

Los Desplazamientos por Soluciones Habitacionales-Las Condiciones Deplorables en la Zona

Viviendas “Silver Roll” en Cristóbal 1912.
Nótese las cloacas abiertas.

Esta unidad multifamiliar en Red Tank
fue una ala del Hospital Ancón que entonces
fue destinada a los del Silver Roll como una
solución habitacional.

En el momento en que nací en ese año de 1936, mi gentes de plata o del Silver Roll, habían ya sufrido muchos períodos de privaciones al estar encontrando medidas para mejorar sus necesidades de vivienda. En las gràficas mostradas arriba se puede notar que había ido mejorando desde un infernal vivir a un purgatorio acalorado con mallas en la Zona del Canal. En lo que concernía apoyo a sus puestos de empleo, con respecto a las luchas laborales y la búsqueda de vivienda digna, es algo que al llegar a mis tiempos de niñez todavía vivíamos y que hemos proporcionado para ustedes, en esta historia, siguiendo las esquemas escritas originalmente por el ilustre Mr. George W. Westerman unos de nuestros hijos predilectos. El tema de la vivienda es de suma importancia en el funcionamiento del Canal.

Debido a la falta de unidades de vivienda, una gran parte de la fuerza laboral se ha visto obligada a estar en busca de vivienda en las ciudades de Panamá y Colón, donde los alquileres son sumamente altos, y las normas de construcción son insuficientes y la atmósfera mucho menos satisfactoria que en la zona del canal. A fin de que el Canal funcione satisfactoriamente y para mantener mejor disciplina y moral, los trabajadores deben vivir tan cerca como sea posible a sus lugares de trabajo, bajo la protección de los Estados Unidos”.

Iba a resultar ser que durante el período de las construcciones en la Zona del Canal o incluso dos años después de la inauguración de la misma, específicamente en el año de 1916, que la mayor parte de la fuerza laboral todavía vivía en la Zona del Canal Negra y en las area cercanas a la Zanja todavía en manos Panameñas. Existía en esos entonces que aunque habia en alguna forma limitada de propiedad privada, sin embargo para los de esa etnia Silver Roll iba a ser diferente. Tal diferencias incluía la marginaciòn por los pauperrimos sueldos que limitaban la participaciòn y la marginacion establecidas por las leyes panameñas.

Además iba a resultar que las formas en que las empresas privadas se les dio oportunidades para llevar a cabo el acaparamiento de propriedades en una urbe que estuvo desarrollando sin reglas propias voluntad. Eran tiempos en que muchos de los de la etnia Westindian o Silver estuvieron llegando a tomar algunas ventajas de las oportunidades que se les ofrecían, pero en el ámbito de la jardinería y de la agricultura, fueron esas los medios en el cual habían estado recibiendo ayuda en las licitaciones del gobierno de la zona norteamericana. En cambio en 1915 la población Silver o Negra de la Zona del Canal, excepto los ciudadanos Negros de los Estados Unidos, por necesidades militares, tuvieron a la fuerza tener que abandonar sus viviendas en la Zona, al igual que en otras de sus propiedades en los alrededores de los montes cerca del canal.

Tras esta retirada repentina de nuestra etnia de sus casas y tierras, esos los de la etnia Westindians se vieron obligados a estar viviendo en los barrios de las ciudades terminales del Canal que era en las Ciudades de Panamá y Colón. Esas afluencias de población que tan repentinamente se mudaban crea urgencias absolutas para que se mejoraran las viviendas existentes, abriendo de hecho, excelentes oportunidades para la inversión en bienes raíces, de parte de terratenientes y empresarios adinerados. Fueron oportunidad que rápida y ávidamente tomaron un pequeño grupo de personas de esa èlite panameña.

En ese año de 1916, el entonces gobernador de la zona del canal norteamericana era Chester Harding, quien había hecho especial solicitud para que se les asignara presupuesto del Gobierno de los Estados Unidos, con que poder ofrecer unidades de viviendas adecuadas a los empleados Negros del Silver Roll, cosa que nunca iba a lograr. Llegaría entonces a ser que después de que se completó las construcciones iniciales, después toda la energía y recursos de los Estados Unidos fueron cambiados. De las operaciones de mantenimiento de los viejos caserones, además de que muy pocas de las nuevas viviendas se construyeron por ser que el Gobierno estadounidense estuvo más preocupada por dedicar recursos a su participación en la Segunda Guerra Mundial.

Así fue que las asignaciones presupuestarias a la zona del canal, por tanto, se vieran marcadamente reducidas y los dineros necesarios para satisfacer las necesidades de viviendas para la población Silver Roll fueron así desviados. Esta situación económica iba a prevalecer hasta mucho después del final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, y de hecho, no iba a ser desde 1916 hasta el año de 1927 que se iban a ver fondos asignadas para proveer viviendas para esa importante población para el Canal que eran los Silver. En tiempos interino, sin embargo, la historia iba a reportar el deterioro de todos los edificios, tanto en la Zona del Canal como en los populosos barrios de las áreas urbanas panameñas.

Eran edificios que en muchos de los casos estuvieron en servicio desde el período del Canal Francés de 1880-1889, y fue tan marcada ese deterioro que muchas de esas estructuras iba a tener que ser condenadas y abandonadas. Resultaría ser tema de tanta importancia lo de las viviendas que resultaría ser palabras de uno de los gobernador de la zona del canal de la época, que presentara en unos de sus informes anuales durante la década de los años de 1920.

Durante este período de tiempo la voz cada vez en mayor oposición, naturalmente, vendría de los propietarios panameños y los terratenientes, gentes deseosas de expandir sus proyectos inmobiliarios lucrativas negocios para las empresas financieras, establecimientos de mueblerías, y de las joyerías, etc., Se vieron esos gremios en esas horas de la historia llevar quejas a las Oficina del gobernador estadounidense en la Zona del Canal, en reacción a medidas que estuvieron buscando proporcionar mejoras en viviendas en la zona para los trabajadores del Silver Roll. Al mismo tiempos en que estuvieron insistiendo que las medidas podrían perjudicar la economía panameña y crear ventajas injustas para extranjeros.”

Debemos destacar, que de acuerdo con las cifras de los Sindicatos de trabajadores de la zona del canal los números de la época, fueron que aproximadamente 5.000 trabajadores y más de sus dependientes de entre 14.000 a 15.000, se verían tener que trasladarse a las ciudades y otras áreas periféricas al canal en busca de viviendas. Época era en que las continuas presiones sobre la fuerza laboral Silver Roll se evidenció en que incluso en artículos del Semanario Panamá Tribune, en que en 1947, por ejemplo, el su encabezado reportando sobre el tema de las viviendas se vería leer, “Alza en alquileres para los de la Zona Silver o de Plata a ser Efectivo el 1 de Septiembre.”

Esos preciado, caros y todavía poco disponibles medios de alojamientos para trabajadores Silver en la Zona se vio estar volviendo cada vez más caras y además mas raras obtener. Incluso a finales de la década que comenzaba con el años de 1950, según un estudio del Sindicato CIO * por sus siglas en Ingles, que significa Organización de Congreso Industriales, organismo de los estados unidos, para el tema de las viviendas para trabajadores Silver Roll, en la zona del canal de Panamá. Además, demostraba como los trabajadores Silver tenían que vivir bajo condiciones terribles e intolerantes, que sólo se puede comparar con estar habitando los peores Ghettos en los Estados Unidos.

Ese estudio además había sustentado que en esas condiciones de viviendas, las gentes estuvieron expuestas a condiciones de extremo hacinamientos; y que las habitaciones eran generalmente de estar llenas de infestaciones de cucarachas, polillas, termitas y llenos de todo tipo de plagas, y todas sufriendo lamentables estados de deterioro.

* 1947 Estudio de vivienda del Sindicato local 713, Sindicato de trabajadores Públicos del CIO o Congreso de Organizaciones Industriales.

Esta historia continúa.

El Ámbito en las Nuevas Ciudades a Principios de Siglo XX


Lo que ocurriría luego de que esa fusión de etnia entre los dos grupos de negros, los que se convertiría en una colectividad, no se transformaría en un acercamiento inmediato. De hecho, aunque habían sido hermanos sufridos en el desamparo de la esclavitud por más de cuatro siglos, hasta entrar las últimas décadas de siglo 20, los hermanos provenientes del mismo continente Africano no se acercarían en el sentido comunal. Entre tanto, juntos con familias humildes europeas y hasta asiáticas, llegarían a estar criando sus hijos desde los primeros momentos de penuria en que en todo el istmo se conocía la falta de vivienda adecuada.

Para los nacionales de estirpe de raza mixta, los nuevos edificios con cuartos de alquiler serían apropiados hasta que los tiempos fueran mas propicios para el avance de una vida urbana. Entre tanto, esos obreros, negros de raza y sus mujeres que se dedicaban a ser lavanderas todos los días de Dios serían los primeros en llegar a esos alrededores de la ciudad de las construcciones. Al arribar todo les era nuevo para los Westindian y había que adaptarse, y rápido. Además, el area de La Central les quedaba cerca del trabajo ya que en el territorio cedido a los norteamericanos quedaba la zona principal de excavaciones.

Las condiciones para los primeros obreros westindian eran inciertas por no decir precarias. Los negros varones, en esos primeros momentos de las reanudadas excavaciones, llegaban solos y sus primeras viviendas eran, por lo general, tiendas de campaña con comedores, y eso para los que lograban ser contratados en el mero centro de las excavaciones. Luego, después de estar viviendo casi a la intemperie, si a caso lograban unirse a una mujer que les llegaba con cría, buscaban algún modo de formar un hogar. En esa época vendría la unión con los panameños desde esas primeras horas del siglo XX y así terminarían el siglo, juntos como panameños reclamando a gritos por justicia social y por la patria.

Eran ellos, los Westindian, tan visibles y tan numerosos que en el Panamá de 1903 en las horas de llegada y regreso de sus labores pareciera que todo el territorio panameño, que tan solo era el área de la Avenida Central de Panamá, se volvía un gran hormiguero de gentes que entraban y salían de esa zona canalera. Al compás de la señal del “karchi” las masas de obreros avivaban esas principales calles y avenidas dirigiéndose a los casones de madera, los mismos inquilinatos que ganarían tanta popularidad en esos tiempos de nuestra historia.