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Lloyd LaBeach y los Juegos Olímpicos de Londres 2012

Una imagen promocional de Los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Lloyd La Beach en la Universdad de Wisconsin. 1946

Hoy estamos a escasas tres semanas del inicio de los Juegos Olímpicos de Londres y este evento, por encima de todas las demás Olimpiadas, simboliza un hito notable para la gente Afro Antillana de la República de Panamá.

Fue en esos eventos hace justamente sesenta y cuatro años, que un hijo nativo, como es Lloyd LaBeach llegaría a traer a su casa y tierra natal dos medallas de bronce.  Fueron las primeras medallas olímpicas ganadas en la historia de nuestro Panamá en participaciones internacionales de esa índole y el mundo estuvo conociendo al país por ese joven. Continue reading

Carlos Belizaire Bussette- El Entrenador de Campeones

Una foto reciente del maravilloso Carlos Belizaire Bussette.
Aqui vemos al querido Coach Belizaire con
Lloyd La Beach

 

Al recibir la noticia del deceso del Profesor Carlos Belizaire a través de un correo electrónico, decidí dedicar una entrega especial a este extraordinario profesor del deporte. Fue uno que llegué a conocer de niño y a quien me vi reunido con él entre varios de esos niños que gustaron estar reunidos allá por los alrededores de ese conocido Estadio Olímpico aquí en nuestro Barrio de Curundú. Era por cierto figura enigmática para mí en esos momentos de mi vida, por ser que tan sólo estaba acercándome a la edad de la adolescencia, y que siempre lo veía con un semblante como de preocupación.

Sin embargo, estaba allí y nos daba la bienvenida como niños que éramos, listo para asumir su rol de mentor para cualquier de los niños que vería ser prometedores atleta de pista y campo. Cuando el grupo de nosotros, niños de los vecindarios cercanos llegaran a estar observando lo que estuvo sucediendo entre los atletas aspirantes al boxeadores, velocistas, saltadores y también a los jugadores del béisbol o los del baloncesto, el “Coach” estuvo presente allí para cualquiera de nosotros que anhelaban competir con los mejores de nuestra edad. Por supuesto, no íbamos a saber que estuvimos en presencia de uno de los mejores entrenadores del atletismo que Panamá produciría.

Carlos Belizaire Bussette nació en la ciudad en el año de 1917 de padres de la Isla de Martinica en el Caribe. El mismo fue un gran atleta pero, probablemente, fue mejor conocido como uno de los mejores entrenadores de campeones. Fue uno de los hombres claves, de hecho, en la formación de nuestro campeón nacional, Lloyd LaBeach, quien, hasta el regreso triunfal del saltador Irving Saladino quien regresaba de los Juegos Olímpicos de Beijín, China, con medalla de oreo para Panamá, en competencia de salto de longitud. Loyd LaBeach fue hasta esos momentos de la historia el único Campeón Olímpico de Panamá, habiendo ganado la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres, Inglaterra del año de 1948.

Carlos Belizaire Bussette se fue para estar con el Señor el (viernes) 29 de agosto del año 2008, habiendo tenido una vida de 91 años. Sus logros fueron el haber sido atleta excepcional en sí quien compitió en las competiciones de los 100 y 200 metros planos y también el de carreras de relevos de 4 x 100 metros en su juventud. Fue profesor de educación física en varias escuelas en la antigua Zona del Canal como los de Cocolí, Howard y Diablo. También fue docente en el Colegio Abel Bravo, nuestra Alma Mater en Colón- el “College” para los jóvenes Westindian de la época de los años 1935-1950- el Instituto Nacional, y el Instituto Fermín Naudeau, también gozaron de su arte de hacer campeones.

En todo caso había dedicado alrededor de 40 años de su vida a la formación de cientos de jóvenes que participaron en juegos nacionales e internacionales como las de América Central y Juegos Olímpicos del Caribe y también los Juegos Bolivarianos de Sur América. Muchos de los atletas que fueron entrenados por el Maestro Belizaire ganaron medallas para hacernos a los de los barrios orgullosos y también a nuestro país. Además, ayudó a más de 30 atletas panameños en la obtención de becas en las mejores Universidades de Estados unidos que mejoraron sus habilidades atléticas y académicas y así pudieron tener una mejor calidad de vida. Esa era unas de sus mejores características de aquel a quien muchos llamaron “Coach.” Aquello marcó al Profesor Belizaire como un muy exigente profesor así como un entrenador que verdaderamente creía en la excelencia académica.

Todos los atletas de esos tiempos como Lloyd LaBeach, Frank Prince, Manuel Rivas, Felipe Malcolm y Cirilo McSween, entre las damas Lilia Wilson y Nola Thorne, entre otros, fueron entrenados por el Coach Carlos Belizaire Bussette. Fue también veterano de la Segunda Guerra Mundial y en su vida personal fue dedicado hombre de familia. Las honras fúnebres se celebraron el 3 de septiembre de 2008, en la Iglesia Don Bosco en el Barrio de Calidonia a las 2 P.M. Les sobre viven su amorosa esposa de 55 años, Andrea Alfaro de Belizaire, enfermera retirada y cuatro hijas, Del Marie, Yolanda, Leyda y Noris. Fue también sobre vivido por Mario Belizaire, su sobrino en Washington, D.C. y sus hermanas Bernice Belizaire de Nueva York, y nietos, bisnietos, sobrinos y sobrinas.

No podemos honrar nuestros antepasados como el Profesor Carlos Belizaire Bussette lo suficientemente, en estos tiempos modernos tan vertiginosos. Más que tan sólo un entrenador de atletismo fue amigo personal para muchos de los jóvenes y niñas que él había llegado a entrenar y fue uno que siempre estuvo dispuesto a estar escuchándoles a ellos de sus problemas personales y preocupaciones, así como celebrar sus victorias con ellos. Incluso ese Lloyd LaBeach estuvo desinflado al llegarle noticias que el Prof. Belizaire no iba a estar con él, para que se unieran en la formación de la marcha en la noche anterior a los Juegos Olímpicos de Londres, Inglaterra en 1948, como hemos relatado en entrega anterior. Fue ese inmortal Coach Belizaire su entrenador que podría sacar siempre lo mejor de ese joven Campeón.

Carlos Belizaire, así como todos los atletas y entrenadores de antaño que allanaron esos camino llenos de exclusiones y perjuicios raciales en los deportes en un país muy despreocupado de su juventud como era Panamá, que incluso hoy día, sigue siendo tan despreocupada y en ocasiones abusivas con sus atletas remontándonos a los tiempos históricos de la década de 1930 y 1940, a todos nos ha enseñado lección. Los tiempos, al parecer, no han cambiado en la famosa Federación Panameñas de deportes y ese Comité Olímpico Panameño. Se sigue emocionalmente recargando negativismo en los atletas de color al estar ignorándoles. En especial a los atletas de la etnia de nuestra juventud Westindian a pesar de sus logros en las aulas escolares y en los campos deportivos. Rezamos seguir viendo los cambios recientes y que no se retorne a la vergüenza del racismo y el clasismo que a todos los panameños perjudican.

Por ser esos recientes incidentes, que fueron los que en especial nos trajo a recordar, la actitud vergonzosa y lamentable asumida por algunos miembros del Comité Olímpico Panameño, con su arbitraria y prepotente negar de apoyo financiero, así como proveer técnico a los pocos atletas panameños, elegidos y programados para competir en los últimos Juegos Olímpicos de Beijing. El mundo, así como muchas personas de conciencia del mundo internacional y aquí en Panamá, se encuentran todavía indignados por el egoísmo y la postura estólida que siguen presentando esas importantes organizaciones deportivas de nuestro país.

Es nuestra esperanza que los jóvenes que participan en deportes hoy y todos aquellos entre nosotros que apoyamos su promesa y proezas, nos levantemos en protestas para demandar reparaciones por todos los años de rechazo y abandono que hemos sufridos como etnia a manos de funcionarios del estado.

Nuestros panteones Silver están repletos de las almas de aquellos quienes habían sobresalidos y permanecieron tan pacientes como los fueron sus antepasados en sus tiempos. Sus espíritus están reclamando el honor y reconocimiento que merecieron en tiempos que estuvieron atravesando la ruta de juventud llena de esperanza y energía triunfadora.

Nunca es demasiado tarde para honrar a nuestros grandes héroes, esos inmortales héroes nuestros que brillan en nuestra esfera estrellada dándonos animo y alegría de vivir.

Esta historia continuará.

La Gloria Panameña Regresa a Suelo Patrio Indiscutible Campeón

Imagen del antiguo Club Atletico Roxy
de Panamá.
Foto gracias al Señor Oswald Baptiste

Ceremonia de Premiación de los
triunfadores de la competición
de 100 metros en las Olimpiadas
de Londres de 1948.


Retomando nuestro tema luego de un rico mes de
La Etnia Negra lleno de acontecimientos, regresamos para concluir las hazañas de nuestro astro Olímpico, Lloyd La Beach.

Aquel día del año 1948 en la pista de atletismo del mundialmente reconocido Juegos Olímpicos de esa histórica ciudad de Londres, no habría terminado del todo cuando el Panameño Lloyd La Beach una vez más, iba a estar ofreciendo a esa multitud de expectante fanaticada otra emocionante carrera que acabaría en la línea de meta en su reconocida forma de velocista con sangre de campeón. Entonces la multitud en las gradas se sintuó sin temor de aplaudir efusivamente a ese único competidor panameño.

Ese chico que había importunado a sus padres en su hogar de Jamaica para que le permitieran volver a su país natal, había seguido los anhelos de otros jóvenes de ascendencia Panameña “Westindian.” Esos quienes eran de ese linaje de los que a menudo viajaban entre los países islas del Caribe, Inglaterra, Estados Unidos y Panamá y era para estar declarándole al mundo entero su humanidad, así como su excelencia atlética, aunque lo estuvieran que estar haciendo casi enteramente a solas.

Los juegos de esas Olimpiadas no habían aun terminado para la mayoría de los atletas que estuvieron de participantes o en las gradas como espectadores en ese Estadio de Atletismo de Londres, y al día siguiente los participantes de la carrera de los 200 metros planos aparecían en sus carriles en sus bloques de partida para prepararse mentalmente para otra ronda de competencias en que se verían involucrados algunos de los velocistas más veloces del mundo conocido.

La multitud de fanáticos de pista y campo quienes habían estado siguiendo la carrera de ese velocista quien estuvo próximo a desafiar nuevamente a los velocistas de marcas establecidas por los grandes aspirantes a esos títulos como eran esos Melvin Patton y Barney Ewell de los Estados Unidos. Era una fanaticada ansiosa de ver al joven panameño, Lloyd La Beach, hacer una repetición de su rendimiento en la pista. La esperanza del muy poco conocido país de Panamá ya había demostrado que podía mantenerse nariz a nariz con esa élite de velocistas de la Universidad de California en esos famosos relevos de la ciudad de Fresno que eran tan exigentes como cualquiera de las competencias de rango oficial, en donde la gente siempre estuvo dividida en sus apuestas.

En esos juegos muchas personas tenían sus apuestas comprometidas en los reconocidos campeones de notar como eran Patton y Ewell. Sin embargo, Lloyd La Beach estuvo recordando cómo había casi golpeado ganándole a Melvin Patton en Fresno y marcando justo al lado de Patton para el mismo tiempo en los 100 metros planos, iba ese día a tener que finalmente conformarse con el segundo lugar al famoso “Pell Mel” como era el apodo de Patton en los círculos universitarios.

Sin embargo, en esos Juegos Olímpicos Mundiales los veteranos preferían morir a dejarse vencer de un velocista que les pudiera cobrar cada milímetro como fue ese corredor panameño. En la línea de partida estuvieron y después de que unos nerviosos corredores fueran eliminados de la competencia de los 200 metros planos por el juez de partida quien disparaba pistoletazos para detener la salida. Una vez más, el joven Lloyd La Beach iba a estar tan concentrado con sus poderes divinos al sentir como su ágil cuerpo bajo la velocidad requerida se mantenía en la pista hasta la línea de meta encontrándose en un empate a lo largo y al lado derecho del más rápido de los seres humanos vivientes del mundo entero.

Una vez más debemos recordar que no hay dispositivos electrónicos para cronometrar la velocidad real de corredores en el momento, pero en la línea de llegada los jueces declararon al Sr. Melvin Patton de los Estados Unidos ganador del primer lugar para ser premiado con la medalla de oro, con un tiempo de 21.1. El Sr. Barney Ewell de los Estados Unidos fue declarado ganador del segundo lugar para ser premiado con la medalla de plata, con un tiempo de 21.1. Por ultimo declaran al Sr. Lloyd La Beach del país de Panamá ganador del tercer lugar premiado con la medalla de Bronce, con un tiempo de 21.2.

Sin embargo, las gradas del estadio se prendieron de aplausos para el latinoamericano Lloyd La Beach el chico maravilla de la competición quien se iba a ver mas que premiado con éxito internacional y a quien en los noticieros internacionales con la velocidad del rayo mandaban cables contando como el único corredor de pequeño país de Panamá, quien la mayoría de los panameños ni siquiera conocían había prácticamente casi vencido a los escogidos del fuerte pais de las Américas que ere los Estados Unidos.

Aquel verano, Lloyd La Beach se gradúa de la Universidad de California y luego de los Juegos Olímpicos él regresa a su querido Panamá. Las aclamaciones de sus hermanos y compañeros del casi desconocido Club Atlético Roxy del barrio de Calidonia en Panamá iban a estar en espera del reconocimiento debido de las autoridades del gobierno y sus entes deportivos.

La espera en la sección del aeropuerto abierto al publico panameño de la Base militar de Albrook, la única instalación en esa época de la historia que recibía viajeros que llegaban por aire y que servía a toda la República de Panamá, estuvo repleto de una gran multitud de admiradores algo que nunca antes se había visto en el pequeño país y su pequeño campo aéreo desde que los acuerdos se habían concretado entre la República de Panamá y los Estados Unidos que permitiera que vuelos internacionales aterrizaran y despegaran en esas instalaciones militares.

Fue un día excepcional en que uno de los suyos habían llegado a casa victorioso, con no solamente una medalla, sino dos valiosas medallas de la mundialmente famosa Juegos de Olimpiadas. Fue día en que la mayoría de los presentes en ese aeródromo eran de las gentes de la raza de Plata, esos Negros Silver Roll de la Zona del Canal cuyos antepasados habían realmente salvado las construcciones del Canal de Panamá.

Los pocos usuarios que se encontraban allí observaban a esa turba de exaltada gente de barrios bajos actuando como si el lugar entero era de su propiedad. Raro no estuvo que no hubo siquiera fotógrafos profesionales en toda esa multitud. La mayoría de los emocionados admiradores habían olvidado de haberse llevado sus propias cámaras de caja con el fin de poder captar esos momentos históricos que, lamentablemente para nosotros los que hoy vivimos, no hay fotos de esos fantásticos días y horas de gloria que sobrevivieran de haber capturado la radiancía de uno de los inmortales hijo y campeones entre los descendientes de los Hombres de Plata de Panamá.

Esta historia continuará.

Las Olimpiadas de “Poder Mundial” de Londres 1948

La imagen capta el “foto finish” de
la competencia de 100 metros (final)
de las Olimpiadas de 1948 en Londres.
Foto gracias al BBC.

El año era 1948 y las olimpiadas para los cuales Lloyd La Beach había estado arduamente entrenando por toda su joven vida iban a ser celebradas en el mes de mayo en Londres, Inglaterra. Fue interesante observar que hasta esos entonces que eran tiempos de la última parte de la cuadragésima década del vigésimo siglo de nuestros tiempos, en el país llamado Panamá las personas de la raza negra y en especial los descendientes de los denominados Westindios o Antillanos derivados de esos que habían sido trabajadores en el Canal de Panamá, esos quienes eran los mismos que habían sido burlados y llamados “Chombos” por la población nativa criolla. Habían sido cucados y obviados, aun mientras habían sido la fuerza más voluminosa de trabajadores y además prominentes en campos deportivos en la pequeña nación Ismeña. De hecho, era el único grupo de haber realmente organizado el atletismo de pista y campo y de haber formado clubes atléticos y por lo tanto, dominaban en el deporte de la pista y campo en el país.

Entre tanto para el joven Lloyd LaBeach quien había llegado a su máximo nivel de preparación, estuvo en esa hora acercándose a los 26 años de la edad, y el viaje a Londres, Inglaterra iba a ser el viaje más largo que había hecho desde los principios de su carrera universitaria en los años tempranos de la década de los 1940’s. Su arribo al aeropuerto de Heathrow de Londres le hizo sentirse como el único panameño en todo el país entero de Inglaterra. Así fue que aunque Lloyd acostumbraba a estar caminando y charlando a menudo con el entrenador jefe del equipo atlético de UCLA, de nombre Duke Drake, había preferido la compañía de su amigo y entrenador de muchos años de Panamá, el joven Coach Carlos Belizaire Bussette.

Durante las semanas que precedían los grandes acontecimientos olímpicos Lloyd había estado teniendo sueños de lo que era sus actuaciones en esos juegos. Sueños que se repetían y que en los cuales él “había abatido en el campo” todos sus competidores. Estos sueños proféticos, sin embargo, habían llegado a verse eclipsados por una tristeza cuando despertaría y parecía todavía no entender el porque. Lloyd La Beach, sin embargo, era extremadamente valiente, y sabía que sus hermanos del Club Atlético Roxey de Panamá y de toda la gente de Calidonia, además de sus familiares en Jamaica hacían que sus rezos se fijaran en él.

En la noche antes de la reunión competitiva en la cual él estuvo empizarrado a estar compitiendo él otra vez había tenido ese sueño preocupante. Esta vez, sin embargo, él se despertó con un sentido del reaseguro que alguien le decía, “En lo que suceda hoy no te deprimas y no protestes.” Llegaría a estar Lloyd en calentamientos con el resto de los atletas en el estadio en donde otros competidores de la pista y campo hacían las mismas cosas. El estadio muy pronto parecía estar lleno a capacidad con una fanaticada expectativa que esperaba ansiosa ver a esos seres humanos más rápidos del planeta de su tiempo competir.

El llamado llegaría repentinamente de funcionarios del equipo olímpicos para que los corredores competidores aparecieran en sus puestos en los bloques que dieran comienzo a la carrera legendaria y esperada carrera de los 100 metros planos. Fueron momentos espeluznantes desde que esos juegos de olimpiadas especiales, habían sido reinstalados después de los finales de la Segunda Guerra Mundial. La atmósfera durante estos eventos no había resultado tan electrificantes como, por ejemplo, durantes las olimpíadas de tiempos de preguerra. El corredor competidor que representaría al país pequeño de Panamá, después de todo, sería el que iba a estar desafiando los velocistas de las potencias mas importantes del mundo como los de Gran Bretaña y los Estados Unidos de América. De hecho, ese día no había tenido interés alguno irónicamente para la mayoría de las gente de un Panamá, que estuvo redoblando esfuerzos para repeler de su país a esas gentes Westindian quien Lloyd iba a estar representando en este unos de los mas grandes eventos de estos acontecimientos.

El escenario estuvo fijado, pues los corredores se habían al fin colocados en sus bloques de partida para una carrera que iba a durar a penas los 10 segundos, Carrera que iba a marcar jalón de siglo en el cual las gentes “Westindian” como gentes, iban a estar alcanzando tanto para la humanidad entera y del cuál iban las gentes del mundo saber tan poco de ellos.

Antes de que ese tiro de partida sonara claramente, parecía a los espectadores que los corredores habían despegados. Los dos velocistas Estadounidenses quienes, en su país de Estados Unidos, eran además enemigos jurados por la disparidad en el color de su piel, repentinamente estuvieron en contra del Panameño Westindian, Lloyd La Beach, quien había estado representando todo lo extraño y extranjero a ellos. Aquel día, para ese inmortal La Beach, el campo entero de velocistas eran sus enemigos, pues que sus piernas largas pronto servirían como alas y timón para mantenerlo en la pista hacia la línea final de la carrera.

Tenían ellos todos los corredores un buen comienzo después del estallido y estuvieron amontonados en un calor a muerte cuando se estuvieron acercando a la línea del final. Se les veía estar estirando el cuello y torsos para ser los primeros en marcar en la travesía de la cinta. Los fanáticos privilegiados de ese día eran los muy pocos que habían tenido la suerte de tener asientos en la línea del final. Algunos juraban haber visto al corredor Panameño batir la línea antes del grupo entero de velocistas que llegaron a la línea del final. Sin embargo, tendrían que aguardar la decisión de los jueces de línea que tomaban un interminable largo plazo para decidir quien había ganado. Examinaron las fotos desde todos los ángulos del final de la carrera una y otra vez.*

La decisión pronto fue rendida. El Primer lugar: El Señor Harrison Dillard de los EE.UU., registrando 10.3 segundos, y fue el que se le concedió la medalla de oro. El Señor Barney Ewell, de los EE.UU., llegaría en segundo lugar con una marca de 10.4 segundos y se le fue concedida la medalla de plata. El Señor Lloyd La Beach de Panamá, registró también 10.4 segundos se le fue concedido la medalla de Bronce. Cuando los aplausos tronantes de la muchedumbre de las gradas terminaron había sido evidente que eran para el desafiador intrépido, Lloyd La Beach de Panamá. Cuando después de haber escuchado el Himno Nacional de Panamá nuevamente la muchedumbre en las gradas aplaudía mientras que permanecían los tres campeones en el círculo del honor durantes las ceremonias, que marcaban por primera vez en los famosos juegos olímpicos del mundo medalla para el país de Panamá famoso por su canal.

* “Cabe destacar que en esos entonces no había relojes electrónicos de sincronización automática en Wembley, tan solo se usaban foto-finish normalmente para carreras de caballos, y tan solo fue utilizado para ayudar a los jueces decidir las colocaciones de esos animales. Aunque los sistemas automatizados fueron utilizados en las olimpiadas de 1932 y 1936, a partir de los anos de 1952 a 1968, estos cronómetros sincronizadores no fueron reconocidos como había sido en los juegos de 1972 en Munich, Alemania. Las estadísticas que se obtuvieron después y que comparaban los tiempos oficiosos, horrorizaron a los oficiales olímpicos por las diferencias de tiempos, a veces excesivas, entre los electrónicos y sincronizaciones manuales oficiales.” Viene de la BBC- de la serie Una Moderna Historia de Gran Bretaña.

Esta historia continuará.

Lloyd LaBeach y su Vida en UCLA

El gran Jesse Owens.

Barney Ewell (izq), Mel Patton (centro),
y Harrison Dillard durante una sesión de
práctica para los juegos olímpicos de
Londres 1948.


Para ese inmortal
Lloyd LaBeach el panorama de la Ciudad de Ángeles fue la cosa más impresionante que había visto en su joven vida. Mientras tanto iba el todavía tener que esperar prever el plan que Dios tenía para él mientras tomaba humildemente su lugar entre otros “ángeles” en esa misión de estar obligando a su pequeño país llamado Panamá a que reconociera a sus Hijos Westindian sobresalientes. Incluso mucho antes de que el joven Lloyd llegara al dormitorio del campus universitario en esa noche, había él comenzado a sentir ese secretado de energía que el siempre daba bienvenida tan naturalmente a su joven cuerpo.

Después de su llegada a Los Ángeles esa misma noche él había comenzado inmediatamente a sentirse tan cómodo cual cualquier otro estudiante universitario entonces ese atleta pronto había comenzado ese proceso de estar desafiando sus propias habilidades académicas así como sus valores atléticos. Muy pronto iban los otros atletas a estar descubriendo que Lloyd iba a ser todo lo que habían escuchado decir de él. Las sesiones de entrenamiento iban a estar muy pronto volviendo a hacer sentir esa vieja alacridad de su juventud en Panamá. Ese joven daba bienvenida a esos días calientes del clima meridional de California del sur y era mientras él se preparaba para sus primeras reuniones competitivas que eran tan excitantes para todos esos los velocistas y corredores serios, que como él desearían hacer dejar su marca, entre el personal del equipo de entrenadores de UCLA y el público en general.

El joven LaBeach había finalmente encontrado ese verdadero desafío que él necesitaba, mientras que esa tarde estuvo notando a los otros atletas negros, nervioso estuvo antes de encontrarse con esos nativos negros de Estados Unidos, que llegaban a encontrarse a ese compañero velocistas natos de pista y campo desconocido hasta esos entonces y que era de un país llamado Panamá. El periodo de calentamiento para todos los velocistas ese día era el usual de estar saltando y corriendo anticipadamente como jóvenes gacelas africanas. Lloyd se había acercado al grupo ensamblado de corredores convocados en los bloques para los preparativos familiares que indicarían que iba a comenzar la primera carrera. Eran todos los sprinteres todo de descendencia Africana y exhibieron el acostumbrado aire competitivo de jóvenes acostumbrados a estar intimidando a sus oponentes.

Pronto había estallido de la pistola del oficial de partida y estuvieron corriendo animadamente en una carrera que registraría tiempos más cortos y que seria carrera de una vuelta alrededor de la pista y que refrescaría esos músculos excitados de los atletas, mientras que la muchedumbre en las gradas de los que apoyaban a conocidos velocistas rugía animadamente. Ese entusiasmo de la muchedumbre no fue aun reconocido inmediatamente por el velocista Panameño, joven quien después de haber participado en esa sesión de calentamiento que lo haría sudar que después lo mantendría listo y caliente todo el día.

Entre tanto el público que había asistido ese día había estado impresionado por el funcionamiento del atleta desconocido en la línea del final de esa carrera. La muchedumbre en el estadio de UCLA aplaudió a ese joven LaBeach y el personal de entrenadores quienes habían trabajado con él se le acercaron para felicitarle por una carrera perfecta. Ellos los del equipo de entrenadores habían estado trabajando con el para que perfeccionara su forma de correr y cuando los del altoparlante habían anunciado. “El ganador es Lloyd LaBeach,” fue cuando el personal de entrenadores lo estuvo alentando para que se presentara al publico presente quienes los estuvieron elogiando y todavía lo aplaudían.

En ese día solamente el nuevo corredor oriundo de ese país de Panamá había sorprendido carrera tras carrera a esa muchedumbre de fanáticos de Los Ángeles. Algunos que estuvieron allá ese día habían salido de casa a ver a sus campeones favoritos como lo era ese Mel Patton a quien le decían cariñosamente “Pell Mell,” ese quien había sido el hombre quien dominaba la velocidad de las 100 yardas planas de todo los tiempos, aun el estuvo sorprendidos por el cabriolito desconocido de Panamá, quien virtualmente le había dado una lección en como correr sprint de campeonato.

De hecho, el cabriolo LaBeach incluso había sorprendido al equipo de entrenadores de UCLA entre los que estuvieron los no creyentes en las habilidades de un desconocido de un país tan desconocido como era Panamá. El joven se había tan solo ese día hecho que su nombre y el de su país sonara no sólo aquel día de su primera reunión atlética, encima había rastrillado un expediente que rompía marcas en reuniones atléticas subsecuentes. Lloyd LaBeach incluso había igualado a ese famoso Jesse Owens como los únicos dos atletas de mundo de la pista y campo de haber igualado y hasta habían rotos sus propios marcas mundiales en el plazo de menos de 24 horas.

Lloyd había permanecido de un ánimo espiritual muy alto mientras que estuvo en esa universidad de UCLA entrenando y además estuvo pasando todas sus clases con grados excelentes, siempre con miras adelantadas a verse graduando en ese verano de 1948. Sin embargo, el entrenamiento intensivo que había él estado experimentando iba a estar sirviéndole bien y manteniéndole hombro a hombros con corredores de talla mundialistas con quienes él pronto estaría enfrentándose en las Olimpiadas próximas a celebrarse ese verano en Londres, Inglaterra, que iba a ser ese rematado para una brillante carrera para ese joven de la raza Westindian Panameña.

Esta historia continúa.

Estrategias en Juegos de Pista y Campo

El campeón olimpico Panameño, Lloyd LaBeach.

Royce Hall en UCLA


Esa alegría escarpada que sale a relucir en las competiciones, aunque era la parte más importante que impulsaba a Lloyd LaBeach en ese deporte de pista y campo en su temprana juventud, sería lo que lograra segundo lugar a los desafíos que iba a enfrentar como competidor nato y verdadero. Los entendidos del deporte entienden las complejidades y demandas a su cuerpo en el campo de pista requerirían de gran estudio, paciencia y ese inmortal del Lloyd La Beach iba a ganar la admiración de sus entrenadores y su Coach Panameño y otros e su etnia Westindian, cuyos consejos seguía al pie de la letra y tan de cerca como pudo, mientras los juegos fueran en Panamá y permitieran hacer en cambios de estrategia en esos entonces.

El año de 1946 llegaría a encontrar al ilustre Lloyd nuevamente viajando. Esta vez no sería viaje corto que había a menudo de Jamaica a Panamá y viceversa en buques de vapor. En cambio era por vía aérea hacia el norte como estudiante de universidad, viéndose ser un ascendente hombre educado en una universidad. A la Universidad de Wisconsin en el Condado de Maratón, cerca de la ciudad de Wausau, estado de Wisconsin. Aquella institución había sido fundado en el año de 1933, y estuvo concediendo becas a atleta excepcional en Panamá con todos los costos pagados. Lloyd La Beach iba a poder, si así lo deseara, aceptar estudiar y a la vez entrenar con ellos en sus programas de atletismo, llegar a estar graduándose e incluso avanzar a post grado en la misma institución.

Lloyd La Beach llega a la universidad de Wisconsin y se instala unos de los dormitorios universitarios durante los meses de verano y su animo jovial le permitió hacer amigos fácilmente entre los estudiantes de raza negra además de el personal y los atletas del departamento de la educación física. Había de comenzar su programa de entrenamiento con el mismo ánimo entusiástico y su espíritu competitivo que lo caracterizaba. Entre tanto había estado siendo reconocido y ganando admiradores. Sin embargo, cunado los meses de invierno entraron en esa tundra norteña, con sus típicas nevadas que rompía las marcas anuales de caídas de nieve, Lloyd no había podido adaptarse. Se comenzó a sentir muy confinado y obstaculizado físicamente mientras que el tiempo frío interrumpía su programa de entrenamiento. Entristecido y frustrado sentía que él ni ningún otro nada podría hacer por esos inesperados acontecimientos.

El equipo organizador en las oficinas de la Unión de Estudiantes Negros hizo lo posible para hacer su estancia en la Universidad tolerable, organizando viajes en automóvil a los bailes que también se llevaron a cabo en las secciones de las gentes de la raza negras de las ciudades pequeñas circundantes a Wausau. Llagaría a estar visitando el pueblo de Maratón, Rib Falls, y Little Chicago que eran lugares en donde la muchedumbre universitaria de raza negra se mezclaba con los locales y en donde les daban la bienvenida gentes de la comunidad negral. Mientras tanto, esos meses de invierno parecían hacer que esos lugares desaparecieran bajo una manta de nieve profunda, que hacía a Lloyd sentirse más encerrado.

Las condiciones climáticas culminantes y extremas no eran sólo la causa de su depresión continua en general, en cambio había encontrado que su enfermedad era una tremenda “cabanga,” por verse nuevamente en Panamá y en ese viejo Estadio Olímpico, que él y sus amistades utilizaban para sus entrenamientos allá en el Calidonia de los Westindians. Esos sentimientos crecían con cada día que pasaba además que le habían hecho una oferta de traslado a otra Universidad. Sus hazañas durante esas reuniones del verano en Fresno de California, llamadas Los Relays de Fresno, iban a ser sin lugar a dudas sin embargo, lo que le habían presidido hasta que llegara finalmente a la Ciudad de Los Ángeles, hogar de la universidad de California en Los Ángeles.

Nuevamente se incorporaría a los Relays de Fresno y los fanáticos llegaría a estar observando y animando a sus atletas locales y al mismo tiempo ver a algunos de los atletas más sobresalientes de esas universidades y del mundo. En esta atmósfera de una diversidad encontrada de Fresno fue lo que hacia resplandecer a ese joven competidor, incluso hoy mismo, esa tradición única qué llegaría a tener los 76 años ha continuado y ha crecido en fama por tantos años.

Muy pronto, el teléfono de su dormitorio iba a estar sonando y las oficinas de los entrenadores estuvieron recibiendo continuamente llamadas de larga distancia con respecto a su sprinter estrella. Así fue que los arreglos se hicieron para que Lloyd recibiera una beca en esa Universidad de California.

El estudiante transferido, Lloyd La Beach, estuvo nuevamente viajando por aire esta vez a través de todo el país de Estados Unidos para resolver las responsabilidades y defender su reputación de sprinter ascendente y que venía llegando con exigíos. El impresionante aeropuerto internacional de Los Ángeles para ese joven era un espectáculo de luces que hacían que se sintiera insignificante y humilde.

Dentro de la muchedumbre de pasajeros que recientemente estuvieron llegando estuvo ese estudiante de universidad ahora levemente mas sofisticado que antes y quien tenia la única preocupación de encontrar cómo él iba a conseguir llegar a ése champús famoso de UCLA de California. Sin embargo, muy pronto iba a encontrar su nombre escrito en una pancarta hecha a mano mostrada por alguien dentro de la muchedumbre quien impacientemente esperaba su llegada, entonces sus preocupaciones habían desaparecido.

Cuando finalmente se había acercado a la muchedumbre y a la persona que mostraba la pancarta que lo identificaba. “Yo soy Lloyd La Beach!” le decía al portador de la pancarta que resultó ser uno de los ayudantes del entrenador y luego ellos emprendieron la marcha a través de la “ciudad de Los Ángeles” ciudad que Lloyd muy pronto iba a conocer como su hogar por los próximos años hasta llegar a graduarse.

Esta historia continúa.

Lloyd La Beach – Con La Rapidez de Ángeles

Imagen de Reginald Beckford, velocista
y ganador del la primera Medalla de Oro
para Panamá en los II Juegos Centroamericanos
y del Caribe en La Habana, Cuba 1930.
Photo gracias a La Etnia Negra de Panama

Imagen de Lloyd LaBeach junto
a su entrenador y sus camaradas
atletas. De izquierda a derecha,
Coach Carlos Belizaire Bussette,
Sam La Beach, Cirilo McSween,
Frank Prince y Lloyd La Beach.
Imagen gracias al Sr. Oswald Baptiste

Para la mayoría de nosotros de la comunidad Westindian que reside en Panamá muy poco se sabe referente al inmortal sprinter, ese velocista llamado Lloyd la Beach. Para la familia de aquel niño, que se convertiría en varón extraordinario que llegaría sobrevivir, para anunciar la misión que tuvo en beneficio de la juventud negra de sus tiempos, el tenía fondo familiar similar a los millares de familias Westindians. Le era así a todas esas familias en que su hombre y varones de edad para laborar se había aventurado a ese lugar llamado Panamá. Era con una alta esperanza de poder escapar los embates de una esclavitud además de una privación económica voraz. La familia La Beach era de Jamaica y también fue atraída, como fue así con muchas otras familias, a ese enorme proyecto que se realizaba para construir aquel canal que llamamos Canal de Panamá. Iba a resultar siendo hazaña que había sido sueño de todos marineros desde la época de Cristóbal Colón.

El joven Lloyd LaBeach quien nace en 1922 en Panamá iba a ser un agregado mas a otra creciente familia de Samuel y Julia La Beach. Ese varón de todos los niños de la familia La Beach, sin embargo, sería el único de sus hijos nacido en suelo Panameño. La familia había llegado a ese lugar llamado Panamá siguiendo al Señor Samuel La Beach Padre, atraída por los trabajos en progreso en lo qué entonces fue llamada la “Gran Zanja” comenzada por la Compañía Universal Francesa que iba a conocerse como la que habían llegado a la bancarrota en 1889.

Incluso para que aquella familia considerar dirigirse hacia Panamá en esa época requirió pago de impuesto de salida, que se había hecho obligatorio por el gobierno Jamaicano desde que el proyecto francés había fallado dejando a millares de trabajadores Jamaicanos y otros trabajadores Westindian trenzados a la deriva en Panamá. Aquellos hechos había sido un desastre para el gobierno Jamaicano tanto para los trabajadores quienes fueron forzados a tener que pedir que los repatriaran, y aquellos eran los afortunados en poder llegar nuevamente sus su patria isla, a menudo acosados por enfermedades sin recompensa de jubilo. En cambio Samuel La Beach, estuvo con férrea determinación de poder triunfar, así que él pagó el impuesto necesario y animo a su familia para enfrentar la aventura venidera.

La familia La Beach entonces llegaría a unirse a otras familias Westindian en lo que resultaría siendo esa fuerza de trabajo más grande, cual estuvo todavía montada en el proyecto de construcción de la famosa y legendaria obra. Después de que la familia se llegaría a colocar en el conocido barrio de Calidonia, Don Samuel entonces decidiría intentar encontrar otras oportunidades que fuera el no seguir laborando en la Zona del Canal Americana con su degradante forma de laborar en la racialmente segregada Zona del Canal. Iba ser el sector de comercio privado en que iba a poder levantar negocio que le hacia evitar ese tratamiento degradante sufrido por la mayoría de los trabajadores Westindios de la época. De hecho iba a establecer una de las primeras flotas de automóviles coche-taxis al servicio del comercio turístico, que cada día estaría viéndose con mayores oportunidades de servir a los extranjeros, sobre todo turistas americanos, además de las fuerzas militares de Estados Unidos, en tiempos en que se ampliaba la Zona del Canal de Panamá Estadounidense.

Después de varios años de trabajo, aunque la empresa del negocio del Señor LaBeach se vio muy acertada en sus decisiones comerciales, El Señor Samuel decidiría volver a trasladar a toda la familia y su negocio a su querida Jamaica y eso mientras que sus hijos estuvieran todavía siendo jóvenes en edad. La Providencia mandaría, sin embargo, que el inmortal Lloyd LaBeach, el único niño de la familia La Beach que había nacido en el Istmo de Panamá, tendría ese Panameñismo que siempre tiene ese acoplamiento con su país de nacimiento Panamá.

Aunque los entornos de Jamaica eran casi iguales que Panamá, nuestro Lloyd tenía esa “cabanga” nata de los hijos de Panamá. Allá era en donde él podría ver a negros estar hablando en la lengua Española cosa que él amaba tanto escuchar. Muy temprano en sus años escolares primarios Lloyd había descubierto que él poseía esa velocidad de ángeles, puesto que podía correr tan o más rápidamente que cualquier muchacho en toda la región. Fueron días en que después de estar jugando con sus compañeros y a pesar de su aparecer estar aparentemente frágil de cuerpo, sus profesores de la Kingston Tutorial College, quienes reconocieron sus capacidades tan extraordinarias lo animaron a que comenzara a entrenar como sprinter.

Después de haber completado su educación secundaria, sin embargo, Lloyd La Beach comenzó a sentir ese urgente llamar del espíritu a que volviera a Panamá, fue llamado que tan solo se puede describir como el divino que poseen las aves migratorias y los Ángeles. Lloyd entonces comenzara a abogar con sus padres esa urgencia implacable que lo haría volver a su bendita Tierra Madre. Y fue así que, con la bendiciones de sus padres, fue permitido a volver a su lugar de nacimiento, al “lugar en donde se le había sido enterrada su hilo umbilical,”como es decir entre los ancianos de la diaspora Westindian. Ésa sería manera en que popularmente las gente ancianas Westindian de Panamá tenían como explicar la fuerte atracción que haría que uno todavía sabiendo el ambiente agresivo y siempre hostil que es Panamá y que era todavía en esos entonces para la juventud Panameña de descendencia Westindian.

Seria en su país Panamá, sin embargo, que ese joven Lloyd LaBeach llegaría estar sintiendo ese rejuvenecedor espíritu que le hacia sentirse un joven feliz. Fue entonces que él veloceaba y corría en cualesquiera de y cada una de las competencias los educadores tanto en su Panamá como también en la zona del canal negra que eran organizadas en esos entonces. El joven corría y saltaba de la alegría que le surgía al verse siempre vencedor a los mejores de todos los atletas Panameños quienes también aspiraban a ser atleta de pista y campo. Eventualmente atrajo la atención de los profesores más notables de sus tiempos, tales como Sr. Reginald Beckford y Carlos Belizaire Bussette, quienes se harían sus confidentes y amigos íntimos del joven atleta.

Esta historia continuará.