Tag Archives: Calidonia

En Busca de Valores y la Cultura del Juega Vivo

Bernard Madoff, uno de los mas grandes y notorios de los “juega vivos” modernos fue recientemente sentenciado a 150 años de prisión por su liderazgo en la defraudación y ruina de miles inversionistas.  Imagen.

Bernard Madoff, uno de los mas grandes y notorios de los “juega vivos” modernos fue recientemente sentenciado a 150 años de prisión por su liderazgo en la defraudación y ruina de miles de inversionistas. Imagen.

Yo me encontraba atrapado en un tiempo al comienzo de la década de los 50 cuando los hombres jóvenes como yo debiéramos haber sido los herederos y representantes de los futuros Westindians. Sin embargo, estaban totalmente excluidos de la vida de la generación que se suponía que siguieran. No había signos de que la comunicación especial entre las generaciones, especialmente de lo que un Westindian Panameña asimilado como yo debiera ser en el futuro. Tales responsabilidades les caerían sobre los hombros de los muchos jóvenes de mi tiempo a medida que nos acercábamos a esa inconstancia social que el tejido social panameño, invariablemente, nos impondría- el legado del “juega vivo”. Continue reading

El Susú y los Viejos Barrios Silver Roll

Una calle de Calidonia en el 1940, aun siendo pavimentada.

Una calle en Calidonia en el 1940, aun siendo pavimentada.

Una vez que me encuentro viviendo con mi abuela paterna, gradualmente empiezo a familiarizarme con los populares barrios de la ciudad debido a mi participación directa a la afición de mi abuela por los juegos de azar. Entre sus favoritos había uno al que ella se refería como el ” Susú” y esa respaldada “Lotería” oficial que, en su léxico Westindian, se pronunciaba como “Latry”.   Al llegar al sexto grado habría llegado a conocer a todos los barrios en donde los Westindians vivían en la Ciudad de Panamá gracias a las rondas que hacía por mi abuela y sus extensos y complejos compromisos con sus juegos y sus clientes. Continue reading

Los Vecinos del Magnolia

Magnolia, la bella e imponente flor. Imagen gracias a wikipedia.

Magnolia, la bella e imponente flor. Imagen gracias a wikipedia.

Para nosotros, los jóvenes de la comunidad Afro Antillana, ese barrio de Calidonia se conformaba no solamente de ese enorme y muy visible edificio con el extraño nombre de una flor que nadie jamás había visto en Panamá, sino por todo el barrio que rodeaba a esa estructura imponente que para todos llegó a ser asociado con el nombre de Magnolia. Continue reading

El Derecho a Ser Diferente

De niños pequeños en nuestro vecindario de Calidonia, nosotros, los jóvenes de ascendencia Westindian, experimentábamos a primera mano en nuestros juegos infantiles algunos cortantes obstáculos a nuestra total integración al entorno social y cultural panameño. Continue reading

Escasa Privacidad Pero Muchos Niños

El caserón de madera donde vivíamos en la
29-47 de la Calle Mariano Arosemena.


Nuestro barrio en el conocido Corregimiento de
Calidonia, en una de las principales calles en el caserón numero 29-47 de la Calle Mariano Arosemena, iba a parecer apacible por un largo rato. Habíamos llegado a residir allí como unos más de los niños más pequeños de los de nuestra etnia Westindian. En realidad nos criábamos como otros más de los niños hispanos y nos confortábamos con la idea que las cosas seguirán siendo idílicas tan sólo para nosotros. Continue reading

Algunos Personajes de Mi Barrio

En la foto vemos un Pontiac del 1940
del tipo que tenía el Señor Lawson.
Imagen gracias a www.classicpontiacs.com

Aun recuerdo que hubo otras familias tan maravillosas y entre que aprendimos lo que era estar entre familia en nuestro antiguo vecindario de la Calle Mariano Arosemena # 29-47 en la Ciudad de Panamá. De hecho, en la parte de arriba sobre nosotros vivía ese querido Sr. Lawson con su familia, una de las mas grandes de esos tiempos. En ese momento el Sr. Lawson era el primer negro estadounidense que yo habría de conocer en mi vida tanto como de niño hasta llegar a la edad de mayoría.

Tendría yo unos seis años de edad pero verlo llegar a casa siempre fue causa de alegría para mí, ya que él siempre fue amable y amistoso conmigo. Yo conscientemente lo esperaba a que llegara a su hogar tan solo para escuchar que me saludara con mi apodo cuando decía, en ese ingles americano que los Westindian llamaban “Yankin.” “¡Hola Júnior!” decía al pasar a mi lado y amorosamente me frotaba la cabeza como ritual de cada día. Entre tanto lo que el Sr. Lawson nunca se iba a imaginar, sin embargo, era que yo fielmente había jurado mantener el ojo de guardián en el nuevo y flamante coche del Sr. Lawson, y que encontraba yo hermoso, y que era un brillante, y nuevo Pontiac de color verde, generosamente cromado por todos sus parachoques.

Otros de los gratos recuerdos era ese en que en nuestro pequeño rincón de ese barrio de Calidonia, nosotros como niños pequeños disfrutando a menudo de estar tomando una ducha, al desnudo, en las aguas cálidas de las lluvias tropicales, allí afuera de nuestra puerta del cuarto a toda vista. Eran tiempos en que se nos iba a escasear como niños felices con madre y padre. Nuestro padre quien estuvo trabajando en la zona del canal y tiempos en que teníamos toda la atención de nuestra madre. Recuerdo a vecinos como esa familia de apellido Carvajal, eran quienes fueron realmente nuestra “familia oculta,” de los que en su hogar era refugio para nosotros. Fue en donde nosotros dos negritos éramos recibidos con cariño por toda la tribu Carvajal.

Para nosotros ellos representaban la idea de estar creciendo con alegrías de pertenecer a una familia grande y a la vez recordar, el cómo había sido con nosotros en el lecho de nuestra familia en la Ciudad de Colón. Pero estuvimos en Panamá y tan sólo nos faltaba poder irnos de viaje al Clubhouse de la zona para asistir un cine o al Comisario. Además manteníamos el miedo de poder estar afuera en las calles y encontrarnos con un “Toro loco” escapado, o con el legendario “Greasy Man” o “Hombre encebado,” quien pudiera ensuciarnos toda la ropa.

En realidad todo aquello era tan solo fantasías, o cosas que comentaban mis tías Colonenses, porque mi mayor preocupación en ese paraíso de mi niñez, era el de no volver a olvidar que tenia esa sortija y cadena de oro, como joyas que me adornaban, mientras gozaba de alguna actividad de juego de niño. Eran objetos que mi madre se empeñaba en comprar de un Español Vasco mercantil que hacía sus rondas regularmente de puerta en puerta.

En esas casonas de madera del vecindario aparecía como fantasma ese hombre y llegaba justo cada “quincena,” que era cuando cobraba mi padre, quien era trabajador Silver en la zona americana. Así que yo con total desprecio infantil a tales cosas mundanas, que además no entendía ese afán de mi madre en querer decorarme. Sin falta olvidaba esas alhajas de oro en el establo de la ducha comunal, del patio trasero del edificio.

Entonces iban a pasar apenas minutos después, de haber regresado a nuestro cuarto, cuando sin dudas algunas escucharía, el suave clamor de alguna interesada vecina, quien llegaba, con las joyas en la mano. Devolviéndoselos a mi madre, se quejaba diciendo, “¡Rosa Juni dejó de nuevo sus prendas, ves!” No puedo recordar una instancia en que persona alguna se habían apoderado de esas prendas, o otros objetos similares de valor dejados en esas instalaciones de uso comunal. Si esta historia es así verídica de todos los barrios, no sabría confirmar.

Entre tanto es prueba de que la vida en los barrios era infinitamente menos estresante y bastante diferente, a lo que conocemos hoy en día. En esos entonces no sabría yo enumerar realmente cuantos barrios había con personas de nuestra etnia, sin embargo recientemente leí un articulo de opinión en uno de los diarios locales que enumeraba los barrios que nuestra etnia ocupaba, además del los barrios de Calidonia, Chorrillo y Santana. Contaba él articulo que “en agosto de 1934, ocupan los barrios de Las Sabanas, Pueblo Nuevo y además el de Río Abajo.”

Esta historia continúa.


El Barrio

Sinceramente creo que la vida del barrio de la Ciudad de Panamá durante mi infancia, lugares en que vivimos en familia hasta que mi madre abandonara nuestro hogar entre los años de 1940 a 1943, fue un auténtico paraíso para todos los niños y adolescentes. Cuando llegamos a encontrarnos con los otros niños de nuestra edad, aquello era para mí y para mi hermanita Aminta de tan solo tres años de edad, el feliz inter-actuar con las hordas de niños del hablar en castellano. Continue reading