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Panamá es un Sancocho

Para el Profesor Armando Fortune Panamá siempre fue un “sancocho” – una mezcla de elementos en lugar de una fusión – en contraposición a la noción de la vieja oligarquía Panameña del Crisol de las Razas, y de alguna manera parece más precisa sobre todo viniendo de un hombre negro muy atento y elocuente que vivió los rigores de haber crecido en Panamá como Afro descendiente. Continue reading

No Somos Extranjeros en Nuestro País

Monumento en la Plaza de la Cultura- “Crisol de las Razas”- inaugurado el 17 de octubre de 2003.

Como ya hemos observado, los tres grupos llegaron en la escena a casi el mismo tiempo en la historia de Panamá, apenas como ocurre hoy en nuestro país en donde una miríada de la juventud china hace todas las tentativas en alcanzar las orillas de Panamá con la intención de alcanzar las calles de algunos de los Chinatown en los EE.UU. Así era en los días de nuestros antepasados negros Westindian y pareciera que nada ha cambiado. Continue reading

Las Historias y los Actores Extraviados

El Templo Hindú en Panamá

Una Procesión Hindú en las calles de Panamá


En el mejor de los casos, tenía información incompleta hasta ahora, y no podía esperar el día en que pudiera encontrar una biblioteca para ver lo que tenían que decir los periódicos locales sobre el período que yo investigaba. De niño y como un joven precoz me había auto-instruido en como leer y escribir, ya que mi situación familiar no se prestaba para mucha estabilidad. Al lograr entrar al colegio siempre sobresalí en mi trabajo académico pero considero que fallé relacionándome con mis pares en ambas idiomas.

Sin embargo, mi memoria casi fotográfica me ayudó en mi celo por recordar mi vida y la de mi gente como una de las partes más importantes de la historia panameña. Aunque un niño joven, siempre me impresionó el hecho de que yo había vivido, junto con mi gente, los Westindian, una época notable durante su peregrinaje dentro de la historia de Panamá.

El tiempo y el lugar, entonces, llegaron a ser tan importantes como la búsqueda de un plato de comida o un sorbo de agua. El tiempo y el lugar se convirtieron, para mí, en una oportunidad de observar cómo los “actores” se introducirían en los papeles que ellos mismos odiarían, más adelante, incluso hasta mencionar. Como el niño-hombre notaría cómo estos actores, en la persona de mi gente, incluso negarían memorias de los acontecimientos dignos de ser escrito y colocados en el altar de la posteridad. Tal sería mi aferramiento a las memorias que han hecho de mi vida lo que es hoy.

Las memorias de Asia y de los asiáticos en mi vida personal volvieron a frecuentar mi ensueño, pues recordé lo unidos que habían sido Luisa y Jack. Además, mis propias memorias de la raza y la discriminación racial entre los asiáticos contra los negros Westindian y cómo los asiáticos eran normalmente resistentes a cualquiera asociación con los Westindians en sus negocios o en cuanto a sus uniones importantes como el matrimonio. Eso es, si ocurrían, lo cual era tan raro que uno los vio apenas, mucho menos los productos de su unión.

Exploré mi memoria para esos casos donde en las comunidades de los chinos o de los hindú habría sido aceptado esa especie de unión o asociación, pero solo pude hallar un caso y había sido solamente en mi caso personal. Había sido una época de mi vida de que incluso intentaría olvidarme a causa del trauma emocional sufrido en esa relación, que comenzó en mi adolescencia como mi primera ilusión de amor.

Ahora que, como historiador, intentaba cavar en el asunto de la relación de esos grupos asiáticos con mi gente, los Westindians, de la cual que las comunidades chinas e hindúes de Panamá parecían haberse olvidado. La gente que realmente sufrió los flagelos de la nómina de plata, The Silver Roll, el sistema racialmente segregado durante esos mismos años que los africanos del sur y la gente en la India y China sufrieron la agresión del mismo sistema. Desemejante de sus contrapartes asiáticas, los Westindians de Panamá han sido una gente, que, como grupo étnico en el país de Panamá y en la zona del canal, parecían seguir siendo los eternos extranjeros, mientras que las comunidades chinas e hindúes generalmente han ganado aceptación sin ninguna oposición.

Hoy los panameños Westindian siguen siendo la misma gente aunque sus niños y nietos han sido asimilados integrándose en el complejo social de las comunidades dentro de su país. Sin embargo, aun reclaman lesiones emocionales del viejo racismo y rechazamiento de su contribución al país. Todavía, los Westindians de Panamá estamos intentando, con mayor dificultad, marcar nuestro propio lugar en el “Crisol de Razas.

Quizás éste será el siglo para que apreciemos la agregación de metales que somos nosotros en la cultura nacional. Ésta es mi esperanza que un gesto del amor fraternal se desarrollaría como nuestros niños Westindian hacen su regreso a Panamá como hijos pródigos que quieren permanecer en “casa” para siempre. Aunque los demonios del reinante odio racial nos han marginado y nos han mantenidos apartados, nosotros los productos del Westindian y los remanentes de los coolies asiáticos, mi rezo es que vendremos juntos, como hermanos, a recordar una historia que ambos iniciamos al mismo tiempo en nuestro querido istmo en el siglo pasado.

Esta historia continúa.