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Las Relaciones Entre Los Coolíes y Los Westindian

imagen  wikipedia.com

Desde los inicios de la época ferrocarrilera y el desarrollo del imperio bananero en la región centroamericana y el Caribe el chino siempre ha aparecido junto a los esclavos negros Westindian. Tan cerca trabajan y se relacionaban el uno con el otro que algunos estudios han demostrado que los siervos africanos efectivamente adoptaron algunos de los matices de la cultura china en su diario vivir y hasta en su perspectiva cotidiana. Continue reading

Extranjeros o Ciudadanos- La Presencia de los Asiáticos y los Westindian

El tema de la discriminación racial, en nuestra opinión, ha tenido gran cause en cómo la gente asiática en la república de Panamá ha podido sobrevivir los períodos de xenofobia, tanto como los Westindian, y ser incluidos en la historia Panameña. Sigue siendo una parte de la historia, hasta ahora incontable, particularmente en cuanto a sus relaciones entre si y con los Westindian en su entorno. Continue reading

Las Historias y los Actores Extraviados

El Templo Hindú en Panamá

Una Procesión Hindú en las calles de Panamá


En el mejor de los casos, tenía información incompleta hasta ahora, y no podía esperar el día en que pudiera encontrar una biblioteca para ver lo que tenían que decir los periódicos locales sobre el período que yo investigaba. De niño y como un joven precoz me había auto-instruido en como leer y escribir, ya que mi situación familiar no se prestaba para mucha estabilidad. Al lograr entrar al colegio siempre sobresalí en mi trabajo académico pero considero que fallé relacionándome con mis pares en ambas idiomas.

Sin embargo, mi memoria casi fotográfica me ayudó en mi celo por recordar mi vida y la de mi gente como una de las partes más importantes de la historia panameña. Aunque un niño joven, siempre me impresionó el hecho de que yo había vivido, junto con mi gente, los Westindian, una época notable durante su peregrinaje dentro de la historia de Panamá.

El tiempo y el lugar, entonces, llegaron a ser tan importantes como la búsqueda de un plato de comida o un sorbo de agua. El tiempo y el lugar se convirtieron, para mí, en una oportunidad de observar cómo los “actores” se introducirían en los papeles que ellos mismos odiarían, más adelante, incluso hasta mencionar. Como el niño-hombre notaría cómo estos actores, en la persona de mi gente, incluso negarían memorias de los acontecimientos dignos de ser escrito y colocados en el altar de la posteridad. Tal sería mi aferramiento a las memorias que han hecho de mi vida lo que es hoy.

Las memorias de Asia y de los asiáticos en mi vida personal volvieron a frecuentar mi ensueño, pues recordé lo unidos que habían sido Luisa y Jack. Además, mis propias memorias de la raza y la discriminación racial entre los asiáticos contra los negros Westindian y cómo los asiáticos eran normalmente resistentes a cualquiera asociación con los Westindians en sus negocios o en cuanto a sus uniones importantes como el matrimonio. Eso es, si ocurrían, lo cual era tan raro que uno los vio apenas, mucho menos los productos de su unión.

Exploré mi memoria para esos casos donde en las comunidades de los chinos o de los hindú habría sido aceptado esa especie de unión o asociación, pero solo pude hallar un caso y había sido solamente en mi caso personal. Había sido una época de mi vida de que incluso intentaría olvidarme a causa del trauma emocional sufrido en esa relación, que comenzó en mi adolescencia como mi primera ilusión de amor.

Ahora que, como historiador, intentaba cavar en el asunto de la relación de esos grupos asiáticos con mi gente, los Westindians, de la cual que las comunidades chinas e hindúes de Panamá parecían haberse olvidado. La gente que realmente sufrió los flagelos de la nómina de plata, The Silver Roll, el sistema racialmente segregado durante esos mismos años que los africanos del sur y la gente en la India y China sufrieron la agresión del mismo sistema. Desemejante de sus contrapartes asiáticas, los Westindians de Panamá han sido una gente, que, como grupo étnico en el país de Panamá y en la zona del canal, parecían seguir siendo los eternos extranjeros, mientras que las comunidades chinas e hindúes generalmente han ganado aceptación sin ninguna oposición.

Hoy los panameños Westindian siguen siendo la misma gente aunque sus niños y nietos han sido asimilados integrándose en el complejo social de las comunidades dentro de su país. Sin embargo, aun reclaman lesiones emocionales del viejo racismo y rechazamiento de su contribución al país. Todavía, los Westindians de Panamá estamos intentando, con mayor dificultad, marcar nuestro propio lugar en el “Crisol de Razas.

Quizás éste será el siglo para que apreciemos la agregación de metales que somos nosotros en la cultura nacional. Ésta es mi esperanza que un gesto del amor fraternal se desarrollaría como nuestros niños Westindian hacen su regreso a Panamá como hijos pródigos que quieren permanecer en “casa” para siempre. Aunque los demonios del reinante odio racial nos han marginado y nos han mantenidos apartados, nosotros los productos del Westindian y los remanentes de los coolies asiáticos, mi rezo es que vendremos juntos, como hermanos, a recordar una historia que ambos iniciamos al mismo tiempo en nuestro querido istmo en el siglo pasado.

Esta historia continúa.

Tres Continentes Sentados Juntos

Otra vista de la Represa Madden.
Aun se puede ver la espesa selva que rodea el area,
tal y como era en los días de los jóvenes Jack y Luisa.


La próxima ronda de delicias fueron servidas cuando nuestra anfitriona me lleva nuevamente a los días nuestros de la realidad de lo que era el Panamá de nuestros ancestros. Era una historia de la cual las gentes nuestras todavía no se atrevían a contar, y ni aun llegar a imaginarse. “¿Vez este hombre que esta aquí sentado?” pregunta ella de pronto esperando que yo reaccionara. Intrigado, ya no podía apartar la vista del caballero anciano que, a pesar de su aspecto humilde y reservado, parecía tener mucha historia que contar también. Enfocado ahora en aquel Señor,
Jack London, lo juzgaba ser un Señor Hindú, solo que no portaba ese turbante característico que lo delatara como tal.

Pausé mientras lo observaba por primera vez, ya que el varón parecía permitir a su esposo liderar las conversaciones en compañía de foráneos. Me daba cuenta del significado de estar en la presencia de otro de nuestros ancestros Westindian, y, sobretodo sentado junto- los tres continentes en una mesa. De pronto escucho a mi esposa preguntar, “¡Y ustedes, ¿que tiempo tienen de estar casados?” Como cualquiera otra esposa la Doña Luisa contesta, “Hemos estado casados por mas de….”

De pronto había cortado la respuesta que nosotros ansiosamente esperábamos. Luego pregunta, “Les apuesto que no podrán adivinar cuantos años son?” Sonreía pícaramente, la Doña Luisa, mirándonos a nosotros los jóvenes foráneos con ese brillo especial en los ojos. Ya que nosotros éramos los supuestos profesionales graduados en el rango de la Gerontología, parecían sus ojos decir que deberíamos poder calcular algo tan simple como eso. Decidí rendirme ya que no podía imaginarme el tiempo que esos dos enigmas estuvieron casados. Buscaba en el rostro de nuestra anfitriona alguna pista, luego dejé subir y caer los hombros y dije, “No…realmente no tengo idea de cuanto tiempo tienen ustedes de casados.”

Con la ancha sonrisa de la victoria pintada en los labios Doña Luisa anuncia orgullosamente, “Actualmente estamos juntos mas de setenta años, y hemos tenido once hijos y ahora mas de veinte nietos.” Había visto parte de la gran tropa que componía ese Clan, pero antes de que pudiera preguntar como fue que se habían encontrado para enamorarse, nuestra anfitriona ya lo relataba. “¿Saben que? Yo me iba caminando desde por acá hasta Chilibre por todo ese monte…y solamente para irme allá a ver a este donde él trabajaba.”

O sea, nuestra querida anfitriona no había dejado que algo tan insignificante como las grandes distancias, los montes, ni las selvas se interpusieran en ese gran romance entre ella y su Jack. “¡Simplemente me tiraba para allá solita!” siguió contando tranquilamente con esos ojos juguetones que brillaban mas que la luna llena en una noche tropical, revelando ese sentido de triunfo de haber hecho tales cosas. “Me iba para encontrarme con él,” finalizando ella su relato de sus días de joven romance.

De pronto Jack afirma lo que faltaba para completar la historia. “Si es cierto, así fue. Yo estuve trabajando por allá fuera en esa Represa de Madden, cuando, de pronto, ella se presentaba y así fue con nosotros todo el tiempo que estuve por allá trabajando. Eso era porque yo no salía de esos entornos, en realidad ninguno de nosotros salía a ninguna parte saben.”

Esta historia continúa.