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¡Chombo!

Arribada de negros Antillanos de las islas Británicas de Caribe al puerto de Colón. Imagen gracias al BBC.

No fue hasta la década de los 1940 en la que eventos como el devastador incendio que prácticamente destruye la Ciudad de Colón en la costa Atlántica haría despertar en un niño el gran deseo de saber realmente quien era. Además, durante este periodo de mi niñez se me revelaría una cierta actitud de odio hacia nuestra raza de parte de uno de mis compatriotas panameños de habla castellana que aunque no era vecino conocido se atrevería murmurar esa palabra “¡Chombo!” haciéndome reconocer desde entonces el mundo en que había yo nacido. Continue reading

Si Contáramos La Historia Como es Debido

Aqui podemos apreciar una fila de obreros Silver
esperando cobrar su quincena en una “Silver Payline,”
designada para ellos en la Zona del Canal de Panamá, circa 1915.
Foto gracias a nuestros amigos en Afropanavisions.com

A lo largo de mis andanzas en este mundo se me ha comprobado que, sin duda alguna, los Hombres del Silver Roll habían absorbido la mayoría de los daños psicológicos por haber trabajado bajo un sistema opresivo y segregado, que fue en general un entorno de trabajo generalmente rudo y difícil. Esos legendarios Hombres Silver, o de la plata, mis Silvermen como me gusta que se les recordara, esos quienes comprendían esa inmensa mayoría de obreros, de esa histórica fuerza laboral, de trabajadores en toda la Zona del Canal de Panamá. Fueron esos que obtuvieron ese honor, de ser los únicos que como obreros fueron de dura sepa, versátiles, flexibles y leales a la empresa.

Sin embargo, no fueron superhombres sino seres humanos cuyo papel como resultó ser su destino, fue el de proporcionar ese sacrificio mayor requerido para ver los océanos unidos. Fueron ellos los que sumariamente serían ignorados mientras que el mundo era testigo de esa creación maravillosa de ingeniería civil que había transformado en realidad todo lo que había salido de las millares de juntas de dibujo y de trabajo de meros soñadores de los siglos anteriores.

La historia sería la de seguir contando las hazañas por siglos que ensalzaran a hombres de esa raza Europea que, luego de cansarse de explorar, soñaban con la realización de una ruta más corta por mar y de mar a mar para recompensar sus hambrientos deseos comerciales que ofrecían las costas asiáticas. En cambio, los de nuestra etnia Westindian, hombres de suave y agradable personalidad que en su hablar sus jefes encontraron ser inteligentes y ansiosos de complacer a jefes como obreros de sepa. Sin embargo, apenas recibirían alguna mención en la hora de júbilo de su inauguración en el año de 1914.

Las hazañas de estos obreros negros que resultaron ser tan dinámicos en lo que sus brazos, hombros, manos, piernas perseverantes, y en lo que sus mentes e imaginación había podido lograr, iban a permanecer en gran medida ignoradas por todos los historiadores y presidentes estadounidenses, y aun por los nobles estudiosos de los Estudios de Negros de los departamentos universitarios mas respetados del Imperio.

Esta histórica de una amnesia colectiva, que para nosotros estuvo señalando esa otra cara de una historia oculta, y de cómo los Jefes de grandes empresas multinacionales después llegaron a ser laudiados genios financieros, en mercados bursátiles del mundo conocido. Incluso los tiempos de nuestros ancestros negros del caribe en Panamá fueron tiempos de la historia, en que habían surgido ganadores del Premio Nobel, de aclamadas mentes en economía, y que además han recibido más aplauso internacionalmente por teorías keynesianas. Mientras tanto la desventaja psicológica de la historia fue la llevaríamos nosotros sus descendientes, recordando a esos quienes fueron los obreros reales. Seriamos parte de la historia que seguiría siendo indecible e incluso incontables en nuestros tiempos presentes del siglo XXI.

Creo que si la historia se contara debe provenir de nosotros, los de las generaciones de supervivientes de las Gentes del Silver Roll de la Zona del Canal de Panamá. La historia debe ser contada correctamente y declarada de cómo hombres iban a presenciar como sus ancianos recuerdos de padres quienes habían trabajado a morir, cuando todavía eran hombres relativamente jóvenes. Morir fue de angustia en su depresivo estado de pobreza de años de rigurosos ritmos de trabajo que eventualmente revolucionaría el mundo comercial. Estos hombres y mujeres habían conocido nada mas que estar trabajando, algunos desde una juventud tan tierna como los catorce o quince años de edad, para luego sacrificar sus vidas dedicados a ayudar a sus padres, con el mismo ritmo de trabajo por ingresos magros.

Los puestos de trabajo no habían cambiado en nada para los de su raza, que para ellos pudieron haber oscilado entre eso de llevar agua a sedientos obreros negros, o el llevar suministros pesados a hombro, bajo el calor infernal, hasta estar trabajando bajo lluvias copiosas en esas enlodadas piscinas de lodazales todo el día, pero más a menudo era eso de trabajar en faenas largas y agotadores de 16 a 18 horas diarias sin momentos de alivio y sin renumeraciones algunas a la vista, para sus cuerpos o para sus almas que portaba una psique deprimida.

Un buen ejemplo de cómo los trabajadores Westindian tuvieron que recurrir a sus propios medios versatilidad y fuerza de voluntad está incorporado en la historia de un Edward Howell, quien había laborado para ese canal durante 47 años. Años en que pasara de excavador de zanjas a mano en esos campos que se dinamitaban la zanja, como chico que llevaba agua a sedientos obreros.

Llegaría a tener muchas más incontables ocupaciones hasta llegar a ser Contador de dinero, un oficinista en la Oficina del Tesorero de Cristóbal, en donde él eventualmente, se convirtió en unos de los oficinistas contadores de dinero. Su testimonio apunta a los tipos de condiciones de trabajos peligrosos que los hombres negros tuvieron que aguantar, y a la vez permanecer siendo dignos de confianza y vigorosos respondiendo al trabajo a mano. Su historia es interesante narrativa, y bastante descriptivo de esos tiempos de la historia.

No hubo ninguna forma de hacerles consideraciones, ni otras formas de consideraciones par esos obreros negros, forma de ofrecer ayuda psicológica o emocional para hombres quienes, después de haber trabajado, con los que dormían y comían juntos, tanto así que sus barracas fueron de relaciones que podrían ser que una mañana a tempranas horas despertaran a descubrir que su compañero había expirado su último aliento durantes la noche. Además que los supervivientes tenían poco que hacer que con frecuencia enterrarlos, sin saber cómo ponerse en contacto con miembros de sus familias en hogares distantes de las islas caribeñas.

Sus mundos de varones eran el de hombres que se respaldaban para hacerle frente a enfermedades de muchos tiempos sin tratamiento, como era la demencia y alcoholismo, que eran cuestiones a mano en que estos grupos de hombres tenían poca preparación o tiempos para estar haciéndole frente. Los períodos de malestares laborales no eran raros, pero con demasiada frecuencia los trabajadores internalizaban sus malestares que eran bien fundamentadas, y que no eran resueltos y así estuvieron llevándolos a sus hogares como equipaje de pura frustraciones.

Como he relatado anteriormente de la vida de mis abuelos, era una en que para aquellos hombres quienes habían comenzado a tener familias o que pensaban en iniciar familias, se verían con expectativas económicas que prácticamente no habían cambiado a lo largo de sus vidas desde su inicio en el trabajo de la construcción. El único cambio sería que tendrían una mujer como dependiente con la capacidad de comprar regularmente en la tienda, que la compañía llamaba el Comisariato Silver (Silver Commissary). De hecho, un hombre asalariado Silver con un libro del Comisariato en aquellos tiempos en el país de Panamá que carecía de instalaciones comerciales en que comprar, sería la preferida captura para las mujeres solteronas, aunque sus salarios fueran insuficientes para mantener una familia.

Creo, sin embargo, a pesar de no tener estadísticas que me respalden, que esta fue razón suficiente para que muchos hombres de la etnia Westindian siguieran siendo solterones y nunca hicieran compromisos duraderos con ningunas de las mujeres de su raza. Me parecía ser que fue manera que ellos pudieran continuar sobreviviendo y hacerle frente a una vida del Silverman en el Panamá de sus tiempos.

Esta historia continúa.

Reflectores, Noches Estrelladas y el Detective del Comisariato del Silver Roll

El rastro de devatación que dejó el Gran Incendio de Colón del 1940
Así se veían los reflectores esa oscura primera
noche del gran incendio de Colón del 1940.


Entre tanto volvía a escribir en mi recordado cuaderno Balboa, “ De todos modos el caso fue que el incendio que consumió a toda una ciudad no iba a llegar a tocar la vivienda en que yo y mi familia vivíamos, esos de la esquina de la calle tercera y la Avenida Meléndez en la histórica Ciudad de Colón.”

Mientras escribía mis memorias describiendo esos escenarios desde el punto de vista de un niño de tan solo cuatro años de edad, las escenas me hacían recordar que “nuestro Papá-abuelo había, por fin, llegado y estuvo visiblemente aliviado de encontrar a su familia a salvo. Se habían establecido a la otra mano de la calle frente al edificio en que vivíamos, el único hogar que conocíamos. Luego, él y algunos de sus compañeros Westindian de su trabajo se ocuparon de trasladarnos a otro sitio por la misma calle en donde presumiblemente estaríamos más seguros.”

La historia por primera vez escrita describía como, “habríamos de pasar algunos días y noches allí al aire libre, a cielo abierto. Las noches tropicales se volvieron noches de cielos estrellados, noches que ofrecían ciertas emocionantes vistas de grandes luces de búsqueda a distancia, que cruzaban los cielos en búsqueda de yo-no-sé-qué. Esas fueron las noches Colonenses de mis recuerdos. Además, todo para mí era emocionante estar escuchando las ruidosas explosiones que se oían en la distancia y que hicieron a los vecinos comentar sobre lo que estaban haciendo los “Bombieros” o bomberos para lograr apagar los fuegos.

Escribía precisamente de manera en que recordaba los sucesos y de cómo los vecinos Westindian en su hablar sonaban las palabras al pronunciar la palabra Bombero. Luego me establecí para continuar repasando, volviendo a leer ese trabajo práctico, corrigiendo con tildes y comas las oraciones. Había estado leyendo por un tiempo más, a la vez ignorando a la maestra cuando ella intentaba tomar control de la clase.

Volvería a escribir frenéticamente, “Salió el sol y me despertó para encontrar que nos habíamos mudado, trasladados a una tienda de campaña y que nuestro hogar estaba en medio de una ciudad entera de tiendas de campaña, o, al menos, así me parecía. La gente se subía a autobuses haciendo viajes al Comisariato Silver desde esa “ciudad de carpas” y también recuerdo que veíamos las chivitas ir y venir desde esos barrios de tiendas de campaña. De pronto pensé que tal vez nunca más podríamos vivir en el edificio de madera que yo tanto amaba ubicado en la Calle Tercera y Meléndez.”

Dejé de escribir momentáneamente con el propósito de prestar atención a la maestra aunque ella parecía ignorarme; luego continuó con su lección que en realidad para nada me interesaba. Sólo para despistar a la maestra y para que ella no se interesara en lo que yo estaba haciendo, fingí intereserme en esa clase y en la conversación que ella tenía con el resto de mis compañeros de clase.

La mente, sin embargo, la tenía en lo que estaba escribiendo en mi cuaderno Balboa remontándome a esos tiempo en que había creído haber nacido en la ciudad de Colón, en esos entonces era un Colón casi había olvidado. Las memorias en esa hora se apresuraban para llenar esos vacíos que habían dejado los momentos de aburrimiento, que parecían haberse asentados en mi por mucho tiempo en esa escuela.

Como escritor que germinaba recordé esos momentos de mi niñez en que yo mismo me había enseñado a leer y a escribir en español e inglés. Entonces el libro que había empezado a sacar y que servía de introducción a lo que debiera ser una novela de un autor llamado Pío Baroja, con un título raro de Sonata de Estío, de pronto perdió todo su encanto y se diluyó mi amor por la literatura Española. Sacando el confiado cuaderno, ahora lleno de mis escrituras y recuerdos, me parecía mas interesante, y nuevamente procedí a escribir, olvidando mis entornos por completo.

Escribo apresuradamente, “Poco después de que el incendio había sido apagado o controlado estuvimos en nuestro apartamento de la casona de madera nuevamente y una vez más seguía a mi Naní alrededor de toda la casa todo el día. Me parecía entonces que entre nosotros el interés estuvo centrado en las tardes y las noches, tiempos después de la llegada a casa de mi Papá Abuelo en el momento cuando él llegaba a casa de su trabajo, siempre con un periódico del día que yo le quitaba de la mano.

Las tardes eran exclusivamente para los tres cuando mi abuelo de pronto leía sobre esos ‘malditos hombres blancos,’ como él solía referirse siempre a ellos. Mientras tanto, la abuela se sentaba atenta delante de él, y yo me establecía entre sus gran piernas, con los brazos colgando sobre ellas, escuchando y tratando de seguir la lectura y sus comentarios acerca de la guerra.

Durante el día, generalmente, yo acompañaba a una de mis jovenes tías para ir de compras a la tienda Silver Roll o Comisariato, que no estaba muy lejos de cualquier sitio en la Ciudad de Colón. De hecho, todos los de mi familia Green habíamos nacido en la Ciudad de Panamá, y nunca habíamos vivido en la Zona del Canal Negra. Sin embargo, éramos iguales que todos los otros negros de la comunidad Silver Roll Westindian que vivían en esa Zona del Canal.

Hice una nota mental especial que, para ese tiempo, nunca había visto de cerca personas de la raza blanca gringa. De hecho, los únicos que recordaba haber visto fueron en los viajes de regreso a nuestro hogar desde el Comisariato Silver, por ser que teníamos que pasar por el área residencial de esas personas de raza blanca al salir de la Zona del Canal. En esos momentos de mi joven vida aun no había tenido ningún encuentro con personas de la raza blanca de los llamados ‘gringos.’ El único personaje de esa raza blanca gringa que yo temía en secreto era aquel ‘Gumshoe’, el vigilante o detective del almacén-comisariato del cual mis tías siempre hablaban en Colón.

En esos momentos de mi vida tampoco tenía conciencia de haber residido con mis padres en la Ciudad de Panamá. Más tarde cuando las hermanas de mi madre llegaban a Panamá a cuidarnos, después de nuestro traslado a la Ciudad de Panamá, ellas recordaban que yo había, en efecto, nacido cuando mis padres residían en la conocida Casa Gálvez, otro de los casones de mampostería que por mucho tiempo marcó la vida citadina.

Esta historia continuará.

¡Fuego! El “Faiya” de Colón del 1940

La gran consternación de los residentes de Colón se nota plenamente en esta foto cortesía de

La gran consternación de los residentes de Colón se nota plenamente en esta foto cortesía de los Archivos del Library of Congress.

La experiencia de verdaderamente escribir mi primera historia, lo que probablemente sería la primera historia sobre nuestra gente Westindian plasmado en mi cuaderno Balboa, me daba mucho aliento. Ese mismo año de 1950, un poco antes de que nos graduáramos, yo estaba seguro que mi historieta era única en su clase y muy diferente a los de cualquiera de los otros años anteriores a esos. Continue reading

El 4 de Julio, La Navidad, y los Comisariatos-Estilo de Vida Estadounidense en Panamá- Ira Parte

Un antiguo cupón del libro de cupones del
Comisariato. Este cupón tiene un valor de $5.00.
Imágen gracias a CZimages.com

Prueba de ello para este servidor son esos emporios comerciales de la compañía que se denominaban los Comisariatos de la Zona del Canal y que conocíamos muy bien y que se convierten en grandes y muy conocidos supermercados urbanos. Posteriormente se convierten en distribuidores y controladores de la distribución de alimentos de cadenas de compañías afiliadas en todo los Estados Unidos de Norteamérica. Continue reading

Una Fuerza de Seguridad Tenaz y el Aislamiento Racial

El Fuerte Clayton en la antigua base militar
revertida a manos Panameñas en 1999.
El distinguido Dr. Kenneth B. Clark,
notable figura en la lucha contra el
racismo en las escuelas públicas de
los Estados Unidos. Imagen

Las centralizadas oficinas de recursos humanos del Padrón de Plata (Silver Roll), como hemos observado, comenzaron a implementar políticas que definirían, eventualmente, el carácter de la Zona del Canal de Panamá, y así permanecerían hasta poco antes de que las negociaciones comenzaran para la transferencia del Canal y todas sus instalaciones a manos del gobierno de la República de Panamá. Todos estos acontecimientos, sin embargo, ocurrirían mucho más tarde en nuestra historia de tiempos del vigésimo segundo siglo de nuestra era cual estamos contando.

Nuestra historia del Panameño Westindian había alcanzado las primeras dos décadas comenzando con el año de 1900, cuando la mayoría de los reinos en Europa habían fracasado y las monarquías y sus economías se encontraban sumidas en la desgracia. Mientras tanto, la “economía de mercado” de esos tiempos en los Estados Unidos el dólar reinaba como soberano de las monedas de cambio en todo el mundo.

En la Zona del Canal de Panamá se experimentaba con una nueva firmeza en su control racial conocido como “Jim Crow,” el Cuervo Jim, introducida por la administración del Canal quienes aumentaban medidas de seguridad usando las Fuerzas Armadas de Estados Unidos como la agencia principal en la aplicación de la seguridad.

Con las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos resguardadas como jugadora principal en todo lo que fuera la seguridad del Canal, toda frontera y perímetro marcado del Canal es cartografiado y cercado como parte integra del plan de seguridad. De hecho, la Zona del Canal se convierte en un verdadero campo armado, con las Fuerzas Aéreas estadounidenses en constante maniobras militares con la intención de asegurar toda el área. Por supuesto que nada impide el ritmo constante de las construcciones y reconstrucciones para acomodar a los militares y mantener instalaciones permanentes en el Canal. De igual forma no disminuye el requerimiento de una fuente regular de trabajadores a bajo costo y siempre disponible.

Para tales proyectos de construcción solamente contratistas norteamericanos serían bendecidos con jugosos contratos del gobierno norteamericano, y, como ciudadanos privilegiados y preferidos, serían proveídos con espacios gratuitos y graciados con un ilimitado acceso al “gran tazón” de empleados del Silver Roll, quienes eran muy capaces y por muy bajo costo. El resto de sus empleados expertos y profesionales eran reclutados en las oficinas del gobierno de los Estados Unidos o traído con las compañías contratistas, que terminantemente, de acuerdo o no, se tendrían que adherir a las costumbres separatistas de la comunidad blanca de la Zona del Canal de Panamá.

Curiosamente los Negros nacidos en los Estados Unidos se estarían sintiendo bastante afortunados con solo ser reclutados para un empleo con la Administración del Canal en esa Zona, en los variados proyectos y contratos del gobierno de los Estados Unidos de entonces. Sin embargo, sería tan abundante y disponible la fuente laboral del Silver Roll que la necesidad de viviendas adicionales para las familias negras Silver se colocaría primordialmente en el presupuesto administrativo.

Al legar el año 1920, sin embargo, el edificar escuelas para los del padrón de Plata se torna tan crucial como la urgencia de construir habitaciones. Además de proveer personal adecuadamente entrenada esas instituciones educativas serían imprescindibles para asentar el programa de seguridad en toda la región canalera. La gran escuela Silver de La Boca, por ejemplo, y las escuelas en Silver City en el lado Atlántico, iban a requerir muchos más profesores. Para estos nombramientos se emplearían profesores de la raza Negra norteamericana quienes, inicialmente, estarían ubicados en el “Gold Roll” en esas escuelas junto con algunos profesores blancos. Entre tanto, la mayoría de los profesores y el personal de esas escuelas serían, de fondo, provenientes de la raza Westindian.

Para los pocos negros norteamericanos empleados desde el 1906 que, como notamos, formaron parte de la planilla de Oro, su forma de vida comienza a ver desmejoras con el advenimiento de las políticas de Jim Crow. Su contratación casi descontinuada, la excusa de los administradores de la Zona sería que “los americanos negros no cabían bien en el sistema del Gold y Silver Roll,” y la autoridad del canal limita su empleo solamente para algunas plazas y posiciones “sensibles” y para supervisar a los Westindian.

Para el año 1928 solamente 23 Negros estadounidenses seguían ejerciendo plazas casi todos quedando en el “Silver Roll.” * (Conniff). Los que antes pertenecían al Gold Roll de pronto se encuentran en una categoría “especial” del Silver Roll con rangos de salarios más altos que los Westindians y disfrutando de los llamados “privilegios” que incluían vacaciones pagadas en ausencia, cuartos y viviendas gratuitas aunque excluidos de la cobertura del Gold Roll y segregados en los asentamientos “Silver.” Además, tenían entrega de hielo en bloque gratuito a sus hogares, un perceptible lujo en su tiempo en nuestro clima tropical y tenían privilegios de comisariato aunque limitados a los comisariatos del Silver Roll.

Durante mis años de niñez tuve el placer de haber conocido familias negras Norteamericanas cuyos jefes de familia trabajaban en la Zona del Canal pero quiénes vivían en los vecindarios de Barrio de Calidonia y otros quienes vivían entre los negros del Silver Roll en lo que hoy describo como la Zona del Canal Negra o Westindian de Panamá. A menudo intercambiaban sus libros del comisariato por efectivo en el comisariato del Gold Roll.

Probablemente una de las más famosas figuras de raza negra nacida en la Zona del Canal de Panamá fue el Dr. Kenneth B. Clark (1914-2005) aunque sus dos padres eran de descendencia antillana. Su padre había trabajado como agente de la internacionalmente conocida United Fruit Company. Al llegar a los cinco años de edad su madre se traslada con él y una hermana menor a los Estados Unidos y viven en el famoso barrio Negro de Harlem en la ciudad de New York. El Dr. Clark se une en sus años universitarios a su esposa Mamie Phipps Clark en un equipo de trabajo como distinguidos siquiatras y luego fundan el Centro de Desarrollo de la Niñez en Harlem y el Harlem Youth Opportunities Unlimited (HARYOU).

Esta muy distinguida pareja de profesionales negros ganan gran notoriedad por sus experimentos usando muñecas para estudios de actitudes de niños sobre su raza. Estos estudios posteriormente se incorporan en la tesis de post grado de la Doctora Mamie Clark. Los esposos Clark, mas tarde, serían testigos claves en los famosos casos de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, Briggs vs. Elliott, un caso que también fue combinado en la lucha contra el racismo con el famoso caso de Brown vs. Board of Education, caso importantísimo que logra, por todo, poner fín a la segregación racial en las esuelas públicas en todo los Estados Unidos.

Esta historia continuará.