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La Cena con Amores de Antaño

La hoja del Calalú o Callaloo


El amor que se tenían esos ancianos se revelaba cuando el Señor
Jack comienza a relatarnos que él estuvo al tanto de todo lo que su mujer nos había contado. Además, él deseaba darnos su versión de los hechos de esos días que nunca volverían a ser. Inmediatamente y con energía que sorprendía para un hombre de su edad comenzó a narrar su historia.
Nos contaba como había sido que él llegó a esos entornos de una jungla Panameña trabajando en una de los mas importantes proyectos de construcción del Canal, la construcción de la Represa Madden.

Decía el Señor Jack, “Yo realmente me vine a Panamá con muchos otros hombres, y me quede con ellos. Eramos del sur de la India y conseguimos trabajo al llegar. Nos decía con esa calma de uno que apenas recuerda su vida en la India. Luego lo escuchábamos decirnos “Nosotros conseguimos trabajo por allá y nos quedamos en esos entornos hasta que el trabajo terminara, o sea, hasta que termináramos de ver la Represa Madden terminada y funcionando.” De pronto Luisa, tan animada como siempre, dice “¡Sí Señor! Así que cuando yo tuve mis primeros hijos con él me los llevaba hasta allá conmigo. Por esos montes nos íbamos a ver a nuestro viejo Jack.”

Mientras nuestros anfitriones hablaban me habían hecho olvidar que estuvimos en una fiesta, hasta que repentinamente el primer curso de la faena sale de la cocina. Así fue que el embriagador aroma de una excelente y tentadora sopa entusiasmaba mis sentidos, ya que a esa hora era lo mejor que habían podido servirnos para nosotros que estuvimos totalmente engrosados en conversación tan amena. La sopa era un “guacho” de verdura del apreciado Callaloo con Cangrejo, y estuvo sazonada con el caliente picante Hindustán del curry, servido en una sopera desde la cocinita bien caliente.

El silencio en la mesa lo decía todo, mientras comíamos con gusto metidos en nuestro mundo de las especias de la cocina. Me perdí en mis propias emociones dando gracias por haber tenido a una anfitriona como Luisa que me había podido mantener alerto a otras cosas que no fueran los olores que emanaban de la cocina y que invadían a todo nuestro entorno. En esos preciados momentos de estar saboreando la rica sopa de mariscos podía darme el lujo de perderme en mis pensamientos- en esas historias que se nos habían revelado de una época que a nadie mas se lo habían revelado.

Hubiera querido salir, mentalmente, de esos espacios en que me encontraba para estar a solas anotando, con lujo de detalle, las historias que me contaban en un diario. Eran cosas que Doña Luisa y el viejo Jack habían hecho brillar con vida y relevancia ya que ambos de estos personajes monumentales habían vivido y sobrevivido una vida única y muy cercana a los tiempos coloniales de de nuestra historia Panameña.

Sentado a la izquierda de este ángel femenino, entidad que me había sacado de un depresivo estado mental, me di cuenta que antes de haber llegado a conocer a Luisa me había estado preguntando el por qué mi afán de estar cargando con un millar de información recabada de mis gentes que, al mejor, nunca llegaría a publicar. Antes de conocer a ese personaje que estaba sentada a mi derecha se me había ocurrido, varias veces, llegar a casa, recoger todos esos estudios, papeles y libros que había comprado y otros que me habían regalado y deshacerme de todo ese peso de estudios. Y es que la frustración me había hecho pensar de ese modo; sin embargo en esos momentos me sentía revivido, como el muerto vuelto a nacer.

Con el ánimo revivido le echaba, disimuladamente, vistazos a esa genial pareja que existían igual de enamorados el uno del otro por casi una centuria. Daba gracias a Dios por haberme facilitado ese encuentro con su ángel Luisa, que además de bella me había maravillado con una historia de la vida de los días de nuestros ancestros y, además, me honraba con la presencia de los ancestros que comprendían la gente de los tres continentes de la tierra que son el Asia, el Africa, y la América Indígena. De pronto me di cuenta que aquel había sido uno de mis sueños y que se me había concedido, y hasta en mejores circunstancias de lo que habría podido imaginar en ese momento y en el futuro.

Esta historia continuará.

Tres Continentes Sentados Juntos

Otra vista de la Represa Madden.
Aun se puede ver la espesa selva que rodea el area,
tal y como era en los días de los jóvenes Jack y Luisa.


La próxima ronda de delicias fueron servidas cuando nuestra anfitriona me lleva nuevamente a los días nuestros de la realidad de lo que era el Panamá de nuestros ancestros. Era una historia de la cual las gentes nuestras todavía no se atrevían a contar, y ni aun llegar a imaginarse. “¿Vez este hombre que esta aquí sentado?” pregunta ella de pronto esperando que yo reaccionara. Intrigado, ya no podía apartar la vista del caballero anciano que, a pesar de su aspecto humilde y reservado, parecía tener mucha historia que contar también. Enfocado ahora en aquel Señor,
Jack London, lo juzgaba ser un Señor Hindú, solo que no portaba ese turbante característico que lo delatara como tal.

Pausé mientras lo observaba por primera vez, ya que el varón parecía permitir a su esposo liderar las conversaciones en compañía de foráneos. Me daba cuenta del significado de estar en la presencia de otro de nuestros ancestros Westindian, y, sobretodo sentado junto- los tres continentes en una mesa. De pronto escucho a mi esposa preguntar, “¡Y ustedes, ¿que tiempo tienen de estar casados?” Como cualquiera otra esposa la Doña Luisa contesta, “Hemos estado casados por mas de….”

De pronto había cortado la respuesta que nosotros ansiosamente esperábamos. Luego pregunta, “Les apuesto que no podrán adivinar cuantos años son?” Sonreía pícaramente, la Doña Luisa, mirándonos a nosotros los jóvenes foráneos con ese brillo especial en los ojos. Ya que nosotros éramos los supuestos profesionales graduados en el rango de la Gerontología, parecían sus ojos decir que deberíamos poder calcular algo tan simple como eso. Decidí rendirme ya que no podía imaginarme el tiempo que esos dos enigmas estuvieron casados. Buscaba en el rostro de nuestra anfitriona alguna pista, luego dejé subir y caer los hombros y dije, “No…realmente no tengo idea de cuanto tiempo tienen ustedes de casados.”

Con la ancha sonrisa de la victoria pintada en los labios Doña Luisa anuncia orgullosamente, “Actualmente estamos juntos mas de setenta años, y hemos tenido once hijos y ahora mas de veinte nietos.” Había visto parte de la gran tropa que componía ese Clan, pero antes de que pudiera preguntar como fue que se habían encontrado para enamorarse, nuestra anfitriona ya lo relataba. “¿Saben que? Yo me iba caminando desde por acá hasta Chilibre por todo ese monte…y solamente para irme allá a ver a este donde él trabajaba.”

O sea, nuestra querida anfitriona no había dejado que algo tan insignificante como las grandes distancias, los montes, ni las selvas se interpusieran en ese gran romance entre ella y su Jack. “¡Simplemente me tiraba para allá solita!” siguió contando tranquilamente con esos ojos juguetones que brillaban mas que la luna llena en una noche tropical, revelando ese sentido de triunfo de haber hecho tales cosas. “Me iba para encontrarme con él,” finalizando ella su relato de sus días de joven romance.

De pronto Jack afirma lo que faltaba para completar la historia. “Si es cierto, así fue. Yo estuve trabajando por allá fuera en esa Represa de Madden, cuando, de pronto, ella se presentaba y así fue con nosotros todo el tiempo que estuve por allá trabajando. Eso era porque yo no salía de esos entornos, en realidad ninguno de nosotros salía a ninguna parte saben.”

Esta historia continúa.

Orgullo Westindian

La Represa Madden
del Canal de Panamá


Entonces los estudios del caso de la Zona del Canal revelarían que realmente toda esa área de las excavaciones y de las construcciones de infraestructuras como fueron las calles, aceras, viviendas y los muchos rellenos y desagües que construían la Compañía Administradora del “Canal Zone” sería, para unas cuantas familias, un modo de vivir. Continue reading