Tag Archives: Rio-Abajo

El Dinero Sigue el Dinero

Mercado de Rio Abajo.  Imágen gracias a nuestros amigos de Panama Guide.

Mercado de Río Abajo. Imagen gracias a nuestros amigos de Panama Guide.

“¡Juni, Junia! ¡Juniiiiii!” El llamado de mi abuela siempre lograba sacarme de concentración cuando trataba de enfocarme en alguna lectura o tema de estudio. “Sí Mamí,” sería siempre mi única e inmediata respuesta ante su desesperada llamada, preparándome para salir a la calle pensando todo el tiempo que ella no se imaginaba lo que yo tenía que hacer a veces para cumplir con sus mandados; el ir y regresar a casa con seguridad, sobretodo cuando se trataba de los mandados del Susú, nunca fue fácil. A veces me tocaba entregarle a una que otra de las socias mucho efectivo, producto de sus ganancias en el Susú. Continue reading

Nuevos Barrios para el Silver Roll

Rio Abajo.  Buen ejemplo de caserones desmantelados en la Zona del Canal y trasladados a Rio Abajo y Pueblo Nuevo para soluciones habitacionales para los antiguos miembros del Silver Roll.

Rio Abajo. Buen ejemplo de caserones desmantelados en la Zona del Canal y trasladados a Rio Abajo y Pueblo Nuevo para soluciones habitacionales para los antiguos miembros del Silver Roll.

Las personas de esa comunidad Silver Roll quienes antes poblaban los viejos barrios de las ciudades importantes de Panamá, serían pioneros nuevamente al ocupar las nuevas y emergentes “barriadas” que prometían modernidad. Continue reading

¿Que Tan Numerosos Somos Los Negros de Panamá?

Río Abajo, uno de los distritos más populosos de La Ciudad de Panamá con una alta concentración de residentes de la raza negra, acaba de celebrar su desfile de La Celebración del Día de La Etnia Negra con más que un rotundo éxito. Continue reading

Algunos Personajes de Mi Barrio

En la foto vemos un Pontiac del 1940
del tipo que tenía el Señor Lawson.
Imagen gracias a www.classicpontiacs.com

Aun recuerdo que hubo otras familias tan maravillosas y entre que aprendimos lo que era estar entre familia en nuestro antiguo vecindario de la Calle Mariano Arosemena # 29-47 en la Ciudad de Panamá. De hecho, en la parte de arriba sobre nosotros vivía ese querido Sr. Lawson con su familia, una de las mas grandes de esos tiempos. En ese momento el Sr. Lawson era el primer negro estadounidense que yo habría de conocer en mi vida tanto como de niño hasta llegar a la edad de mayoría.

Tendría yo unos seis años de edad pero verlo llegar a casa siempre fue causa de alegría para mí, ya que él siempre fue amable y amistoso conmigo. Yo conscientemente lo esperaba a que llegara a su hogar tan solo para escuchar que me saludara con mi apodo cuando decía, en ese ingles americano que los Westindian llamaban “Yankin.” “¡Hola Júnior!” decía al pasar a mi lado y amorosamente me frotaba la cabeza como ritual de cada día. Entre tanto lo que el Sr. Lawson nunca se iba a imaginar, sin embargo, era que yo fielmente había jurado mantener el ojo de guardián en el nuevo y flamante coche del Sr. Lawson, y que encontraba yo hermoso, y que era un brillante, y nuevo Pontiac de color verde, generosamente cromado por todos sus parachoques.

Otros de los gratos recuerdos era ese en que en nuestro pequeño rincón de ese barrio de Calidonia, nosotros como niños pequeños disfrutando a menudo de estar tomando una ducha, al desnudo, en las aguas cálidas de las lluvias tropicales, allí afuera de nuestra puerta del cuarto a toda vista. Eran tiempos en que se nos iba a escasear como niños felices con madre y padre. Nuestro padre quien estuvo trabajando en la zona del canal y tiempos en que teníamos toda la atención de nuestra madre. Recuerdo a vecinos como esa familia de apellido Carvajal, eran quienes fueron realmente nuestra “familia oculta,” de los que en su hogar era refugio para nosotros. Fue en donde nosotros dos negritos éramos recibidos con cariño por toda la tribu Carvajal.

Para nosotros ellos representaban la idea de estar creciendo con alegrías de pertenecer a una familia grande y a la vez recordar, el cómo había sido con nosotros en el lecho de nuestra familia en la Ciudad de Colón. Pero estuvimos en Panamá y tan sólo nos faltaba poder irnos de viaje al Clubhouse de la zona para asistir un cine o al Comisario. Además manteníamos el miedo de poder estar afuera en las calles y encontrarnos con un “Toro loco” escapado, o con el legendario “Greasy Man” o “Hombre encebado,” quien pudiera ensuciarnos toda la ropa.

En realidad todo aquello era tan solo fantasías, o cosas que comentaban mis tías Colonenses, porque mi mayor preocupación en ese paraíso de mi niñez, era el de no volver a olvidar que tenia esa sortija y cadena de oro, como joyas que me adornaban, mientras gozaba de alguna actividad de juego de niño. Eran objetos que mi madre se empeñaba en comprar de un Español Vasco mercantil que hacía sus rondas regularmente de puerta en puerta.

En esas casonas de madera del vecindario aparecía como fantasma ese hombre y llegaba justo cada “quincena,” que era cuando cobraba mi padre, quien era trabajador Silver en la zona americana. Así que yo con total desprecio infantil a tales cosas mundanas, que además no entendía ese afán de mi madre en querer decorarme. Sin falta olvidaba esas alhajas de oro en el establo de la ducha comunal, del patio trasero del edificio.

Entonces iban a pasar apenas minutos después, de haber regresado a nuestro cuarto, cuando sin dudas algunas escucharía, el suave clamor de alguna interesada vecina, quien llegaba, con las joyas en la mano. Devolviéndoselos a mi madre, se quejaba diciendo, “¡Rosa Juni dejó de nuevo sus prendas, ves!” No puedo recordar una instancia en que persona alguna se habían apoderado de esas prendas, o otros objetos similares de valor dejados en esas instalaciones de uso comunal. Si esta historia es así verídica de todos los barrios, no sabría confirmar.

Entre tanto es prueba de que la vida en los barrios era infinitamente menos estresante y bastante diferente, a lo que conocemos hoy en día. En esos entonces no sabría yo enumerar realmente cuantos barrios había con personas de nuestra etnia, sin embargo recientemente leí un articulo de opinión en uno de los diarios locales que enumeraba los barrios que nuestra etnia ocupaba, además del los barrios de Calidonia, Chorrillo y Santana. Contaba él articulo que “en agosto de 1934, ocupan los barrios de Las Sabanas, Pueblo Nuevo y además el de Río Abajo.”

Esta historia continúa.


¿Sabes Que Mi Madre Era Africana?

Un rico plato de almejas al vapor

Mientras me acomodaba, nuevamente, para seguir observando a los niños más pequeños gozar de alguna u otra merienda escuchaba que Doña Luisa me decía, “¿Sabes que mi madre era Africana y mi padre era Jamaicano?” No sería la primera vez que ella me había informado de ese hecho. Al parecer, estar allí observando a tantas gentes de su clan tan joven le había hecho recordar a su madre Santa, y continuaba diciendo sin esperar una respuesta, “Y éramos todos juntos diecisiete de nosotros…y todos crecimos aquí mismo, cerca de los ríos, Río Abajo y el Río Pueblo Nuevo, y además caminábamos a todas partes.”

Notando una pausa en ese momento creí que ella ya no tenía nada mas que contarme, pero ella continuó como preparándome para alguna tarea sobre las veracidades de lo que iba a encontrar en la historia a lo cual le debía estar poniendo importancia.

“¡Lo ágil que era yo! Andaba por esas partes todo el tiempo. Tú no me lo creerás, pero en esos ríos uno podía pescar y sacar suficiente comida para hacer una buena cena todos los días. Uno podía pescar esos cangrejos grandotes, además de muchísimos camarones, y peces grandotes. Prácticamente todos los días yo traía a casa algo para la cena- cangrejos o pescados.” Solo guardaba silencio escuchándola relatar esa fascinante historia de un Panamá que ya no existía- esta persona que no parecía ser mas vieja que yo que en ese momento cursaba los cuarenta y tantos años de edad.

Al escucharla relatar me estuve recordando de los tiempos de mi juventud en que había visitado el río Río Abajo con algunos de mis primos más jóvenes. “Pero Luisa,” le dije entonces, “yo recuerdo haber visitado esos ríos en mi tiempos de pelao y solo eran unas charcas de agua para nosotros los chicos. Como lo gozábamos bañándonos y a pesar de llamarle rió, era nada mas que un pozo de agua turbia, lodosa.” Luisa, la perfecta anfitriona, solo sonreía y me dice, “Yo estoy hablando de los tiempos cuando yo era una niña, hasta cuando me volví una jovencita por aquí mismo.” No dejo ni hacer pausas en nuestra conversación cuando me dice, “¡Mira, tu no tienes idea de lo que eran estas partes por aquí!”

Por encima del bullicio de tantos niños que estuvieron nuevamente jugando en los afueras de la casa, Luisa continuó diciendo, “Eran tiempos en que no habían calles pavimentadas y caminábamos a toda partes. Lo que tu veías aquí antes eran pastizales y montañas y yo caminaba todo esto alrededor de estos montes y montañas. He caminado, esta que vez aquí tan lejos hasta por allá pasado ese Río Juan Díaz, hasta ese Chivo Chivo, y hasta por allá lejos en ese Chilibre,” me decía señalando en un imaginario horizonte. “¿De que años estamos hablando, Miss Luisa?” le pregunté tratando de ubicarla cronológicamente en esos tiempos de que ella me estuvo contando.

Llegó un momento en que hasta dudaba de las hazañas de esa doncella de entonces llamada Luisa. En cambio ella seguía recordándome, “Yo recuerdo que mi fah’da, sí mi padre, el era un hombre negro fuertísimo y él trajo a casa nuestras primeras crías de cabras. Sí señor, nosotros éramos fuertes porque tomábamos nada mas que leche de cabra todas las mañanas y comíamos viandas de esos camotes que crecen en la tierra. Así que teníamos la fuerza para hacer cosas que ustedes hoy ni se imaginarían. Sí, tomábamos leche de cabra en las noches y tomábamos té de monte. Para decirte algo, recuerdo que esos serían los tiempos un poco antes de que dijeran que Panama era una República; así es que, tú trata de calcular cuando fue eso.”
Luisa lo había dicho con tanta certeza que no me atrevía porfiarla.

“Ustedes cuando niños, ¿solo comían de las viandas que crecían en la tierra y también se alimentaban de la carne silvestre todo el tiempo?” le pregunto yo animándola para seguir su historia. “¡O no Señor!” me contesta sin reparo. “Te he dicho que en las mayoría de las veces nos íbamos al río. Realmente yo era la que me iba con mis hermanos menores porque los ríos estaban tan cerca de casa. Además, ¿tu vez ese río de Pueblo Nuevo que vez allí, ese que ahora llaman el Mataznillo? Uno podía a diario pescar peces muy grandes allí, todo lo que solíamos hacer era permanecer completamente callados después de poner la canasta-que era nuestra trampa- y esperar, pacientemente, que los peces entraran a la trampa. Era una trampa en que ellos podían entrar pero que no podían salir.”

Luego de atender a uno de sus nietos mas tiernos, todavía un bebe, Luisa continuaría su relato. Al marcharse el chiquillo nuevamente a jugar, Luisa me dice, “Muy bien pues, allá en el río permanecíamos por largas horas así que mientras esperábamos que los peces entraran en la trampa, nos íbamos a casar unos mariscos que parecían pequeñas langostas. Bajo las rocas las buscábamos, sí Señor.” Animada ella continuaba recordando esos días de su niñez.

“Y esos camarones, y yes man, las almejas, y cualquier cosa que el río daba ese día. Habían días que uno no cosechaba gran cosa pero habían otros días que si había mucha comida para nosotros. Nos quedábamos por allá por los ríos todo el día y nos íbamos por las tardes a cocinar a casa. Solo teníamos que pelar las viandas como el Ñame, la yuca y el Ñampí que a nosotros nos gustaba comer y otras cosas como esas.”

Esta historia continúa.

Selvas de Negros Acosados

Imagenes de la Escuela Pedro J. Sosa en Ciudad Panamá en la actualidad.

Obviamente en estos entornos estuvieron escondidos Negros, existiendo como Negros que vivían tan lejos como en la Provincia del Darién, las montañas de Coclé y Veraguas como también estuvieron los Indígenas. Ellos eran las gentes que habían por siglos llegado a conocer aquel sistema Esclavista en su totalidad y que luego iban a, frente a frente, estar a diario siendo atropellados por un sistema que estuvo implantando casi al mismo tiempo del descubrimiento del continente de las Américas por mas de cuatro centurias. Poco sabrían de una historia que no se atrevían a estar enseñando en las escuelas, y a la vez ocultando el pecado de todos los que todavía gozan de ese vil y infernal racismo en contra Indígenas y Negros.

No iba a ser difícil imaginar yo como era de fácilmente estar existiendo en entornos como los que había estado revelando Doña Luisa. Esas mismas vistas imaginarias eran la que yo tenía cuando me había sentido acosado por los maestros en la escuela primaria de nombre Pedro J. Sosa. Recuerdo que había pensado que no me iba ser difícil mantenerme día y noche fuera de vista de las gentes de los cuales en casa y en la escuela me estuvieron acosando a diario y maltratando sin tregua. Así que fueron sus tiempos de estos ancianos los mejores para mantenerse libres y sin ser acosados por racistas policias.

Chilibre desde Pueblo Nuevo y Río Abajo por las montañas atravesando no debería ser tan lejos como estar viajando unas 30 millas en auto en nuestros días. Así que para mi eran pruebas suficientes porque además en esos días de la juventud de Luisa y Jack estos bosques y selvas lo daban todo para que el intrépido Negro pudiese sobrevivir tranquilamente sin tener que robarle a persona alguna. Había también viajado explorando por estos bosques y selvas y era un privilegio que recordaba para siempre de my niñez y juventud adolescente. Conocía todos los caminos y cuando no iba a estar rezando en la gruta de la Virgen Madre de la parroquia Cristo Rey, los montes ofrecían guarida en conocidas sendas.

Recordaba estar gozando de todo ese verdor de las bóvedas de los arboles frondosos. En cambio los tiempos me habían transferido nuevamente al presente en que estuve observando a niños contentos y alegres jugando para la alegría de sus abuelos. La mente se me escapaba a esas escenas monteses cuando notaba que los adultos presentes estaban sentadas esperando que los de la cocina les sirvieran otra de las deleitantes preparaciones que habían cogido toda la tarde en preparar.

Esta historia continua.

De lo Mundano a lo Espiritual

Billete del sorteo del "Miercolito"

Billete de chancecito

La Lotería Nacional, aquella institución que por generaciones como la mía había captado la atención de miles de radioyentes y que, en la actualidad, se veía a través del aparato casero llamado la televisión, no dejaba de protagonizar el ritual nacional de todos los domingos y los miércoles. Continue reading