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Lloyd La Beach – Con La Rapidez de Ángeles

Imagen de Reginald Beckford, velocista
y ganador del la primera Medalla de Oro
para Panamá en los II Juegos Centroamericanos
y del Caribe en La Habana, Cuba 1930.
Photo gracias a La Etnia Negra de Panama

Imagen de Lloyd LaBeach junto
a su entrenador y sus camaradas
atletas. De izquierda a derecha,
Coach Carlos Belizaire Bussette,
Sam La Beach, Cirilo McSween,
Frank Prince y Lloyd La Beach.
Imagen gracias al Sr. Oswald Baptiste

Para la mayoría de nosotros de la comunidad Westindian que reside en Panamá muy poco se sabe referente al inmortal sprinter, ese velocista llamado Lloyd la Beach. Para la familia de aquel niño, que se convertiría en varón extraordinario que llegaría sobrevivir, para anunciar la misión que tuvo en beneficio de la juventud negra de sus tiempos, el tenía fondo familiar similar a los millares de familias Westindians. Le era así a todas esas familias en que su hombre y varones de edad para laborar se había aventurado a ese lugar llamado Panamá. Era con una alta esperanza de poder escapar los embates de una esclavitud además de una privación económica voraz. La familia La Beach era de Jamaica y también fue atraída, como fue así con muchas otras familias, a ese enorme proyecto que se realizaba para construir aquel canal que llamamos Canal de Panamá. Iba a resultar siendo hazaña que había sido sueño de todos marineros desde la época de Cristóbal Colón.

El joven Lloyd LaBeach quien nace en 1922 en Panamá iba a ser un agregado mas a otra creciente familia de Samuel y Julia La Beach. Ese varón de todos los niños de la familia La Beach, sin embargo, sería el único de sus hijos nacido en suelo Panameño. La familia había llegado a ese lugar llamado Panamá siguiendo al Señor Samuel La Beach Padre, atraída por los trabajos en progreso en lo qué entonces fue llamada la “Gran Zanja” comenzada por la Compañía Universal Francesa que iba a conocerse como la que habían llegado a la bancarrota en 1889.

Incluso para que aquella familia considerar dirigirse hacia Panamá en esa época requirió pago de impuesto de salida, que se había hecho obligatorio por el gobierno Jamaicano desde que el proyecto francés había fallado dejando a millares de trabajadores Jamaicanos y otros trabajadores Westindian trenzados a la deriva en Panamá. Aquellos hechos había sido un desastre para el gobierno Jamaicano tanto para los trabajadores quienes fueron forzados a tener que pedir que los repatriaran, y aquellos eran los afortunados en poder llegar nuevamente sus su patria isla, a menudo acosados por enfermedades sin recompensa de jubilo. En cambio Samuel La Beach, estuvo con férrea determinación de poder triunfar, así que él pagó el impuesto necesario y animo a su familia para enfrentar la aventura venidera.

La familia La Beach entonces llegaría a unirse a otras familias Westindian en lo que resultaría siendo esa fuerza de trabajo más grande, cual estuvo todavía montada en el proyecto de construcción de la famosa y legendaria obra. Después de que la familia se llegaría a colocar en el conocido barrio de Calidonia, Don Samuel entonces decidiría intentar encontrar otras oportunidades que fuera el no seguir laborando en la Zona del Canal Americana con su degradante forma de laborar en la racialmente segregada Zona del Canal. Iba ser el sector de comercio privado en que iba a poder levantar negocio que le hacia evitar ese tratamiento degradante sufrido por la mayoría de los trabajadores Westindios de la época. De hecho iba a establecer una de las primeras flotas de automóviles coche-taxis al servicio del comercio turístico, que cada día estaría viéndose con mayores oportunidades de servir a los extranjeros, sobre todo turistas americanos, además de las fuerzas militares de Estados Unidos, en tiempos en que se ampliaba la Zona del Canal de Panamá Estadounidense.

Después de varios años de trabajo, aunque la empresa del negocio del Señor LaBeach se vio muy acertada en sus decisiones comerciales, El Señor Samuel decidiría volver a trasladar a toda la familia y su negocio a su querida Jamaica y eso mientras que sus hijos estuvieran todavía siendo jóvenes en edad. La Providencia mandaría, sin embargo, que el inmortal Lloyd LaBeach, el único niño de la familia La Beach que había nacido en el Istmo de Panamá, tendría ese Panameñismo que siempre tiene ese acoplamiento con su país de nacimiento Panamá.

Aunque los entornos de Jamaica eran casi iguales que Panamá, nuestro Lloyd tenía esa “cabanga” nata de los hijos de Panamá. Allá era en donde él podría ver a negros estar hablando en la lengua Española cosa que él amaba tanto escuchar. Muy temprano en sus años escolares primarios Lloyd había descubierto que él poseía esa velocidad de ángeles, puesto que podía correr tan o más rápidamente que cualquier muchacho en toda la región. Fueron días en que después de estar jugando con sus compañeros y a pesar de su aparecer estar aparentemente frágil de cuerpo, sus profesores de la Kingston Tutorial College, quienes reconocieron sus capacidades tan extraordinarias lo animaron a que comenzara a entrenar como sprinter.

Después de haber completado su educación secundaria, sin embargo, Lloyd La Beach comenzó a sentir ese urgente llamar del espíritu a que volviera a Panamá, fue llamado que tan solo se puede describir como el divino que poseen las aves migratorias y los Ángeles. Lloyd entonces comenzara a abogar con sus padres esa urgencia implacable que lo haría volver a su bendita Tierra Madre. Y fue así que, con la bendiciones de sus padres, fue permitido a volver a su lugar de nacimiento, al “lugar en donde se le había sido enterrada su hilo umbilical,”como es decir entre los ancianos de la diaspora Westindian. Ésa sería manera en que popularmente las gente ancianas Westindian de Panamá tenían como explicar la fuerte atracción que haría que uno todavía sabiendo el ambiente agresivo y siempre hostil que es Panamá y que era todavía en esos entonces para la juventud Panameña de descendencia Westindian.

Seria en su país Panamá, sin embargo, que ese joven Lloyd LaBeach llegaría estar sintiendo ese rejuvenecedor espíritu que le hacia sentirse un joven feliz. Fue entonces que él veloceaba y corría en cualesquiera de y cada una de las competencias los educadores tanto en su Panamá como también en la zona del canal negra que eran organizadas en esos entonces. El joven corría y saltaba de la alegría que le surgía al verse siempre vencedor a los mejores de todos los atletas Panameños quienes también aspiraban a ser atleta de pista y campo. Eventualmente atrajo la atención de los profesores más notables de sus tiempos, tales como Sr. Reginald Beckford y Carlos Belizaire Bussette, quienes se harían sus confidentes y amigos íntimos del joven atleta.

Esta historia continuará.