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Lloyd LaBeach y los Juegos Olímpicos de Londres 2012

Una imagen promocional de Los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Lloyd La Beach en la Universdad de Wisconsin. 1946

Hoy estamos a escasas tres semanas del inicio de los Juegos Olímpicos de Londres y este evento, por encima de todas las demás Olimpiadas, simboliza un hito notable para la gente Afro Antillana de la República de Panamá.

Fue en esos eventos hace justamente sesenta y cuatro años, que un hijo nativo, como es Lloyd LaBeach llegaría a traer a su casa y tierra natal dos medallas de bronce.  Fueron las primeras medallas olímpicas ganadas en la historia de nuestro Panamá en participaciones internacionales de esa índole y el mundo estuvo conociendo al país por ese joven. Continue reading

La Gloria Panameña Regresa a Suelo Patrio Indiscutible Campeón

Imagen del antiguo Club Atletico Roxy
de Panamá.
Foto gracias al Señor Oswald Baptiste

Ceremonia de Premiación de los
triunfadores de la competición
de 100 metros en las Olimpiadas
de Londres de 1948.


Retomando nuestro tema luego de un rico mes de
La Etnia Negra lleno de acontecimientos, regresamos para concluir las hazañas de nuestro astro Olímpico, Lloyd La Beach.

Aquel día del año 1948 en la pista de atletismo del mundialmente reconocido Juegos Olímpicos de esa histórica ciudad de Londres, no habría terminado del todo cuando el Panameño Lloyd La Beach una vez más, iba a estar ofreciendo a esa multitud de expectante fanaticada otra emocionante carrera que acabaría en la línea de meta en su reconocida forma de velocista con sangre de campeón. Entonces la multitud en las gradas se sintuó sin temor de aplaudir efusivamente a ese único competidor panameño.

Ese chico que había importunado a sus padres en su hogar de Jamaica para que le permitieran volver a su país natal, había seguido los anhelos de otros jóvenes de ascendencia Panameña “Westindian.” Esos quienes eran de ese linaje de los que a menudo viajaban entre los países islas del Caribe, Inglaterra, Estados Unidos y Panamá y era para estar declarándole al mundo entero su humanidad, así como su excelencia atlética, aunque lo estuvieran que estar haciendo casi enteramente a solas.

Los juegos de esas Olimpiadas no habían aun terminado para la mayoría de los atletas que estuvieron de participantes o en las gradas como espectadores en ese Estadio de Atletismo de Londres, y al día siguiente los participantes de la carrera de los 200 metros planos aparecían en sus carriles en sus bloques de partida para prepararse mentalmente para otra ronda de competencias en que se verían involucrados algunos de los velocistas más veloces del mundo conocido.

La multitud de fanáticos de pista y campo quienes habían estado siguiendo la carrera de ese velocista quien estuvo próximo a desafiar nuevamente a los velocistas de marcas establecidas por los grandes aspirantes a esos títulos como eran esos Melvin Patton y Barney Ewell de los Estados Unidos. Era una fanaticada ansiosa de ver al joven panameño, Lloyd La Beach, hacer una repetición de su rendimiento en la pista. La esperanza del muy poco conocido país de Panamá ya había demostrado que podía mantenerse nariz a nariz con esa élite de velocistas de la Universidad de California en esos famosos relevos de la ciudad de Fresno que eran tan exigentes como cualquiera de las competencias de rango oficial, en donde la gente siempre estuvo dividida en sus apuestas.

En esos juegos muchas personas tenían sus apuestas comprometidas en los reconocidos campeones de notar como eran Patton y Ewell. Sin embargo, Lloyd La Beach estuvo recordando cómo había casi golpeado ganándole a Melvin Patton en Fresno y marcando justo al lado de Patton para el mismo tiempo en los 100 metros planos, iba ese día a tener que finalmente conformarse con el segundo lugar al famoso “Pell Mel” como era el apodo de Patton en los círculos universitarios.

Sin embargo, en esos Juegos Olímpicos Mundiales los veteranos preferían morir a dejarse vencer de un velocista que les pudiera cobrar cada milímetro como fue ese corredor panameño. En la línea de partida estuvieron y después de que unos nerviosos corredores fueran eliminados de la competencia de los 200 metros planos por el juez de partida quien disparaba pistoletazos para detener la salida. Una vez más, el joven Lloyd La Beach iba a estar tan concentrado con sus poderes divinos al sentir como su ágil cuerpo bajo la velocidad requerida se mantenía en la pista hasta la línea de meta encontrándose en un empate a lo largo y al lado derecho del más rápido de los seres humanos vivientes del mundo entero.

Una vez más debemos recordar que no hay dispositivos electrónicos para cronometrar la velocidad real de corredores en el momento, pero en la línea de llegada los jueces declararon al Sr. Melvin Patton de los Estados Unidos ganador del primer lugar para ser premiado con la medalla de oro, con un tiempo de 21.1. El Sr. Barney Ewell de los Estados Unidos fue declarado ganador del segundo lugar para ser premiado con la medalla de plata, con un tiempo de 21.1. Por ultimo declaran al Sr. Lloyd La Beach del país de Panamá ganador del tercer lugar premiado con la medalla de Bronce, con un tiempo de 21.2.

Sin embargo, las gradas del estadio se prendieron de aplausos para el latinoamericano Lloyd La Beach el chico maravilla de la competición quien se iba a ver mas que premiado con éxito internacional y a quien en los noticieros internacionales con la velocidad del rayo mandaban cables contando como el único corredor de pequeño país de Panamá, quien la mayoría de los panameños ni siquiera conocían había prácticamente casi vencido a los escogidos del fuerte pais de las Américas que ere los Estados Unidos.

Aquel verano, Lloyd La Beach se gradúa de la Universidad de California y luego de los Juegos Olímpicos él regresa a su querido Panamá. Las aclamaciones de sus hermanos y compañeros del casi desconocido Club Atlético Roxy del barrio de Calidonia en Panamá iban a estar en espera del reconocimiento debido de las autoridades del gobierno y sus entes deportivos.

La espera en la sección del aeropuerto abierto al publico panameño de la Base militar de Albrook, la única instalación en esa época de la historia que recibía viajeros que llegaban por aire y que servía a toda la República de Panamá, estuvo repleto de una gran multitud de admiradores algo que nunca antes se había visto en el pequeño país y su pequeño campo aéreo desde que los acuerdos se habían concretado entre la República de Panamá y los Estados Unidos que permitiera que vuelos internacionales aterrizaran y despegaran en esas instalaciones militares.

Fue un día excepcional en que uno de los suyos habían llegado a casa victorioso, con no solamente una medalla, sino dos valiosas medallas de la mundialmente famosa Juegos de Olimpiadas. Fue día en que la mayoría de los presentes en ese aeródromo eran de las gentes de la raza de Plata, esos Negros Silver Roll de la Zona del Canal cuyos antepasados habían realmente salvado las construcciones del Canal de Panamá.

Los pocos usuarios que se encontraban allí observaban a esa turba de exaltada gente de barrios bajos actuando como si el lugar entero era de su propiedad. Raro no estuvo que no hubo siquiera fotógrafos profesionales en toda esa multitud. La mayoría de los emocionados admiradores habían olvidado de haberse llevado sus propias cámaras de caja con el fin de poder captar esos momentos históricos que, lamentablemente para nosotros los que hoy vivimos, no hay fotos de esos fantásticos días y horas de gloria que sobrevivieran de haber capturado la radiancía de uno de los inmortales hijo y campeones entre los descendientes de los Hombres de Plata de Panamá.

Esta historia continuará.

Las Olimpiadas de “Poder Mundial” de Londres 1948

La imagen capta el “foto finish” de
la competencia de 100 metros (final)
de las Olimpiadas de 1948 en Londres.
Foto gracias al BBC.

El año era 1948 y las olimpiadas para los cuales Lloyd La Beach había estado arduamente entrenando por toda su joven vida iban a ser celebradas en el mes de mayo en Londres, Inglaterra. Fue interesante observar que hasta esos entonces que eran tiempos de la última parte de la cuadragésima década del vigésimo siglo de nuestros tiempos, en el país llamado Panamá las personas de la raza negra y en especial los descendientes de los denominados Westindios o Antillanos derivados de esos que habían sido trabajadores en el Canal de Panamá, esos quienes eran los mismos que habían sido burlados y llamados “Chombos” por la población nativa criolla. Habían sido cucados y obviados, aun mientras habían sido la fuerza más voluminosa de trabajadores y además prominentes en campos deportivos en la pequeña nación Ismeña. De hecho, era el único grupo de haber realmente organizado el atletismo de pista y campo y de haber formado clubes atléticos y por lo tanto, dominaban en el deporte de la pista y campo en el país.

Entre tanto para el joven Lloyd LaBeach quien había llegado a su máximo nivel de preparación, estuvo en esa hora acercándose a los 26 años de la edad, y el viaje a Londres, Inglaterra iba a ser el viaje más largo que había hecho desde los principios de su carrera universitaria en los años tempranos de la década de los 1940’s. Su arribo al aeropuerto de Heathrow de Londres le hizo sentirse como el único panameño en todo el país entero de Inglaterra. Así fue que aunque Lloyd acostumbraba a estar caminando y charlando a menudo con el entrenador jefe del equipo atlético de UCLA, de nombre Duke Drake, había preferido la compañía de su amigo y entrenador de muchos años de Panamá, el joven Coach Carlos Belizaire Bussette.

Durante las semanas que precedían los grandes acontecimientos olímpicos Lloyd había estado teniendo sueños de lo que era sus actuaciones en esos juegos. Sueños que se repetían y que en los cuales él “había abatido en el campo” todos sus competidores. Estos sueños proféticos, sin embargo, habían llegado a verse eclipsados por una tristeza cuando despertaría y parecía todavía no entender el porque. Lloyd La Beach, sin embargo, era extremadamente valiente, y sabía que sus hermanos del Club Atlético Roxey de Panamá y de toda la gente de Calidonia, además de sus familiares en Jamaica hacían que sus rezos se fijaran en él.

En la noche antes de la reunión competitiva en la cual él estuvo empizarrado a estar compitiendo él otra vez había tenido ese sueño preocupante. Esta vez, sin embargo, él se despertó con un sentido del reaseguro que alguien le decía, “En lo que suceda hoy no te deprimas y no protestes.” Llegaría a estar Lloyd en calentamientos con el resto de los atletas en el estadio en donde otros competidores de la pista y campo hacían las mismas cosas. El estadio muy pronto parecía estar lleno a capacidad con una fanaticada expectativa que esperaba ansiosa ver a esos seres humanos más rápidos del planeta de su tiempo competir.

El llamado llegaría repentinamente de funcionarios del equipo olímpicos para que los corredores competidores aparecieran en sus puestos en los bloques que dieran comienzo a la carrera legendaria y esperada carrera de los 100 metros planos. Fueron momentos espeluznantes desde que esos juegos de olimpiadas especiales, habían sido reinstalados después de los finales de la Segunda Guerra Mundial. La atmósfera durante estos eventos no había resultado tan electrificantes como, por ejemplo, durantes las olimpíadas de tiempos de preguerra. El corredor competidor que representaría al país pequeño de Panamá, después de todo, sería el que iba a estar desafiando los velocistas de las potencias mas importantes del mundo como los de Gran Bretaña y los Estados Unidos de América. De hecho, ese día no había tenido interés alguno irónicamente para la mayoría de las gente de un Panamá, que estuvo redoblando esfuerzos para repeler de su país a esas gentes Westindian quien Lloyd iba a estar representando en este unos de los mas grandes eventos de estos acontecimientos.

El escenario estuvo fijado, pues los corredores se habían al fin colocados en sus bloques de partida para una carrera que iba a durar a penas los 10 segundos, Carrera que iba a marcar jalón de siglo en el cual las gentes “Westindian” como gentes, iban a estar alcanzando tanto para la humanidad entera y del cuál iban las gentes del mundo saber tan poco de ellos.

Antes de que ese tiro de partida sonara claramente, parecía a los espectadores que los corredores habían despegados. Los dos velocistas Estadounidenses quienes, en su país de Estados Unidos, eran además enemigos jurados por la disparidad en el color de su piel, repentinamente estuvieron en contra del Panameño Westindian, Lloyd La Beach, quien había estado representando todo lo extraño y extranjero a ellos. Aquel día, para ese inmortal La Beach, el campo entero de velocistas eran sus enemigos, pues que sus piernas largas pronto servirían como alas y timón para mantenerlo en la pista hacia la línea final de la carrera.

Tenían ellos todos los corredores un buen comienzo después del estallido y estuvieron amontonados en un calor a muerte cuando se estuvieron acercando a la línea del final. Se les veía estar estirando el cuello y torsos para ser los primeros en marcar en la travesía de la cinta. Los fanáticos privilegiados de ese día eran los muy pocos que habían tenido la suerte de tener asientos en la línea del final. Algunos juraban haber visto al corredor Panameño batir la línea antes del grupo entero de velocistas que llegaron a la línea del final. Sin embargo, tendrían que aguardar la decisión de los jueces de línea que tomaban un interminable largo plazo para decidir quien había ganado. Examinaron las fotos desde todos los ángulos del final de la carrera una y otra vez.*

La decisión pronto fue rendida. El Primer lugar: El Señor Harrison Dillard de los EE.UU., registrando 10.3 segundos, y fue el que se le concedió la medalla de oro. El Señor Barney Ewell, de los EE.UU., llegaría en segundo lugar con una marca de 10.4 segundos y se le fue concedida la medalla de plata. El Señor Lloyd La Beach de Panamá, registró también 10.4 segundos se le fue concedido la medalla de Bronce. Cuando los aplausos tronantes de la muchedumbre de las gradas terminaron había sido evidente que eran para el desafiador intrépido, Lloyd La Beach de Panamá. Cuando después de haber escuchado el Himno Nacional de Panamá nuevamente la muchedumbre en las gradas aplaudía mientras que permanecían los tres campeones en el círculo del honor durantes las ceremonias, que marcaban por primera vez en los famosos juegos olímpicos del mundo medalla para el país de Panamá famoso por su canal.

* “Cabe destacar que en esos entonces no había relojes electrónicos de sincronización automática en Wembley, tan solo se usaban foto-finish normalmente para carreras de caballos, y tan solo fue utilizado para ayudar a los jueces decidir las colocaciones de esos animales. Aunque los sistemas automatizados fueron utilizados en las olimpiadas de 1932 y 1936, a partir de los anos de 1952 a 1968, estos cronómetros sincronizadores no fueron reconocidos como había sido en los juegos de 1972 en Munich, Alemania. Las estadísticas que se obtuvieron después y que comparaban los tiempos oficiosos, horrorizaron a los oficiales olímpicos por las diferencias de tiempos, a veces excesivas, entre los electrónicos y sincronizaciones manuales oficiales.” Viene de la BBC- de la serie Una Moderna Historia de Gran Bretaña.

Esta historia continuará.

Lloyd LaBeach y su Vida en UCLA

El gran Jesse Owens.

Barney Ewell (izq), Mel Patton (centro),
y Harrison Dillard durante una sesión de
práctica para los juegos olímpicos de
Londres 1948.


Para ese inmortal
Lloyd LaBeach el panorama de la Ciudad de Ángeles fue la cosa más impresionante que había visto en su joven vida. Mientras tanto iba el todavía tener que esperar prever el plan que Dios tenía para él mientras tomaba humildemente su lugar entre otros “ángeles” en esa misión de estar obligando a su pequeño país llamado Panamá a que reconociera a sus Hijos Westindian sobresalientes. Incluso mucho antes de que el joven Lloyd llegara al dormitorio del campus universitario en esa noche, había él comenzado a sentir ese secretado de energía que el siempre daba bienvenida tan naturalmente a su joven cuerpo.

Después de su llegada a Los Ángeles esa misma noche él había comenzado inmediatamente a sentirse tan cómodo cual cualquier otro estudiante universitario entonces ese atleta pronto había comenzado ese proceso de estar desafiando sus propias habilidades académicas así como sus valores atléticos. Muy pronto iban los otros atletas a estar descubriendo que Lloyd iba a ser todo lo que habían escuchado decir de él. Las sesiones de entrenamiento iban a estar muy pronto volviendo a hacer sentir esa vieja alacridad de su juventud en Panamá. Ese joven daba bienvenida a esos días calientes del clima meridional de California del sur y era mientras él se preparaba para sus primeras reuniones competitivas que eran tan excitantes para todos esos los velocistas y corredores serios, que como él desearían hacer dejar su marca, entre el personal del equipo de entrenadores de UCLA y el público en general.

El joven LaBeach había finalmente encontrado ese verdadero desafío que él necesitaba, mientras que esa tarde estuvo notando a los otros atletas negros, nervioso estuvo antes de encontrarse con esos nativos negros de Estados Unidos, que llegaban a encontrarse a ese compañero velocistas natos de pista y campo desconocido hasta esos entonces y que era de un país llamado Panamá. El periodo de calentamiento para todos los velocistas ese día era el usual de estar saltando y corriendo anticipadamente como jóvenes gacelas africanas. Lloyd se había acercado al grupo ensamblado de corredores convocados en los bloques para los preparativos familiares que indicarían que iba a comenzar la primera carrera. Eran todos los sprinteres todo de descendencia Africana y exhibieron el acostumbrado aire competitivo de jóvenes acostumbrados a estar intimidando a sus oponentes.

Pronto había estallido de la pistola del oficial de partida y estuvieron corriendo animadamente en una carrera que registraría tiempos más cortos y que seria carrera de una vuelta alrededor de la pista y que refrescaría esos músculos excitados de los atletas, mientras que la muchedumbre en las gradas de los que apoyaban a conocidos velocistas rugía animadamente. Ese entusiasmo de la muchedumbre no fue aun reconocido inmediatamente por el velocista Panameño, joven quien después de haber participado en esa sesión de calentamiento que lo haría sudar que después lo mantendría listo y caliente todo el día.

Entre tanto el público que había asistido ese día había estado impresionado por el funcionamiento del atleta desconocido en la línea del final de esa carrera. La muchedumbre en el estadio de UCLA aplaudió a ese joven LaBeach y el personal de entrenadores quienes habían trabajado con él se le acercaron para felicitarle por una carrera perfecta. Ellos los del equipo de entrenadores habían estado trabajando con el para que perfeccionara su forma de correr y cuando los del altoparlante habían anunciado. “El ganador es Lloyd LaBeach,” fue cuando el personal de entrenadores lo estuvo alentando para que se presentara al publico presente quienes los estuvieron elogiando y todavía lo aplaudían.

En ese día solamente el nuevo corredor oriundo de ese país de Panamá había sorprendido carrera tras carrera a esa muchedumbre de fanáticos de Los Ángeles. Algunos que estuvieron allá ese día habían salido de casa a ver a sus campeones favoritos como lo era ese Mel Patton a quien le decían cariñosamente “Pell Mell,” ese quien había sido el hombre quien dominaba la velocidad de las 100 yardas planas de todo los tiempos, aun el estuvo sorprendidos por el cabriolito desconocido de Panamá, quien virtualmente le había dado una lección en como correr sprint de campeonato.

De hecho, el cabriolo LaBeach incluso había sorprendido al equipo de entrenadores de UCLA entre los que estuvieron los no creyentes en las habilidades de un desconocido de un país tan desconocido como era Panamá. El joven se había tan solo ese día hecho que su nombre y el de su país sonara no sólo aquel día de su primera reunión atlética, encima había rastrillado un expediente que rompía marcas en reuniones atléticas subsecuentes. Lloyd LaBeach incluso había igualado a ese famoso Jesse Owens como los únicos dos atletas de mundo de la pista y campo de haber igualado y hasta habían rotos sus propios marcas mundiales en el plazo de menos de 24 horas.

Lloyd había permanecido de un ánimo espiritual muy alto mientras que estuvo en esa universidad de UCLA entrenando y además estuvo pasando todas sus clases con grados excelentes, siempre con miras adelantadas a verse graduando en ese verano de 1948. Sin embargo, el entrenamiento intensivo que había él estado experimentando iba a estar sirviéndole bien y manteniéndole hombro a hombros con corredores de talla mundialistas con quienes él pronto estaría enfrentándose en las Olimpiadas próximas a celebrarse ese verano en Londres, Inglaterra, que iba a ser ese rematado para una brillante carrera para ese joven de la raza Westindian Panameña.

Esta historia continúa.

Lloyd La Beach: Eternamente Héroe Panameño

Byron LaBeach y su Señora Esposa, Violet.

El Tributo en frente del nicho de Lloyd La Beach en el Santuario Nacional.
Presentes el Sr. Victor Lopez y Ricardo Sasso y su Esposa.

Samuel LaBeach y su Esposa, Nell.

El inmortal campeón olímpico, Lloyd LaBeach,
Gloria de Panamá

Nunca podría yo contar la historia de Lloyd La Beach si no fuese por un niño con el cual habíamos estado creciendo juntos en la vecindad de Calidonia aquí mismo en el Panamá de nuestros días. Los juegos de esa olimpiada del verano de ese año de 1948 habría pasado a la historia para nosotros, como los fueron para otras olimpiadas de nuestra niñez. Eran tiempos en que nosotros como comunidad Westindian de Panamá estuvimos atravesando por los peores tiempos de nuestra historia, como comunidad de raza Africana en el país tan nuestro como era ese Panamá que adoramos. Fue durante los tiempos de la guerra y sus períodos de posguerra en que éramos gentes sufriendo una continua vilificación tanto en la economía del país de Panamá, etiquetados como “esa gente” cuya presencia tildada de responsable de ser carga para los recursos magros del país.

Habían pasado tres años después de que acabara la Segunda Guerra Mundial y todavía los rumores persistían en la atmósfera politiquera de los hispanos parlantes de nuestro país Panamá, como había sido a través de su historia, en cambio habían permanecido virtualmente pasivos a la ocupación Estadounidense en la mas importante franja de tierra de nuestro territorio patrio. Eran realmente épocas difíciles y tensas, de hecho en que gran cantidad de trabajadores Westindian estuvieron llegando a la Zona del Canal Negra y que pronto estarían en busca de vivienda en otras partes del país. Incluso hasta para servicios médicos iban a estar esas gentes necesitando, mientras que una gran parte de esa zona del canal negra, Silver Roll o del padrón de la plata estuvo viéndose eliminada y la disponibilidad de empleo para ellos se viera casi totalmente coartadas.

Los titulares del único periódico que los representara en el país, ese Panamá Tribune, quien hablara a favor de las gentes Westindian en Panamá, se había y era unos de los medios de comunicación social fundados un poco antes de los tiempos a principio de siglo. Fue en sus últimas tiradas que se vio tener algo benéfico que publicar a ese populacho agredido. El domingo 19 de octubre de 1947 la Panamá Tribune publicó titulares que decían, “Los Altos de Balboa se opone a la deportación de extranjeros, y tomará las acciones apropiadas en defensa de los trabajadores Silver leales.” Este titular merece aclaración para los lectores quienes no conocen el manejo de las políticas de las autoridades estadounidenses del Canal de esos entonces. Era a las faldas del imponente “Cerro Ancon” que se había construido un imponente edificio para las oficinas oficiales de la Administración del Canal de Panamá. Desde esas alturas con sus imponentes escalinatas parecía en esos entonces poderse hacer llegar edictos y declaraciones que tenían peso hasta para los que gobernaban en el gobierno de Panamá.

Entre tanto para los meses de invierno del 7 de noviembre de 1948, el mismo periódico semanario todavía iba a tener que publicar titulares que demostraran la frustraciones de la comunidad coloreada Westindian de Panamá cuando iban a estar leyendo, “Profesores niegan demandas de los Padre de familia sobre discriminación racial, en la Escuela Pedro J. Sosa, Escuela numero uno de Calidonia.”

Sin embargo, ese verano de 1948 los pelaos de la Calle Mariano Arosemena estuvieron todos envueltos siguiendo las hazañas de alguien que nunca llegaron a conocer y que era de esa vecindad, pero quién había inculcado orgullo en ellos quienes eran también Westindians. De hecho, habíamos comenzado a que recordara todo Panamá y también el mundo entero de que un Westindian, un “Chombo” nada menos había puesto su marca en las Olimpiadas, y que todo el mundo, en especialmente toda América Latina racista, debería prestarnos la debida atención. En esos días hacíamos carreras alrededor de todo el vecindario exhibiendo nuestras proezas atléticas y diciendo un inolvidable refrán de, “¡Así como Loyla!” Como para siempre recordar el nombre de Lloyd La Beach. Pero había un niño menor que todos nosotros del grupo del Edificio Magnolia, quien iba a tener el honor de ser conocido como “Loyla” por el resto de su vida.

Es solamente en estos días recientes que nosotros los del Silver People Chronicle, tuvimos el honor de estar presente entre otros descendientes del Silver Roll o gentes de plata, quienes íbamos a tener el honor y privilegio de estar entre ésos que deseaban honrar la memoria del ilustre Señor Lloyd La Beach, quien en vida fuera ese héroe de nuestros sueños de niñez.

En misa ceremonial solemne el Santuario Nacional en donde reposan los restos del inmortal Lloyd La Beach, nos congregamos para rogar a Dios con sus familiares y viejos amigos que si conocían a ese legendario prócer de nuestra cultura Panameña. Nosotros, los de la segunda generación de las familias Westindian Panameñas quienes poblamos la ciudad de Panamá, rogábamos silenciosamente con el prelado de esa misa diaria e invocamos el nombre de Lloyd La Beach.

Levantamos plegarias pidiendo que su nombre sea honrado en el cielo como lo habíamos estado honrando en esos años cruciales de nuestra historia. Fueron tiempos históricos cuando que unos niños se vistieron de luto al recordar la profunda tristeza recordando como nuestra gente los del Silver Roll Canalero sufrimos las exclusiones debido a un racismo dañino. Continuamos invocando en rezos personales mientras nos unimos a familiares y amistades cercanos a este Panameño Westindian inmortalizado.

Ese día 29 del febrero de 2008 marcó el pasar de 60 años desde el día en que Lloyd La Beach había galardonado el nombre de Panamá ganando el primer y única medalla olímpica en atletismo para hasta esos momentos de la historia para Panamá. Había vuelto a su Panamá con aquel memorable tesoro y que nos iba a recordar un nene de la vecindad nos hacia recordar que habia sido el gran Lloyd La Beach quien había competido con los mejores del mundo y que eso era cosa muy grande. Este día 29 de febrero del año de 2008 para nosotros seguirá siendo muy especial en que siempre recordaremos como conversamos con los hermanos de Lloyd La Beach. Su hermano Byron y Samuel La Beach quienes estuvieron siempre juntos entrenando con ese inmortal Lloyd La Beach.

Ese día inolvidable en que también se nos presentaron los Honorables Presidente de la Confederación Centroamericana y del Caribe de los deportes y de los atletas de Pista y Campo, el Señor Víctor López, quien fuera ficha instrumental en la promoción de esa velada ceremonial en esta fecha en la cual, el nombre de Lloyd La Beach sería instalada en el Salón de la Fama Regional. Se nos informo que Fue elección que finalmente tuvieron que hacer lastimosamente después de haber pasado 60 años de la fecha en que Lloyd La Beach unos de los atletas más sobresalientes y excepcionales en toda la región y quien había logrado ganar más de una medalla olímpica en los mismo juego mundiales de olimpiadas.

En cambio para nosotros los pelaos del Edificio Magnolia de esa vecindad de Calidonia, habíamos reconocido a ese ilustre desde esos tempranos comienzos de nuestra vidas. Lloyd La Beach fue y continuará siendo uno de los atletas más grandes que ha producido la comunidad Westindian Panameña uno quien ha sin lugar a dudas ha demostrado y seguirá siendo siempre nuestro héroe vengan tiempos mejores o peores. Síganos la pista buscando otras entregas de ese ilustre y otros atletas de variados deportes producidos por nuestra gente del Silver Roll de la diaspora Westindian Panameña.

Esta historia continúa.