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Compilando una Biblioteca de la Historia de Los Negros

Esta es la Biblioteca Pública de Nueva York-
New York Public Library, en Manhattan, una
verdadera joya y lugar en que pasé muchísimas
horas investigando el tema de La Diaspora Africana
en las Américas. Imagen gracias a El Mejor


La mayoría de todas las experiencias en que se adquiere informaciones con respecto a personas de la raza negra en este continente de Las Américas ha sido ganada descarga de frustraciones. Algunos de las bibliotecas y archivos más famosos del continente y las más confiables no tienen registros para la historia de negros o de las gentes de descendencia africana. Y así ha continuado siendo hasta en nuestros días, en especial para mi es que aquí en un país como es nuestro Panamá, en que los negros eran y han continuado siendo virtualmente la fuente laboral, muchos tiempos hasta en siglos llegando al siglo XVI.

Entonces ¿Cuáles serían las incidencias que han incitado a este quien escribe, como un desconocido quién tiene tanto amor por el arte de las escrituras, a continuar después de lo que ha estado contando y que usted lee aquí en estas páginas tan modernas del Internet? Son esas de entre otras que no pude encontrar en otra parte del mundo suficientes huellas que cuentan las actividades en la historia con respecto a las gentes denominadas de una raza Westindian de Panamá que es una amalgama de todas las otras razas Caribeñas.

Aunque los tiempos y la madurez habrían eventualmente curado esos comportamientos atroces de los gringos de la zona del canal de Panamá esos hechos que culminaron en las reversiones de esa zona franca no habían disuadido a las autoridades de los dos gobiernos principales en haberse tomado y transferido toda informaciones archívales vitales y la otra con un caudal de descendientes Westindian también esconde en sus archivos informaciones vitales cuando llegarían a tomar mando de valiosas fuentes archívales cuando cerró esa fecha de 1999.

Entonces nos es incluso tan difícil en este país de Panamá, un país en que la mayoría del grupo cultural Westindian Panameña, ha hecho tierra ancestral, verse como investigador que este haciendo investigaciones sobre ellos. Mas bien llegan a nuestra tierra natal científicos de todas las latitudes de la tierra, así como también llegan al Continente de la Antártica a hacer estudios.

En cambio le es más fácil hacer estudios sobre los seres del reino animal que de los panameños que son de descendencia Westindian. En los nuevos Archivos Nacionales de Panamá no pudimos encontrar a funcionarios que fuesen asignados a salvaguardar informes vitales a nuestros intereses. No pudimos ni sugerir que como en cualquiera biblioteca se nombre funcionario que sepa de referencia, sobre asunto tan importante, o sugerir que se tome en cuanta nuestro querellar como unas de las ofrendas del moderno mudo de bibliotecología.

Peor, nos ha ido en la Universidad de Panamá en donde los profesionales de las cátedras de humanidades todavía no han idealizado Estudios de la raza negra como especialidad dentro los estudios con derechos humanos de existir y además por consiguiente son hoy más raro que en 1977 cuando y después que había este servidor elegido con tan airoso animo el tema de estudio con que me había graduado con Licenciatura de la universidad en Nueva York.

Incluso en el departamento de Estudios del Negro y de los Estudios del Puertorriqueño en el cual había logrado graduarme se rumoraba preocupaciones en respeto a mi opción de materia en desarrollar cátedra. Debo confesar que realmente había yo puesto mis esfuerzos primordialmente en Estudios Afro-Hispanos a propósito y había seguido a la vez los estudios que se hacían de las experiencias Negra norteamericanas, con ahínco hasta más de cualesquieras de mis compañeros de clase. Entonces me era estar graduado y de estar aguardando la hora en que iba a poder conseguir llegar a casa a mi Panamá, en que podría llegar a darles a los estudios compilados ese toque final, aunque fuesen para estudios que incluso no me iban a ganar grado doctorado.

No obstante es de recordar tiempos en que respuestas de los departamentos universitarios fuesen igual que las recepciones que había llegado a recibir en “mi Panamá querido.” “No eres ni Negro ni Puertorriqueño, ni Panameño.” Tiempos fueron en que por lo menos fue cómo interpreté los rechazamientos sutiles que estuve recibiendo. No fue hasta logre cambiar el enfoque a estudios en que todos y cada uno de los de la raza humana íbamos a llegar. Esa Gerontóloga Social fue en donde llegaría a poder realmente enfocar mis experiencias de estudios de las razas negras de esos estudios sobre la calidad de vida y el envejecimiento de las minorías en los Estados Unidos de Norte América.

Todo lo anterior dicho no significa de ninguna manera que estoy demandando ser uno de los primeros eruditos en haber estudiado estudios negros por cuenta propia. Es que puedo al fin llegar a tiempos en que puedo proclamar que en realidad tengo deuda que pagar con otros eruditos quienes se las ingeniaron para enseñases a si mismo y que son luminarias con que me he encontrado a lo largo de esta humilde historia.

Es aquí que debo divulgarles a ustedes mis lectores que yo he encontrado en mis investigaciones a investigadores de la Diaspora Negra que han existido desde tiempos inmemorables. Alguno que han estado estudiando a entre el siglo XVl hasta el siglos XlX, y de otros que me han llegado mis conocimientos en estos últimos años, quienes son de está generaciones pasadas del siglo XX, esos quienes han hecho del tema trabajo de toda una vida, eso de estudiar a su gente, en la Diaspora Africana de las Américas.

No obstante en el curso de la formación de la verdadera identidad de gentes que han estado ocultados de todos nosotros por demasiado largos tiempos, he hecho eso mi pasión de toda una vida de llegar a ser como algunos de estos hombres y mujeres luminarias entre nosotros más brillantes.

Esta historia continúa.

Tres Continentes Sentados Juntos

Otra vista de la Represa Madden.
Aun se puede ver la espesa selva que rodea el area,
tal y como era en los días de los jóvenes Jack y Luisa.


La próxima ronda de delicias fueron servidas cuando nuestra anfitriona me lleva nuevamente a los días nuestros de la realidad de lo que era el Panamá de nuestros ancestros. Era una historia de la cual las gentes nuestras todavía no se atrevían a contar, y ni aun llegar a imaginarse. “¿Vez este hombre que esta aquí sentado?” pregunta ella de pronto esperando que yo reaccionara. Intrigado, ya no podía apartar la vista del caballero anciano que, a pesar de su aspecto humilde y reservado, parecía tener mucha historia que contar también. Enfocado ahora en aquel Señor,
Jack London, lo juzgaba ser un Señor Hindú, solo que no portaba ese turbante característico que lo delatara como tal.

Pausé mientras lo observaba por primera vez, ya que el varón parecía permitir a su esposo liderar las conversaciones en compañía de foráneos. Me daba cuenta del significado de estar en la presencia de otro de nuestros ancestros Westindian, y, sobretodo sentado junto- los tres continentes en una mesa. De pronto escucho a mi esposa preguntar, “¡Y ustedes, ¿que tiempo tienen de estar casados?” Como cualquiera otra esposa la Doña Luisa contesta, “Hemos estado casados por mas de….”

De pronto había cortado la respuesta que nosotros ansiosamente esperábamos. Luego pregunta, “Les apuesto que no podrán adivinar cuantos años son?” Sonreía pícaramente, la Doña Luisa, mirándonos a nosotros los jóvenes foráneos con ese brillo especial en los ojos. Ya que nosotros éramos los supuestos profesionales graduados en el rango de la Gerontología, parecían sus ojos decir que deberíamos poder calcular algo tan simple como eso. Decidí rendirme ya que no podía imaginarme el tiempo que esos dos enigmas estuvieron casados. Buscaba en el rostro de nuestra anfitriona alguna pista, luego dejé subir y caer los hombros y dije, “No…realmente no tengo idea de cuanto tiempo tienen ustedes de casados.”

Con la ancha sonrisa de la victoria pintada en los labios Doña Luisa anuncia orgullosamente, “Actualmente estamos juntos mas de setenta años, y hemos tenido once hijos y ahora mas de veinte nietos.” Había visto parte de la gran tropa que componía ese Clan, pero antes de que pudiera preguntar como fue que se habían encontrado para enamorarse, nuestra anfitriona ya lo relataba. “¿Saben que? Yo me iba caminando desde por acá hasta Chilibre por todo ese monte…y solamente para irme allá a ver a este donde él trabajaba.”

O sea, nuestra querida anfitriona no había dejado que algo tan insignificante como las grandes distancias, los montes, ni las selvas se interpusieran en ese gran romance entre ella y su Jack. “¡Simplemente me tiraba para allá solita!” siguió contando tranquilamente con esos ojos juguetones que brillaban mas que la luna llena en una noche tropical, revelando ese sentido de triunfo de haber hecho tales cosas. “Me iba para encontrarme con él,” finalizando ella su relato de sus días de joven romance.

De pronto Jack afirma lo que faltaba para completar la historia. “Si es cierto, así fue. Yo estuve trabajando por allá fuera en esa Represa de Madden, cuando, de pronto, ella se presentaba y así fue con nosotros todo el tiempo que estuve por allá trabajando. Eso era porque yo no salía de esos entornos, en realidad ninguno de nosotros salía a ninguna parte saben.”

Esta historia continúa.

Preparando Una Fiesta de Cumpleaños Inusual

Image courtesy of www.morguefile.com

Serían las 12 p.m. cuando concluimos con tantas presentaciones aquel día en que conocimos a toda la familia y hasta los vecinos. Luego pudimos estar más relajados para conversar sobre el tema de la vejez y el envejecimiento con nuestra locuaz anfitriona y reina, Luisa. Entonces fue que yo introduje el tema. “¿Sabía usted que somos profesionales graduados en eso de cómo envejecen las personas? Al igual que yo, mi esposa tiene grado de Magister o Maestría en eso de cómo las gentes envejecen. También ambos hemos laborado en lugares que sirven a los de la tercera edad o, como los llaman allá ciudadanos de edad, Señor Citizens,” le dije. “En verdad,” le sugerí, además, “no le recomiendo que le siga revelando a las gentes su edad real porque nadie se lo va a creer.”

Por primera vez Doña Luisa había permanecido callada escuchando lo que estuve alegando. Fue entonces que se me ocurrió sugerir que honráramos el momento celebrando unos cumpleaños que habían pasado. “Miss Luisa, me ocurre la idea de celebrar su cumpleaño, y, de una vez honraríamos el hecho de haberla conocido a Usted. Además, Usted es la única persona que conocemos en esta parte de Panamá.”

No había terminado de completar la oración cuando Doña Luisa me dice, “¡Muy bien! Entonces, ustedes están mas que bienvenidos…cuando quieran llegar, a cualquiera hora.” Los había dicho con tanta sinceridad que notamos que las pocas líneas de arrugas que rodeaban sus párpados se hicieron desaparecer dejando sus grandes ojos color café despejados y mas claros que jamás había visto.

Luego le digo a mi esposa, “Mira, amor mío, ¿porque no nos vamos de compras? Tu sabes, hacemos mercado para cosas que harán una gran fiesta.” Lo había dicho yo tan repentinamente que Miss Luisa se había quedado sorprendida mirándonos con esos ojos que parecían siempre hablar antes de que ella abriera la boca. Entonces, le dije a ella, “Miss Luisa, ¿porque no viene Usted con nosotros? Así puede escoger las cosas que a usted le gustaría comer en su fiesta.” Con esa invitación y en esa misma hora había hecho de Miss Luisa la huésped de honor en la fiesta que estuvimos planeando.

Al parecer, aquella fiesta que yo había confeccionado en unos momentos fue mas de lo que Miss Luisa había podido imaginarse, y no parecía estar del todo convencida de que yo tan solo quería tener el privilegio de compartir con ellos ese momento de verla a ella rebasar los noventa y cuatro años de edad mas conservada de lo que habíamos antes visto en persona alguna hasta ese momento. Con los preparativos, sin embargo, Miss Luisa parecía estar más convencida y se mostró aplacada. Nos era realmente obvio que Doña Luisa no estaba acostumbrada a que hiciesen tanta alharaca alrededor de su persona, pero se dejó llevar por el momento. Así fue que estuvimos de acuerdo mientras todos montamos en mi auto Sedan de la marca Dodge, para ese viaje que, a la vez, nos mostraría en donde se compraban los insumos para la casa.

El viaje fue corto al llegar a lo que era un pequeño mercado al aire libre en ese distrito cercano de Río Abajo.

Esta historia continúa.