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Los Antillanos en el Epilogo del Drama de una Era


Para nosotros con sabiduría tardía podemos inferir que los siglos 18 y 19 marcarían una edad tumultuosa para los que se encontraban en los ejércitos de La Libertad en las Américas.

Serían, ciertamente, los tiempos en que la corona Española estuviese bajo la lupa de las coronas europeas quienes no se incluían en las reparticiones de tierras en las Américas. Serían, de hecho, la mayoría de las colonias con un gran número de población esclava que clamaba a gritos por su independencia y se unían a la lucha en contra de la nefasta esclavitud humana.

Sería el 28 de noviembre de 1821 que llegaría la noticia a la elite Panameña de que la corona Española mandaba a la población a que escogiera la clase de gobierno que los guiara en esas horas y en adelante. Los norteamericanos habían estado en tierra panameña desde un poco antes de 1848 y habían apaciguado un poco su sed inagotable por lucrar con la construcción del ferrocarril y con las Bananeras en Chiriqui y Bocas del Toro. Luego, se apegarían a todo lo que ocurría con los franceses quienes les deberían la devolución del ferrocarril que usaron entre 1880 y 1889.

Luego de la turbulenta época de su guerra civil (1860-1865) y la culminación de la colonización de California, el Canal de Panamá, para los norteamericanos, les serviría para suplir su armada hasta que se terminara de excavar el Canal. En todo ese espacio que estuvieron atareados los estadounidenses con sus conflictos bélicos y sus grandes proyectos en Centro América, las gentes de las Antillas también percibían grandes movimientos tantos sociales como políticos, sobretodo para independizarse de la colonización Británica. Sin embargo, para los ciudadanos de la isla de Jamaica no sería hasta la segunda mitad del siglo 20 que realizarían ese sueño de nación independiente.

Entre tanto, ese 3 de noviembre de 1903, el año en que se declararía la independencia de Panamá, llegaría ser fecha de confusión para algunos ciudadanos del arrabal de San Felipe Neri, ya que en ese mismo año ellos habían sido vilmente olvidados con la ejecución del General Victoriano Lorenzo, el jefe indígena quien, prácticamente a solas, había triunfado en esa Guerra de Los Mil Días, que había sido casi perdida en el Puente de Calidonia de la ciudad de Panamá.

En cambio, ese país tan pequeño de población negra llamada Haití, entraría en los anales de la historia como la primera nación de las Américas en sumarse a los rangos de naciones libres del mundo moderno. Haití también sería nación vanguardista entre los que antes eran esclavos, y quienes en ese momento tenían suficiente dinero en sus arcas para donar a la causa del movimiento en contra de la esclavitud en toda las Américas.

Sería en calidad de visitante especial, sin embargo, que el caudillo el General Simón Bolívar, llegaría al diminuto país de negros a resguardarse de los embates de la guerra en Sur América. El caudillo casi no tenía que hacer formal solicitud o petición por grandes contribuciones de dinero ya que su homologo, el presidente de turno, Toussaint Louverture, le entregaría importantes sumas de dinero con tal de que prometiera abolir la esclavitud cuando estuviera liberando territorios en Sudamérica. Aunque dichas contribuciones a la causa de la Libertad, serían entregadas para animar al desanimado General Bolívar, un Venezolano que en esas horas huía y se resguardaba entre sus vecinos negros, no habían dudas de que regresaría al combate, y que, además, liberaría a las gentes esclavizadas de las ideas conservadoras de las elites Españolistas.

Mientras que en Haití, como toda una nación vanguardista nueva, se fundaban escuelas para alfabetizar a las gentes, se abrían hospitales, y se iniciaban obras públicas para dar empleo a los ciudadanos, la guerra libertadora se había vuelto una tarea muy difícil para las tropas criollas. El General Bolívar lograría ganar batallas en Ecuador, Perú y lo que luego se conocería como la nación de Bolivia, mientras que, al culminar los combates fogosos, Bolívar jamás llegaría a repagar esas subvenciones que había recibido del pueblo Haitiano. Al parecer, Simón Bolívar se había olvidado completamente de esos pueblos de negros en el Caribe que le habían extendido la mano hermana y el apoyo financiero. Tampoco se le volvería escuchar tocar el tema ni la palabra “esclavitud.”

El Hijo Predilecto

“Cultura, todo lo que contribuye al mejoramiento personal: además es cultura
esos conjuntos de creaciones del hombre y de su sociedad.”

Así dejó entendido un diccionario de la lengua española acerca de lo que debe ser la cultura. Luego logro salvarme al estar leyendo y digiriendo en total el discurso ofrecido por su santidad el Papa, Benedicto XVI, que aunque estuvo titulada “Fe, razón y universidad: Recuerdos y reflexiones, ” tenía también para mi amplio contenido de lo que debe ser para el hombre culto en nuestra nueva era sobre en donde se debe encajar sin olvidar lo valioso que son sus “recuerdos y reflexiones.”
Entre tanto, esas reflexiones mías siempre, como hombre culto, me llevan a recuerdos de mis días de universitario, que cuando con fervor discutía y abogaba con los que me quisieran escuchar, diciendo que yo no iba a estar completo si no estudiaba sobre mi proceder. Recordaba mis hondas reflexiones sobre querer estudiar el oficio del derecho, pero los impulsos eran más fuertes y me llevaban al estudio de mis gentes africanas y latinoamericanas.
Al parecer, los procedes de mi patria parecían llevarme al Hades de la Odisea de Homero. Era para verme discutir a los que habían estado antes llenos de ese mismo fervor estudiantil y que había luchado por verme, al fin, en una universidad discurriendo y dando charlas sobre lo poco que sabía de mis ancestros.
Pasaron antes mis ojos ese santo Martín de Porres, todavía pidiendo perdón ante los altares del Padre celestial y de Jesús Cristo, rogando por los atropellos a toda una raza de gente quienes aparecían ante su nicho del altar del Dios Todopoderoso a demandar justicia por su sangre vertida. Además, los libertadores guerreros pasaban a pie, sin cabalgadura, y yo me maravillaba por esos guerreros por la patria América.
Esa América, todavía llorosa por sus hijos, quienes pedían pendón por un trabajo dejado a medias. Trabajo en que hermanos guerreros, tan sanguinarios como los que nacieron al casi el cierre del siglo XX, y que atropellaban sin cuartel sus hijos predilectos.
Para mi no era ningún sueño ver como el coro de libertadores achicaban ante la presencia de un General Manuel Carlos Piar y General Toussaint L’Ouverture, quienes demandaban al sentirse estafados. Sentirse defraudados por un Bolívar quien llegaba dejando sus gentes en América todavía virtuales esclavos. Fue esa lección para mi que en esos entonces importunaba por los idiomas que dominaba. ¿Virtualmente esclavo? me preguntaba. Entre tanto, a mi me era mandado a despertar una y otra vez con el alma afligida, porque me correteaban unos que insistían en llamarse Malcom X, y el otro hecho santo recientemente, llamábase Mártin Luther King.
Incitabanme, al parecer, a no rendirme, a razón de sus gentes. En cambio, yo huía, queriendo escapar mintiéndome abatido por el oficio que se me imponía. A todo esto los recuerdos y las reflexiones me llevarían a poder todavía hablar con mis ancianas abuelas; la una contemporánea de la otro, que se decían nombrar en el idioma ingles “prayer warriors” (guerreras en la oración).
Sí, ellas eran clarividente y aconsejaban diciendo una y otra vez, “Escribe mi hijo…sigue tu escribiendo.”