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Repatriación sin Compensación

En la foto que data del 1947, podemos
apreciar una concurrida fila de “jubilados
y pensionados” de la Zona- si así los pudieramos llamar ya
que a esas alturas recibían la absurda suma de $25.00
mensuales después de haber trabajado duramente por
una vida entera en el Canal de Panamá.

En esa parte de nuestra historia en que llegaban las hordas de negros trabajadores de las islas caribeñas que, en su mayoría eran de Barbados, también se encontrarían involucradas las Señoras Jamaicanas, como el caso de mis abuelas juntas con otras mujeres negras. Ellas llegan justamente a suplir una mano de obra de singular importancia en la retención de las mujeres de raza blanca estadounidense en el istmo. Nuestras abuelas fueron añadidas a ser buenas guías silenciosas para el turismo norteamericano.

De hecho, en un informe del 1912, preparado por la Comisión del Canal Ístmico (Isthmian Canal Commission), se revela que la inmigración hacia el istmo de Panamá continúa en reducción, ya que había más inmigrantes que emigrantes a pesar de las diferencias a favor del primer grupo que solo era de 3,510 personas. Fue con tales fines de satisfacer esa demanda arriba mencionada por tener mano de obra barata (y no reconocida como especializada) a comienzos de ese año fiscal, que la agencia canalera se vio obligada a importar 941 trabajadoras negras de las pequeñas islas, todas reclutadas por representantes de la ICC en la cercana Isla de Barbados.

Aquellos acontecimientos representaban la llegada de los últimos grupos de la requerida mano de obra “no especializada” a la Zona del Canal. En total el número de trabajadores que se habían importado al istmo fue de 44,394 trabajadores que se habían traído al istmo por la Comisión del Canal. De este total 11,697 provinieron de Europa y más de 19.000 de Barbados. El resto había sido reclutado de las otras islas de las Antillas y de Colombia. No incluídos en estas cifras estaban los miles de trabajadores que no llegaron en virtud de ser contratados sino que llegan bajo sus propios medios a Panamá, así como fue con mis abuelos jamaicanos de ambos ramales de la familia que costearon su propio traslado a Panamá ya que no vinieron bajo contrato..

Ese informe en particular añade el hecho de que existía un equilibrio entre la oferta y la demanda de la mano de obra, hasta incluir la fecha en que el informe fuera publicado. En todo caso como se había producido un exceso de mano de obra, era de esperar, decía el reporte, que los países vecinos podrían “absorber el exceso” de la mano de obra, ya que se suponía que la reducción en la fuerza de trabajo vendría a formar parte gradual del proceso. Durante un período de tres meses, un total de 1,339 trabajadores fueron utilizados por la United Fruit Company en sus trabajos en las fincas de Guatemala.

Resultaría después del cierre de algunas unidades que el exceso de mano de obra disponible llegaría a ser tan grande que sería necesario hacer algunos arreglos para repatriar a aquellos trabajadores que la Comisión del Canal no fuera capaz de asegurar empleo. Se dio preferencia entonces, en primer lugar, a aquellos trabajadores que se habían quedado sin empleo con sus familiares; en segundo lugar, a trabajadores y a sus familiares que estuvieron pasando circunstancias de extrema pobreza, y, últimamente, a aquellos que estaban demasiados ancianos e incapacitados físicamente para “ofrecer un servicio eficiente” a la Comisión del Canal. En la mayoría de los casos esas personas eran repatriadas y enviados a sus países sin beneficio de pensión o compensación laboral, ofrecimiento económico que pudiese sostenerlos en sus países de origen hasta que pudiesen llegar a abastecer sus necesidades por cuenta propia.

El primer grupo de 140 personas, recibió cupo de pasaje en el buque Magdalena de la Royal Mail Steam Packet Company, que estaba anclado en aguas cercanas a la Ciudad de Colón, y el jueves 6 de octubre de 1914 ya estaría rumbo a Barbados, Trinidad, Granada, San Vicente, Santa Lucía, Montserrat, Antigua, Nevis y San Cristóbal o Saint Kitts. El segundo grupo zarpó en el Metapan de la United Fruit Company, el 8 de octubre de ese mismo año, con 82 pasajeros a bordo hacia Kingston, en Jamaica. Llegaría el 20 de octubre, y el buque la Orotava de la Royal Mail llevaría 323 trabajadores a Barbados. Junto a muchas otras embarcaciones el total número llegaría a 3,355 personas repatriadas que alcanzan sus puertos y destinos finales, durante los meses de octubre, noviembre y diciembre de 1914. Todo a un costo total de B /.52, 468.75. 49, tiempo en que los Balboas indicados en la cifra eran equivalentes a dólares de los EE.UU.

Aquel ajuste presupuestario supuestamente sería un paliativo para una situación humana en que la mano de obra desempleada había llegado a proporciones críticas para la localidad panameña. Sin embargo, a pesar de aquella cifra de personas que tomaron ventaja de esta supuesta oportunidad de volver a sus tierras natales, la desproporción a los números que realmente se encontraban desempleadas era alarmante. Muchos hombres que, aparentemente, no tenían deseos de regresar a sus islas natales después de haberse convertido en personas asalariadas que predominaban en la zona del canal de entonces se internaran a vivir en muchas regiones del istmo de Panamá.

Sobretodo, estos hombres trabajadores y sus familiares habían escuchado hablar de la suerte que les esperaba como gente repatriada sin pensiones alguna, o alguna compensación en general, de algún tipo de comodín económico que los reubicaría en sus tierras natales, del que habían sido arrancados en tiempos de dura economía y condiciones precarias en primer lugar. No habría de extrañar que se hubieran sentido renuentes a volver en aquellas circunstancias paupérrimas.

El informe aludido fue tomado del libro del ilustre George W. Westerman titulado Los Inmigrantes Antillanos en Panamá.

Esta historia continúa.

Envíos de Obreros y Contratos Laborales

Obreros Westindian a cargo de los explosivos (barrenadores) 1910. Imágen gracias a George W. Westerman.

A pesar de que los Barbadianos predominaban en números en esos años entre 1904 y 1908, un gran número de hombres provenientes de las islas caribeñas de Guadalupe y Martinica también vinieron por barcadas todos contratados y garantizados repatriación (gratuita) al caducar sus contratos luego de un año y ocho meses, si así lo desearan. Otros privilegios incluían vivienda gratis, comida gratis en los denominados comedores reservados para los obreros negros. Al menos así aparentaba. Continue reading