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El Sincretismo en el Edén

Luis Páles Matos (poeta:Puerto Rico)

Nicolás Guillén (poeta: Cuba)


Aquella fiesta que había sido producto de un encuentro casual y que, luego, se había convertido en una especie de entrevista con una “joven nonagenaria,” serviría para sustentar ese interés que yo tenía en los estudios bisoños en lo que entonces llamaba la Historia de Panameña Westindian. Efectivamente, aquella reunión había dado ese empujón que necesitaba a aquel desanimado entre los eruditos para que volviera a intersarse en esa historia de las gentes Africanas que componían el pasado en Latinoamérica.

De hecho, la amena reunión me había renovado el interés que se me había despertado en esa primera ocasión en que leí los poemas de Luis Páles Matos, Nicolás Guillen y otros pioneros de nuestro mundo sincretizadoAfro-Hispano.” De aquellos que había estado aprendiendo a la vez que aprendía a escribir como estudioso universitario, en Ingles y en el Español de los que se habían hurtado el alma de sus progenitores, mientras que él no conocía el lenguaje original africano de sus gentes con almas errantes. Sí, había encontrado aquel africano de su descendencia escrita en papel por poetas y decían, “¡O mío Yemaya!” Que para él quería decir lo mismo que el famoso “¡Aleluya!”

Había encontrado literatura de los de la descendencia africana, que en mi país de nacimiento jamás había escuchado. Estuve buscando en los países que tenía a mano, esa África del cual descendía, y lo buscaba en los rostros de los que deberían ser mis parientes y amigos y descubrí que ellos habían estado perdidos como yo lo había estado. Sin embargo, allí estaba, entre los que me prestaban unos momentos de lo que ellos habían vivido de la historia africana en Panamá. Además, me decía, “He aquí estoy todavía a estas alturas sin tutores en la materia, estudiosos que me puedan guiar en los rudimentos de la historia de mis gentes.”

Me auto-castigaba por no haber encontrado entre los míos quienes me dieran pistas de lo que habían sido los primordiales participantes in ese nefario negocio de la trata Africana de seres humanos. Me veía como uno de los dedicados estudiosos que además se había estado instruyendo, pasando interminables horas en cualquiera de las bibliotecas o archivos, todo costeado por mis propios esfuerzos. De pronto volví a esa placentera y relajante realidad en la que me rodeaba esa encantadora escena.

Esta historia continúa.

Relatos Históricos de la Raza Criolla Americana: Los Luchadores por la Libertad


De la misma manera que nuestros ancestros Africanos fueron llevados desde sus hogares en el continente Africano a poblar tierras y ciudades de todo un continente Americano, es rezo de estos sus servidores quienes descendientes son, que se propaguen estas humildes líneas con la pasión de incendio forestal incontrolable. Es plegaria que recurre una y otra vez entre nosotros, como requerido mantra que las deidades nuestras demandan. Súplica que los nuestros usen sus poderes sobrehumanos para hacer propagar estas verdades sobre nuestras historias del pasado.

Procuramos dejar un vestigio del sumo respeto y honor a lo nuestro, en que, amigos nuestros y toda persona amante de la verdad y de la libertad, se unan con nosotros en estas súplicas. Es así que en todo este planeta, madre de todos los planetas, nuestras humildes líneas encuentren agrado, y que sean tan solo indicios de lo que somos realmente- los seres que componemos este mundo. Que quienes lean sus historiales se apeguen a estos ancestros como parte de su humanidad notando, como de divinales ellos, eran y como han de terminar siendo amados.

Esta raza criolla Americana debe surgir y no solo ser recordada como esos seres que habían estado pintando erróneamente en la historia de sus adversarios que sueñan volver a esclavizar a los seres humanos. Si no, que recuerden que no eran simples enseres, ganado o muebles con que comercializar, si no que sus recuerdos sean como seres humanos quienes han legado en sus descendientes el sentido de amor por toda la humanidad que aun sufre. Además, deseamos despertar en todos nuestros hermanos latinos que no sigamos siendo, entre nosotros los sobrevivientes, considerados como esclavos, sino como ciudadanos libres que siempre hemos sido. Ciudadanos y seres humanos, gentes de color, de color sin tacha, ni reclutables para el ejercito del infierno, sino seres libres y ciudadanos del bien para siempre.

Así es que, nuevamente, hemos de orar suplicando que nuestras historias puedan viajar en las alas de la misericordia, llegar a ojos y oídos de esta y todas las generaciones que han de seguirnos. Además que ellos se ocupen de guardar como divinos Santos, con mandamientos de nuestro Dios omnipotente estas y otras líneas como rastros, huellas que nunca jamas sean declaradas borrables ni vedadas, ni ilegitimas para ser lectura. En cambio que se les abran caminos que sanen las cicatrices de antigua luchas a la libertad. Además para que sean libres y gratuitamente entregadas a todos los que llevasen espíritu de todos nuestros ancestros.

Entonces, rogamos a toda persona, hombres, mujeres de buena voluntad, que se unan a nuestros esfuerzos, que es por el bien de una juventud completamente confusa y en peligro de perderse en la vil incredulidad. Aquí, entonces, presentaremos historias que, ojala puedan usarse como conocimiento personal, y para adecuarse a edades de una juventud curiosa y deseosa de conocer a esos quienes fueron en otros tiempos abuelos. Curiosos de conocer por nombre y apellido a esos que en el pasado jugaron papel importante en nuestra historia Indiana en las Américas. Además, que con esta información podrán seguirnos y algún día poder contribuir a que en cada hogar y en cada centro de estudio se pueda encontrar estas historias que no son misantrópicas.

Dejemos que nuestras historias mismas sean convertidas en nuestro anillo sigilar, dedicada a las generaciones que se consideren miembros de ese rico encuentro cultural que denomino Afro-Hispanidad. Y con esta última idea oramos que eventos del pasado siglo nunca jamas lleguen a desfigurar y ser estraperlo de nuestra paz en este bello planeta, Madre Tierra.

A continuación encontraran lo que en su mayoria son personalidades que hemos escogido y han nacido un poco antes, durantes, o muy poco después de esas fechas en que se declaraba abolida la nefaria esclavitud de gentes negras y de color. La abolición de la esclavitud no solo fue para individuos de la raza negra, sino que también se esclavizaba a gentes asiáticas, sean Chinos, Filipinos o gentes de cualquiera parte del gran Archipielago Malayo. Además también hasta en todas las tierras que encontrarían en el continente Asiático de Indostán y de Indochina.

Seguiremos, pues, la voz de nuestras gentes Westindian de Panama que abogaban por mejoras a trabajadores en todo el mundo, y en especial para las gentes de la raza Negra, en lo que es ese Archipielago de las Antillas. Olvidando fronteras superficiales procuro aclarar, además, que estos escritos no son solo por mis gentes Silver Roll de Panamá, sino por todas las gentes del mundo que no desciendan de la raza europea, gentes que se identifican naturalmente de piel coloreada haciendo caso omiso de la clase de cabello que tengan.

En los Comienzos: Encuentro de Ambos Ramales Africanos

En una de mis indagaciones personales en que rebuscaba valores y que calculo habría seriamente ocurrido cuando aun era un niño de ocho años de edad. En esas excavaciones mentales que hacía a mi abuela paternal, he de situar como mis primeros comienzos. En cambio mis preguntas eran ese motor que ella necesitaba para empezar a relatar una y otra vez acontecimientos que, simplemente, clasifiqué en primera instancia, como historias interesantes, aunque eran acontecimientos trágicos en la vida de algún miembro de la familia. Aquellos después me iban a resultar siendo trazos de lo que iba a entender fueran peripecias que usaría para construir la historia de mis gentes y antepasados en la región conocida como el Istmo de Panamá.

Las gentes Westindian de la República de Panamá a algunos parecieran haber aparecido en la conciencia nacional con el originarse la nueva república. Era ese mes de noviembre del año de 1903 y mis abuelos esperaban en la isla Antillana de Jamaica ansiosos algunos de ser nuevamente contratados al llegar a Panamá. La realidad de las cosas era que en verdad nuestra raza jamaicana había estado presente en esa parte del continente americano un poco antes de los años que comenzaron la segunda mitad del siglo XIX en grupos muy grandes de hombres trabajadores.

La atracción para ese grupo de jóvenes negros a esta parte del continente, en especial para hombres recientemente saliendo de condiciones sociales de esclavos, era sumamente fuerte. Eran en primer instancia hombres de la raza negra que hablaban el idioma ingles, la mayoría de ellos en plena juventud, que realmente tan solo conocían el trabajo forzado, y eso era lo que tenían que ofrecer a sus nuevos empleadores. Entonces para este que relata esta historia eran jóvenes extremadamente intrépidos.

En los años que me han tocado el estudiar el desarrollo de las gentes de la raza negra, que en mi vida encuentro a extremos de separados de nuestra historia, en mi búsqueda debí reconocer que esas interacciones históricas estuvieron divididas en dos culturas Afro-americanas. En cambio, como muchos de mis contemporáneos, he de descubrir que pertenezco a los dos ramales, la Inglesa y la Ibérica. Así que, no me resta mas que reconocer que nuestra relaciones con ambos grupos vienen de un devenir mas allá de la esclavitud en las Américas. Pero sin embargo debo reconocer que mis estudios han revelado que fue aquí en el país llamado Panamá que he encontrado esas marcadas circunstancias históricas han ofrecido las oportunidades para que ambos ramales de mis gentes lleguen a encontrarse.

Entre tanto que las circunstancias que crearon la clase social de gentes sirvientes fueran los mismos para ambos grupos de negros, se vieron a raso los caminos a andar para los participantes, en este teatro llamado Panamá al llegar a encontrarse, esos ramales de descendientes del Africa.

Los factores niveladores resultaron ser mas simples para los de grupo de gentes que se llamaban Westindian que habían llegado a laborar en ese proyecto que conocieron como la primera vía férrea que podía llegar a cruzar el continente y unir los océanos para un viajero en 1855. Mas tarde en 1881 también serian esos jóvenes Jamaicanos serian los preferidos trabajadores cuando se iba construir el primer Canal de Panamá. Realmente en primer instancia los hombres jamaicanos siempre estuvieron en preferencia por su habilidad de hablar el idioma Ingles, que era el lenguaje hablado por sus empleadores en los proyectos en progreso en aquella época. En realidad realmente me he de sentir a esta hora de la historia como un museo viviente, uno de los milagros de esa época que seguramente estoy viendo pasar sin que se divulgue mas el punto de vista de los participantes siendo yo un ávido observador en mi juventud.

Nuevamente vuelvo a recordar que como niño observaba todo lo que ocurría en mis entornos tratando de desarrollar una buena memoria, para así poder describir una vida y una cultura hecha de dos culturas. Dos culturas que siempre al parecer se habían apreciado con suspicacia, en cambio yo recuerdo estar entre ambas culturas que a los de afuera podrían parecer no importarles saber ni conocer las particularidades de las vidas ni la tierra natales el uno ni del otro.

Este breve comienzo servirá para que se familiaricen con este tema que creo será de interés a los que de historia se interesen.

El Hijo Predilecto

“Cultura, todo lo que contribuye al mejoramiento personal: además es cultura
esos conjuntos de creaciones del hombre y de su sociedad.”

Así dejó entendido un diccionario de la lengua española acerca de lo que debe ser la cultura. Luego logro salvarme al estar leyendo y digiriendo en total el discurso ofrecido por su santidad el Papa, Benedicto XVI, que aunque estuvo titulada “Fe, razón y universidad: Recuerdos y reflexiones, ” tenía también para mi amplio contenido de lo que debe ser para el hombre culto en nuestra nueva era sobre en donde se debe encajar sin olvidar lo valioso que son sus “recuerdos y reflexiones.”
Entre tanto, esas reflexiones mías siempre, como hombre culto, me llevan a recuerdos de mis días de universitario, que cuando con fervor discutía y abogaba con los que me quisieran escuchar, diciendo que yo no iba a estar completo si no estudiaba sobre mi proceder. Recordaba mis hondas reflexiones sobre querer estudiar el oficio del derecho, pero los impulsos eran más fuertes y me llevaban al estudio de mis gentes africanas y latinoamericanas.
Al parecer, los procedes de mi patria parecían llevarme al Hades de la Odisea de Homero. Era para verme discutir a los que habían estado antes llenos de ese mismo fervor estudiantil y que había luchado por verme, al fin, en una universidad discurriendo y dando charlas sobre lo poco que sabía de mis ancestros.
Pasaron antes mis ojos ese santo Martín de Porres, todavía pidiendo perdón ante los altares del Padre celestial y de Jesús Cristo, rogando por los atropellos a toda una raza de gente quienes aparecían ante su nicho del altar del Dios Todopoderoso a demandar justicia por su sangre vertida. Además, los libertadores guerreros pasaban a pie, sin cabalgadura, y yo me maravillaba por esos guerreros por la patria América.
Esa América, todavía llorosa por sus hijos, quienes pedían pendón por un trabajo dejado a medias. Trabajo en que hermanos guerreros, tan sanguinarios como los que nacieron al casi el cierre del siglo XX, y que atropellaban sin cuartel sus hijos predilectos.
Para mi no era ningún sueño ver como el coro de libertadores achicaban ante la presencia de un General Manuel Carlos Piar y General Toussaint L’Ouverture, quienes demandaban al sentirse estafados. Sentirse defraudados por un Bolívar quien llegaba dejando sus gentes en América todavía virtuales esclavos. Fue esa lección para mi que en esos entonces importunaba por los idiomas que dominaba. ¿Virtualmente esclavo? me preguntaba. Entre tanto, a mi me era mandado a despertar una y otra vez con el alma afligida, porque me correteaban unos que insistían en llamarse Malcom X, y el otro hecho santo recientemente, llamábase Mártin Luther King.
Incitabanme, al parecer, a no rendirme, a razón de sus gentes. En cambio, yo huía, queriendo escapar mintiéndome abatido por el oficio que se me imponía. A todo esto los recuerdos y las reflexiones me llevarían a poder todavía hablar con mis ancianas abuelas; la una contemporánea de la otro, que se decían nombrar en el idioma ingles “prayer warriors” (guerreras en la oración).
Sí, ellas eran clarividente y aconsejaban diciendo una y otra vez, “Escribe mi hijo…sigue tu escribiendo.”