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Estrategias en Juegos de Pista y Campo

El campeón olimpico Panameño, Lloyd LaBeach.

Royce Hall en UCLA


Esa alegría escarpada que sale a relucir en las competiciones, aunque era la parte más importante que impulsaba a Lloyd LaBeach en ese deporte de pista y campo en su temprana juventud, sería lo que lograra segundo lugar a los desafíos que iba a enfrentar como competidor nato y verdadero. Los entendidos del deporte entienden las complejidades y demandas a su cuerpo en el campo de pista requerirían de gran estudio, paciencia y ese inmortal del Lloyd La Beach iba a ganar la admiración de sus entrenadores y su Coach Panameño y otros e su etnia Westindian, cuyos consejos seguía al pie de la letra y tan de cerca como pudo, mientras los juegos fueran en Panamá y permitieran hacer en cambios de estrategia en esos entonces.

El año de 1946 llegaría a encontrar al ilustre Lloyd nuevamente viajando. Esta vez no sería viaje corto que había a menudo de Jamaica a Panamá y viceversa en buques de vapor. En cambio era por vía aérea hacia el norte como estudiante de universidad, viéndose ser un ascendente hombre educado en una universidad. A la Universidad de Wisconsin en el Condado de Maratón, cerca de la ciudad de Wausau, estado de Wisconsin. Aquella institución había sido fundado en el año de 1933, y estuvo concediendo becas a atleta excepcional en Panamá con todos los costos pagados. Lloyd La Beach iba a poder, si así lo deseara, aceptar estudiar y a la vez entrenar con ellos en sus programas de atletismo, llegar a estar graduándose e incluso avanzar a post grado en la misma institución.

Lloyd La Beach llega a la universidad de Wisconsin y se instala unos de los dormitorios universitarios durante los meses de verano y su animo jovial le permitió hacer amigos fácilmente entre los estudiantes de raza negra además de el personal y los atletas del departamento de la educación física. Había de comenzar su programa de entrenamiento con el mismo ánimo entusiástico y su espíritu competitivo que lo caracterizaba. Entre tanto había estado siendo reconocido y ganando admiradores. Sin embargo, cunado los meses de invierno entraron en esa tundra norteña, con sus típicas nevadas que rompía las marcas anuales de caídas de nieve, Lloyd no había podido adaptarse. Se comenzó a sentir muy confinado y obstaculizado físicamente mientras que el tiempo frío interrumpía su programa de entrenamiento. Entristecido y frustrado sentía que él ni ningún otro nada podría hacer por esos inesperados acontecimientos.

El equipo organizador en las oficinas de la Unión de Estudiantes Negros hizo lo posible para hacer su estancia en la Universidad tolerable, organizando viajes en automóvil a los bailes que también se llevaron a cabo en las secciones de las gentes de la raza negras de las ciudades pequeñas circundantes a Wausau. Llagaría a estar visitando el pueblo de Maratón, Rib Falls, y Little Chicago que eran lugares en donde la muchedumbre universitaria de raza negra se mezclaba con los locales y en donde les daban la bienvenida gentes de la comunidad negral. Mientras tanto, esos meses de invierno parecían hacer que esos lugares desaparecieran bajo una manta de nieve profunda, que hacía a Lloyd sentirse más encerrado.

Las condiciones climáticas culminantes y extremas no eran sólo la causa de su depresión continua en general, en cambio había encontrado que su enfermedad era una tremenda “cabanga,” por verse nuevamente en Panamá y en ese viejo Estadio Olímpico, que él y sus amistades utilizaban para sus entrenamientos allá en el Calidonia de los Westindians. Esos sentimientos crecían con cada día que pasaba además que le habían hecho una oferta de traslado a otra Universidad. Sus hazañas durante esas reuniones del verano en Fresno de California, llamadas Los Relays de Fresno, iban a ser sin lugar a dudas sin embargo, lo que le habían presidido hasta que llegara finalmente a la Ciudad de Los Ángeles, hogar de la universidad de California en Los Ángeles.

Nuevamente se incorporaría a los Relays de Fresno y los fanáticos llegaría a estar observando y animando a sus atletas locales y al mismo tiempo ver a algunos de los atletas más sobresalientes de esas universidades y del mundo. En esta atmósfera de una diversidad encontrada de Fresno fue lo que hacia resplandecer a ese joven competidor, incluso hoy mismo, esa tradición única qué llegaría a tener los 76 años ha continuado y ha crecido en fama por tantos años.

Muy pronto, el teléfono de su dormitorio iba a estar sonando y las oficinas de los entrenadores estuvieron recibiendo continuamente llamadas de larga distancia con respecto a su sprinter estrella. Así fue que los arreglos se hicieron para que Lloyd recibiera una beca en esa Universidad de California.

El estudiante transferido, Lloyd La Beach, estuvo nuevamente viajando por aire esta vez a través de todo el país de Estados Unidos para resolver las responsabilidades y defender su reputación de sprinter ascendente y que venía llegando con exigíos. El impresionante aeropuerto internacional de Los Ángeles para ese joven era un espectáculo de luces que hacían que se sintiera insignificante y humilde.

Dentro de la muchedumbre de pasajeros que recientemente estuvieron llegando estuvo ese estudiante de universidad ahora levemente mas sofisticado que antes y quien tenia la única preocupación de encontrar cómo él iba a conseguir llegar a ése champús famoso de UCLA de California. Sin embargo, muy pronto iba a encontrar su nombre escrito en una pancarta hecha a mano mostrada por alguien dentro de la muchedumbre quien impacientemente esperaba su llegada, entonces sus preocupaciones habían desaparecido.

Cuando finalmente se había acercado a la muchedumbre y a la persona que mostraba la pancarta que lo identificaba. “Yo soy Lloyd La Beach!” le decía al portador de la pancarta que resultó ser uno de los ayudantes del entrenador y luego ellos emprendieron la marcha a través de la “ciudad de Los Ángeles” ciudad que Lloyd muy pronto iba a conocer como su hogar por los próximos años hasta llegar a graduarse.

Esta historia continúa.