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Entre Los Calypsonians, Lord Kitchener

Aldwyn Roberts o Lord Kitchener

El trovador Lord Kitchener (1922-2000) cuyo nombre verdadero era Aldwyn Roberts, fue canta/autor y uno de los mágicos símbolos del género de música llamado calipso, símbolos que influenciaron importantemente a nuestros trovadores aquí en Panamá. El artista nació en la aldea de Arima, Trinidad y Tobago, el 18 de abril de 1922. Su padre, Stephen Roberts, fue herrero y su Señora madre, Alberta, ama de casa.

Aldwyn Roberts fue mejor conocido en su país por el apodo de Lord Kitchener un seudónimo derivado de un valiente soldado británico y formidable aviador, cuyo nombre fue famoso en Trinidad en los momentos en que Aldwyn comenzara su carrera como cantautor Calypsonian popular. Siempre fue llamado cariñosa y simplemente “Kitchener” o “Kitchie,” por sus muchos admiradores y sus fanáticos, tanto como sus amigos y conocidos.

Kitchener fue un genio musical en los años durante la segunda guerra mundial y sus grabaciones del calipso se hicieron famosas por su popularidad en los Carnavales de la época. Como piezas elegidas para las novedosas bandas de grupos musicales de los “Tambores de Acero” se llegaron a tocar en las llamadas “Competiciones Panorama.” En cada temporada de Carnavales de las islas Caribeñas de Trinidad y Tobago se hacían esos desfiles en grupo entonando una u otra canción atraída por el público presente.

Lord Kitchener se hizo nombre popular entre los de las Marchas en grupo de músicos, por su versatilidad y en su tiempo llegaría a dominar las competiciones de la famosa Marcha sobre Carretera o “Road March,” durante muchos años. Resulta ser ganador del título de Monarca del Carnaval y se le concede a sus composiciones primer reconocimiento por ser las escogidas entre las más populares en ese ritmo de caminata al estar a la vez tocando tambores en los Carnavales.

Algunas de sus canciones ganadoras del importante Road March son, “El camino Hecho para Caminar en día de Carnaval,” seguida por “Mama, este es Mas,” y luego “Mi Pussin,” que introduce términos que inventan los trovadores calipsonios. Estas canciones llegan a ser muy codiciadas por muchos años después de los Carnavales de esos tiempos de guerra en Trinidad y Tobago, recorriendo luego todo el mundo anglosajón y el Caribe británico.

La divertida “Mama Mira una Banda Pasando,” y “Lai Fook Lee, Lowsee Ay,” inicia la incursión en las competiciones de canciones enfocando en el aprecio por los niños por el Carnaval y la inclusión de la cultura y lengua China. Con “Margie,” “Sesenta y Siete,” y “Mas en el Madison Square Garden,” procuran no olvidar su fanaticada en la ciudad de Nueva York. La animada “Rainorama” alude a que la lluvia nunca detiene a un carnaval. De manera vertiginosa sigue ampliando la tremenda fama mundial de el “Kitchie” en esos años antes de que llegara a la escena el Gorrión o el “Mighty Sparrow.”

Nuestro Kitchener llegaría a ser uno de los pioneros en el género musical del Calipso con sus producciones musicales originales y a la vez entretenidas. Generalmente, muy atinado a los temas sociales del día, sus composiciones no dejaban de tener relevancia en el hoy por hoy del pueblo. Sus canciones, sin embargo, siempre reflejaban el genio de su capacidad de crear melodías vibrantes y composiciones atractivas basándose en temas simples. Es considerado como uno de los mayores Calypsonians del siglo XX y precursor de los tiempos en que aparece el Gorrión Poderoso, el Mighty Sparrow de nuestra época moderna.

Artículo tomado de Last.fm

Esta historia continuará.

El Calipso y Sus Raices

Hubert Raphael Charles, popularmenteconocido como Roaring Lion

El Legendario Harry Belafonte.

Tiempos eran que mientras embarcaban a miles de jóvenes obreros de la raza Westindians desde las islas Mayores y Menores del archipiélago Caribeño, llegaban a nuestro Panamá casi secuenciados por un contrato de hambre, para ser mano de obra en la construcción de ese Gran Canal, vía fluvial que demandaba además sus vidas o una vil desaparición sin mas interrogatorio para llegar a saber quienes eran. Continue reading

Los Clubes Sociales y el Estilo Westindian 1920-1930

La legendaria Hebilla de Oro, estilo comenzado
por los Westindian, aun permanece como ícono
de la cultura Panameña.

Un gramófono de los años 1920’s.


Los primeros y, quizás, los más visibles señales de la primera generación de Panameños Westindian, que en su tiempo demostraban cierta fortaleza para unir recursos, fueran los Clubes Sociales. Estas organizaciones fueron organizadas para promover las principales actividades sociales entre la juventud negra Westindian, sobretodo en los sectores económicos de la ciudad de bajos ingresos dentro de los barrios de la ciudad. Su mayor enfoque eran los populares bailes y reuniones bailables con sus orquestas internacionales y agrupaciones nacionales.

Tales actividades ganarían atención de una juventud negra de la Zona del Canal primordialmente por sus transmisiones por las estaciones de radio, además por las columnas noticiosas muy leídas que aparecían en los diarios locales de habla inglesa. Eran esos los medios masivos cuyas columnas eran dirigidas a la comunidad negra Westindian en periódicos bilingües que en esos entonces aparecían en español y en el idioma inglés.

El año de 1935, sin embargo, se encontrarían clubes sociales como el Club Social Sheffield, integrado generalmente por no más de seis o siete jóvenes de la etnia Westindian, que en su mayoría no pasaban de sus veinte años y quienes popularizaron el arte de la recaudación de fondos a través de sus bailes organizados especialmente para jóvenes quienes todavía no habían llegado a la edad de estar empleados en la Zona del Canal de Panamá.

En su mayoría esos jóvenes emprendedores habían estado empleados desde la edad de los 15 años de edad en esa misma Zona del canal. Estos jóvenes de la primera generación y de edad un poco mayor, quienes fundaron los clubes sociales, emergieron en la escena con ideas que se les había legado de los de la generación nacida en el siglo XIX pasado, o sea de los inmigrantes, de esa generación de los que habían empezado a organizar las logias. Se recreaban organizando giras campestres (picnics) y, generalmente, hacían mímica cultural de las gentes tanto de la raza blanca norteamericana como de los negros de los Estados Unidos.

Sin embargo, la escasez de medios de entretenimiento sano para toda la juventud de raza negra Westindian, en esos entonces mayoría entre la juventud, daba a esos clubes un giro más festivo, giro que luego se convierte en populares cultos además de ser sitios de las ciudades en que se podía llegar a estar divirtiéndose.

Sus bailes populares se convierten literalmente en “el lugar para ser visto” en los fines de semana y días feriados. Usaban los tocadiscos que, en esos tempranos días de nuestra historia, eran conocidos como gramófonos, en los cuales ellos tocaban lo último en ritmos y música popular norteamericana negra.

En su mayoría los ritmos incluían ritmos del Jazz y las baladas conocidas en las comunidades negras de Estados Unidos. Eran esos los ritmos y modos de bailar copiados de negros estadounidenses trabajadores del Silver Roll de la Zona del Canal. Se escucharían en fiestas halconeras a jóvenes bailando y conversando alegremente. Por supuesto que sus vecinos estuvieron también escuchando la música de los Calypsonians, esos quienes habían estado grabando discos en esos momentos tempranos de la historia.

Esa música llegaría a evolucionarse en ser música Westindian, muy popular internacionalmente conocida como la música de las “steel pan,” o de tambores de acero todavía inimitables en las islas de Trinidad y Tobago.

Los anfitriones de los clubes, como habían sido los del Club Sheffield, eran una atracción en sí, apareciéndose generalmente todos vestidos iguales en juegos de camisas y pantalones, todo diseñado y cosido a mano por costureras y sastres locales. Los jóvenes expertos en ese arte de la corte y confección tanto en diseño como de la costura llegaban vistiendo en equipos llamativos de buen gusto, cada vez diferente que la vez anterior. Llegarían entonces a ser el blanco de la envidia de cualquiera de los panameños de habla española.

Luego llegaría a ser aquello que se convertiría en tradición legada de los jóvenes Westindios Panameños a sus jóvenes admiradores, grupos de la misma edad que los seguirían. Los chicos y chicas más jóvenes entre sus admiradores no podían esperar su turno para estar exhibiendo a su manera las modas Westindian desde sus pies hasta la cintura con la hebilla de oro. Hasta en sus pies llevarían la marca de distinción, los famosos zapatos de dos tonos. Esas caminatas en cualquier tarde de baile se volverían pasarelas en que “declaraciones” de lo que era “fashion,” sería cuestión muy seria.

Incluso, había cortes de cabello muy especializados. Aquello de estar haciendo moda de cortarse el pelo de la cabeza al “raspao,” que era el novedoso afeitado de casi todo el pelo comenzó en esa época. Los cortes se hacían con la navaja afilada apenas permitiendo “un caminito de hormigas” para asentar el corte. También había el estilo del “tazón” que parecía haber sido hecho utilizando una calabaza. Se cortaba a medias dentro del tazón que se colocaba sobre la cabeza del cliente para luego afeitarle alrededor de su borde, dejando una cantidad mínima de pelo en “la copa” que parecía una cresta que entonces se acentuaba con una línea de partidura.

La peluquería del Señor Walter Grant, el padre de mi padrastro Bobby Grant, estaba ubicada en esos entonces en la calle 24 y la Avenida Central, hoy la conocida Calle M de Calidonia. Era, a menudo, el único lugar para trasquilarse a la moda, que luego se haría parte de la cultura histórica de la belleza del varón de barrio. En los fines de semanas ese local colmaba de varones de todas las edades. Tanto hombres trabajadores como muchachos se podían encontrar aguardando turnos en las sillas de los peluqueros.

Los bailes populares estilo Westindian, sin embargo, llegarían a ser ocasiones inolvidables que venían evolucionando a partir de los años mucho antes de la década de los 1920. Ese año marcaría una tendencia entre la juventud de habla hispana de los vecindarios en que también residían los negros westindian. Estas tradiciones iban a durar hasta los años de la década de los 1950 incluso iba a durar hasta los años 1980. Fue una época en que la cultura ascendía y se popularizaba entre la juventud de habla hispana de Panamá con esos mismos estilos y gustos del modelo Westindian, especialmente durante sus propias fiestas populares de febrero, los “Carnavales.”

Esta historia continúa.