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Carlos Belizaire Bussette- El Entrenador de Campeones

Una foto reciente del maravilloso Carlos Belizaire Bussette.
Aqui vemos al querido Coach Belizaire con
Lloyd La Beach

 

Al recibir la noticia del deceso del Profesor Carlos Belizaire a través de un correo electrónico, decidí dedicar una entrega especial a este extraordinario profesor del deporte. Fue uno que llegué a conocer de niño y a quien me vi reunido con él entre varios de esos niños que gustaron estar reunidos allá por los alrededores de ese conocido Estadio Olímpico aquí en nuestro Barrio de Curundú. Era por cierto figura enigmática para mí en esos momentos de mi vida, por ser que tan sólo estaba acercándome a la edad de la adolescencia, y que siempre lo veía con un semblante como de preocupación.

Sin embargo, estaba allí y nos daba la bienvenida como niños que éramos, listo para asumir su rol de mentor para cualquier de los niños que vería ser prometedores atleta de pista y campo. Cuando el grupo de nosotros, niños de los vecindarios cercanos llegaran a estar observando lo que estuvo sucediendo entre los atletas aspirantes al boxeadores, velocistas, saltadores y también a los jugadores del béisbol o los del baloncesto, el “Coach” estuvo presente allí para cualquiera de nosotros que anhelaban competir con los mejores de nuestra edad. Por supuesto, no íbamos a saber que estuvimos en presencia de uno de los mejores entrenadores del atletismo que Panamá produciría.

Carlos Belizaire Bussette nació en la ciudad en el año de 1917 de padres de la Isla de Martinica en el Caribe. El mismo fue un gran atleta pero, probablemente, fue mejor conocido como uno de los mejores entrenadores de campeones. Fue uno de los hombres claves, de hecho, en la formación de nuestro campeón nacional, Lloyd LaBeach, quien, hasta el regreso triunfal del saltador Irving Saladino quien regresaba de los Juegos Olímpicos de Beijín, China, con medalla de oreo para Panamá, en competencia de salto de longitud. Loyd LaBeach fue hasta esos momentos de la historia el único Campeón Olímpico de Panamá, habiendo ganado la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres, Inglaterra del año de 1948.

Carlos Belizaire Bussette se fue para estar con el Señor el (viernes) 29 de agosto del año 2008, habiendo tenido una vida de 91 años. Sus logros fueron el haber sido atleta excepcional en sí quien compitió en las competiciones de los 100 y 200 metros planos y también el de carreras de relevos de 4 x 100 metros en su juventud. Fue profesor de educación física en varias escuelas en la antigua Zona del Canal como los de Cocolí, Howard y Diablo. También fue docente en el Colegio Abel Bravo, nuestra Alma Mater en Colón- el “College” para los jóvenes Westindian de la época de los años 1935-1950- el Instituto Nacional, y el Instituto Fermín Naudeau, también gozaron de su arte de hacer campeones.

En todo caso había dedicado alrededor de 40 años de su vida a la formación de cientos de jóvenes que participaron en juegos nacionales e internacionales como las de América Central y Juegos Olímpicos del Caribe y también los Juegos Bolivarianos de Sur América. Muchos de los atletas que fueron entrenados por el Maestro Belizaire ganaron medallas para hacernos a los de los barrios orgullosos y también a nuestro país. Además, ayudó a más de 30 atletas panameños en la obtención de becas en las mejores Universidades de Estados unidos que mejoraron sus habilidades atléticas y académicas y así pudieron tener una mejor calidad de vida. Esa era unas de sus mejores características de aquel a quien muchos llamaron “Coach.” Aquello marcó al Profesor Belizaire como un muy exigente profesor así como un entrenador que verdaderamente creía en la excelencia académica.

Todos los atletas de esos tiempos como Lloyd LaBeach, Frank Prince, Manuel Rivas, Felipe Malcolm y Cirilo McSween, entre las damas Lilia Wilson y Nola Thorne, entre otros, fueron entrenados por el Coach Carlos Belizaire Bussette. Fue también veterano de la Segunda Guerra Mundial y en su vida personal fue dedicado hombre de familia. Las honras fúnebres se celebraron el 3 de septiembre de 2008, en la Iglesia Don Bosco en el Barrio de Calidonia a las 2 P.M. Les sobre viven su amorosa esposa de 55 años, Andrea Alfaro de Belizaire, enfermera retirada y cuatro hijas, Del Marie, Yolanda, Leyda y Noris. Fue también sobre vivido por Mario Belizaire, su sobrino en Washington, D.C. y sus hermanas Bernice Belizaire de Nueva York, y nietos, bisnietos, sobrinos y sobrinas.

No podemos honrar nuestros antepasados como el Profesor Carlos Belizaire Bussette lo suficientemente, en estos tiempos modernos tan vertiginosos. Más que tan sólo un entrenador de atletismo fue amigo personal para muchos de los jóvenes y niñas que él había llegado a entrenar y fue uno que siempre estuvo dispuesto a estar escuchándoles a ellos de sus problemas personales y preocupaciones, así como celebrar sus victorias con ellos. Incluso ese Lloyd LaBeach estuvo desinflado al llegarle noticias que el Prof. Belizaire no iba a estar con él, para que se unieran en la formación de la marcha en la noche anterior a los Juegos Olímpicos de Londres, Inglaterra en 1948, como hemos relatado en entrega anterior. Fue ese inmortal Coach Belizaire su entrenador que podría sacar siempre lo mejor de ese joven Campeón.

Carlos Belizaire, así como todos los atletas y entrenadores de antaño que allanaron esos camino llenos de exclusiones y perjuicios raciales en los deportes en un país muy despreocupado de su juventud como era Panamá, que incluso hoy día, sigue siendo tan despreocupada y en ocasiones abusivas con sus atletas remontándonos a los tiempos históricos de la década de 1930 y 1940, a todos nos ha enseñado lección. Los tiempos, al parecer, no han cambiado en la famosa Federación Panameñas de deportes y ese Comité Olímpico Panameño. Se sigue emocionalmente recargando negativismo en los atletas de color al estar ignorándoles. En especial a los atletas de la etnia de nuestra juventud Westindian a pesar de sus logros en las aulas escolares y en los campos deportivos. Rezamos seguir viendo los cambios recientes y que no se retorne a la vergüenza del racismo y el clasismo que a todos los panameños perjudican.

Por ser esos recientes incidentes, que fueron los que en especial nos trajo a recordar, la actitud vergonzosa y lamentable asumida por algunos miembros del Comité Olímpico Panameño, con su arbitraria y prepotente negar de apoyo financiero, así como proveer técnico a los pocos atletas panameños, elegidos y programados para competir en los últimos Juegos Olímpicos de Beijing. El mundo, así como muchas personas de conciencia del mundo internacional y aquí en Panamá, se encuentran todavía indignados por el egoísmo y la postura estólida que siguen presentando esas importantes organizaciones deportivas de nuestro país.

Es nuestra esperanza que los jóvenes que participan en deportes hoy y todos aquellos entre nosotros que apoyamos su promesa y proezas, nos levantemos en protestas para demandar reparaciones por todos los años de rechazo y abandono que hemos sufridos como etnia a manos de funcionarios del estado.

Nuestros panteones Silver están repletos de las almas de aquellos quienes habían sobresalidos y permanecieron tan pacientes como los fueron sus antepasados en sus tiempos. Sus espíritus están reclamando el honor y reconocimiento que merecieron en tiempos que estuvieron atravesando la ruta de juventud llena de esperanza y energía triunfadora.

Nunca es demasiado tarde para honrar a nuestros grandes héroes, esos inmortales héroes nuestros que brillan en nuestra esfera estrellada dándonos animo y alegría de vivir.

Esta historia continuará.

Las Olimpiadas de “Poder Mundial” de Londres 1948

La imagen capta el “foto finish” de
la competencia de 100 metros (final)
de las Olimpiadas de 1948 en Londres.
Foto gracias al BBC.

El año era 1948 y las olimpiadas para los cuales Lloyd La Beach había estado arduamente entrenando por toda su joven vida iban a ser celebradas en el mes de mayo en Londres, Inglaterra. Fue interesante observar que hasta esos entonces que eran tiempos de la última parte de la cuadragésima década del vigésimo siglo de nuestros tiempos, en el país llamado Panamá las personas de la raza negra y en especial los descendientes de los denominados Westindios o Antillanos derivados de esos que habían sido trabajadores en el Canal de Panamá, esos quienes eran los mismos que habían sido burlados y llamados “Chombos” por la población nativa criolla. Habían sido cucados y obviados, aun mientras habían sido la fuerza más voluminosa de trabajadores y además prominentes en campos deportivos en la pequeña nación Ismeña. De hecho, era el único grupo de haber realmente organizado el atletismo de pista y campo y de haber formado clubes atléticos y por lo tanto, dominaban en el deporte de la pista y campo en el país.

Entre tanto para el joven Lloyd LaBeach quien había llegado a su máximo nivel de preparación, estuvo en esa hora acercándose a los 26 años de la edad, y el viaje a Londres, Inglaterra iba a ser el viaje más largo que había hecho desde los principios de su carrera universitaria en los años tempranos de la década de los 1940’s. Su arribo al aeropuerto de Heathrow de Londres le hizo sentirse como el único panameño en todo el país entero de Inglaterra. Así fue que aunque Lloyd acostumbraba a estar caminando y charlando a menudo con el entrenador jefe del equipo atlético de UCLA, de nombre Duke Drake, había preferido la compañía de su amigo y entrenador de muchos años de Panamá, el joven Coach Carlos Belizaire Bussette.

Durante las semanas que precedían los grandes acontecimientos olímpicos Lloyd había estado teniendo sueños de lo que era sus actuaciones en esos juegos. Sueños que se repetían y que en los cuales él “había abatido en el campo” todos sus competidores. Estos sueños proféticos, sin embargo, habían llegado a verse eclipsados por una tristeza cuando despertaría y parecía todavía no entender el porque. Lloyd La Beach, sin embargo, era extremadamente valiente, y sabía que sus hermanos del Club Atlético Roxey de Panamá y de toda la gente de Calidonia, además de sus familiares en Jamaica hacían que sus rezos se fijaran en él.

En la noche antes de la reunión competitiva en la cual él estuvo empizarrado a estar compitiendo él otra vez había tenido ese sueño preocupante. Esta vez, sin embargo, él se despertó con un sentido del reaseguro que alguien le decía, “En lo que suceda hoy no te deprimas y no protestes.” Llegaría a estar Lloyd en calentamientos con el resto de los atletas en el estadio en donde otros competidores de la pista y campo hacían las mismas cosas. El estadio muy pronto parecía estar lleno a capacidad con una fanaticada expectativa que esperaba ansiosa ver a esos seres humanos más rápidos del planeta de su tiempo competir.

El llamado llegaría repentinamente de funcionarios del equipo olímpicos para que los corredores competidores aparecieran en sus puestos en los bloques que dieran comienzo a la carrera legendaria y esperada carrera de los 100 metros planos. Fueron momentos espeluznantes desde que esos juegos de olimpiadas especiales, habían sido reinstalados después de los finales de la Segunda Guerra Mundial. La atmósfera durante estos eventos no había resultado tan electrificantes como, por ejemplo, durantes las olimpíadas de tiempos de preguerra. El corredor competidor que representaría al país pequeño de Panamá, después de todo, sería el que iba a estar desafiando los velocistas de las potencias mas importantes del mundo como los de Gran Bretaña y los Estados Unidos de América. De hecho, ese día no había tenido interés alguno irónicamente para la mayoría de las gente de un Panamá, que estuvo redoblando esfuerzos para repeler de su país a esas gentes Westindian quien Lloyd iba a estar representando en este unos de los mas grandes eventos de estos acontecimientos.

El escenario estuvo fijado, pues los corredores se habían al fin colocados en sus bloques de partida para una carrera que iba a durar a penas los 10 segundos, Carrera que iba a marcar jalón de siglo en el cual las gentes “Westindian” como gentes, iban a estar alcanzando tanto para la humanidad entera y del cuál iban las gentes del mundo saber tan poco de ellos.

Antes de que ese tiro de partida sonara claramente, parecía a los espectadores que los corredores habían despegados. Los dos velocistas Estadounidenses quienes, en su país de Estados Unidos, eran además enemigos jurados por la disparidad en el color de su piel, repentinamente estuvieron en contra del Panameño Westindian, Lloyd La Beach, quien había estado representando todo lo extraño y extranjero a ellos. Aquel día, para ese inmortal La Beach, el campo entero de velocistas eran sus enemigos, pues que sus piernas largas pronto servirían como alas y timón para mantenerlo en la pista hacia la línea final de la carrera.

Tenían ellos todos los corredores un buen comienzo después del estallido y estuvieron amontonados en un calor a muerte cuando se estuvieron acercando a la línea del final. Se les veía estar estirando el cuello y torsos para ser los primeros en marcar en la travesía de la cinta. Los fanáticos privilegiados de ese día eran los muy pocos que habían tenido la suerte de tener asientos en la línea del final. Algunos juraban haber visto al corredor Panameño batir la línea antes del grupo entero de velocistas que llegaron a la línea del final. Sin embargo, tendrían que aguardar la decisión de los jueces de línea que tomaban un interminable largo plazo para decidir quien había ganado. Examinaron las fotos desde todos los ángulos del final de la carrera una y otra vez.*

La decisión pronto fue rendida. El Primer lugar: El Señor Harrison Dillard de los EE.UU., registrando 10.3 segundos, y fue el que se le concedió la medalla de oro. El Señor Barney Ewell, de los EE.UU., llegaría en segundo lugar con una marca de 10.4 segundos y se le fue concedida la medalla de plata. El Señor Lloyd La Beach de Panamá, registró también 10.4 segundos se le fue concedido la medalla de Bronce. Cuando los aplausos tronantes de la muchedumbre de las gradas terminaron había sido evidente que eran para el desafiador intrépido, Lloyd La Beach de Panamá. Cuando después de haber escuchado el Himno Nacional de Panamá nuevamente la muchedumbre en las gradas aplaudía mientras que permanecían los tres campeones en el círculo del honor durantes las ceremonias, que marcaban por primera vez en los famosos juegos olímpicos del mundo medalla para el país de Panamá famoso por su canal.

* “Cabe destacar que en esos entonces no había relojes electrónicos de sincronización automática en Wembley, tan solo se usaban foto-finish normalmente para carreras de caballos, y tan solo fue utilizado para ayudar a los jueces decidir las colocaciones de esos animales. Aunque los sistemas automatizados fueron utilizados en las olimpiadas de 1932 y 1936, a partir de los anos de 1952 a 1968, estos cronómetros sincronizadores no fueron reconocidos como había sido en los juegos de 1972 en Munich, Alemania. Las estadísticas que se obtuvieron después y que comparaban los tiempos oficiosos, horrorizaron a los oficiales olímpicos por las diferencias de tiempos, a veces excesivas, entre los electrónicos y sincronizaciones manuales oficiales.” Viene de la BBC- de la serie Una Moderna Historia de Gran Bretaña.

Esta historia continuará.

Lloyd La Beach – Con La Rapidez de Ángeles

Imagen de Reginald Beckford, velocista
y ganador del la primera Medalla de Oro
para Panamá en los II Juegos Centroamericanos
y del Caribe en La Habana, Cuba 1930.
Photo gracias a La Etnia Negra de Panama

Imagen de Lloyd LaBeach junto
a su entrenador y sus camaradas
atletas. De izquierda a derecha,
Coach Carlos Belizaire Bussette,
Sam La Beach, Cirilo McSween,
Frank Prince y Lloyd La Beach.
Imagen gracias al Sr. Oswald Baptiste

Para la mayoría de nosotros de la comunidad Westindian que reside en Panamá muy poco se sabe referente al inmortal sprinter, ese velocista llamado Lloyd la Beach. Para la familia de aquel niño, que se convertiría en varón extraordinario que llegaría sobrevivir, para anunciar la misión que tuvo en beneficio de la juventud negra de sus tiempos, el tenía fondo familiar similar a los millares de familias Westindians. Le era así a todas esas familias en que su hombre y varones de edad para laborar se había aventurado a ese lugar llamado Panamá. Era con una alta esperanza de poder escapar los embates de una esclavitud además de una privación económica voraz. La familia La Beach era de Jamaica y también fue atraída, como fue así con muchas otras familias, a ese enorme proyecto que se realizaba para construir aquel canal que llamamos Canal de Panamá. Iba a resultar siendo hazaña que había sido sueño de todos marineros desde la época de Cristóbal Colón.

El joven Lloyd LaBeach quien nace en 1922 en Panamá iba a ser un agregado mas a otra creciente familia de Samuel y Julia La Beach. Ese varón de todos los niños de la familia La Beach, sin embargo, sería el único de sus hijos nacido en suelo Panameño. La familia había llegado a ese lugar llamado Panamá siguiendo al Señor Samuel La Beach Padre, atraída por los trabajos en progreso en lo qué entonces fue llamada la “Gran Zanja” comenzada por la Compañía Universal Francesa que iba a conocerse como la que habían llegado a la bancarrota en 1889.

Incluso para que aquella familia considerar dirigirse hacia Panamá en esa época requirió pago de impuesto de salida, que se había hecho obligatorio por el gobierno Jamaicano desde que el proyecto francés había fallado dejando a millares de trabajadores Jamaicanos y otros trabajadores Westindian trenzados a la deriva en Panamá. Aquellos hechos había sido un desastre para el gobierno Jamaicano tanto para los trabajadores quienes fueron forzados a tener que pedir que los repatriaran, y aquellos eran los afortunados en poder llegar nuevamente sus su patria isla, a menudo acosados por enfermedades sin recompensa de jubilo. En cambio Samuel La Beach, estuvo con férrea determinación de poder triunfar, así que él pagó el impuesto necesario y animo a su familia para enfrentar la aventura venidera.

La familia La Beach entonces llegaría a unirse a otras familias Westindian en lo que resultaría siendo esa fuerza de trabajo más grande, cual estuvo todavía montada en el proyecto de construcción de la famosa y legendaria obra. Después de que la familia se llegaría a colocar en el conocido barrio de Calidonia, Don Samuel entonces decidiría intentar encontrar otras oportunidades que fuera el no seguir laborando en la Zona del Canal Americana con su degradante forma de laborar en la racialmente segregada Zona del Canal. Iba ser el sector de comercio privado en que iba a poder levantar negocio que le hacia evitar ese tratamiento degradante sufrido por la mayoría de los trabajadores Westindios de la época. De hecho iba a establecer una de las primeras flotas de automóviles coche-taxis al servicio del comercio turístico, que cada día estaría viéndose con mayores oportunidades de servir a los extranjeros, sobre todo turistas americanos, además de las fuerzas militares de Estados Unidos, en tiempos en que se ampliaba la Zona del Canal de Panamá Estadounidense.

Después de varios años de trabajo, aunque la empresa del negocio del Señor LaBeach se vio muy acertada en sus decisiones comerciales, El Señor Samuel decidiría volver a trasladar a toda la familia y su negocio a su querida Jamaica y eso mientras que sus hijos estuvieran todavía siendo jóvenes en edad. La Providencia mandaría, sin embargo, que el inmortal Lloyd LaBeach, el único niño de la familia La Beach que había nacido en el Istmo de Panamá, tendría ese Panameñismo que siempre tiene ese acoplamiento con su país de nacimiento Panamá.

Aunque los entornos de Jamaica eran casi iguales que Panamá, nuestro Lloyd tenía esa “cabanga” nata de los hijos de Panamá. Allá era en donde él podría ver a negros estar hablando en la lengua Española cosa que él amaba tanto escuchar. Muy temprano en sus años escolares primarios Lloyd había descubierto que él poseía esa velocidad de ángeles, puesto que podía correr tan o más rápidamente que cualquier muchacho en toda la región. Fueron días en que después de estar jugando con sus compañeros y a pesar de su aparecer estar aparentemente frágil de cuerpo, sus profesores de la Kingston Tutorial College, quienes reconocieron sus capacidades tan extraordinarias lo animaron a que comenzara a entrenar como sprinter.

Después de haber completado su educación secundaria, sin embargo, Lloyd La Beach comenzó a sentir ese urgente llamar del espíritu a que volviera a Panamá, fue llamado que tan solo se puede describir como el divino que poseen las aves migratorias y los Ángeles. Lloyd entonces comenzara a abogar con sus padres esa urgencia implacable que lo haría volver a su bendita Tierra Madre. Y fue así que, con la bendiciones de sus padres, fue permitido a volver a su lugar de nacimiento, al “lugar en donde se le había sido enterrada su hilo umbilical,”como es decir entre los ancianos de la diaspora Westindian. Ésa sería manera en que popularmente las gente ancianas Westindian de Panamá tenían como explicar la fuerte atracción que haría que uno todavía sabiendo el ambiente agresivo y siempre hostil que es Panamá y que era todavía en esos entonces para la juventud Panameña de descendencia Westindian.

Seria en su país Panamá, sin embargo, que ese joven Lloyd LaBeach llegaría estar sintiendo ese rejuvenecedor espíritu que le hacia sentirse un joven feliz. Fue entonces que él veloceaba y corría en cualesquiera de y cada una de las competencias los educadores tanto en su Panamá como también en la zona del canal negra que eran organizadas en esos entonces. El joven corría y saltaba de la alegría que le surgía al verse siempre vencedor a los mejores de todos los atletas Panameños quienes también aspiraban a ser atleta de pista y campo. Eventualmente atrajo la atención de los profesores más notables de sus tiempos, tales como Sr. Reginald Beckford y Carlos Belizaire Bussette, quienes se harían sus confidentes y amigos íntimos del joven atleta.

Esta historia continuará.