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Deshumanización

El antiguo Fuerte Clayton, base militar (Army) de los EEUU en Panamá.

Después de aquel episodio brutal con mi padre, lo cual serie uno entre muchos, yo sabía que había un gran problema de comunicación entre mis padres y yo. No obstante, ese día tuve la ilusión que, por fin, mi madre había visto el alcance de mi agonía y estaba preparada para protegerme.  Continue reading

Maltrato y Abandono Infantil Dentro y Fuera de la Zona del Canal

En los días de mi niñez en Panamá todavía nadie en nuestra comunidad Westindian o de la familia íntima de uno les hablaba a los niños. Aparte del Jefe Scout quien intentó probarme en la valentía y la inteligencia en mi único contacto con ellos, nadie conversaba con nosotros. Continue reading

Un Tesoro Entre la Basura

Entre la basura encontré mi tesoro, periódico y cartón viejo para iniciar mis propias lecciones.

Retomando la odisea de mi pequeña familia que, poco a poco, parecía sucumbir a la desintegración, yo trataba de manejar mis temores a mi manera. Continue reading

Recreando Una Historia Urbana

El Fruto del Nance.

Intentaremos recrear esa parte de nuestra historia urbana panameña que jamás sería tocada por algún historiador y que duraría más de un siglo.  Era, por decir así, el tiempo de auge de nuestra etnia negra Westindian. El país estuvo en parto de su política de “democracia,” y el constante alboroto partidario que producía. Nuestra comunidad Silver Roll vivía con vecinos allá abajo en el conocido distrito llamado Calidonia, donde nacían casi todos los descendientes de su etnia. Continue reading

Nadie Nos Hablaba

El logotipo de el Panama Tribune, semanario en
ingles publicado en Panamá.


Para uno como yo, quien vivió los tiempos de mis abuelos Westindian quienes pasaron de la esclavitud de las islas del Caribe a ser los Silver People de la Zona del Canal de Panamá, el hecho de haberme auto-alfabetizado en esos tiempos de tantos cambios me hacía sentir verdaderamente aislado. Continue reading

El Sacrificio de las Familias Silver- Una Copa Amarga

Un típico grupo de trabajadores y trabajadoras de
una lavandería de la Zona del Canal de Panamá,
probablemente la de Cristobal; la lavandería de
Ancón donde trabajaba mi abuela, sin embargo, era idéntica.
Circa 1908.


Los efectos perjudiciales de los entornos laborales segregados en la Zona del Canal invariablemente llegarían a ser lo que hiciera relucir el clima emocionalmente intolerable para los hogares de trabajadores del Silver Roll en la Zona del Canal de Panamá. Los históricos hechos que habían convertido en recompensas para familias de la etnia preferida, que fue la nómina del Gold Roll, se vio convertir en negativas y un gran sacrificio para las familias de los de la planilla del Silver Roll.

Aquello llegaría a cambiar la dinámica y la imagen del diario vivir para los de la Zona del Canal Negra, y fueron situaciones que se pusieron tan opaca económica y socialmente, los cuales no llegarían a ser claramente percibidas, hasta en tiempos de la historia en que los trabajos en las obras constructoras de la Gran Zanja, llegaran a encontrarse enteramente bajo control.

Fueron esos tiempos de la historia en que el sueño del Ingeniero Mayor John F. Stevens, en ese año de 1905 iba a ver a sus trabajadores Silver. Eran a los que él procuraba cuidar por ser sus obreros preferidos, y a los que muy pronto en su carrera administrativa reconoce como los obreros más importantes para esa empresa del Canal de Panamá. En cambio llegarían esas horas de la historia en que todo se convierte en unas de sus mas frustradas esperanzas. Incluso Stevens como talentoso administrador civil, quien había transformado esa Zona del Canal en lugar apto para residir y trabajar, en tan sólo dos años, tendría que acatar rotundamente a presiones que se les colocaban, por poderosos guardianes de la política laborales de los Estados Unidos.

Tanto fue así que el Señor Stevens estuvo completamente bloqueado en muchas formas, como esos de poder lograr proveer para todos esos trabajadores el entorno laboral equitativo conforme al clima hostil de un territorio como lo era el Panamá de entonces. Stevens eventualmente llegaría a tener que entregar toda la administración del Canal a un ejecito racista como lo era el estadounidense, quien cumplía totalmente con la política circunscrita, puesta en práctica por el sistema racialmente segregado de su país. Además era sistema similar a las encontradas en la región Sur de los Estados Unidos.

Fue así cómo iban a surgir las cosas en ese sistema político y social cual fue apoyado básicamente bajo las leyes estadounidenses, hasta llegar a los tiempos de los noventa y nueve años después en que el Canal fuese revertido a manos panameñas. De hecho, justo hasta el año de 1999 aquella esquinita de las Amèricas, fue lugar en donde los ciudadanos dorados norteamericanos del Imperio, fuera todavía conocida jocosamente como “La Plantación,” por ciudadanos estadounidenses de la nueva era de ambas razas como son las negra y blanca por igual.

Ese sistema laboral de nóminas segregada conocidas como la antigua planilla de Oro y de la Plata, cual fue realmente transferida desde los días de la construcción del ferrocarril estadounidense de 1850-1855, cuando la mayoría de sus empleados eran de hecho tan solo Jamaicanos, al llegar a esas horas de la historia de 1914, se había tornado en tan grave distinción de raza y de clases. Aquellos actos iban a hacer tanto daño al convivir de la zona que los sacrificios logrados por generaciones de obreros Negros y que además llegarían a ser contribuciones positivas hechas también por las familias Silver Roll que los caracterizaban, en años posteriores se verían convertir en negativas imposiciones, similares a las que se les cargaban a personas en campos de concentración para civiles, bajo mando militar durantes los tiempos de las guerras.

Tan temprano como en los primeros tres años de la renovada construcción del Canal de Panamá que en realidad fueron años de las mas difíciles contratar manos de obra, hubo distinciones adscritas colocadas sobre las familias Silver. Tiempos fueron en que las reglas fueron algunas “reconocidas” y otras fueron “no reconocidas”. Fueran o no reconocidas, sin embargo, para los pioneros Hombres Silver, como obreros iban a ver sus necesidades erosionar y nunca jamás reconocidas como en los tiempos del Sr. John Stevens.

Stevens había llegado a ser conocido entre los obreros Silver como el único jefe blanco que llegara a reconocerles que fueron mas que simples hombres negros, quienes estuvieron produciendo la mayor parte de los trabajos más difíciles. Además que en los trabajo crucial requeridas en la mayor parte de esas megas construcciones a ellos los requerían. Había ese jefe sido el que llegaría a estar bajando con ellos a las mas barrosas partes, que infestadas de mosquito entre zanjas plagados de peligros, en esas trincheras se encontraba con ellos, y que además les había escuchado sus opiniones y quejas y visto cómo se enfermaban y morían por los cientos de enfermedades, y de la desnutrición y de los accidentes.

Sin embargo, en tiempos tan tempranos como de los dos primeros años de la historia de las renovadas excavaciones, esas construcciones que los franceses ya habían comenzado, los cambios sociales tomarían segunda prioridad al trabajo que estaba a la mano. Incluso en esos primeros tiempos de la historia canalera las familias de la nómina Silver, o de la plata tenían pocas razones para estar mostrando eufóricas apreciaciones hacia el sistema bajo el que laboraba. Así seria aunque fueran recién llegados o estuvieran entre los primeros quienes habían llegados, en esas horas ya viejos y sazonados, habitando en o afuera de la Zona del Canal sus tratos recibidos eran los mismos.

En las cuestiones como lo que eran cruciales como eran las viviendas, llegarían a demostrar poco cambios para esos hombres aunque solterones o casados en esa nomina Silver de Plata. Ellos quienes verían avanzar las construcciones, llegando hacia la fecha clave de la percibida inauguración de ese proyecto colosal, muy poco verían avanzar en términos de mejoras de condiciones de trabajo o en viviendas, fomentos que para los del Silver Roll como trabajadores o en mejoras en condiciones de sus familias, iba a poderse ver materializar en recompensar sus esfuerzos, sino esas de más segregados y consagrados de parte de la administración de la Zona del Canal.

En el año de 1940, año en que llegaría este su servidor a tener vislumbre de lo que estuvo ocurriéndole a mis familiares con ese ” hombre blanco”, como mi abuelo materno con vehemencia se refería a ellos, fue cuando iba yo a comenzar a estar formando imagen de lo que seria realmente ser un “niño de la Plata o del Silver Roll”. Al llegar la historia por los años a principios de la década que comenzaba con 1950, tanto mis dos abuelos, al igual que otros viejos empleados del Silver Roll de la zona del canal de Panamá, habrían muertos y dejado a sus viudas desamparadas, sin hogar y sin dineros o respaldo económico alguno.

En el caso de mi familia paterna, si no fuese por escasos recursos económicos de mi abuela paternal, esa Fanny E. Reid, la cual hemos honrado por primera vez aquí en las paginas de la Rapsodia Antillana, quien por dar un ejemplo había laborado casi 20 años asegurándose ella misma una pequeña y paupérrima pensión en la Zona norteamericana.

Después de haber obrado duramente sirviendo de lavandera y planchadora en la gran Lavandería de Ancón durante más de veinte años, se habría visto obligada a vivir completamente de la caridad de sus hijos, quienes también estuvieron a esa vez de la historia sufriendo la vida de desempleo o de labor semi-esclavizada en la misma Zona. De hecho, aquello fue lo que sufrió mi abuela maternal, de nombre Marcela de Green, quien quedaría sin prestaciones en su viudez o pensión de cualquier tipo cuando muere su marido mi abuelo materno Seymore Green, quien había logrado conseguir que su sitio de empleo pagara solamente su entierro.

A pesar de la historia arriba contado su suerte podría haber sido mucho peor, llegar a ser como la historia que hemos contado de la criada desde su juventud mi querida Señorita Polly que fallece en 1949, acerca de ella se contará en otras de nuestras entregas. Aunque lo suyo fue muy lejos de llegar a estar gozando de vejez digna, para esas mujeres de la nomina de la plata Silver Roll, quienes había también trabajado no sólo para hacer verse ese Canal de Panamá, además ellas fueron las que atrajeron a las mujeres blancas estadounidenses, además de hacer el canal que nos toca hoy estar contemplando.

Al llegar a esos tiempos de la historia en que me volvería adolescente, específicamente al llegar a la década que comenzara con el año de 1950, llegaría a también estar experimentando los muchos funerales, en cementerios reservados a los de la nomina de Plata, en ese Cementerio Silver de Corozal, y también en el Cementerio de Monte Esperanza, o Mount Hope en el lado Atlántico de Colón. Iban a ser algunas de mis últimas experiencias junto a esos pioneros Silver Roll o de la plata. Serían para mi tiempos en que esos hombres y mujeres quienes fueron los reales pioneros de nuestra cultura, me darían una visión más nítida de lo que me gustaría estar sacándole a la vida.

Por otra parte, mis experiencias con personas como la Miss Polly, esa sirvienta de toda una vida mal pagada y olvidada, quien por ejemplo fue vivo ejemplo de lo que sería para mi vida, si me atreviera a estar soñando con estar trabajando en esa zona del canal de Panamá racista. Sería aquello suficiente incentivo para estar en busca mejores horizontes. De lo contrario sería que terminara bebiendo de la misma copa amarga de la desilusión, que había asolado a todo ese pueblo Silver, a esos Westindians de la República de Panamá.

Esta historia continuará.

El Terror del Silver Roll

Arriba: Foto de mi hermana Aminta y yo Cobert circa 1942.
Medio: Aminta Meléndez y su padre, Don Porfírio Meléndez circa 1904.
Abajo: El busto de Doña Aminta Melendez (anciana) instalado en el Parquede
la Avenida Central en Colón, Rep. de Panamá.

Después de esos sucesos notorios causados por el Incendio de Colón del 1940, nuestra familia los Green, vuelve a su vida normal junto a sus retoños quienes parecían los primeros brotes de la segunda generación, mi hermana Aminta y yo, el Cobert Júnior, o Juni, como solían abreviar los nombres haciendo sobrenombre del nombre de mi padre. Mi hermana, Aminta, un año menor que yo, había sido nombrada por mi madre con el nombre de la notable figura histórica, Aminta Meléndez, hija de un importante personaje colonense y, aunque la menos mencionada de los dos, una de las destacadas revolucionarias de la Independencia en relatos sobre la corta historia revolucionaria de nuestra República.

Aminta Meléndez (1886-1979) fue personaje clave en la independencia de la República de Panamá durante la Revolución del 1903, aquella que provocaría la separación de lo que fuera el Departamento de Panamá de su unión con Colombia. La historia relata que en 1903, la niña Doña Aminta iba a estar cumpliendo sus 18 años de edad cuando su padre, Don Porfírio Meléndez, jefe de la Junta Revolucionaria de Colón en esos momentos extremadamente peligrosos de la historia de Panamá, envía a su hija a Panamá en una importante misión.

Así fue que viajando a solas en un tren de carga de Colón a Panamá ella lleva una carta secreta escrita por su padre en la cual le solicita a los militares estadounidenses que intervengan para impedir que el ejército colombiano invadiera a Panamá y asumieran control del país. La solicitud se le concede a la joven Aminta al lograr su importante misión, que lo hizo sin parpadear y sin estremecerse de temor levantando sospecha alguna. A partir de ese momento Aminta Meléndez se convierte en una de las figuras revolucionarias más importantes aunque casi olvidada en los anales de la historia Panameña.

Nuestra historia, sin embargo, continuaría con la pequeña Aminta Reid y yo el único varón heredero reanudando nuestro lugar en una de las primeras familias del Silver Roll de esos que se habían habituado a la vida de dual identidad en el país de Panamá de sus tiempos. Apegados como estuvo nuestras gentes Silver a la Zona del Canal de Estadounidense desde mi perspectiva, que incluso tan a tardía, como fue la fecha del año en que había escrito esa primera historia sobre mis experiencias con mi familiares en Colón, que los de nuestras gentes Silver parecían estar inconscientes de que ambos países, los Estados Unidos y Panamá, habían estado actuando como si fuésemos elencos recíprocas y supérfluas, grupo de personas tan sólo reconocibles siempre y cuando que fuésemos útiles.

Entre tanto, esos primeros años de vida con nuestros abuelos maternos sería la primera etapa en un despertar para mi de la situación arriba descrita. Iba a ser lo que iba a identificar como los momentos en que fueron el despertar de mi alma o espíritu, y además producir en mi un breve sabor de la vida urbana, en lo que después llegaría a identificar a Colón como parte del interior del país de nuestro Panamá. Además sería lo que vendría yo a identificar como momentos en que tomaba yo conciencia de mi alma o espíritu, y que para mi, un niño panameño llamado Cobert y Júnior, iba a aparecer con conciencia viva de inconformidad.

Tiempos eran además en que historiadores todavía vislumbraban a nuestra gente Silver Roll y a su Panamá como todavía estar saliendo de momentos de esas historias esclavistas, y en que el uno emergía de agonías de una esclavitud humana mundial, y el otro de un colonialismo Español, de igual calaña cruel una Latinoamericano, para estar sintiendo los talones del colonialismo norteamericano. En cambio esos fueron los momentos en la experiencia de un Panamá saliente de una agonía para estar sintiendo un norte americanismo que le causaba confusión y de la cual no estuvo todavía preparada para bien o para mal.

Esos años de las décadas de 1930 y 1940 fueron años en que el poderío Estadounidenses consideraba suya esa población creciente de negros Westindian, que para ellos eran meros peones para ser por ellos utilizados, explotados. En realidad éramos aquellos quienes se habían encontrado en un mundo en que los juegos políticos locales o mundiales eran de total dominación y que además en que las planificaciones sociopolíticas era de planificar con cálculos megas grandes.Hubieron momentos en que el pueblo Silver necesitaba permanecer tan invisible como fuera posible.

Sin embargo, éramos los Negros más visibles en todo el país debido a que nuestros haberes con la Zona del Canal tuvimos obligados en muchas ocasiones a residir bajo la jurisdicción del Gobierno Panameño. Aun residiendo á al otro lado de las valladas que separaban la zona del canal Estadounidenses de nuestro Panamá, sin embargo, vivíamos iguales a los que estuvieron “privilegios” de vivir allá, cantábamos las mismas canciones en las mismas melodías y celebrábamos las mismas fiestas estadounidenses que esos negros de la zona del canal negra.

Siempre cuando escribo sobre mis temores de infancia me recuerdo de “todas las ocasiones en que había visitado el Clubhouse Silver y sentía ese temor de que alguna vez nos encontraramos cara a cara con el malvado “Gumshoe” del que mis tías siempre estuvieron hablando. De hecho, cada vez que mis jóvenes tías o que mi abuelo mencionaran ‘el hombre blanco‘, pensaba que eso de nunca haber realmente visto una de esas personas a quienes podía yo identificar o confundir por un ‘Gumshoe‘ al visitar la tienda del comisariato Silver.

Serían muchos años después que llegaría yo a entender que el misterioso ‘Gumshoe‘ era el detective del almacene que llamábamos “comisariato,” señores detectives empleados para velar contra las infracciones del contrabando. Eran señores de la raza blanca gringa que fueron empleados para obtener información sobre los empleados Silver Roll y sus actividades delictivas.

Al pensarlo bien ahora, cada vez que tuvimos que pasar por los hogares de las gentes gringas blancas durantes nuestro camino regreso a casa después de comprar en la Zona, yo notaba los juguetes de niños tirados en el césped delante de sus hogares, aunque nunca veía niño blanco alguno. Para mi en esos tiempos de mi niñez permanecía esa mística que rodeaba esas gentes gringas, mística que iba a permanecer siendo un fantasmal mal, presencia que temer aunque no se dejaban ver.

Lo que eventualmente iba a ser para mí un hecho, de que era inevitable que algunos de esos juguetes de esos niños blancos harían su llegada a las áreas pavimentadas que eran pasarelas que deberíamos cruzar. Así, fue que un buen día, cuando mi tía Minnie y yo estuvimos volviendo a casa después de háber hecho las compras, yo recogí un juguete que era bus, hecho de plomo; que era una réplica en miniatura, realmente agradable de un autobús escolar, tipo americano.

El juguete estuvo ciertamente en mi camino cuando cruzábamos la vereda por lo que lo recogí y lo estuve examinando, disfrutando de la pesadez del juguete que era pequeño, pero con la sensación de ser pesado en mis pequeñas manos.La tía Minnie, sin embargo, quien había notado lo que había hecho, jalò de mis brazos tan bruscamente que el furor me asusta, mientras le decía, “¡Ellos no lo desean!” Como medio quejándome del jalón. Ella contestó bruscamente, “¡Cállate y vente!” Mientras continuamos apresuradamente nuestro camino a casa.

En todo el camino a casa estuve absolutamente intrigado por el pequeño juguete autobús escolar, y llegue en esos momentos a estar consciente de que, aparte del juguete del colorido ábaco, que el peluquero japonés de Colón me había regalado, como recompensa por portarme bien durantes mi primer corte de pelo, no había tenido ningún otro juguete.

Ese pequeño autobús escolar de plomo se iba a convertir en el segundo juguete de mi propiedad en toda mi vida y lo había consumido toda mi atención.Ese incidente, sin embargo, me había impresionado por la reacción general de pánico y temor de mi joven tía, e igual notaria que sería con la mayoría de las personas Silver, en su reaccionar con cualquier asunto relacionado con los de esas “personas blancas.”

Esta historia continuará.