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El Aislamiento de Inmigrantes- Un Modo de Vida Panameña


Aquel día entero que pasamos con
Doña Luisa y Jack, para nosotros todavía sintiendo el ostracismo de los foráneos, nos pareció un día extremadamente glorioso y extraño a la vez. En realidad este que escribe estas líneas que se consideraba escritor, historiador e investigador criminal, uno que a las gentes debió reconocer casi por instinto, reconocía a esa pareja de sobrevivientes nonagenarios como símbolo de la vida de antaño en que las circunstancias para nuestra gente inmigrante llevaba una vida en completo aislamiento.

Aquel país de Panamá que la historia indica haber sido enmarcado por el aislamiento de la mayor parte de su población mucho antes de los principios de siglo XX, todavía hacía sentir a este varón de raza negra un blanco de ese aislamiento promovido institucionalmente desde los principios de las excavaciones norteamericanas. Tanto había sido ese aislamiento emocional que aun en esa era moderna el país emanaba ese temor de ser cazado y de querer volver a las áreas mas remotas para nuevamente llegar a sentir ese natural aire de divina libertad que debiera ser asegurada para todo hombre libre de nuestro continente.

Entre tanto, no me sentía libre de esos numerosos encuentros con la actitud grosera e irrespetuosa por ser persona de raza negra. Ese inhumano sentir volvería a tocar mi alma aquella noche después de tener que decirle adiós a mi nueva familia. Ellos eran los que se sentían seguros, así como hacen los seres del reino animal que se reproducen por los miles de millares de individuos. Así debíamos ser los humanos para asegurarnos de sobrevivir y de la sobrevivencia de nuestra especie. La inteligencia biológica nos exige aquello. En cambio, la preñez humana pareciera requerir que abortáramos a nuestra prole por el rechazo generalizado de la sociedad a los de nuestra raza negra.

Aun las devotas lamentaciones por nuestra raza negra hacía que permaneciera conmigo esa escena que acababa de presenciar orando que nunca jamas olvidara lo que había visto en esa pareja inolvidable. Como descendiente de aquellas personas que llegué a conocer como pioneros de raza negra de esa vida en el Canal Zone, los había llegado a reconocer como una de las primeras familias “Silver” con suficiente coraje para hacer esa separación y hacer sus vidas fuera del Canal Zone, y ponerse bajo la protección del gobierno Panameño desde esos primeros años de 1913, que comenzaban una nueva década como inmigrantes en Panamá.

Esta historia continúa.

En los Comienzos: Encuentro de Ambos Ramales Africanos

En una de mis indagaciones personales en que rebuscaba valores y que calculo habría seriamente ocurrido cuando aun era un niño de ocho años de edad. En esas excavaciones mentales que hacía a mi abuela paternal, he de situar como mis primeros comienzos. En cambio mis preguntas eran ese motor que ella necesitaba para empezar a relatar una y otra vez acontecimientos que, simplemente, clasifiqué en primera instancia, como historias interesantes, aunque eran acontecimientos trágicos en la vida de algún miembro de la familia. Aquellos después me iban a resultar siendo trazos de lo que iba a entender fueran peripecias que usaría para construir la historia de mis gentes y antepasados en la región conocida como el Istmo de Panamá.

Las gentes Westindian de la República de Panamá a algunos parecieran haber aparecido en la conciencia nacional con el originarse la nueva república. Era ese mes de noviembre del año de 1903 y mis abuelos esperaban en la isla Antillana de Jamaica ansiosos algunos de ser nuevamente contratados al llegar a Panamá. La realidad de las cosas era que en verdad nuestra raza jamaicana había estado presente en esa parte del continente americano un poco antes de los años que comenzaron la segunda mitad del siglo XIX en grupos muy grandes de hombres trabajadores.

La atracción para ese grupo de jóvenes negros a esta parte del continente, en especial para hombres recientemente saliendo de condiciones sociales de esclavos, era sumamente fuerte. Eran en primer instancia hombres de la raza negra que hablaban el idioma ingles, la mayoría de ellos en plena juventud, que realmente tan solo conocían el trabajo forzado, y eso era lo que tenían que ofrecer a sus nuevos empleadores. Entonces para este que relata esta historia eran jóvenes extremadamente intrépidos.

En los años que me han tocado el estudiar el desarrollo de las gentes de la raza negra, que en mi vida encuentro a extremos de separados de nuestra historia, en mi búsqueda debí reconocer que esas interacciones históricas estuvieron divididas en dos culturas Afro-americanas. En cambio, como muchos de mis contemporáneos, he de descubrir que pertenezco a los dos ramales, la Inglesa y la Ibérica. Así que, no me resta mas que reconocer que nuestra relaciones con ambos grupos vienen de un devenir mas allá de la esclavitud en las Américas. Pero sin embargo debo reconocer que mis estudios han revelado que fue aquí en el país llamado Panamá que he encontrado esas marcadas circunstancias históricas han ofrecido las oportunidades para que ambos ramales de mis gentes lleguen a encontrarse.

Entre tanto que las circunstancias que crearon la clase social de gentes sirvientes fueran los mismos para ambos grupos de negros, se vieron a raso los caminos a andar para los participantes, en este teatro llamado Panamá al llegar a encontrarse, esos ramales de descendientes del Africa.

Los factores niveladores resultaron ser mas simples para los de grupo de gentes que se llamaban Westindian que habían llegado a laborar en ese proyecto que conocieron como la primera vía férrea que podía llegar a cruzar el continente y unir los océanos para un viajero en 1855. Mas tarde en 1881 también serian esos jóvenes Jamaicanos serian los preferidos trabajadores cuando se iba construir el primer Canal de Panamá. Realmente en primer instancia los hombres jamaicanos siempre estuvieron en preferencia por su habilidad de hablar el idioma Ingles, que era el lenguaje hablado por sus empleadores en los proyectos en progreso en aquella época. En realidad realmente me he de sentir a esta hora de la historia como un museo viviente, uno de los milagros de esa época que seguramente estoy viendo pasar sin que se divulgue mas el punto de vista de los participantes siendo yo un ávido observador en mi juventud.

Nuevamente vuelvo a recordar que como niño observaba todo lo que ocurría en mis entornos tratando de desarrollar una buena memoria, para así poder describir una vida y una cultura hecha de dos culturas. Dos culturas que siempre al parecer se habían apreciado con suspicacia, en cambio yo recuerdo estar entre ambas culturas que a los de afuera podrían parecer no importarles saber ni conocer las particularidades de las vidas ni la tierra natales el uno ni del otro.

Este breve comienzo servirá para que se familiaricen con este tema que creo será de interés a los que de historia se interesen.