Tag Archives: Literatura-Afro

Armando Fortune- ‘Sin el Negro Panamá no Sería Panamá’

Imagen gracias a la Biblioteca Nacional

De no ser por el legado intelectual/literario del Profesor Armando Fortune (1921-1979) nosotros en Panamá no tendríamos la dicha de celebrar el mes de la Etnia Negra.

Con todo el respeto y el reconocimiento que se merece el Honorable Claral Richards Thompson tanto como el Diputado Osman Gomez, quienes gestionaron la Ley #9 del 30 de Mayo dándole fundamento legal nacional al Día de la Etnia Negra, el Profesor Fortune, como predecesor, fecundó la tierra para que todo esto pudiera suceder.  Mas allá de valiente, fue un verdadero campeón por la causa del reconocimiento de la vital presencia y contribución del negro en la cultura Panameña. Continue reading

Convivencias

El Club Palmira contaba con un gran número de miembros de la comunidad Westindian.

Algunas otras historias en la misma edición de aquel diario revelan el nivel de refinamiento de la época ya que a estas alturas en la historia de la cultura Westindian en Panamá, los descendientes de los originales Silvermen habían formado toda una definida red social.  Entre otras cosas, esta sociedad se desempeñaba en actividades como tertulias, fiestas hogareñas, celebraciones religiosas, reuniones de sus fraternidades y sociedades cívicas, y, por supuesto, sus musicales.  Continue reading

La Evolución de la Literatura Negra – Un muestreo

Fernando Ortiz Fernandez, erudito
Cubano y apasionado estudiante de la
literatura y cultura Afro-Cubana. 

 

 

Emilio Ballagas, gran poeta Cubano.

Esos fueron los tiempos en la era del siglo diecinueveavo en que iba a concluir es inminente comercio de la Esclavitud Negrera y de su colindante sistema social que intentaría legislar al estar inculcándole miedo y terror en especial a los hombres de color. Llegaría a ser que tanto para los libres como los esclavos de esos entonces, ese sería el mensaje que se mandaría a otros escritores y músico de la raza negra. Aquello del fusilamiento significaría que para esos artesanos quienes por amor de su arte elegido en el campo de las escrituras y de los temas que compondrían de sus raíces ancestrales y culturales africanas, se atreverían a poner en evidencia su apuro en abierto, para que el mundo de esos tiempos se enterara y también estuviera precavido.

Con este fin aquí enumeraremos a algunos de los valientes individuos en el campo de la literatura negra latinoamericana quienes fueron tan valientes como los que están mencionados en otras entregas. Esos quienes llegarían también a estar encendiendo los candiles de la cultura negra hispana y que llegarían a destacarse, tomando sus lugares en un área de las artes tan desconocida como es el arte de la escritura. De vez en cuando durante nuestra charla, en que discutiremos el tema, marcaremos nuestro ritmo con cuentos de otras luminarias literarias del género. Entre tanto nos tocara no obstante mencionar a Emilio Ballagas, quien tomaría su lugar entre los gigantes de la Poesía Negra de Hispanoamérica.

Entonces llegarían tiempos que luego encontraríamos a ese Fernando Ortiz Fernández, y un Vicente Cortés Alonzo quien produciría en personas tales como este su servidor e investigador, tan abundante alimento para su alma vacía y una alma sumamente descuidada culturalmente cuando estuvo por primera vez leyendo de Cortés Alonzo en sus cuentos sobre “Los Esclavos Domésticos de América.” El descubrir que el esclavo doméstico de las Américas, cuento que es al respecto como era la esclavitud en San Juan de Puerto Rico, durante los años entre 1800 y 1811.

Llegarían tiempos que entonces nos encontraríamos en el año de 1932 de nuestro vigésimo siglo en que Joseph John Williams autor del libro “Voodoos y Brujerías Africanas,” una historia en que proyecta una reveladora forma de vida cultural esotérica negra encontrada no solo en estados unidos sino en toda América negra. Ésos eran algunos de los trabajos que llegaría a poder encontrar en la gigantesca biblioteca pública que inspiraba malos presentimientos de completa ignorancia en ese Nueva York cerrado.

Es así que logro aprender eventualmente a vagar en sus catálogos de estantería y sus gaveteros de tarjeta y a aguardar pacientemente rezando que algunos de los libros solicitados me llegaran alguna vez en ese día. Días y noches pasaría en esos pasillos gigantescos hecho solamente para la lectura, como hablando a solas con algunos de esos espíritus de eruditos quienes todavía guardaban tenazmente sus obras. Me fue entonces dado esos años 70s en que me absorbí enteramente en la investigación, en que llegaría a ser unas de las últimas personas en abandonar ese 3er piso de esa biblioteca para emprender ese largo paseo a casa en los ruidosos trenes subterráneo que a la vez congelaban hasta el alma mas valiente y osado.

Ésos fueron tiempos en que recordaría estar a solas a medianoche, en trenes urbanos casi desérticos, que hacían recordar que seguía siendo uno que estuvo lejos de tener ese calibre de escritor en que había estado soñando ser, en días de una niñez en que estuve imitando ser escritor debajo de la cama de mis padres. Los días eran también en que casi había llegado a perder mi entusiasmo cuando la realidad de las cosas infringían en el alma mostrando con pruebas de que ningunas de las cosas que había estado descubriendo y notando en sendos cuadernillos iba a ser publicado en la América racista.

Aunque ésas fueran las experiencias que también había llegado a imaginar que otros investigadores habían tenido que atravesar, me era como si ellos habían dejado sus huellas para que por ejemplo personas como lo era yo fuese el que pudiese tener esos breve parpadeos mientras ojeara lo qué tomaría para dejar también huellas en la literatura negra latinoamericana o estadounidense en cualquiera de las lenguas pedidas prestadas.

Con todo lo anterior dicho es hora de sacar a relucir algunos incidentes en que los hombres y mujeres que habían llegado a alumbrar ese Panamá de mis días de niñez. Estos individuos únicos a quienes realmente deseo introducir aquí habían sido para mí valiosos acopladores con el siglo diecinueveavo así como algunos de las luminarias literarias que he antes mencionado.

Esta historia continúa.