Tag Archives: George-W.-Westerman

La Valentía de los Líderes de la Comunidad Afro Antillana

Presidente José Antonio Remón Cantera acompañado del Presidente Norte Americano Dwight Eisenhower con sus respectivas esposas.

Presidente José Antonio Remón Cantera acompañado del Presidente Norte Americano Dwight Eisenhower con sus respectivas esposas.

Pedro RhodesValientemente, el abogado Pedro Rhodes, encabezaría la alianza en la lucha por revertir aquella “Enmienda Constitucional de 1941” que negaba a la mayoría de los Afro Antillanos nacidos en tierra Panameña la ciudadanía y, por ende, una educación pública para sus hijos y descendientes. Continue reading

La Creciente Protesta Pública Contra el Racismo

Los tìtulares del Panama Tribune.

Los tìtulares del Panama Tribune.

Los momentos difíciles continuarían para la histórica comunidad Panameña Westindian cuando recibían que sus jóvenes estaban, descaradamente, siendo rechazados en el sistema educativo a base de su raza. Se les negaba, abiertamente y sin tapujos, la oportunidad de educarse. Continue reading

El Voto Final

La votación final sobre la Cláusula 12 aprobó en segundo debate y el memorial enviado a La Asamblea Nacional, firmado por más de 500 ciudadanos de ascendencia Westindian, aunque fuera mencionado superficialmente no fue leído en su totalidad. Todavía tambaleando luego de la cruda decepción y albergando un renovado temor para su propia gente, así como sus hijos, los Westindian se quedaron atónitos ante el incierto futuro en un país que sólo había conspirado y logrado privarlos de sus derechos básicos como ciudadanos.  Continue reading

Encuentro con un Extraño Ceñudo

Aquí vemos al edificio No. 29-47 de la Calle Mariano Arosemena
donde eventualmente nuestros padres nos traerían a vivir en el corazón
de Calidonia.

Llegarían a ser tiempos en mi historia que mi primera experiencia con lo que el venerado Don George W. Westerman nombró “El problema Westindian,” que es un conjunto de problemas que todos nosotros los descendientes, directa o indirectamente, hemos detectado en personas de nuestra etnia, se me revelaría a la tierna edad de los cuatro años.

Una inolvidable mañana en ese mismo año de 1940, mi estado como miembro de la familia Green de Colón terminaría en la forma más abrupta. De hecho, sería una clausura brusca de esas cosas familiares durante momentos en que necesitaba ese importante amor y cuido familiar a que me había acostumbrando. Era justo un momento en mi vida en que yo me sentía, por fin, establecido y feliz con mis abuelos del ramo maternal de la familia y que comenzaba a olvidar las cosas infelices del mundo que me rodeaba.

Recuerdo claramente ese día- me pareció ser un sábado en la mañana- que mis tías bromeaban y me preparaban para acompañar a mi abuelo Seymour Green en su habitual excursión a la playa. El lo había hecho ritual de llevar a sus dos únicos nietos a darnos ese chapuzón en el mar en la playa cercana a la Ciudad de Colón.

No recuerdo que él haya invitado a sus propias hijas a este ritual ya que normalmente sólo nos llevaba a nosotros dos sus primeros y únicos nietos, que éramos entonces mi hermanita Aminta y yo. Me parece que el abuelo tomaba estas ocasiones para también reunirse con uno que otro de sus amistades de esos de la vieja guardia del Silver Roll. Para nosotros, que éramos tan solo niños, era una experiencia muy agradable debido a que disfrutábamos de la compañía de nuestro abuelo y que, además, invariablemente nos convertíamos en el centro de atención de los adultos. Eran todas amistades de mi abuelo y me sorprendía que fueran de ambos sexos, hombres y mujeres Westindian que por igual hacían alardes del hecho de que éramos los únicos niños presentes.

Mientras los adultos se deleitaban nadando en la mar afuera, charlando y divirtiéndose, nosotros permanecíamos todo el tiempo en la arena llamando desde la orilla de la playa, “¡Abuelo, abuelo, ven acá!” tan sólo para captarle la atención. Sin embargo, él nunca se molestaba ni nos trataba como molestia; al contrario, era cuando él se volvía más amoroso que nunca con nosotros, y suave y gentilmente nos respondía “¡Aya voy ahora!” en esa su forma de actuar con los primeros nietos que los hicieron a todas sus amistades también volverse abuelos.

En todo caso, ese sábado de mañana sería diferente a todas las demás. No saldríamos a nuestro paseo de costumbre a la playa ya que mi abuela, Naní, no me había vestido como de rutina para alistarnos para acompañar a nuestro abuelo. Fue entonces que escucho a mi Papá Abuelo hablar con una persona que jamás había visto. Ellos dos estaban sentados en la sala y platicaban en tono muy bajo. Luego, en el momento en que entro en la habitación para acercarme a mi querido abuelo ese hombre con quien estuvo conversando se ciñe las cejas y mira en mi dirección de manera inmediatamente me intimida. El hombre sigue mirándome con ese ceño tan pronunciado en su rostro mientras que yo me mantenía al lado de mi abuelo todo el tiempo que estuvimos juntos.

Mi reacción fue pensar, “¿Por qué está él enojado conmigo? yo ni siquiera lo conozco”. Recordaba que hacía poco que había cumplido los cuatro años de edad, y él parecía ser un hombre ya muy maduro. “¿Por qué él esta tan molesto conmigo?” pensaba yo otra vez. Resultaría ser que ese hombre estaría mirándome todo ese día con esa fea mirada ceñuda, mientras que yo me colgaba de mi abuelo para que me protegiera. Yo me entristecía porque ninguno más parecía notar que ese hombre me causaba tanta incomodidad. Por la tarde del mismo día todos los de nuestra familia maternal se habían congregado abajo en la entrada del edificio en la acera para, al parecer, darnos el último adiós.

Aparentemente mi abuelo no estuvo allí ya que se había marchado sin yo darme cuenta. Mi tía Hilda, que era la que seguía a mi madre en edad, nos acomoda en la parte trasera del carro color negro de este hombre tan extraño y ella se sienta entre nosotros dos. Yo me acuerdo haber estado muy quieto a su lado lleno de temores que, aparentemente, ninguno parecía notar. Entre tanto, mi madre Rosa, de quien recuerdo muy poco en esos momentos ya que casi nunca estuvo en casa, queda sentada junto a ese hombre, quien muy pronto yo descubriría era en realidad mi padre.

Inmediatamente partimos y antes de que yo pudiera apreciar la ciudad, que yo creía entonces me había visto nacer, estuvimos fuera de la ciudad rumbo a un lugar llamado Panamá, por carretera tomando un rumbo que no había recordado antes tomar. El viaje era largo y sería de noche antes de que llegáramos a hacer parada alguna. Por fin, paramos en un lugar que pronto conocería como Calidonia.

A pesar de mi tierna edad me recuerdo haberme sentido muy triste porque nadie nos había preparado para ese cambio tan brusco. Además, no nos habían considerado ni hablado acerca de ese hombre que era un extraño para mí y no nos explicaron nada del gran cambio que nos esperaba. Me había quedado dormido durante la mayor parte del viaje en el carro entristecido y presintiendo cosas inexplicablemente malas. Luego, la llegada a la ciudad iba a ser lo mismo, y recordaba como nuestra tía Hilda nos había arrastrado arriba de las escaleras desde las entrañas de un edificio que yo jamás había visitado aunque, de hecho, era de madera como todos los edificios en Colón- los llamados “edificios de tabla“. Luego, nos encontramos en cama tan pronto como entramos al lugar que ahora sería nuestro hogar.

La luz de la mañana me trajo la desagradable revelación de que estábamos en nuestro nuevo hogar, y que no veríamos a mi Naní ni a mi abuelo por un largo tiempo. Aún más triste era para mi puesto que quería alejarme de esos enfermizos entornos con ese hombre Westindian malhumorado a quien mi madre y mi tía estuvieron reconociendo ser mi padre. Incluso, hasta esos momentos este hombre parecía no reconocerme ya que todas sus atenciones se centraban en mi madre y mi tía todo el tiempo.

En esos momentos de la mañana estaba yo consciente de que los adultos hablaban de un palomar y de hacer helado cuando yo decido escaparme para explorar este nuevo lugar. Me alejo de ellos mientras ellos observaban una bandada de palomas en una cornisa directamente fuera del balcón con barras de hierro forjado. Estuve observando las aves del palomar por un rato cuando de pronto me aburro de las actividades de las palomas.

Continué vagando por ese piso de madera de un amplio balcón y de pronto me encontró con una vecina, una chica Westindian, mucho mayor que yo en esos momentos. “¿Quién eres tú?” pregunta de manera amistosa y yo respondo, “¡Yo soy Juni!”

Examinándome, de pronto me dice su nombre que, inmediatamente, se me olvida y luego ella me dice, “¿Quieres jugar a tener casa?” “¡OK!” respondo mientras ella me lleva a un área cerrada del amplio balcón, en donde ella tenía sus juguetes preparados. Me sirve una taza de su pequeño juego de té de juguete y dice, “Tú eres el Papá y yo soy la Mamá, ¿de acuerdo? Pero antes de que yo llegara a pensar que ella me parecía ser demasiado grande para estar jugando con esos juguetes, escuché los llamados de mi madre, “¡Juni, Juni ven aquí ahora!” Le digo a la muchacha, “¡Tengo que irme!” y con eso corrí a encontrarme con mi madre quien, por primera vez en mi corta vida, habría tenido cosa alguna que ver conmigo.

Esta historia continuará.

La Constitución Panameña del 1941 y los Inmigrantes Prohibidos

Don Pedro Rhodes, jurista Colonense 
George Westerman- foto de joven.

En estos momentos de la historia nos es importante poder subrayar la labor incansable de Don Pedro Rhodes, un joven abogado nacido en la Ciudad de Colón quien en su tiempo fue muy conocido como buen jurista y quien, junto con el venerable Don George W. Westerman, fueron los únicos que iniciaron los más pujantes desafíos a esa Constitución Política del 1941, mucho antes de que se convirtiera en Ley de la República en enero del año 1941. Continue reading

Hacia Una Mejor Comprensión

La Collección de George W. Westerman que hoy permanece en el New York Public Library, Schomburg Center for Research in Black Culture.

La Collección de George W. Westerman
que hoy permanece en el New York Public Library, Schomburg Center for Research in Black Culture.

Continuando nuestra travesía a través de la historia de la prensa de la lengua Ingles en Panamá notamos el editorial en el semanario The Panama Tribune del domingo 28 de julio de 1946 que merita nuestra atención minuciosa. Es que en este periódico semanario, fue el único medio periodístico que estuvo publicando expresiones literarias de la etnia Westindian, expresamente para una audiencia Panameña Westindian que en su historia como comunidad panameña fue medio único en su clase que reflejaba en sus páginas eventos históricos que estuvieron dando giros en acontecimientos que estuvieron formando la vida en la comunidad Westindian Panameña. Continue reading

George W. Westerman-2da Parte

George W. Westerman
abajo: G. Westerman se encuentra
con el legendario
Congresista Adam Clayton Powell

Es notorio recordar, que el Presidente Ernesto De La Guardia (1956-1960) fue el quien reconoce la labor de Don George W. Westerman, y luego lo nombra Embajador ante las Naciones Unidas. Fue como reconociendo la capacidad del ilustre líder Westindian le otorga otros oficios, como el de asesor político suyo en el mismo año de 1956, cuando llega al poder. Aquellos eventos habían marcado de hincapié el auge de la carrera profesional de Westerman y fue clave en hacer que su voz fuese de influencia, hechos importantes en su comunidad “criolla Westindian.” Además de que estuvo sirviendo y siendo fiel a su nacionalidad Panameña tuvo influencial posición que iba a marcar que estuvo ayudando a que se admitiera legislaciones al pleno de la asamblea legislativa. Fue entonces que estuvo encabezando importantes legislaciones para su comunidad en esa hora de la historia criollos y Westindian Panameños a la vez.

Fue así que en ese mismo año de 1956 iba ser que ganara aprobación la Ley Huertematte, ley que prohibia la discriminación racial, además de ser legislación que estableciera multas por tales infracciones. Se reporta que Don George Westerman con su propia mano había redactado el proyecto ley, utilizando como modelo una ley brasileña similar. A la vez fue en 1959 que se le vio asistiendo a impulsar enmiendas constitucionales que facilitaran la ciudadanía a sus conciudadanos, además de concederles a niños nacidos en Panamá de padres extranjeros la ciudadanía de sus padres panameños. La medida, originalmente fue patrocinada por el Legislador Bazán, y tuvo que ser aprobada por un pleno de la Asamblea Legislativa mucho más tarde. Fue cuando el Honorable Diputado Alfonso Giscombe de Colón, pudo finalmente llegar poder ganarle pase a esa ley en enero del año de 1960, cuando pudimos ver esa ley ser reconocida como ley de la República de Panamá.

Esa fue una era de nuestra historia en que Westerman tambien iba a estar logrando unas de sus más grandes logros, victoria seria mientras estuvo sirviendo en las Naciones Unidas. En los años entre 1958 y 1959 cuando crecientes disturbios en toda la Republica de Panamá en que en las calles de la ciudad capital las gentes se amotinaron, enardesidos y estallando por motivos de los incidentes, ahora históricos que afectaron el despliegue de la bandera de los Estados Unidos en la zona del canal, sin estar presente también el pabellón nacional de Panamá. Tiempos en que fue el Presidente Eisenhower de Estadosunidos, quien decidió tomar medidas para reducir las tensiones entre los ciudadanos panameños. Habia aceptado las sugerencias ofrecidas por Don George Westerman para clmar los animos. Aquellos incidentes iban a resultar siendo que se les reconocieran a los trabajadores panameños tuvieran, movilidad vertical en la Zona del Canal y que pudieran ser ascendidos panameños a rangos antes prohibidos. Además de lo anterior, se autorizaría la construcción de 500 nuevas viviendas en las urbes de Panamá para aliviar las condiciones de hacinamiento, debido al desplasamiento al lado panameño de trabadores Negros de la Zona del Canal y el despoblamiento en general de la Zona del Canal de Panamá.

Llegarian momentos en que Westerman iba a poder patrocinar nombramientos a personalidades de la comunidad Westindian, y políticos criollos a quienes se les había antes vedado participación en la vida política panameña por el racismo vigente. En ese año de 1960 Westerman pudo recomendar a varias personas de la etnia Westindian, todos muy capaces, a docenas de puestos importantes en el gobierno panmeño. Así fue que el conocido Don Percival Toppin, se iba a convertir en unos de los primeros Corregidores de estirpe negro de la etnia Westindian, quien fue nombrado a tiempo completo en el conocido Corregimiento Antillano de Calidonia.

Luego iba a lograr que William Gibson, fuese nombrado Cónsul de Panama en Jamaica, luego a Basilio Duff que se le nombra Gobernador de la Provincia de Bocas del Toro, y que Eduardo Charles fuese nombrado Alcalde interino del Distrito de Panamá.

Veremos una comunidad Westindian con jubilo por esos progresivos pasos y que fueran tiempos en que también se llegaría a estar nombrando a Héctor Spencer y a Norman Williams como jefes de departamento, en el Ministerio de Hacienda y Tesoro, además que a Alejandro Stephens se le concede la Comandancia de la Estación Adjunta de la Guardia Nacional en la Provincia de Colón.

Muchos otros de a etnia Westindian ocuparon puestos en otros gobiernos siguientes de la Republica de Panamá, y se notaba la esperada de tiempos futuros en que el progreso nacional seguiria sin la mancha nefasta del racismo. Entre tanto Don George Westerman iba a estar ocupado en sus funciones de delegado a las Naciones Unidas, y que además llegaría a ser Embajador y representante oficial de la Republica de Panamá en ceremonias de Independencia de países como Togo, Camerún en África, de Jamaica en el Caribe, así como también tuvo que asistir en representación de Panamá a las ceremonias inaugurales del Presidente reelecto Tubman de Liberia, y del muy sonado Presidente Kennedy de los Estados Unidos de Norteamérica

Don George Westerman había en su trayectoria política comenzado una carrera periodística como humilde comentarista deportivo, en el diario Panamá América y había encajado con el diario que había fundado Don Harmonio Arias Madrid. Más tarde con la desaparición de Venerado Sydney A. Young, fundador y editor del Panama Tribune, se convertiria en líder periodístico en noviembre de 1959. El Dr. George W. Westerman se hizo cargo de la directiva del diario, recordando a su amigo y colega Don Sydney Young y se apego a esa tarea de estar sirviendo a su comunidad Westindian. Como editor, escritor de sus editoriales y administrador del semanario duro hasta 1973, cuando tuvo que cerrar el semanario por falta de ventas a publicitarias.

Entre tanto sus artículos periodísticos fueron valorados como fichas históricas de una gente y de unos tiempos en que iban a estar pasando rápidamente espues a ser historia desconocida. Westerman llegaría a ser autor de numerosos folletos sobre temas históricos, eventos sociales y de temas sensitivos, sobre acontecimientos importantes y eventos raciales, que interpretaba para una sociedad antillana que pronto perdería el sentido de ser parte de la historia panameña. Es importante destacar que el audaz Westerman además de desafiar los sistemas segregacionistas raciales, que todavía daban cabida al dominio fascista en las sociedades estadounidenses y panameñas, se preocupo tambien de cuestiones culturales de una etnia Westindian que realmente no daba importancia a esos menesteres sociales tan importantes.

Durante esa década que comenzaba con el año de 1950, organizó una serie de conciertos en Panamá, esos eventos culturales destacaron a artistas de renombre mundialmente y que fueron de artistas afro americanos estadounidenses, como la Mezo-soprano Marian Anderson, Dorothy Maynor, el incomparable Barítono Paul Robeson y la Felipa Schuyler, entre otros. Su colección de notas, de sus estudios, fotografías y libros, sobre la migración de los antepasados de las islas de Jamaica, Barbados y otras islas del Caribe anglosajón, quienes fueron los que habían realmente laborado en las construcciones del Canal de Panamá, las bananeras del interior, sin olvidar el primer ferrocarril transoceánico, son los que incluyen algunos de los documentos más amplios sobre ese periodo de la historia panameña y de estas migraciones, además de estar cargadas de informes sobre las secuelas que les dejaron a su comunidad.

Las colecciones de George Westerman son únicas en su clase y las que han incluido cosas como las correspondencia, fotografías, programa y afiches de eventos importantes para la etnia, además de tener archivos detallados de destacados artistas de la cultura afro-americana que aparecieron en la serie de conciertos patrocinadas por él y denominados la Serie de Conciertos Westerman. Esos fueron eventos que ha cedido al Centro Schomburg de Harlem en Nueva York.

Esos estudios de amplio contenido de las investigaciones compiladas por Don George Westerman, incluyen una amplia serie de documentos originales, notas de investigaciones y proyectos de manuscritos sobre las históricas y culturales dimensiones, de la presencia Westindian en Panamá, incluyendo el manuscrito para su libro inédito titulado “Cincuenta Años de Vida Westindian en el Istmo de Panamá (1903-1953). Además de ser una extensa colección de fotografía, documentos de su carrera personal y profesional del ilustre Westerman, así como contener la historia de los Antillanos en Panamá mas extensa, en estas horas de nuestra historia son incluidas y es parte permanente de los archivo fotográfico que eran parte integral de los archivos del semanario The Panama Tribune.

Las documentaciones del Sr. Westerman de eventos y actividades de la comunidad Westindian Panameña incluyen casi textualmente las transcripciones de reuniones de los sindicatos, otros eventos culturales y políticos. Además de ser historial de organizaciones cívicas que hubiesen terminado en el olvido si no los hubiesen obtenido y transcrito. Sus estudios de un directorio bibliográfico sobre figuras destacadas y históricas de líderes Afro-americanos de la década de los 1950, han resultado ser de correspondencias, fotografías, resúmenes y datos biográficos de cientos de afro-norteamericano de todas las esferas de la vida común.

Westerman ha también hecho archivar para la posteridad en las Bibliotecas de la Ciudad de New York y la Biblioteca Nacional de Panama Ernesto Castillero, todo lo publicado en el semanario The Panama Tribune, desde los años entre 1929 a 1979. Gracias a él están incluidos en su colección y tenemos hoy a mano esas joyas para nuestro estudio que verifica nuestra parte integra en el desarrollo de nuestra cultura Panameña.

Esta historia continuará.