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La Impaciencia Yankee y la Sombra de la Esclavitud

Imagen: Antigua foto del Panama Rail Road

Los acuerdos que se habían hecho entre los del norte y los del sur de la entrega total, o de venta a largo plazo, de toda esa región del país llamado Panamá estaban prácticamente sellados. Fraguados habían sido los tratos para que Washington se apoderara de esa nación llamada Panamá que se habían que se habían platicado en reuniones al azar entre los barones de las plantaciones, uno de los grupos norteamericanos mas privilegiados del área que había recibido generosas concesiones de casi todos los países liberados luego de 1821 como lo era, también, Panamá.

Centroamérica, en realidad, era suya. Entre tanto, aquella compañía ferroviaria que operaba nuevamente, el Panamá Railroad Company, que en otra hora había adquirido y asegurado los derechos de todas las vastas tierras del área de transito mas antiguo del continente americano que era ese Camino Real, seguía disfrutando de sus jugosas concesiones. Los norteamericanos habían asegurado sus derechos sobre una de las primordiales áreas comerciales que había hecho de España un poderoso y opulento imperio en Europa. Habían logrado, nuevamente, hacer de esa estrecha franja del continente un área de mucho y, por supuesto, rentable transito.

De aquella concesión nunca jamas se iban a deshacer ya que habían asegurado derechos posesorios de una de las áreas que, en su tiempo, resultaría ser la mas estudiada por los ingenieros del mundo que se aferraban a ese sueño de tan solo poder llegar a ver flotando navíos de alta envergadura sobre las aguas unidas en la franja de una charca que se abriera sobre tierra en esa área. Se aproximaba la hora en que tendrían en sus manos esos acuerdos de excavaciones que, de acuerdo con los ingenieros exploradores, les aseguraría al mundo la certeza de esas posibilidades. Además, habían ya los ingenieros Franceses y las tropas de excavadores de Negros Westindian logrado hacer una gran cantidad de trabajo en las excavaciones y en la construcción de la infraestructura.

Sin duda, había llegad el momento que los “Americanos” habían esperado. Por fin podrían ver sus aspiraciones hecho realidad; es decir, poder asegurar, por causes legales y legislativas con los criollos, algo muy esperado por ellos. Aquello era poseer un país que fuese tan cerca y, a la vez, suficientemente lejos de los acontecimientos recientes que culminaron en La Guerra Civil sobre la vergonzosa esclavitud que Europa estuvo intentando acabar desde los años 1850’s. En cambio ese “Civil War,” que pretendía acabar con la esclavitud de los negros, parecía ser cosa de nunca terminar a pesar de haber plasmado su abolición en la Constitución de los Estados Unidos de América.

Lo que en realidad ocurría era que mas estados esclavistas se estaban agregando a la nueva Unión bajo la nueva Constitución. Así fue que los Estados Unidos había llegado a ser custodio, sino arbitro, de La Guerra de los Mil Días, actuando, en realidad, como los pacificadores de uno de los mayores levantamientos de indígenas y gentes criollas del pueblo. Se posicionaban pacientemente para esperar que los negociadores criollos estuvieran dispuestos a acciones mas decididas.

Esta historia continuará.

El Temor y La desconfianza se Riega por el País

Las imagenes son de la gente Ngobe que viven en Panamá en la actualidad.
Gracias a www.nativeplanet.org

Allá había permanecido el capitulo final de lo que había sido esa Guerra De los Mil Días, ese quinceavo día del mes de Mayo, de ese año venerable de 1903. En un torturado y acribillado cadáver quedaría amontonado el espíritu de un patriarcal ciudadano panameño. Habían creído acabar al fin con el espíritu de un hijo predilecto y héroe de la liberación. El ocaso encontraría fantasmas de la vergüenza y la decrepitud siguiendo a una madre patria desconsolada. Continue reading

De Montañeros a Combatientes Inteligentes

La foto es de unos niños soldados en
“La Guerra de Mil Dias”
Imagen gracias a www.wikipedia.com

La queja, específicamente, se trataba de un proyecto en particular en que el gobierno había asignado fondos del presupuesto a la partida de labor, que en la actualidad era exclusivamente hecha por los indígenas de la comunidad sin paga alguna. El proyecto envolvía la construcción de un muelle enorme que estaba a punto de completarse. El querellante describía los usuarios de la obra como todos unos comerciantes muy conocidos que se hacían ricos con ese comercio y otros menesteres que practicaban.

Además, continuaba la queja, ellos de la comunidad Indígena, eran puestos bajo arresto por los guardias policiales, como si fuesen prisioneros o reos que habían cometido infracciones algunas y puestos a laborar. Describía el querellante como eran buscados desde sus hogares y obligados a caminar con policias ante la comunidad entera hasta el sitio de las labores. El ciudadano autor del memorando cierra con una petición de que los ciudadanos fuesen liberados de tales trabajos forzosos, garantizándole su libertad, libertad que deberían poder gozar sin que se les impusieran temor y que, antes de esos eventos descritos, gozaban. Además, pedía que el gobierno nombrara un nuevo gobernador Indígena.

Los eventos que luego sucederían harían blanco de odio del hombre que había originado la querella ya que los comerciantes locales y los funcionarios del gobierno habían jurado vengarse. Como los de la elite local eran de tez blanca o quienes eran mestizos de la raza criolla se creían que de esa clase eran, habían decidido una retirada temporal por el fuego en que se encontraban por sus jefes en la capital Ciudad de Panamá. Esa tregua de pronto trairía un módico de paz a esa comunidad, la paz que necesitaba para llegar a tener vida progresiva.

Victoriano Lorenzo pronto sería nombrado por el gobierno como Secretario del Gobernador en el Cabildo Indígena, el cuerpo representativo del pueblo y de la comunidad Indígena. Los cabildos serían llamados a acta en el hogar del paladín, que había sido erigido por sus vecinos y miembros de la comunidad. De hecho, el nombramiento fue algo esperado por Lorenzo quien ahora era el nuevo Jefe, un líder que sus gentes habían esperado y alguien que reflejaría sus expectativas por muchos largos años. Era ese hombre, Victoriano Lorenzo, muy apreciado y respetado por las gentes. Uno que se esmeraba por demostrar su amor y quien era reciprocado por las gentes a quien gobernaba con justicia.

Mientras tanto, el nuevo guía de esa comunidad indígena se esmeraba por saber lo que ocurría en la capital por el bien de las gentes. En cambio, su gente mantenía una celosa vigilia en cuanto a cualquier asunto que pudiera llegar a perturbar a su caudillo y dirigente. Los hombres y los niños menores de edad mantenían una vigilancia rígida sobre su edil y cabeza de tribu. Su propiedad era propiedad de la comunidad y apostaban guardias en los alrededores de la propiedad de Victoriano, y así juramentaban a que guardaran con sus propias vidas a ese hombre y a esa propiedad.

Iban los de la comuna de Cocle encontrarse colaborando con una causa que su edil había dicho merecía apoyo, mandando cartas y documentos despachados por corredores a informar a miembros importantes de la comunidad por toda la región de Coclé. Eran de Victoriano las advertencias de que tenían que colaborar con otras de las luchas que, si victoriosos, beneficiarían a la juventud de su pueblo.

Nuevamente se vería esa comunidad enfrascada en combate armado contra la milicia acantonada en su pueblo. Ellos serían gamonales en contra de aquellos abusivos Conservadores, esos partidarios quienes estuvieron, por muchos años, abusando de la comunidad Indígena. La lucha se estuvo intensificando y era el año de 1900 por la guerra civil en Colombia. El entorno de los tranquilos campos de Coclé se encontraba tenso nuevamente. Las caballerías militares patrullaban los montes, y, como en el pasado, nuevamente estuvieron violando a las mujeres indígenas.

Era ese conflicto que llegaría a conocerse como “La Guerra de los Mil Días,” una historia que no llegaría a divulgarse, una guerra en que los Indígenas de Coclé se encontrarían inmiscuidos contra las fuerzas de un gobierno conservador que mas bien estuvo apoyando la realeza Española desde sus gobiernos centralistas. Mientras que los Conservadores estuvieron perdiendo el conflicto contra los Liberales en Colombia en una guerra civil candente, en Panamá los Liberales estaban perdiendo la guerra. Sin embargo, la historia recontaría las hazañas del pueblo Indígena de Coclé bajo su jefe, Victoriano Lorenzo, quien apoyaba los ideales Liberales. Los Liberales y sus aliados en Panamá estuvieron en la retirada de haber perdido la contienda en el puente de Calidonia en la Ciudad de Panamá.

Victoriano Lorenzo, como aliado de los Liberales, escondía gran cantidad de armas esperando que se le mandara a armar a un ejercito. Al recibir las noticias de la derrota en Panamá, manda a sus gentes a esconderse hasta recibir un llamado de su parte. Llegaría a ser que la pequeña banda de colaboradores Liberales indígenas sería lo único con que ese ejercito podría contar ya que estaba controlado por ese caudillo en la provincia de Coclé. Ese mes de Julio del 1900 sería fecha de la fatídica pérdida de las fuerzas Liberales en la ciudad de Panamá.

Todo el mundo involucrado en la guerra estuvo tratando de alejarse de la infame Batalla del Puente de Calidonia. En esos momentos la experiencia como reo en la Provincia de Chiriqui llegaría a servirle de mucha utilidad al caudillo Lorenzo con su conocimiento de almacenamiento en bóvedas. De hecho, Victoriano Lorenzo y sus pequeños comandos indígenas ya habían almacenado una importante cantidad de armas entre sus colaboradores de la rebelión.

Había, además, organizado una buena inteligencia de espías y guardias que sabían quienes eran los enemigos de siglos, y en donde estuvieron almacenadas las armas. Cómo llegar a entregar a los camaradas en los campos de la zona de guerra era lo que se debatían en la seguridad de las montañas.

Después de meditarlo unos cuantos días, Victoriano había decidido quedarse con las armas y mandar a reclutar una fuerza armada que se reuniría en las noches arriba en las montañas en una cueva que los indígenas mantenían en secreto. Su estrategia consistía en armar a las gentes y pronto atacar antes de que los refuerzos llegaran desde Colombia al apoyo de la milicia en los campos. Como gamonales, sin embargo, se vengarían las fuerzas de Lorenzo de esos conservadores que apoyaban a la realeza que, por décadas, habían violado a la comunidad Indígena.

Después de la derrota militar en Panamá, las fuerzas indígenas salieron de sus escondites llegando, nuevamente, a recoger las armas. Se les unían, además, algunos milicianos de los derrotados Liberales, que buscaban apoyar a los Indígenas. De hecho, los que en el pasado habían tenido que correr a ocultarse en el monte, esos quienes habían tenido que, forzosamente, abandonar sus chozas para vivir a la intemperie en las montañas, ahora recogían sus armas. La milicia de Victoriano estaba armada y sus antiguos “Montañeros” ya conformaban una armada disciplinada, dispuesta a pelear inteligentemente contra una milicia adiestrada. Los de esa guerrilla indígena se enfrentarían a tiros en contra de esa milicia que antiguamente siempre los había visto huir. Esta historia continuará.