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Nadie Nos Hablaba

El logotipo de el Panama Tribune, semanario en
ingles publicado en Panamá.


Para uno como yo, quien vivió los tiempos de mis abuelos Westindian quienes pasaron de la esclavitud de las islas del Caribe a ser los Silver People de la Zona del Canal de Panamá, el hecho de haberme auto-alfabetizado en esos tiempos de tantos cambios me hacía sentir verdaderamente aislado. Continue reading

El Sacrificio de las Familias Silver- Una Copa Amarga

Trabajadores y trabajadoras de la lavandería del Canal de Panamá en Critóbal, Colón. 1908

Trabajadores y trabajadoras de la lavandería del Canal de Panamá en Critóbal, Colón. 1908

Los efectos perjudiciales de los entornos laborales segregados en la Zona del Canal invariablemente llegarían a ser lo que hiciera relucir el clima emocionalmente intolerable para los hogares de trabajadores del Silver Roll en la Zona del Canal de Panamá. Los históricos hechos que habían convertido en recompensas para familias de la etnia preferida, que fue la nómina del Gold Roll, se vio convertir en negativas y un gran sacrificio para las familias de los de la planilla del Silver Roll. Continue reading

El Terror del Silver Roll

Arriba: Foto de mi hermana Aminta y yo Cobert circa 1942.
Medio: Aminta Meléndez y su padre, Don Porfírio Meléndez circa 1904.
Abajo: El busto de Doña Aminta Melendez (anciana) instalado en el Parquede
la Avenida Central en Colón, Rep. de Panamá.

Después de esos sucesos notorios causados por el Incendio de Colón del 1940, nuestra familia los Green, vuelve a su vida normal junto a sus retoños quienes parecían los primeros brotes de la segunda generación, mi hermana Aminta y yo, el Cobert Júnior, o Juni, como solían abreviar los nombres haciendo sobrenombre del nombre de mi padre. Mi hermana, Aminta, un año menor que yo, había sido nombrada por mi madre con el nombre de la notable figura histórica, Aminta Meléndez, hija de un importante personaje colonense y, aunque la menos mencionada de los dos, una de las destacadas revolucionarias de la Independencia en relatos sobre la corta historia revolucionaria de nuestra República.

Aminta Meléndez (1886-1979) fue personaje clave en la independencia de la República de Panamá durante la Revolución del 1903, aquella que provocaría la separación de lo que fuera el Departamento de Panamá de su unión con Colombia. La historia relata que en 1903, la niña Doña Aminta iba a estar cumpliendo sus 18 años de edad cuando su padre, Don Porfírio Meléndez, jefe de la Junta Revolucionaria de Colón en esos momentos extremadamente peligrosos de la historia de Panamá, envía a su hija a Panamá en una importante misión.

Así fue que viajando a solas en un tren de carga de Colón a Panamá ella lleva una carta secreta escrita por su padre en la cual le solicita a los militares estadounidenses que intervengan para impedir que el ejército colombiano invadiera a Panamá y asumieran control del país. La solicitud se le concede a la joven Aminta al lograr su importante misión, que lo hizo sin parpadear y sin estremecerse de temor levantando sospecha alguna. A partir de ese momento Aminta Meléndez se convierte en una de las figuras revolucionarias más importantes aunque casi olvidada en los anales de la historia Panameña.

Nuestra historia, sin embargo, continuaría con la pequeña Aminta Reid y yo el único varón heredero reanudando nuestro lugar en una de las primeras familias del Silver Roll de esos que se habían habituado a la vida de dual identidad en el país de Panamá de sus tiempos. Apegados como estuvo nuestras gentes Silver a la Zona del Canal de Estadounidense desde mi perspectiva, que incluso tan a tardía, como fue la fecha del año en que había escrito esa primera historia sobre mis experiencias con mi familiares en Colón, que los de nuestras gentes Silver parecían estar inconscientes de que ambos países, los Estados Unidos y Panamá, habían estado actuando como si fuésemos elencos recíprocas y supérfluas, grupo de personas tan sólo reconocibles siempre y cuando que fuésemos útiles.

Entre tanto, esos primeros años de vida con nuestros abuelos maternos sería la primera etapa en un despertar para mi de la situación arriba descrita. Iba a ser lo que iba a identificar como los momentos en que fueron el despertar de mi alma o espíritu, y además producir en mi un breve sabor de la vida urbana, en lo que después llegaría a identificar a Colón como parte del interior del país de nuestro Panamá. Además sería lo que vendría yo a identificar como momentos en que tomaba yo conciencia de mi alma o espíritu, y que para mi, un niño panameño llamado Cobert y Júnior, iba a aparecer con conciencia viva de inconformidad.

Tiempos eran además en que historiadores todavía vislumbraban a nuestra gente Silver Roll y a su Panamá como todavía estar saliendo de momentos de esas historias esclavistas, y en que el uno emergía de agonías de una esclavitud humana mundial, y el otro de un colonialismo Español, de igual calaña cruel una Latinoamericano, para estar sintiendo los talones del colonialismo norteamericano. En cambio esos fueron los momentos en la experiencia de un Panamá saliente de una agonía para estar sintiendo un norte americanismo que le causaba confusión y de la cual no estuvo todavía preparada para bien o para mal.

Esos años de las décadas de 1930 y 1940 fueron años en que el poderío Estadounidenses consideraba suya esa población creciente de negros Westindian, que para ellos eran meros peones para ser por ellos utilizados, explotados. En realidad éramos aquellos quienes se habían encontrado en un mundo en que los juegos políticos locales o mundiales eran de total dominación y que además en que las planificaciones sociopolíticas era de planificar con cálculos megas grandes.Hubieron momentos en que el pueblo Silver necesitaba permanecer tan invisible como fuera posible.

Sin embargo, éramos los Negros más visibles en todo el país debido a que nuestros haberes con la Zona del Canal tuvimos obligados en muchas ocasiones a residir bajo la jurisdicción del Gobierno Panameño. Aun residiendo á al otro lado de las valladas que separaban la zona del canal Estadounidenses de nuestro Panamá, sin embargo, vivíamos iguales a los que estuvieron “privilegios” de vivir allá, cantábamos las mismas canciones en las mismas melodías y celebrábamos las mismas fiestas estadounidenses que esos negros de la zona del canal negra.

Siempre cuando escribo sobre mis temores de infancia me recuerdo de “todas las ocasiones en que había visitado el Clubhouse Silver y sentía ese temor de que alguna vez nos encontraramos cara a cara con el malvado “Gumshoe” del que mis tías siempre estuvieron hablando. De hecho, cada vez que mis jóvenes tías o que mi abuelo mencionaran ‘el hombre blanco‘, pensaba que eso de nunca haber realmente visto una de esas personas a quienes podía yo identificar o confundir por un ‘Gumshoe‘ al visitar la tienda del comisariato Silver.

Serían muchos años después que llegaría yo a entender que el misterioso ‘Gumshoe‘ era el detective del almacene que llamábamos “comisariato,” señores detectives empleados para velar contra las infracciones del contrabando. Eran señores de la raza blanca gringa que fueron empleados para obtener información sobre los empleados Silver Roll y sus actividades delictivas.

Al pensarlo bien ahora, cada vez que tuvimos que pasar por los hogares de las gentes gringas blancas durantes nuestro camino regreso a casa después de comprar en la Zona, yo notaba los juguetes de niños tirados en el césped delante de sus hogares, aunque nunca veía niño blanco alguno. Para mi en esos tiempos de mi niñez permanecía esa mística que rodeaba esas gentes gringas, mística que iba a permanecer siendo un fantasmal mal, presencia que temer aunque no se dejaban ver.

Lo que eventualmente iba a ser para mí un hecho, de que era inevitable que algunos de esos juguetes de esos niños blancos harían su llegada a las áreas pavimentadas que eran pasarelas que deberíamos cruzar. Así, fue que un buen día, cuando mi tía Minnie y yo estuvimos volviendo a casa después de háber hecho las compras, yo recogí un juguete que era bus, hecho de plomo; que era una réplica en miniatura, realmente agradable de un autobús escolar, tipo americano.

El juguete estuvo ciertamente en mi camino cuando cruzábamos la vereda por lo que lo recogí y lo estuve examinando, disfrutando de la pesadez del juguete que era pequeño, pero con la sensación de ser pesado en mis pequeñas manos.La tía Minnie, sin embargo, quien había notado lo que había hecho, jalò de mis brazos tan bruscamente que el furor me asusta, mientras le decía, “¡Ellos no lo desean!” Como medio quejándome del jalón. Ella contestó bruscamente, “¡Cállate y vente!” Mientras continuamos apresuradamente nuestro camino a casa.

En todo el camino a casa estuve absolutamente intrigado por el pequeño juguete autobús escolar, y llegue en esos momentos a estar consciente de que, aparte del juguete del colorido ábaco, que el peluquero japonés de Colón me había regalado, como recompensa por portarme bien durantes mi primer corte de pelo, no había tenido ningún otro juguete.

Ese pequeño autobús escolar de plomo se iba a convertir en el segundo juguete de mi propiedad en toda mi vida y lo había consumido toda mi atención.Ese incidente, sin embargo, me había impresionado por la reacción general de pánico y temor de mi joven tía, e igual notaria que sería con la mayoría de las personas Silver, en su reaccionar con cualquier asunto relacionado con los de esas “personas blancas.”

Esta historia continuará.

Reflectores, Noches Estrelladas y el Detective del Comisariato del Silver Roll

El rastro de devatación que dejó el Gran Incendio de Colón del 1940
Así se veían los reflectores esa oscura primera
noche del gran incendio de Colón del 1940.


Entre tanto volvía a escribir en mi recordado cuaderno Balboa, “ De todos modos el caso fue que el incendio que consumió a toda una ciudad no iba a llegar a tocar la vivienda en que yo y mi familia vivíamos, esos de la esquina de la calle tercera y la Avenida Meléndez en la histórica Ciudad de Colón.”

Mientras escribía mis memorias describiendo esos escenarios desde el punto de vista de un niño de tan solo cuatro años de edad, las escenas me hacían recordar que “nuestro Papá-abuelo había, por fin, llegado y estuvo visiblemente aliviado de encontrar a su familia a salvo. Se habían establecido a la otra mano de la calle frente al edificio en que vivíamos, el único hogar que conocíamos. Luego, él y algunos de sus compañeros Westindian de su trabajo se ocuparon de trasladarnos a otro sitio por la misma calle en donde presumiblemente estaríamos más seguros.”

La historia por primera vez escrita describía como, “habríamos de pasar algunos días y noches allí al aire libre, a cielo abierto. Las noches tropicales se volvieron noches de cielos estrellados, noches que ofrecían ciertas emocionantes vistas de grandes luces de búsqueda a distancia, que cruzaban los cielos en búsqueda de yo-no-sé-qué. Esas fueron las noches Colonenses de mis recuerdos. Además, todo para mí era emocionante estar escuchando las ruidosas explosiones que se oían en la distancia y que hicieron a los vecinos comentar sobre lo que estaban haciendo los “Bombieros” o bomberos para lograr apagar los fuegos.

Escribía precisamente de manera en que recordaba los sucesos y de cómo los vecinos Westindian en su hablar sonaban las palabras al pronunciar la palabra Bombero. Luego me establecí para continuar repasando, volviendo a leer ese trabajo práctico, corrigiendo con tildes y comas las oraciones. Había estado leyendo por un tiempo más, a la vez ignorando a la maestra cuando ella intentaba tomar control de la clase.

Volvería a escribir frenéticamente, “Salió el sol y me despertó para encontrar que nos habíamos mudado, trasladados a una tienda de campaña y que nuestro hogar estaba en medio de una ciudad entera de tiendas de campaña, o, al menos, así me parecía. La gente se subía a autobuses haciendo viajes al Comisariato Silver desde esa “ciudad de carpas” y también recuerdo que veíamos las chivitas ir y venir desde esos barrios de tiendas de campaña. De pronto pensé que tal vez nunca más podríamos vivir en el edificio de madera que yo tanto amaba ubicado en la Calle Tercera y Meléndez.”

Dejé de escribir momentáneamente con el propósito de prestar atención a la maestra aunque ella parecía ignorarme; luego continuó con su lección que en realidad para nada me interesaba. Sólo para despistar a la maestra y para que ella no se interesara en lo que yo estaba haciendo, fingí intereserme en esa clase y en la conversación que ella tenía con el resto de mis compañeros de clase.

La mente, sin embargo, la tenía en lo que estaba escribiendo en mi cuaderno Balboa remontándome a esos tiempo en que había creído haber nacido en la ciudad de Colón, en esos entonces era un Colón casi había olvidado. Las memorias en esa hora se apresuraban para llenar esos vacíos que habían dejado los momentos de aburrimiento, que parecían haberse asentados en mi por mucho tiempo en esa escuela.

Como escritor que germinaba recordé esos momentos de mi niñez en que yo mismo me había enseñado a leer y a escribir en español e inglés. Entonces el libro que había empezado a sacar y que servía de introducción a lo que debiera ser una novela de un autor llamado Pío Baroja, con un título raro de Sonata de Estío, de pronto perdió todo su encanto y se diluyó mi amor por la literatura Española. Sacando el confiado cuaderno, ahora lleno de mis escrituras y recuerdos, me parecía mas interesante, y nuevamente procedí a escribir, olvidando mis entornos por completo.

Escribo apresuradamente, “Poco después de que el incendio había sido apagado o controlado estuvimos en nuestro apartamento de la casona de madera nuevamente y una vez más seguía a mi Naní alrededor de toda la casa todo el día. Me parecía entonces que entre nosotros el interés estuvo centrado en las tardes y las noches, tiempos después de la llegada a casa de mi Papá Abuelo en el momento cuando él llegaba a casa de su trabajo, siempre con un periódico del día que yo le quitaba de la mano.

Las tardes eran exclusivamente para los tres cuando mi abuelo de pronto leía sobre esos ‘malditos hombres blancos,’ como él solía referirse siempre a ellos. Mientras tanto, la abuela se sentaba atenta delante de él, y yo me establecía entre sus gran piernas, con los brazos colgando sobre ellas, escuchando y tratando de seguir la lectura y sus comentarios acerca de la guerra.

Durante el día, generalmente, yo acompañaba a una de mis jovenes tías para ir de compras a la tienda Silver Roll o Comisariato, que no estaba muy lejos de cualquier sitio en la Ciudad de Colón. De hecho, todos los de mi familia Green habíamos nacido en la Ciudad de Panamá, y nunca habíamos vivido en la Zona del Canal Negra. Sin embargo, éramos iguales que todos los otros negros de la comunidad Silver Roll Westindian que vivían en esa Zona del Canal.

Hice una nota mental especial que, para ese tiempo, nunca había visto de cerca personas de la raza blanca gringa. De hecho, los únicos que recordaba haber visto fueron en los viajes de regreso a nuestro hogar desde el Comisariato Silver, por ser que teníamos que pasar por el área residencial de esas personas de raza blanca al salir de la Zona del Canal. En esos momentos de mi joven vida aun no había tenido ningún encuentro con personas de la raza blanca de los llamados ‘gringos.’ El único personaje de esa raza blanca gringa que yo temía en secreto era aquel ‘Gumshoe’, el vigilante o detective del almacén-comisariato del cual mis tías siempre hablaban en Colón.

En esos momentos de mi vida tampoco tenía conciencia de haber residido con mis padres en la Ciudad de Panamá. Más tarde cuando las hermanas de mi madre llegaban a Panamá a cuidarnos, después de nuestro traslado a la Ciudad de Panamá, ellas recordaban que yo había, en efecto, nacido cuando mis padres residían en la conocida Casa Gálvez, otro de los casones de mampostería que por mucho tiempo marcó la vida citadina.

Esta historia continuará.

La Vida Urbana No Parece Mejorar el Problema de la Vivienda

En esta antigua imagen podemos apreciar
la entrada al Comisariato “Silver” en la
Zona. Imagen gracias a afropanavisions.com

La foto resalta las condiciones deplorables
en que vivían los del Silver Roll en medio de
la gran urbe en Ciudad Panamá en Calidonia.

Estas deplorables condiciones de vida para los de la comunidad Westindian en la Zona del Canal, explicaría el estudio, darían lugar a una serie de problemas debido a la disminución en la moral y la eficiencia del grupo, como el desmejoramiento de la salud y la exposición a enfermedades contagiosas.

Tras las revelaciones de las conclusiones de esos estudios la vivienda en la zona norteamericana se convertiría en tema de exámenes minuciosos, incluso hasta cuando las unidades de viviendas estuvieron bastante limitadas por las restricciones de los tratados. Llega a tal punto que a solamente una pequeña porción de los empleados se les haría acceder a vivienda alguna.

Con el paso del tiempo el Congreso de los Estados Unidos mostraría un creciente interés en mejorar la oferta habitacional de los del Silver Roll y, gradualmente, comienza a asignar fondos para mejorar las condiciones de las viviendas en la Zona del Canal Negra. Al mismo tiempo, y de acuerdo con las condiciones del reciente tratado con Panamá, se modifica el número de empleados Silver autorizados para vivir en la zona, mostrando una brusca caída en solicitudes. Además, el codiciado “privilegio” de poder comprar en los Comisariatos Silver de la zona, concesión muy codiciada tradicionalmente, sería otorgado único y exclusivamente a aquellos empleados y sus familiares que realmente estaban autorizados a vivir en las viviendas de la Zona del Canal Negra.

El Gobernador de la Zona del Canal de Panamá David Parker, reporta ante un Comité del Congreso de los Estados Unidos, y expresa que los privilegios de viviendas en la Zona Silver Roll, representaba un “bono adicional” de $ 2,000 para cada trabajador individualmente entre los que estuvieran beneficiados por vivir allá. En cambio lo que el gobernador no menciona, sin embargo, fue que esas familias pagaban alquiler en esas unidades de vivienda, y que además experimentaban muchas alzas en los alquileres a lo largo de sus relaciones con funcionarios de vivienda de esa zona del canal.

Por otra parte, la situación socio/económica en las ciudades urbanas terminales de Panamá y Colón, en las áreas habitadas principalmente por gentes de la etnia Westindians, se convirtieron en focos de insalubridad y hacinamiento. En un específico estudio de un cuadrante de diecisiete bloques de una área estudiada en 1946, el Banco de Urbanización y Rehabilitación, ordenada por el Gobierno de Panamá en septiembre de 1945, sus estudios hicieron muy evidente que, de las 4,600 unidades de vivienda de esa área en particular, el 86% eran de unidades habitacionales de un solo cuarto.

Además hasta incluso, el lenguaje cotidiano de la gente de la etnia Silver iba a estar reflejándose en estas adaptaciones urbanas, tan dolorosas y penosas a ser parte de su incómoda realidad de vivienda. A lo largo de mi infancia, habría yo de escuchar miembros de mi familia y vecinos hablar en términos del cuarto o de los “dos cuartos” de alquiler. Eran tiempos en que nunca se hablaba de un apartamento o de tener una casa entera, y además esas habitaciones a menudo cadecían de áreas privadas o de instalaciones privadas sanitarias o de cocinas apartadas. Las familias que tenían varios niños tenían que bastarse con un baño compartido entre varias familas y con áreas de diminutas e improvisadas “cocinas,” usualmente en las afueras de la vivienda como en los balcones, usualmente en frente de las entradas a sus hogares.

Además, estas áreas dedicadas a la lavandería también eran áreas comunales, a menudo ubicadas en la planta baja de los edificios en el área conocido como el “patio.” Equipadas con uno o varios grifos de agua junto a sus correspondientes lavaderos estas áreas, además, fungían como área social que eran compartidas por todos los vecinos. En muchos casos estas áreas servían como la única fuente de agua potable para familias enteras. Estos lugares eran primordialmente usados por las mujeres y colgaban su ropa en los alambrados comunales apoyados por largas y fuertes varas dejándola secar al sol tropical resplandeciente.

A pesar de las dificultades, sin embargo, las familias de la etnia Westindian generalmente lograban mantener los establos de ducharse que llamaban “cuartos de baño,” escrupulosamente limpios. Entre las amas de casa había un código no escrito de pulcritud para con la limpieza de los caños y las regaderas que la mayoría de ellas y sus hijos seguían fielmente ya que consideraban estos sitios de conexión humano lugares dignos de poder llevarse a cabo con decencia sus necesidades intimas.

Tales eran esos tiempos históricos que resultaron ser vida de escasez en viviendas inadecuadas para las gentes de la etnia Silver. Así que el trabajador Westindian, al verse limitado en esos grandes caserones de alquiler, se encontraría inmerso en miserables condiciones de vida. De hecho, le parecía que toda la raza estaba afectada negativamente por esas condiciones de vida, en esos los primeros barrios urbanos de Panamá. Eran tiempos históricos, sin embargo, en que todos pertenecíamos a la sociedad Panameña, siendo los hijos del Silver Roll esperanzados por cambios de actitud por parte del gobierno nacional.

Luego de muchos años y varias generaciones de esfuerzo frustrado en tratar de hacerle frente a tales condiciones- siempre en espera de algunos cambios en actitud del gobierno panameño- comienzan las grandes olas de migración de toda la etnia Westindian. Las primeras, generalmente, tomarían dos rumbos siendo la primera al exterior, a Estados Unidos. La otra sería a las áreas que se vuelven suburbios de las principales urbes de Panamá y Colón. Su principal motivo- poder poseer su propia y única vivienda familiar.

Siempre quedaría un número importante de nuestra etnia Silver Roll arraigada a los centros tradicionales de la Zona estadounidense del Canal de Panamá expuestos a las indignidades y limitaciones que todavía incluían el racismo y el clasismo. Además, quedaron muchas familias de nuestra etnia Silver que tuvieron que hacerle frente a los peligros del nuevo vivir en las urbes en condiciones deplorables sin seguridad personal. Pudiéramos añadir a estos grupos los que se rehusaban a inmigrar; esos quienes, después del traspaso de las “instalaciones” culturales de la zona del Canal Silver a manos panameñas, harían su hogar en las antiguas viviendas añadidas a la nueva historia urbana de Panamá.

Esta historia continuará.

Los Desplazamientos por Soluciones Habitacionales-Las Condiciones Deplorables en la Zona

Viviendas “Silver Roll” en Cristóbal 1912.
Nótese las cloacas abiertas.

Esta unidad multifamiliar en Red Tank
fue una ala del Hospital Ancón que entonces
fue destinada a los del Silver Roll como una
solución habitacional.

En el momento en que nací en ese año de 1936, mi gentes de plata o del Silver Roll, habían ya sufrido muchos períodos de privaciones al estar encontrando medidas para mejorar sus necesidades de vivienda. En las gràficas mostradas arriba se puede notar que había ido mejorando desde un infernal vivir a un purgatorio acalorado con mallas en la Zona del Canal. En lo que concernía apoyo a sus puestos de empleo, con respecto a las luchas laborales y la búsqueda de vivienda digna, es algo que al llegar a mis tiempos de niñez todavía vivíamos y que hemos proporcionado para ustedes, en esta historia, siguiendo las esquemas escritas originalmente por el ilustre Mr. George W. Westerman unos de nuestros hijos predilectos. El tema de la vivienda es de suma importancia en el funcionamiento del Canal.

Debido a la falta de unidades de vivienda, una gran parte de la fuerza laboral se ha visto obligada a estar en busca de vivienda en las ciudades de Panamá y Colón, donde los alquileres son sumamente altos, y las normas de construcción son insuficientes y la atmósfera mucho menos satisfactoria que en la zona del canal. A fin de que el Canal funcione satisfactoriamente y para mantener mejor disciplina y moral, los trabajadores deben vivir tan cerca como sea posible a sus lugares de trabajo, bajo la protección de los Estados Unidos”.

Iba a resultar ser que durante el período de las construcciones en la Zona del Canal o incluso dos años después de la inauguración de la misma, específicamente en el año de 1916, que la mayor parte de la fuerza laboral todavía vivía en la Zona del Canal Negra y en las area cercanas a la Zanja todavía en manos Panameñas. Existía en esos entonces que aunque habia en alguna forma limitada de propiedad privada, sin embargo para los de esa etnia Silver Roll iba a ser diferente. Tal diferencias incluía la marginaciòn por los pauperrimos sueldos que limitaban la participaciòn y la marginacion establecidas por las leyes panameñas.

Además iba a resultar que las formas en que las empresas privadas se les dio oportunidades para llevar a cabo el acaparamiento de propriedades en una urbe que estuvo desarrollando sin reglas propias voluntad. Eran tiempos en que muchos de los de la etnia Westindian o Silver estuvieron llegando a tomar algunas ventajas de las oportunidades que se les ofrecían, pero en el ámbito de la jardinería y de la agricultura, fueron esas los medios en el cual habían estado recibiendo ayuda en las licitaciones del gobierno de la zona norteamericana. En cambio en 1915 la población Silver o Negra de la Zona del Canal, excepto los ciudadanos Negros de los Estados Unidos, por necesidades militares, tuvieron a la fuerza tener que abandonar sus viviendas en la Zona, al igual que en otras de sus propiedades en los alrededores de los montes cerca del canal.

Tras esta retirada repentina de nuestra etnia de sus casas y tierras, esos los de la etnia Westindians se vieron obligados a estar viviendo en los barrios de las ciudades terminales del Canal que era en las Ciudades de Panamá y Colón. Esas afluencias de población que tan repentinamente se mudaban crea urgencias absolutas para que se mejoraran las viviendas existentes, abriendo de hecho, excelentes oportunidades para la inversión en bienes raíces, de parte de terratenientes y empresarios adinerados. Fueron oportunidad que rápida y ávidamente tomaron un pequeño grupo de personas de esa èlite panameña.

En ese año de 1916, el entonces gobernador de la zona del canal norteamericana era Chester Harding, quien había hecho especial solicitud para que se les asignara presupuesto del Gobierno de los Estados Unidos, con que poder ofrecer unidades de viviendas adecuadas a los empleados Negros del Silver Roll, cosa que nunca iba a lograr. Llegaría entonces a ser que después de que se completó las construcciones iniciales, después toda la energía y recursos de los Estados Unidos fueron cambiados. De las operaciones de mantenimiento de los viejos caserones, además de que muy pocas de las nuevas viviendas se construyeron por ser que el Gobierno estadounidense estuvo más preocupada por dedicar recursos a su participación en la Segunda Guerra Mundial.

Así fue que las asignaciones presupuestarias a la zona del canal, por tanto, se vieran marcadamente reducidas y los dineros necesarios para satisfacer las necesidades de viviendas para la población Silver Roll fueron así desviados. Esta situación económica iba a prevalecer hasta mucho después del final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, y de hecho, no iba a ser desde 1916 hasta el año de 1927 que se iban a ver fondos asignadas para proveer viviendas para esa importante población para el Canal que eran los Silver. En tiempos interino, sin embargo, la historia iba a reportar el deterioro de todos los edificios, tanto en la Zona del Canal como en los populosos barrios de las áreas urbanas panameñas.

Eran edificios que en muchos de los casos estuvieron en servicio desde el período del Canal Francés de 1880-1889, y fue tan marcada ese deterioro que muchas de esas estructuras iba a tener que ser condenadas y abandonadas. Resultaría ser tema de tanta importancia lo de las viviendas que resultaría ser palabras de uno de los gobernador de la zona del canal de la época, que presentara en unos de sus informes anuales durante la década de los años de 1920.

Durante este período de tiempo la voz cada vez en mayor oposición, naturalmente, vendría de los propietarios panameños y los terratenientes, gentes deseosas de expandir sus proyectos inmobiliarios lucrativas negocios para las empresas financieras, establecimientos de mueblerías, y de las joyerías, etc., Se vieron esos gremios en esas horas de la historia llevar quejas a las Oficina del gobernador estadounidense en la Zona del Canal, en reacción a medidas que estuvieron buscando proporcionar mejoras en viviendas en la zona para los trabajadores del Silver Roll. Al mismo tiempos en que estuvieron insistiendo que las medidas podrían perjudicar la economía panameña y crear ventajas injustas para extranjeros.”

Debemos destacar, que de acuerdo con las cifras de los Sindicatos de trabajadores de la zona del canal los números de la época, fueron que aproximadamente 5.000 trabajadores y más de sus dependientes de entre 14.000 a 15.000, se verían tener que trasladarse a las ciudades y otras áreas periféricas al canal en busca de viviendas. Época era en que las continuas presiones sobre la fuerza laboral Silver Roll se evidenció en que incluso en artículos del Semanario Panamá Tribune, en que en 1947, por ejemplo, el su encabezado reportando sobre el tema de las viviendas se vería leer, “Alza en alquileres para los de la Zona Silver o de Plata a ser Efectivo el 1 de Septiembre.”

Esos preciado, caros y todavía poco disponibles medios de alojamientos para trabajadores Silver en la Zona se vio estar volviendo cada vez más caras y además mas raras obtener. Incluso a finales de la década que comenzaba con el años de 1950, según un estudio del Sindicato CIO * por sus siglas en Ingles, que significa Organización de Congreso Industriales, organismo de los estados unidos, para el tema de las viviendas para trabajadores Silver Roll, en la zona del canal de Panamá. Además, demostraba como los trabajadores Silver tenían que vivir bajo condiciones terribles e intolerantes, que sólo se puede comparar con estar habitando los peores Ghettos en los Estados Unidos.

Ese estudio además había sustentado que en esas condiciones de viviendas, las gentes estuvieron expuestas a condiciones de extremo hacinamientos; y que las habitaciones eran generalmente de estar llenas de infestaciones de cucarachas, polillas, termitas y llenos de todo tipo de plagas, y todas sufriendo lamentables estados de deterioro.

* 1947 Estudio de vivienda del Sindicato local 713, Sindicato de trabajadores Públicos del CIO o Congreso de Organizaciones Industriales.

Esta historia continúa.

El 4 de Julio, La Navidad, y los Comisariatos-Estilo de Vida Estadounidense en Panamá- Ira Parte

Un antiguo cupón del libro de cupones del
Comisariato. Este cupón tiene un valor de $5.00.
Imágen gracias a CZimages.com

Prueba de ello para este servidor son esos emporios comerciales de la compañía que se denominaban los Comisariatos de la Zona del Canal y que conocíamos muy bien y que se convierten en grandes y muy conocidos supermercados urbanos. Posteriormente se convierten en distribuidores y controladores de la distribución de alimentos de cadenas de compañías afiliadas en todo los Estados Unidos de Norteamérica. Continue reading