Tag Archives: UCLA

Lloyd LaBeach y su Vida en UCLA

El gran Jesse Owens.

Barney Ewell (izq), Mel Patton (centro),
y Harrison Dillard durante una sesión de
práctica para los juegos olímpicos de
Londres 1948.


Para ese inmortal
Lloyd LaBeach el panorama de la Ciudad de Ángeles fue la cosa más impresionante que había visto en su joven vida. Mientras tanto iba el todavía tener que esperar prever el plan que Dios tenía para él mientras tomaba humildemente su lugar entre otros “ángeles” en esa misión de estar obligando a su pequeño país llamado Panamá a que reconociera a sus Hijos Westindian sobresalientes. Incluso mucho antes de que el joven Lloyd llegara al dormitorio del campus universitario en esa noche, había él comenzado a sentir ese secretado de energía que el siempre daba bienvenida tan naturalmente a su joven cuerpo.

Después de su llegada a Los Ángeles esa misma noche él había comenzado inmediatamente a sentirse tan cómodo cual cualquier otro estudiante universitario entonces ese atleta pronto había comenzado ese proceso de estar desafiando sus propias habilidades académicas así como sus valores atléticos. Muy pronto iban los otros atletas a estar descubriendo que Lloyd iba a ser todo lo que habían escuchado decir de él. Las sesiones de entrenamiento iban a estar muy pronto volviendo a hacer sentir esa vieja alacridad de su juventud en Panamá. Ese joven daba bienvenida a esos días calientes del clima meridional de California del sur y era mientras él se preparaba para sus primeras reuniones competitivas que eran tan excitantes para todos esos los velocistas y corredores serios, que como él desearían hacer dejar su marca, entre el personal del equipo de entrenadores de UCLA y el público en general.

El joven LaBeach había finalmente encontrado ese verdadero desafío que él necesitaba, mientras que esa tarde estuvo notando a los otros atletas negros, nervioso estuvo antes de encontrarse con esos nativos negros de Estados Unidos, que llegaban a encontrarse a ese compañero velocistas natos de pista y campo desconocido hasta esos entonces y que era de un país llamado Panamá. El periodo de calentamiento para todos los velocistas ese día era el usual de estar saltando y corriendo anticipadamente como jóvenes gacelas africanas. Lloyd se había acercado al grupo ensamblado de corredores convocados en los bloques para los preparativos familiares que indicarían que iba a comenzar la primera carrera. Eran todos los sprinteres todo de descendencia Africana y exhibieron el acostumbrado aire competitivo de jóvenes acostumbrados a estar intimidando a sus oponentes.

Pronto había estallido de la pistola del oficial de partida y estuvieron corriendo animadamente en una carrera que registraría tiempos más cortos y que seria carrera de una vuelta alrededor de la pista y que refrescaría esos músculos excitados de los atletas, mientras que la muchedumbre en las gradas de los que apoyaban a conocidos velocistas rugía animadamente. Ese entusiasmo de la muchedumbre no fue aun reconocido inmediatamente por el velocista Panameño, joven quien después de haber participado en esa sesión de calentamiento que lo haría sudar que después lo mantendría listo y caliente todo el día.

Entre tanto el público que había asistido ese día había estado impresionado por el funcionamiento del atleta desconocido en la línea del final de esa carrera. La muchedumbre en el estadio de UCLA aplaudió a ese joven LaBeach y el personal de entrenadores quienes habían trabajado con él se le acercaron para felicitarle por una carrera perfecta. Ellos los del equipo de entrenadores habían estado trabajando con el para que perfeccionara su forma de correr y cuando los del altoparlante habían anunciado. “El ganador es Lloyd LaBeach,” fue cuando el personal de entrenadores lo estuvo alentando para que se presentara al publico presente quienes los estuvieron elogiando y todavía lo aplaudían.

En ese día solamente el nuevo corredor oriundo de ese país de Panamá había sorprendido carrera tras carrera a esa muchedumbre de fanáticos de Los Ángeles. Algunos que estuvieron allá ese día habían salido de casa a ver a sus campeones favoritos como lo era ese Mel Patton a quien le decían cariñosamente “Pell Mell,” ese quien había sido el hombre quien dominaba la velocidad de las 100 yardas planas de todo los tiempos, aun el estuvo sorprendidos por el cabriolito desconocido de Panamá, quien virtualmente le había dado una lección en como correr sprint de campeonato.

De hecho, el cabriolo LaBeach incluso había sorprendido al equipo de entrenadores de UCLA entre los que estuvieron los no creyentes en las habilidades de un desconocido de un país tan desconocido como era Panamá. El joven se había tan solo ese día hecho que su nombre y el de su país sonara no sólo aquel día de su primera reunión atlética, encima había rastrillado un expediente que rompía marcas en reuniones atléticas subsecuentes. Lloyd LaBeach incluso había igualado a ese famoso Jesse Owens como los únicos dos atletas de mundo de la pista y campo de haber igualado y hasta habían rotos sus propios marcas mundiales en el plazo de menos de 24 horas.

Lloyd había permanecido de un ánimo espiritual muy alto mientras que estuvo en esa universidad de UCLA entrenando y además estuvo pasando todas sus clases con grados excelentes, siempre con miras adelantadas a verse graduando en ese verano de 1948. Sin embargo, el entrenamiento intensivo que había él estado experimentando iba a estar sirviéndole bien y manteniéndole hombro a hombros con corredores de talla mundialistas con quienes él pronto estaría enfrentándose en las Olimpiadas próximas a celebrarse ese verano en Londres, Inglaterra, que iba a ser ese rematado para una brillante carrera para ese joven de la raza Westindian Panameña.

Esta historia continúa.

Estrategias en Juegos de Pista y Campo

El campeón olimpico Panameño, Lloyd LaBeach.

Royce Hall en UCLA


Esa alegría escarpada que sale a relucir en las competiciones, aunque era la parte más importante que impulsaba a Lloyd LaBeach en ese deporte de pista y campo en su temprana juventud, sería lo que lograra segundo lugar a los desafíos que iba a enfrentar como competidor nato y verdadero. Los entendidos del deporte entienden las complejidades y demandas a su cuerpo en el campo de pista requerirían de gran estudio, paciencia y ese inmortal del Lloyd La Beach iba a ganar la admiración de sus entrenadores y su Coach Panameño y otros e su etnia Westindian, cuyos consejos seguía al pie de la letra y tan de cerca como pudo, mientras los juegos fueran en Panamá y permitieran hacer en cambios de estrategia en esos entonces.

El año de 1946 llegaría a encontrar al ilustre Lloyd nuevamente viajando. Esta vez no sería viaje corto que había a menudo de Jamaica a Panamá y viceversa en buques de vapor. En cambio era por vía aérea hacia el norte como estudiante de universidad, viéndose ser un ascendente hombre educado en una universidad. A la Universidad de Wisconsin en el Condado de Maratón, cerca de la ciudad de Wausau, estado de Wisconsin. Aquella institución había sido fundado en el año de 1933, y estuvo concediendo becas a atleta excepcional en Panamá con todos los costos pagados. Lloyd La Beach iba a poder, si así lo deseara, aceptar estudiar y a la vez entrenar con ellos en sus programas de atletismo, llegar a estar graduándose e incluso avanzar a post grado en la misma institución.

Lloyd La Beach llega a la universidad de Wisconsin y se instala unos de los dormitorios universitarios durante los meses de verano y su animo jovial le permitió hacer amigos fácilmente entre los estudiantes de raza negra además de el personal y los atletas del departamento de la educación física. Había de comenzar su programa de entrenamiento con el mismo ánimo entusiástico y su espíritu competitivo que lo caracterizaba. Entre tanto había estado siendo reconocido y ganando admiradores. Sin embargo, cunado los meses de invierno entraron en esa tundra norteña, con sus típicas nevadas que rompía las marcas anuales de caídas de nieve, Lloyd no había podido adaptarse. Se comenzó a sentir muy confinado y obstaculizado físicamente mientras que el tiempo frío interrumpía su programa de entrenamiento. Entristecido y frustrado sentía que él ni ningún otro nada podría hacer por esos inesperados acontecimientos.

El equipo organizador en las oficinas de la Unión de Estudiantes Negros hizo lo posible para hacer su estancia en la Universidad tolerable, organizando viajes en automóvil a los bailes que también se llevaron a cabo en las secciones de las gentes de la raza negras de las ciudades pequeñas circundantes a Wausau. Llagaría a estar visitando el pueblo de Maratón, Rib Falls, y Little Chicago que eran lugares en donde la muchedumbre universitaria de raza negra se mezclaba con los locales y en donde les daban la bienvenida gentes de la comunidad negral. Mientras tanto, esos meses de invierno parecían hacer que esos lugares desaparecieran bajo una manta de nieve profunda, que hacía a Lloyd sentirse más encerrado.

Las condiciones climáticas culminantes y extremas no eran sólo la causa de su depresión continua en general, en cambio había encontrado que su enfermedad era una tremenda “cabanga,” por verse nuevamente en Panamá y en ese viejo Estadio Olímpico, que él y sus amistades utilizaban para sus entrenamientos allá en el Calidonia de los Westindians. Esos sentimientos crecían con cada día que pasaba además que le habían hecho una oferta de traslado a otra Universidad. Sus hazañas durante esas reuniones del verano en Fresno de California, llamadas Los Relays de Fresno, iban a ser sin lugar a dudas sin embargo, lo que le habían presidido hasta que llegara finalmente a la Ciudad de Los Ángeles, hogar de la universidad de California en Los Ángeles.

Nuevamente se incorporaría a los Relays de Fresno y los fanáticos llegaría a estar observando y animando a sus atletas locales y al mismo tiempo ver a algunos de los atletas más sobresalientes de esas universidades y del mundo. En esta atmósfera de una diversidad encontrada de Fresno fue lo que hacia resplandecer a ese joven competidor, incluso hoy mismo, esa tradición única qué llegaría a tener los 76 años ha continuado y ha crecido en fama por tantos años.

Muy pronto, el teléfono de su dormitorio iba a estar sonando y las oficinas de los entrenadores estuvieron recibiendo continuamente llamadas de larga distancia con respecto a su sprinter estrella. Así fue que los arreglos se hicieron para que Lloyd recibiera una beca en esa Universidad de California.

El estudiante transferido, Lloyd La Beach, estuvo nuevamente viajando por aire esta vez a través de todo el país de Estados Unidos para resolver las responsabilidades y defender su reputación de sprinter ascendente y que venía llegando con exigíos. El impresionante aeropuerto internacional de Los Ángeles para ese joven era un espectáculo de luces que hacían que se sintiera insignificante y humilde.

Dentro de la muchedumbre de pasajeros que recientemente estuvieron llegando estuvo ese estudiante de universidad ahora levemente mas sofisticado que antes y quien tenia la única preocupación de encontrar cómo él iba a conseguir llegar a ése champús famoso de UCLA de California. Sin embargo, muy pronto iba a encontrar su nombre escrito en una pancarta hecha a mano mostrada por alguien dentro de la muchedumbre quien impacientemente esperaba su llegada, entonces sus preocupaciones habían desaparecido.

Cuando finalmente se había acercado a la muchedumbre y a la persona que mostraba la pancarta que lo identificaba. “Yo soy Lloyd La Beach!” le decía al portador de la pancarta que resultó ser uno de los ayudantes del entrenador y luego ellos emprendieron la marcha a través de la “ciudad de Los Ángeles” ciudad que Lloyd muy pronto iba a conocer como su hogar por los próximos años hasta llegar a graduarse.

Esta historia continúa.