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Recordando Mis Abuelos- Las Raíces Afro Antillanas Panameñas

Una foto de mi abuelo Joshua Austin Reid.

Nunca me cansará de decirlo, pero siempre he creído que los panameños Westindian son un pueblo muy singular. De temple tan fuerte que nosotros los hombres de plata, los Westindian de Panamá, hemos evolucionado. Continue reading

Amarga Decepción

Para un niño de seis años yo había ya detectado en mi padre esa disolución emocional, algo que luego descubriría generalmente entre los hombres de nuestra raza. Ya había detectado aquella deprimente decepción en los varones descendientes directos de uno de los primeros hombres Silver como eran mis abuelos Joshua Austin Reid y Seymour Green. Continue reading

Una Diferente Realidad

Así lucía una calle de Calidonia en 1940
antes de que sanearan las calles y pavimentaran
las áreas urbanas. Imagen gracias a los amigos de
afro-panavisions.com

Aqui vemos a la Avenida Central en el año 1940.
Imagen gracias a czimages.com

Para alguien como yo en esos entonces de la historia panameña, quien experimentaba vida como unos de los niños de la raza de negros identificados con la Zona del Canal Silver Roll, y también a la vez era niño negro Panameño, puedo dar testimonio con seguridad, que aquella visión que he deducido de lo que significaba ser parte de los trabajadores Silver Roll, provenía de la breve experiencia que viví con mi abuelo materno.

El Señor Seymour Green, padre de mi madre, sin saberlo, me había desde temprana niñez impactado con sus comentarios al leer a diario su periódico. Sin embargo, la mayoría de mis experiencias al crecer a ser uno de los jóvenes Silver iba a también fue adquirida de experiencias en la infancia conviviendo con mis padres. A lo largo de ese proceso de estar creciendo, nosotros quienes éramos panameños nacidos de padres Westindian y a la vez miembros de la segunda generación, y a menudo algunos eran de tercera generación, íbamos a estar rezagados, incluso mucho antes de que tuviéramos disposición de irnos en busca de empleo en “la Zona Dorada” del Canal, e íbamos a estar experimentando una constante actitud de rechazo.

Esta revelación, de hecho, iba a ser acertada para mí después de estar llevando a cabo mis propias observaciones e investigaciones personales. Descubrir iba yo a reconocer que el día y mes de mi nacimiento que el periódico Panamá American, en su sección en el idioma ingles del día fechado 17 de abril de 1936, se había publicado una historia con respecto a rumores acerca de jóvenes de la “Zona del Canal,” rumores que después fueron totalmente negados por el gobernador de la Zona del Canal. Aquel articulo decía: “El gobernador de la zona toma Seriamente excepciones a tales historias sobre la Educación y el Aprendizaje en la Zona del Canal de Panamá. Niega la existencia de vedas o prohibiciones contra el emplear jóvenes de la Zona y además que, “La Oficina de Servicios no se opone a emplear Jóvenes de la Zona del Canal.”

La historia continúa diciendo, “Tomamos serias excepciones al artículo publicado en el periódico Panamá American recientemente, con respecto a la oposición de algunos funcionarios sobre empleos a segunda y tercera generaciones de niños de la Zona del Canal, publicadas en la Panamá América. Lo anterior fue tomado en declaraciones emitidas por la Oficina del gobernador el jueves pasado.“

Cualquiera que fuese la verdad sobre la veracidad de esta historia publicada en realidad los niños de la Zona del Canal que sí buscaban empleo, eran en su mayoría, miembros de la Zona del Canal Negra. Además, aquellos que luego iban a ser como lo era yo al llegar a la edad de buscar empleo y como me había ocurrido, como tantos otros quienes éramos descendientes de las originarias familias de trabajadores negros y aquellos que se vieron obligados a trasladarse a vivir en barrios pobres aledaños a la zona y áreas urbanizándose rápidamente cercanas a esa zona canalera.

Eran esos todavía tiempos en que el país aún estuvo joven y incapaz de proporcionar trabajo para su propia población trabajadora. Además que en su mayoría esas familias negras iban a convertirse en población de gentes que ya no iban a ser acogidos con beneplácito en esa zona e incluso tratados como si nunca tuvieron patrimonio cultural ni descendientes de esos primeros trabajadores Caribeños, que el mismo gobierno norteamericano había fomentado una vez para llegaran a trabajar en el país.

En los años siguientes a mi nacimiento, sin embargo, otras oleadas de esas personas de la raza negra llegaban a nuestros barrios, esos que todavía venían desde dentro y fuera de las fronteras Panameñas llegando en busca, de alguna manera, de obtener empleo en la Autoridad del Canal de Panamá. En esos años los obreros Westindian y sus familias fueron llegando cada vez más a asentarse en el país, pero en áreas que estuvieron bajo el auspicio del gobierno Panameño.

Sus hijos quienes habían nacido años antes de la inauguración del Canal, y que en su mayoría habían nacido nacidos en áreas urbanizadas del país, como en la Ciudad de Panamá y Colón de esos entonces, que eran las únicas áreas urbanas. En esos entonces las áreas reservadas para los obreros de la nomina o planilla del Silver Roll y sus familiares en la Zona del Canal, como hemos explicado anteriormente, en esas horas estuvieron con niños que habían llegado a edad de mayor de la adolescencia. Cuando al llegar a edades en que estuvieron teniendo sus propios hijos tuvieron que mudarse de esa zona.

Entonces veríamos con claridad que la mayoría de los negros de esa era y horas de la historia estuvo residiendo en barrios pobres económicamente y rodeados de las valladas que marcaban la separación de Panamá de las áreas de la zona del canal de Panamá. Fueron tiempos en que este grupo grande de personas de la raza negra estuvo llegando a residir bajo las virtudes de las leyes panameñas, además de estar participando en sus costumbres y sus hijos naciendo todos en el Hospital Santo Tomás, el único nosocomio de funciones generalizadas fundada para servir a las gentes mas empobrecidas de Panamá.

Notaremos entonces que esos jóvenes no estuvieron naciendo como anteriormente lo hacían en el Hospital Gorgas de la Zona del Canal. Los nacimientos de esos niños y niñas dentro de las infraestructuras del país de Panamá, de hecho, habían llegado relucir cuando los talones del desespero habían hecho ocurrir otra reciente ronda de malestares laborales, haciendo que se radicalizara los movimientos laborales, y que fue cuando se intentaría “blanquear” por completo todo la zona del canal de Panamá.

Iban a ser tiempos en que muchas familias fundadoras de esos asentamientos y de la raza negra, conscientemente estuvieron sido expulsadas de sus viviendas en la Zona del Canal. A través de las “reducción en fuerza laboral” las falta de empleomanía, o a través de sutiles y no tan sutiles maniobras por parte de las autoridades de la zona del canal de desalojarlos de sus viviendas. Hubo en esos días personas negras que se dedicarían a ser espías notorio de vivienda, y que si sirvieron con la finalidad esa práctica benigna de hacer mantener las áreas de viviendas habitables y tranquilas.

Así mantenían una vida ordenada con mínima habitabilidad para los obreros descansar, en cambio en esas horas de la historia sirvieron para hacer de enfrentamientos entre vecinos y a la vez mantener toda una población de la zona de negra en constante temor de ser desalojados y si no expulsados. A menudo, una acusación infundada contra un vecino de estar albergando a visitantes o parientes, muchas visitas de amigos por mucho rato, sería suficiente motivo para que toda la familia se viera desalojada sumariamente, con todo sus hijos y pertenencias fuera de la zona por completo.

Todo aquellos eventos agregado al desempleo, y las reducciones de plantillas iban a hacer surgir situaciones de vida en constante tensión en las viviendas de la Zona, y a verse aumentar las alzas en los alquileres de viviendas en esa zona negra. También hubo ese acoso general en los puestos de trabajo, algo que tan sólo había sido continuó, en esa horas de la historia se intensificó desde los días de nuestros abuelos quienes realmente fueron los inmigrantes.

Todos estos factores se hicieron sentir durante este período de tiempo y explican el movimiento de un gran número de personas de la etnia Westindians que llegaran a residir en los nuevos grandes edificios construidos de madera con techos de zinc corrugado, todas de forma muy parecidas a la que mis padres nos llegarían a establecer a mediados de ese año de 1940. Así había sido la huida o el desalojo en la Zona del Canal Negra, ese lugar que estuvo equipada con los más modernos Comisariatos o lo que conocemos como Supermercados de todo el mundo. Tan modernos eran como los supermercados que tenemos hoy en día que fue algo que para ellos significaría adaptarse repentinamente a lo que estuvo disponible o no disponible en el Panamá de aquellos tiempos. De hecho, durante este período, se verían el proliferar de las tiendas Chinas o los “Chinitos,” tendajos que llegaríamos a aprender a apreciar, incluso hasta la entrada del país en el siglo XXI en Panamá.

Mientras tanto, cuanto más y más familias negras Westindian estuvieran que ahora tener que hacer frente a tiempos en que estuvieran acostumbrándose a estar sin empleo o sin sus “privilegios” de la zona del canal, y que en esas horas de la historia llegarían dependiendo de los magros servicios de salud pública panameña y de sus recursos educativos en un país que todavía estuvo luchando por convertirse en una República respetada y reconocida mundialmente.

Las secuelas psicológicas y tensiones familiares comenzarían a tomar grave consecuencias en una juventud de la segunda y tercera generación que se encontrarían acorralados por el rechazo generalizado y aunándose a los confusos ciudadanos panameños, que en esas horas de la historia panameña llegaban de áreas rurales luchando por sobrevivir.

Esta historia continuará.

Encuentro con un Extraño Ceñudo

Aquí vemos al edificio No. 29-47 de la Calle Mariano Arosemena
donde eventualmente nuestros padres nos traerían a vivir en el corazón
de Calidonia.

Llegarían a ser tiempos en mi historia que mi primera experiencia con lo que el venerado Don George W. Westerman nombró “El problema Westindian,” que es un conjunto de problemas que todos nosotros los descendientes, directa o indirectamente, hemos detectado en personas de nuestra etnia, se me revelaría a la tierna edad de los cuatro años.

Una inolvidable mañana en ese mismo año de 1940, mi estado como miembro de la familia Green de Colón terminaría en la forma más abrupta. De hecho, sería una clausura brusca de esas cosas familiares durante momentos en que necesitaba ese importante amor y cuido familiar a que me había acostumbrando. Era justo un momento en mi vida en que yo me sentía, por fin, establecido y feliz con mis abuelos del ramo maternal de la familia y que comenzaba a olvidar las cosas infelices del mundo que me rodeaba.

Recuerdo claramente ese día- me pareció ser un sábado en la mañana- que mis tías bromeaban y me preparaban para acompañar a mi abuelo Seymour Green en su habitual excursión a la playa. El lo había hecho ritual de llevar a sus dos únicos nietos a darnos ese chapuzón en el mar en la playa cercana a la Ciudad de Colón.

No recuerdo que él haya invitado a sus propias hijas a este ritual ya que normalmente sólo nos llevaba a nosotros dos sus primeros y únicos nietos, que éramos entonces mi hermanita Aminta y yo. Me parece que el abuelo tomaba estas ocasiones para también reunirse con uno que otro de sus amistades de esos de la vieja guardia del Silver Roll. Para nosotros, que éramos tan solo niños, era una experiencia muy agradable debido a que disfrutábamos de la compañía de nuestro abuelo y que, además, invariablemente nos convertíamos en el centro de atención de los adultos. Eran todas amistades de mi abuelo y me sorprendía que fueran de ambos sexos, hombres y mujeres Westindian que por igual hacían alardes del hecho de que éramos los únicos niños presentes.

Mientras los adultos se deleitaban nadando en la mar afuera, charlando y divirtiéndose, nosotros permanecíamos todo el tiempo en la arena llamando desde la orilla de la playa, “¡Abuelo, abuelo, ven acá!” tan sólo para captarle la atención. Sin embargo, él nunca se molestaba ni nos trataba como molestia; al contrario, era cuando él se volvía más amoroso que nunca con nosotros, y suave y gentilmente nos respondía “¡Aya voy ahora!” en esa su forma de actuar con los primeros nietos que los hicieron a todas sus amistades también volverse abuelos.

En todo caso, ese sábado de mañana sería diferente a todas las demás. No saldríamos a nuestro paseo de costumbre a la playa ya que mi abuela, Naní, no me había vestido como de rutina para alistarnos para acompañar a nuestro abuelo. Fue entonces que escucho a mi Papá Abuelo hablar con una persona que jamás había visto. Ellos dos estaban sentados en la sala y platicaban en tono muy bajo. Luego, en el momento en que entro en la habitación para acercarme a mi querido abuelo ese hombre con quien estuvo conversando se ciñe las cejas y mira en mi dirección de manera inmediatamente me intimida. El hombre sigue mirándome con ese ceño tan pronunciado en su rostro mientras que yo me mantenía al lado de mi abuelo todo el tiempo que estuvimos juntos.

Mi reacción fue pensar, “¿Por qué está él enojado conmigo? yo ni siquiera lo conozco”. Recordaba que hacía poco que había cumplido los cuatro años de edad, y él parecía ser un hombre ya muy maduro. “¿Por qué él esta tan molesto conmigo?” pensaba yo otra vez. Resultaría ser que ese hombre estaría mirándome todo ese día con esa fea mirada ceñuda, mientras que yo me colgaba de mi abuelo para que me protegiera. Yo me entristecía porque ninguno más parecía notar que ese hombre me causaba tanta incomodidad. Por la tarde del mismo día todos los de nuestra familia maternal se habían congregado abajo en la entrada del edificio en la acera para, al parecer, darnos el último adiós.

Aparentemente mi abuelo no estuvo allí ya que se había marchado sin yo darme cuenta. Mi tía Hilda, que era la que seguía a mi madre en edad, nos acomoda en la parte trasera del carro color negro de este hombre tan extraño y ella se sienta entre nosotros dos. Yo me acuerdo haber estado muy quieto a su lado lleno de temores que, aparentemente, ninguno parecía notar. Entre tanto, mi madre Rosa, de quien recuerdo muy poco en esos momentos ya que casi nunca estuvo en casa, queda sentada junto a ese hombre, quien muy pronto yo descubriría era en realidad mi padre.

Inmediatamente partimos y antes de que yo pudiera apreciar la ciudad, que yo creía entonces me había visto nacer, estuvimos fuera de la ciudad rumbo a un lugar llamado Panamá, por carretera tomando un rumbo que no había recordado antes tomar. El viaje era largo y sería de noche antes de que llegáramos a hacer parada alguna. Por fin, paramos en un lugar que pronto conocería como Calidonia.

A pesar de mi tierna edad me recuerdo haberme sentido muy triste porque nadie nos había preparado para ese cambio tan brusco. Además, no nos habían considerado ni hablado acerca de ese hombre que era un extraño para mí y no nos explicaron nada del gran cambio que nos esperaba. Me había quedado dormido durante la mayor parte del viaje en el carro entristecido y presintiendo cosas inexplicablemente malas. Luego, la llegada a la ciudad iba a ser lo mismo, y recordaba como nuestra tía Hilda nos había arrastrado arriba de las escaleras desde las entrañas de un edificio que yo jamás había visitado aunque, de hecho, era de madera como todos los edificios en Colón- los llamados “edificios de tabla“. Luego, nos encontramos en cama tan pronto como entramos al lugar que ahora sería nuestro hogar.

La luz de la mañana me trajo la desagradable revelación de que estábamos en nuestro nuevo hogar, y que no veríamos a mi Naní ni a mi abuelo por un largo tiempo. Aún más triste era para mi puesto que quería alejarme de esos enfermizos entornos con ese hombre Westindian malhumorado a quien mi madre y mi tía estuvieron reconociendo ser mi padre. Incluso, hasta esos momentos este hombre parecía no reconocerme ya que todas sus atenciones se centraban en mi madre y mi tía todo el tiempo.

En esos momentos de la mañana estaba yo consciente de que los adultos hablaban de un palomar y de hacer helado cuando yo decido escaparme para explorar este nuevo lugar. Me alejo de ellos mientras ellos observaban una bandada de palomas en una cornisa directamente fuera del balcón con barras de hierro forjado. Estuve observando las aves del palomar por un rato cuando de pronto me aburro de las actividades de las palomas.

Continué vagando por ese piso de madera de un amplio balcón y de pronto me encontró con una vecina, una chica Westindian, mucho mayor que yo en esos momentos. “¿Quién eres tú?” pregunta de manera amistosa y yo respondo, “¡Yo soy Juni!”

Examinándome, de pronto me dice su nombre que, inmediatamente, se me olvida y luego ella me dice, “¿Quieres jugar a tener casa?” “¡OK!” respondo mientras ella me lleva a un área cerrada del amplio balcón, en donde ella tenía sus juguetes preparados. Me sirve una taza de su pequeño juego de té de juguete y dice, “Tú eres el Papá y yo soy la Mamá, ¿de acuerdo? Pero antes de que yo llegara a pensar que ella me parecía ser demasiado grande para estar jugando con esos juguetes, escuché los llamados de mi madre, “¡Juni, Juni ven aquí ahora!” Le digo a la muchacha, “¡Tengo que irme!” y con eso corrí a encontrarme con mi madre quien, por primera vez en mi corta vida, habría tenido cosa alguna que ver conmigo.

Esta historia continuará.

¡Fuego! El “Faiya” de Colón del 1940

La gran consternación de los residentes de Colón se nota plenamente en esta foto cortesía de

La gran consternación de los residentes de Colón se nota plenamente en esta foto cortesía de los Archivos del Library of Congress.

La experiencia de verdaderamente escribir mi primera historia, lo que probablemente sería la primera historia sobre nuestra gente Westindian plasmado en mi cuaderno Balboa, me daba mucho aliento. Ese mismo año de 1950, un poco antes de que nos graduáramos, yo estaba seguro que mi historieta era única en su clase y muy diferente a los de cualquiera de los otros años anteriores a esos. Continue reading

Suenan Las Campanas de Boda

Aquí vemos un Studebaker del año 1930, muy parecido al
de mi papá Cobert Reid.

Aquí estoy con mi hermana, Aminta, posando por
una de las muchas y bién concurridas bodas de las
gente “Silver” de los 1930’s y 40’s.

Cuentan desde esos entonces que la niña mujer Rosa Lena Green y su joven pretendiente Cobert Reid, como ocurriría con la mayoría de la juventud de sus tiempos, encontrarían que tendrían muy pocas nociones sobre las enormes responsabilidades, como pareja al llegar a esas decisiones de matrimoniarse. Iban a estar como lo es hoy en día con las jóvenes parejas de noviazgo, y demasiados ocupados enamorándose, disfrutando de sus amistades, quienes eran las pocas cosas que tenían disponibles para entretenerse, alrededor de los Corregimientos de Calidonia y de Santa Ana en la ciudad Capital. Pues así era la vida en esos entonces con jóvenes de barrio en casi todos los casos en barrios urbanos del Panamá de esos años.

En la historia de los tiempos encontraríamos que casi nada tenían las autoridades para ofrecerles a sus jovenes moradores cursando la adolescencia. A pesar de que aquel varón del Silver Roll iba pronto a ser padre, como varón Cobert Reid, estuvo en esos tiempos cursando la mayoría de edad por los veinte años, ademas estuvo gozando de cierto grado de libertad que no tenian los otros jovenes de su raza. Además era él el mayor de la camada de la familia Reid de Calidonia, ademas había tambien ya obtenido empleo fijo en la Zona del Canal, como unos de los empleados del Silver Roll, desde hacían varios años.

Ademas para èl fue época en que el planeamiento de la boda le hacia estar sintiéndose estar nuevamente joven adolescente y en presencia de la bella Rosa su amada. En cambio la joven Rosa quien aún todavía no había llegado a la edad de emancipada, todavía era muy joven teniendo tan solo los quince años de edad. Los sucesos de la vida de la niña mujer fueron que había ella estado en la capital enviada por sus padres, quienes eran de la Ciudad de Colón, para que estuviera “estudiando” la confección de modas, con conocida y respetada “modista” y costurera. Entre los padres y su tia fueron arreglos para que permaneciese vivindo con su tía, la Viuda Ethel Anglin Francis, quien vivía en un cuarto de alquiler en la famosa Calle Mariano Arosemena del barrio de San Miguel. La Viuda, quien también estuvo habitando junto con su hija Viola, de aproximadamente ocho años de edad, en ese barrio de Calidonia, área de la ciudad preferida por las gentes trabajadoras del Silver Roll o “planilla de Plata” de la Zona del Canal.

Los arreglos inclian que desde la Ciudad de Colón los padres de la niña, enviaban a la viuda Tía Ethel algo de dinero periódicamente para sufragar los costos de la niña Rosa, ya que ella también había enviudado recientemente y en esas horas laboraba y no se había vuelto a casar. La Viuda Ethel estuvo de madre soltera, empleada en la Gran Lavandería de Ancón, localizada en la Zona del Canal, en la cercanìa al barrio en que residian, fue en donde llegaría a estar conociendo a otras mujeres Silver, trabajadoras todas como la Viuda de Reid, quien iba muy pronto a ser abuela paternal del que escribe estas líneas.

Los años pasarían en que iban esas dos mujeres Silver trabajadoras, volverse mas que compañeras de trabajo, por los incidentes de boda y de familia. Tiempos eran en que la niña mujer Rosa en plena juventud, de tez de natural color canela, un chocolateado, bronceado desplegando una bonita sonrisa pero de baja estatura. Para esos tiempos tambien la Rosa de Calidonia estuvo demostrando hábilidades con la máquina de coser de marca Singer. Era su herramienta de toda la vida y fue de las originales, hechas de hierro puro y pintada del color negro con marcas doradas, de esas pesadas que pedaleaba con ingenio de estadounidense.

Rosa ya había aprendido muchos trucos sobre el comercio de la costura en esos momentos de su vida, estuvo todavía aprendiendo su nueva e importante profesión. La niña estuvo calificada suficientemente y ademas astuta, como lo eran muchas de las otras costureras de esa época. En especial era en aquello del “arte del diseño” en que ella se estuvo excediendo, como lo estuvieron haciendo las costureras de su Colón. Como ellas de su ciudad de crianza creyo poder tener fama, como esas quienes podrian convertir un trozo de tela en pieza de vestir de diseño original, para luego coser no-solo sus propios vestuarios sino para otros tambien.

Era esa Rosa Green una de esas niñas adolescentes que sabían lo llamativo de su bellesa y presencia y fue bastante coqueta, además se encontraba siempre engalanada como unas de las sofisticadas de sus tiempos. De hecho, Rosa fue utilizada por su maestra de modistería, una Doña de habla española en la capital, como su modelo, además de ser su ayudante en eso de poder reunir clientela entre los negros Westindian y tambien promover el negocio de la “costura”. Cabe destacar que no habian almacenes de venta de ropa en esos entonces en toda la Republica de Panama.

Para la hermosa Rosa sus amistades y sus hermanas menores que ella, solian solicitarle antes y después de su muy codiciada boda, que les diseñara y cosiera prenda de vestir, que combinaran además con sus carteras y sapatos que teñian del mismo color. Parecía esta estar vièndose encaminada resultar ser unas de las codiciadas costureras del futuro. Luego que pareciera el joven Cobert en su vida como novio preferido, se vio reducir ese ascenso vertiginoso como profesión. Como comercio sostenible para esa niña mujer pronto se vio muy distraída y estar desplazándose con el joven Cobert en su auto. Llegaria a ser que tan pronto como las advertencias de su Tía habían parecido desgastarse seguia su propio camino. Como era siempre con Rosa, fue niña de carácter fuerte y en esa horas de la historia, en toda flor de su juventud, ella estuvo demostrando ser persona testaruda y rebelde e irracionales arranques, aunque iba a resultar ser rara vez prudente.

Tiempos era en que ella estuvo acatando los deseos de ese joven varón que se estuvo preparando casarse con ella. Después de todo, fueron tiempos muy excitantes de su juventud en que el varón estuvo empleado a su entender muy buien renumerado en ese Fuerte Clayton, de la armada norteamericana y estuvo siempre con ella dispuesto a estar gastando dinero en ella. Además Cobert pertenecía al muy popular y conocido Club Social “Sheffield,” en donde ella podría llegar a conocer a otros de la juventud Silver de la ciudad capital. Además estuvieron ellos inmediatamente a estar atrayendo a otros jóvenes a su grupo de jóvenes que eran de su edad, y además Cobert ya poseía ese flamante y todavía reluciente auto Studebaker.

Rosa Lena amaba estar notando las miradas de admiración que procedian de sus amigas y sentía ella ese especial imanar atrallente de la aparente envidia que mostraban los rostros de las niñas cuando aparecía Cobert, su novio en su flamante carro Studebaker de color negro, para llevársela envasada cautelosamente delante de todos. Ella mantenía la cabeza erguida como una reinita Westindian Panameña, mientras él ponía a andar ese coche en que tuvieron cita en alguna parte de la ciudad o de la Zona del Canal entre los Negros.

Entre tanto nunca Rosa había todavía informado a sus padres, pero a su maestra si, pero no a su pobre Tía Ethel, asediada despues con los acontecimientos. Rosa había cedido inmediatamente a las decisiones de Cobert de casarse con ella, aunque èl no había revelado cuando ni donde iba a ser la boda. La niña había comenzado a estar entusiasmadamente acumulando las costosas telas de seda, valijas de la China, encajes a montones de Bélgica, Francia y España, que estuvo haciendo todo para decidirse por el diseño exacto de la bata matrimonial para su boda. Aquello la llevaría a estar iluminada y en su propia boda de ese octubre de ese año de 1935.

De hecho, su maestra y mentora llegaria a ayudarle con los preparativos para esta boda y parecía que la boda no había podido llegar en mejores momento, por ser que desde a mediados de Septiembre, había ella comenzado a experimentar los primeros episodios de las náuseas de un embarazo. Cobert tomado de sorpresa pensaba del cómo tan rápidamente ella se había embarazado, al parecerle que en sus relaciónes, no habían tenido tantas oportunidades para estar a solas. Del todo no era como él habría deseado, en cambio pensó que después de todo, el iba a estar protegiéndole ese secreto, hasta que formalisaran en llegar a casarse.

Eran tiempos de la historia en que aquello no era tan infrecuente, porque después de todo, muchas de las bodas entre jóvenes en esos días eran de esa variedad en que se volvían sucesos forzosos proceder. Llegarían esas últimas horas del día de la boda de octubre, y el cortejo de la fiesta de bodas con su par de damas, el mejor amigo del novio, un niño portador del anillo y además lo acompañarian unas niñas portadoras de flores en remolque. Los huespedes llegaban elegantemente vestidos para la fiesta en una iglesia repleta de conocidos de la comunidad Silver Roll. La joven Rosa estuvo orgullosa de sí misma, pero sin embargo ella tuvo la accesoria y ayuda de su mentora en toda la preparaciones.

La pareja se casó en la Iglesia Episcopal San Pablo, en pleno centro de la ciudad, algo que el joven Cobert había aceptado aunque regañadientes, puesto que él era reacio a entrar en iglesia alguna, en cambio para su Rosa, eran momentos de sus vidas en que haría casi cualquier cosa para complacerle a ella. Entre tanto Rosa en su forma habitual exasperante e impulsiva, iba después de esa forma de proceder suya, irse luego a la ciudad de Colón a anunciarle a su padres del matrimonio a ùltima hora. Esos que iban a resultar siendo mis abuelos Don Seymour Green y Doña Marcela Anglin de Green, luego aquel encuentro resultaría siendo el día antes del real evento matrimonial.

Fueron momentos en que los que iban a ser abuelos no habían tenido tiempo de estar expresando su ira o decepción, y mi abuela maternal Naní, tan sólo iba a tener tiempo suficiente para comprarle a su hija mayor un ramillete de flores especial para su boda. Habían movido cielo y tierra para hacer que las otras cinco hijas de su camada llegasen a estar tomando el tren para asistir a la boda el día siguiente en la ciudad de Panamá.

En el lugar afuera de la iglesia la procesión matrimonial había llegado seguido de un tren de automóviles y después de la ceremonia en la iglesia fue visto como extraordinaria espectáculo, digno de verse por las calles de la ciudad capital, tal como se hacia para los VIP o personas muy importantes del gobierno. Además probablemente aquel despliegue sería lo mas recordado de ese matrimonio, todo ese dia desde sus principios a hasta su desastroso final en divorcio. Habría que recordar nuevamente que el varon Cobert fue uno de los muy pocos jóvenes Westindian en tener medios suficientes para estar costeando boda tan extravagante, además de poseer su propio flamante automóvil.

Aquellos fueron los principios en que este quien escribe y que iba a estar naciendo siete meses más tarde, para hacer que todas las matronas Westindian de la colonia empesaran a estar con sus criticas de lengua suelta. En especial las hermanas del varon Cobert, quienes se las paseaban chismoseando alrededor de la sección de la ciudad conocida como el San Miguel en ese conocido Distrito de Calidonia. Fue asi los tiempos en que todas las gentes del Silver Roll de la Zona del Canal norteamericana se conocían. El nacimiento de un niño varón iba a seguir causando mironadas entre las chismosas del Silver Roll de barrios, cuando escucharon decir que los jóvenes recientemente casados habían tenido un nuevo bebé, y que había llegado “sietemesino,” en el hospital Santo Tomàs de la localidad.

Esta historia continúa.

Los Asentamientos de Plata- Rainbow City, CZ o Ciudad Arco Iris 2nda Parte

Imagenes: Arriba se puede apreciar la gran
devastación dejada por el gran fuego de Colón
del 1940. Abajo se ven las deplorables condiciones
habitacionales de la gente del Silver Roll en las
viviendas de la Zona de Cristobal circa 1912


En
1915, pronto después de que el canal fuera inaugurado, una encuesta se hizo de las viviendas a través de la zona del canal que precisó la necesidad urgente de más y mejores arreglos de viviendas para los asentamientos o ciudades del litoral Atlántico. Eran tiempos en que la población de Río del Zorro o Fox River era de 932 y el de Campo Bierd era de 1,818. La encuesta encontró que 500 apartamentos eran necesitados para empleados casados en el área de Río Zorro y en Campo Bierd y que las barracas en Campo Bierd estaban llenas más allá de su capacidad. Para resolver las necesidades inmediatas de vivienda de la población del Silver Roll, la administración del canal adquirió una estructura enorme de 140 cuartos conocida como el “edificio largo” o el Arca de Noe.

La primera ciudad permanente para trabajadores Silver fue construida en un relleno o terraplén al sur y al este del Arca. El relleno consistía en tierra compactada de las excavaciones de la Armada de los Estados Unidos al estar construyendo al campamento del Fuerte Davis al norte de la ciudad de Gatún. Esta primera ciudad fue construida entre 1919 y 1921, y consistió inicialmente en treinta y nueve casas de 12 viviendas para familias y diez viviendas de 32 cuartos tipo barracas para solteros. Por cierto tiempo esta nueva ciudad y sus calles seguían sin nombres, pero fueron referidas en los archivos de la Zona del Canal como Silver Town, Lirio, Ciudad Cristóbal de Plata, y “el extremo del Río Folks de la isla de Manzanillo.” Eventualmente, sus residentes tomaron cartas en el asunto y la nombraron Silver City o Ciudad de Plata.

Como mencionamos previamente, la primera referencia a Ciudad de Plata con la “C” en mayúscula aparece en julio de 1921 cuando fue utilizada en correspondencia oficial. Las calles de la Ciudad de Plata fueron numeradas y nombradas inicialmente, pero sus residentes eventualmente nombraron las calles por su propia iniciativa, así que iba ser solamente cuestión de tiempo antes de que los nombres como la Calle Cocodrilo (ahora Calle St. Kitts), Wall Street, (ahora Calle de Jamaica) emergieran. La Calle Wall Street era presumiblemente donde los ciudadanos del Silver Roll más acaudalados, así como los negros de los Estados Unidos clasificados en la planilla de oro (Gold Roll), vivían entre la gente de plata de Colón.

La ciudad de Silver City continuó creciendo y en 1933 adquirió su primera designación de los de las alturas como ciudad de los suburbios-de Plata. Aunque la diferencia en la elevación es apenas perceptible, el nombre del nuevo asentamiento sería parte del folclor local. La mayoría de los edificios en las alturas de la Ciudad de Plata eran de dos pisos con espacio habitacional para 12 familias diseñados, primordialmente, para acomodar familias que todavía vivían en Campo Bierd. Las barracas restantes fueron más adelante usadas durante el incremento de actividad portuaria relacionada con proyectos de las terceras esclusas y la segunda guerra mundial. Después de la guerra, sin embargo, muchos de los edificios de Campo Bierd fueron demolidos. Con la escasez de viviendas restante, las viejas barracas que la Marina de guerra usaba para acuartelar tropas llegarían a llamarse por los locales de raza blanca como la “Ciudad del Vaticano.”

El gran fuego de Colon, del 15 de abril de 1940, lo cual recuerdo claramente, barrió a través del corazón mismo de Colón y dejó sin hogar a centenares de familias. Muchas de estas familias como mi abuelo, Seymour Green, eran empleados del canal. Mi hermana y yo vivíamos con mis abuelos maternos y mis tías en esos entonces y yo recuerdo que dentro no solo de días, sino de horas, centenares de tiendas de campo hechas de lona fueron montadas en frente de nuestro edificio frente al Parque Meléndez. La ciudad de tiendas (Tent City) se extendió hasta el sur de las alturas de Ciudad de Plata comenzando desde nuestra vecindad donde se refugiaban las gentes de Colón que habían perdido sus viviendas.

A pesar de que no hubo daño serio a nuestro apartamento muchas familias sí perdieron sus hogares mientras que la ciudad de Colón intentaba volver a la normalidad. Las restricciones fueron inmediatas y terminantes y un toque de queda general fue impuesto para controlar la incidencia de saqueos y robos para la seguridad de las víctimas del fuego.

Algunos meses después, en el área de Plata 36 viviendas tipo acantonamiento fueron construidas para proveer viviendas estables a la población. Al principio cada casa tenía 12 apartamentos. En los años al comienzo de los años 50, sin embargo, estos cuartos fueron modificados para alojar a solamente de cuatro a seis familias uno y para ampliar la vida útil de esas viviendas.

Esta historia continuará.