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La Evolución de los Distritos Segregados del Silver Roll 1909 – 1920

Imagen de tren turístico del Canal de Panamá gracias a czimages.com

La Ciudad de Colón circa 1910.

Al inicio del 1909 una red protectora invisible se había instalado sobre el área Centroamericana mientras seguían las luchas ideológicas en curso desde 1850 transportadas. Eran entre los que abogaban por mantener cierta forma de esclavitud en la sociedad moderna y los que abogaron sucumbirse a los nuevos ideales del “comunismo” que continuaron revelándose. El esquema protector de los de la EE.UU. que calculaban como nuevos operativos en su nueva área colonial no permitía que ésas “fuerzas exteriores” afectaran a la zona del Canal de Panamá. Continue reading

Bea Continúa Su Historia

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En esos primeros meses de 1956 cuando llegué a conocer a Bea, yo era no mas que un adolescente de pensamiento, aunque ese año cumplía los diecinueve años de edad. Ella era para mí una mujer de edad avanzada, calculando que ella no podría ser mayor de los sesenta y cinco años de edad. Sin embargo, para mi ella todavía mantenía la apariencia de una mujer joven, cuando yo admiraba esa tez de un claro castaño que no revelaba las arrugas de avanzada vejez, ella bien hasta podía estar cursando por sus ochenta cumpleaños.

De hecho, esos serían mis primeros encuentros con mujer alguna quien había visto de cerca los comienzos de esa red de vías férreas cuyos rieles fueron encamadas en toneladas de piedra y grava para ser el único medio de transporte disponible en toda esa región; y todo era adueñado y controlado por la empresa, Chiriqui Land Company.

Recordando a las mujeres que estuvieron allá mientras yo trabaja por esos recintos, y, en particular, esta mujer con quien hablaba, una veterana, quien me estuvo dando vistazos únicos de lo que era una vida con ellas y sin ellas todas, no podía dejar de admirarlas. No dejaba de asombrarme cuando por días, hasta altas horas de la noche, esa Bea me daba lecciones de nuestra historia. Era algo que parecía yo necesitar para conectarme con la vida de obrero que yo había llevado, y con las mujeres que encontraba en las plantaciones de banano de la Provincia de Bocas del Toro. Mientras estuvimos todo el día sentados hasta entrar la noche olvidando espacios y tiempos, esa Bea me conjuraba la presencia de tropas de mujeres fieles a sus cometidos que era los de servir a los trabajadores. Una y otra vez esas ánimas que habían ocupado tiempos en una antigüedad llegaban a recordarle incidencias que ella sentía obligación de contarme.

Me transportaba a esas plantaciones, a sitios que yo había creído ver pero que callaba, y a otros lugares que eran nuevos para mí. Me pintaba escenas con mujeres que se sentían protegidas por hordas de trabajadores, hombres negros westindian que habían llegado a conocerlas por sus años de servirles. En silencio, mientras escuchaba sus narraciones, admitía que ellos eran como los mismos trabajadores que había llegado a conocer, hombres que no eran pendencieros, ni abusivos controladores, ni malhechores. Escuchaba pacientemente mientras la veterana descubría personalidades quienes no eran santos sino hombres, hombres honorables. En muchas ocasiones eran solterones, que, aun sin las obligaciones de tales compromisos familiares, sin embargo, las protegían a todas como si fueran sus esposas.

Entretenido escuchando estuvo sobre ese comportamiento que yo había adquirido, de hombre parecido acostumbrado a demostrar la cortesía y gratitud por lo que el mundo consideraba placeres insignificantes. Pero para mi eran placeres que honraban el alma como si fuesen bendiciones mandadas por el Dios Supremo a los hombres desde los días bíblicos de Adán.

En ese momento ella me interrumpe los pensamientos y me dice, “¡Wh-o-o wee, sí mi muchacho, esos eran los días! ¿Ves esta casita aquí? Muchos fueron los días en que esos hombres Westindian llegaban, jovencitos así como tu. ¡Ellos llegaban conmigo a casa y no dejaban de trabajar para mí todo el día hombre! Sí, Juni, hombre, trabajaron hasta que vieron esta casa que ves aquí metida en estos montes, completamente construida, y mejor que cualquiera de las casas por aquí.”

Nuestras conversaciones se volvian como una oración que las noches parecían apreciar. Eran, para mi, rezos en que invocábamos a la oscuridad misma que nos diera la iluminación de los espíritus de esos días tan rudos de verdad del pasado. Bea parecía estar meditando en veces cuando se cansaba. Yo, todavía esperanzado de poder encontrar esos beneficios que uno nunca pedí, pero que mis años de inmadurez iban a ser agraciados nada más por estar con ella.

Entonces escuché que ella me decía, “Yo recuerdo….” La pausa me señaló que nuevamente ella revivía. “Recuerdo cuando nosotras las mujeres,” dijo ella continuando, “nos turnábamos en hacer las compras para nuestros hombres porque así era que nosotras los consideramos a todos esos negros, cuando estuvimos metidas por allá dentro. Era así para nosotras que cuando llegaban los días de pago esos negros llegaban, sin falta, y nos pagaban cada centavo que nos debían. ¿Me estas escuchando, muchacho? ¡Nos pagaban cada centavo que nos debían! ¿Sabes lo que era eso para nosotras?”

La ultima parte de su relato, para mí, era una de esas bendiciones de agradecimiento que ella mandaba a esas almas ya fenecidas, que llegaban en esas horas de nuestro ensueño para estar con nosotros. “¿Sabes? Juni, Yo tuve un Pritty Boy, así mismo como tu.” Lo dijo en un punto que yo creí que ella nunca me confiaría sobre sus amores. Sonreí cortésmente tratando de no interrumpir lo que presentía ser una historia de amor. Al mismo tiempo me sentía halagado por una veterana como ella que me considerara un premio para cualquier mujer.

“Sí, él y yo estuvimos enamorados,” dijo ella suspirando por esos tiempos ya pasados y continuando con su relato. “Porque, yo estaba muy joven en esos tiempos, ¿sabes? El fue muy buen trabajador como tú lo eres. Bueno, … realmente recuerdo ese día como si fuera ayer, hombre.” Después de una corta pausa, ella continúa. “Fue cuando ellos me vinieron a decir que mi muchacho estuvo muerto. Me sentí muy mal, ¡muy mal!” dijo ella sintiendo ese antiguo dolor nuevamente. “Lo siento hoy mismo como si fuera él de mi misma sangre. Esa fue la primera vez que me he sentido así como perdida.”

Los Pioneros de Bocas del Toro y Puerto Armuelles


1 Bocas del Toro Province
2 Puerto Armuelles in Chriqui Province

En los años que marcarían la entrada del siglo XX los trabajadores pioneros Westindian estarían apareciendo en números cada vez mayores en el istmo de Panamá. Sería entonces que su presencia se haría sentir en esos remotos parajes en las provincias llamadas Bocas del Toro y Chiriqui, al extremo lado pacifico del país. Para esos señores Westindian, sin embargo, ese lugar que acariciaba el mar de las antillas era simplemente “Bocas.” Aunque estos dos lugares eran áreas distantes de lo que ocurría en las partes mas transitadas y conocidas de Panamá, esos obreros afro-antillanos serían la clave en el desarrollo de esas áreas, abriendo brechas agradables para que fueran atrayente a colonos que llegaban desde Europa y Estados unidos.

Sería durante ese periodo de tiempo que en esa lejana provincia de Chiriqui se empezaría a trazar la red de bananeras en una región que los negros llegarían a conocer como Puerto Armuelles. En muy poco tiempo las matas del Banano sería el rubro de mayor cosecha en toda esa provincia mucho antes de que los primeros arbustos de la arábica café fueran a sembrarse. Realmente eran los años finales de ese siglo XIX cuando la nueva división del viejo United Fruit Company, ahora la Chiriqui Land Company se habría estado encontrando con que le iba a faltar una fuerza laboral en su división de Bocas del Toro y toda esa área que comprendía hasta Limón en Costa Rica.

Nuevamente serían los obreros negros de las Antillas Británicas los que llegarían pagando, con sus propios medios, para rescatar a la prometedora compañía. Los negros serían un eslabón importante que ataría toda una industria de producción de ese rubro tropical de la banana. Pasarían más de veinte años, sin embargo, antes de que se amargara esa relación que antes había sido favorable entre los trabajadores Westindian y sus empleadores. A lo largo cesarían los buenos tratos, y los levantamientos de obreros se iban a hacer sentir mientras que las huelgas y las demandas por mejoras laborales harían entorpecer la producción de toda una región de la Chiriqui Land Company (CLC).

El hecho de haber preferido a una fuerza laboral Westindian había, hasta entonces, llegado a ser notorio. Eran tiempos en que las bananeras de Bocas del Toro y Costa Rica habían impulsado las jugosas ganancias de la compañía haciendo que se conocieran sus productos en todo el mundo. Algunos estudiosos del tema enfatizan la falta de trabajadores entre los nativos quienes pudieran estar disponibles a esa clase de labor de peón de campo en las bananeras ya que para muchos ese trabajo no era lo que ellos estaban dispuestos a hacer. Cualquier varón que se había atrevido a probar esas labores que a diario se hacían bajo ese clima tropical húmedo entendía lo rudo y peligroso que eran los trabajos, así manteniendo a los ciudadanos de habla Castellano alejados se de esos campos.

Entre tanto, para los negros Westindian se había hecho costumbre sobrevivir en condiciones de ruda labor, con lo mínimo de facilidades adecuadas lo cual comprendía el ambiente de trabajo en las áreas de Bocas del Toro y Puerto Armuelles en Chiriqui. De hecho, pareciera que el trabajo para esos negros no era solamente aceptable, sino que tenía un atractivo para esos jóvenes quienes llegaban con muchas ansias de trabajar. Ganarse un salario fijo, sobre todo, era lo más deseado sin importar que clase de empleo era, con tal de que pudiese ese joven sentir que iba a avanzar en algo en su vida.

Muchos de los solteros y solterones tenían la costumbre de quedarse un rato trabajando para luego vagar por ratos. La libertad les permitía entretenerse por un tiempo razonable, en cosas que a ellos les agradaba hacer. Era como un descanso en que viajaban a visitar con parientes y amigos en otras áreas conocidas, o simplemente se quedaban en casa a trabajar en alguna parcela de la familia, sembrando los rubros que les gustaban comer como el maíz, la yuca, los ñames y otros camotes. Algunos se dedicaban a la pesca y los golfos en el mar que rodeaba esa área de Centroamérica estaban repletos de vida marina que comer. Otros como yo, su servidor, tenían en esos entonces un sueño de ser universitario, y esos descansos de trabajar en bananeras me ayudaban sentirme y comportarme como un verdadero adolescente, libre, en cierto sentido, de las presiones de los adultos.

Oro, Banana, Ferrocarriles y los Westindian en Centro América

Planta de Banana Cuando los recursos concedidos por los gobiernos centro americanos a las primeras empresas trans-nacionales norte americanas comenzaron a florecer en regiones selváticas antes olvidadas se verían surgir de la nada las grandes plantaciones del fruto del banano y sus sistemas aledaños de minería y grandes extensiones ferroviarias. Continue reading