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El Espíritu de Eric me Seguía de Cerca

La Casa Magnolia, ubicada en
la Barriada de San Miguel en
Calidonia, República de Panamá.

Era algo insólito ver yo al difunto Tío Eric, a quien nunca en vida había conocido y que en mis rondas por esa escuela secundaria, en que todavía no había ingresado, realmente lo podía llegar a visualizar, allí en escenas, con ese hábito suyo de estarse quedando alrededor de la escuela, desde las horas de almuerzo y en las tardes, cuando se marchaba con compañeros a estar en grupo de estudiosos como compañeros de la misma clase.

Para mí era eso algo que mi tío Eric tenía el hábito de estar haciendo, ya que su madre casi nunca estuvo en el hogar asesorando se si él estuvo bien cuidado. Era eso debido a que ella siempre estuvo trabajando en esa planta de lavandería en la Zona del Canal. La escuela pasó entonces a ser para él, lo que llegara a ser muchos años después para mí, lugar que era más importante que estar a solas en nuestro hogar. En realidad no pude estar hablando en nombre de Eric, pero para conmigo en particular, la escuela se convertiría en ese lugar en donde llegue a estar requiriendo esa crianza que nunca recibía en casa.

Realmente era eso lo peculiar sobre mi relación con mi tío Eric, y sin embargo, era lo que fuera ella mi abuela era la única persona quien en realidad me podría proveer con información sobre ese joven. Esa abuela paternal mía, la Viuda Fanny de Reíd, que además para mi esos eran momentos en que yo la importunaba que ella me respondía. En cambio nunca fue así con mis padres o algunos de mis tíos, con quienes seguía yo en edad, siendo sus primer sobrino. Para esos tíos que fueron entre los más jóvenes, iba a ser que ellos nunca me hablaban de mi tío Eric, quien era para mí, alguien que era luminaria brillante, un ejemplo de hombría, uno quien era persona culta y refinada. En fin alguien a quien yo debí estar tratando de emular en esas etapas de vida, etapa en que yo como varón, estuvo creciendo a la edad de la adultez. En cambio para mí fuese como si toda su vida, era consagrada a estar mejorándose hacer de la educación su tranpolìn, además de estar ayudando a su viuda madre en lo que pudiera, a la vez que ella trabajaba para satisfacer las demandas económicas del hogar, y eso para mí fue muy admirable y a la vez un misterio.

En cambio iban ser años después en pude que pude comprobar lo que había yo sospechado del carácter de Eric, cuando conversàbamos yo y mis tías, en una visita que hicieran ellas sus hermanas en una visita a Estados Unidos. La que era mayor en edad y mi primera tía entre las dos ramales de mi familia, cuando nos pusimos a conversar, yo como siempre indagaba sobre mi tío Eric. Estuvieron la mayor y la menor de mis tías en mi hogar y ambas lo describieron como un joven muy serio quien era ese quien había iniciado el negocio de la ruta de entrega de periódicos. Ese quien también ayudara a su viuda madre, y ese quien había estado tratando de involucrar a sus hermanos a que participaran en la empresa con el fin de que eso les fuera a permitir poder expandir el negocio.

Aunque ellos todos se decidieran estar en busca de empleo en la Zona del Canal, ese joven quedaría metódicamente atendiendo a la escuela secundaria, además de estar organizando su vida alrededor de las entregas de sus periódicos y como cualquier empresario colectando las tarifas de las subscripciones de sus clientes. Eran momentos en que me parecía que ellas me decían que a ese joven su actitud permanecería inspirada y de mucha confianza en la vida que llevaba.

Algo que ellas compartieron conmigo en esa ocasión fue el describir como Eric era de reacio a estar permitiendo algún tipo de comportamiento inmoral en casa de su madre, en especial mientras ella estuvo afuera trabajando. Me contaron que cuando sus hermanos alcanzaron la edad de la adolescencia y, en especial cuando los chicos se convertirían a esa edad de estar interesados en las niñas, él muy audiblemente les hacia saber que era comportamiento muy malo eso de estar haciendo llegar a sus novias a la casa.

Al parecer él siempre exhortaba a que sus hermanos mayores respetaran la casa de su madre y hacia que compartieran las tareas domésticas, para así aliviar la carga de su madre en casa. Probablemente, aquello podría haberle atraído gran cantidad de resentimientos de parte de sus hermanos mayores, y al parecer se convirtió en discordia entre ellos para el resto de su vidas. Aquello fue, por lo que al respecto pareciera razón suficientes para que ellos todos nunca hablaran jamás de su hermano menor, y sus actitudes de indiferencia ante su hermano más prometedor de la familia los delataba antes mis ojos.

De hecho, su deceso a los 19 años de edad también estuvo envuelto en misterio y de mucha angustia para mi abuela. Al parecer cuando Eric cursaba el último año en el Instituto Nacional de Panamá, cuando él se acercaba a la graduación de escuela secundaria y se acercara a lo que seria el comienzo ciertamente de una exitosa carrera de Derecho o de ingeniería en la Universidad de Panamá, repentinamente cae enfermo y muere.

Para los galenos de la Zona del Canal, en esos entonces al parecer su enfermedad, fue difícil de diagnosticar con precisión, al parecer fue que el joven seguía constantemente declinando en salud, poniéndose peor en vez de mejorar al acercarse el día de la graduación. Llegarían a su lecho de muerte entre sus compañeros y profesores favoritos, portando ese preciado diploma suyo de graduación encuadernada, para entregárselo a su madre. Era la única forma de ver ellos a una Viuda de Reid atesorar el valioso documento. Fueron momentos muy graves par mi abuela, una madre que sin embargo, hizo sorprendente acto de dolor, cuando rechaza el documento impreso en pergamino y dio ese grito de desesperación. “Qué bien sacare yo de esos ahora!” Decía la madre sumida en la tristeza y el luto de su inminente perdida.

Eric moriría a poco tiempo después a causa de la desconocida y misterioso padecer. Algunos de los parientes pensaban que el joven fue envenenado por uno de sus conocidos, en cambio los médicos conjuraron sin duda alguna, que había desarrollado un grave problema gastrointestinal, pero que estuvieron inseguros de cual era la real causa. Fuera lo que fuera, aquello apago la vida de un joven, sensible, floreciente, y prometedor para una familia Westindian y para su patria.

Entre tanto, la perdida iba a durar hasta mis días, días en que seria otro de los prometedores de llegar a ser abogado, ingeniero o organizador comunitario, otro de los que iba a perder un país atrasado como era nuestro Panamá. Los miembros de su equipo del club de ciclismo de su Barrio de San Miguel, así como muchos de sus admiradores y compañeros de la Secundaria Instituto Nacional, llegaron a su entierro en el conocido Cementerio de Corozal en la Zona del Canal de Panamá.

Mucho años más tardes, después de deceso de Eric, quien estuvo difunto por más de diez años, era cuando estuve yo viviendo en casa de mi abuela con esas dos de tías y eran a la ves casi tres años en que estuve estar persistiendo importunar a mi abuela a que recordara. Tiempos eran en que presintiendo una peculiar presencia varonil en casa como en la forma del en aue se presentaba antes el armario del Tío Eric. Aparentemente la abuela nunca se había deshizo de las ropas del difunto hijo después de su muerte, como era costumbre hacer. Ella y yo parecíamos ser los que mantuvimos todo ese armario suyo de su ropa, como si a cualquier hora o día, él iba a aparecer en la puerta sonreído llegando a estar saludándonos.

Incluso, las fotografías que permanecían colgando en la sala fueron testigos de la presencia de Eric. Yo estuve constantemente creyendo que estuve seguido por las imágenes de ese barón y los otros miembros masculinos de la familia ya difuntos, quienes decoraban las paredes de la pequeña sala de nuestro hogar, en ese edificio que conocíamos como la Casa Magnolia. Uno de ellos era mi joven Tío Eric y el otro era mi abuelo, Don Joshua Reid vestido en su taje dominguero.

Trágicamente, hasta el día de hoy, no he sido capaz de mantener una fotografía de mi amado Tío Eric ni de mi abuelo Don Joshua. Esa presencia de Eric, sin embargo, me pareció ser su espíritu que siempre ha estado conmigo, y es realmente a él a quien debo muchos de mis logros y ese empuje ambicioso que me han hecho, que de algún modo, llegase a ser mejor hombre en este mundo nuestro.

Esta historia continúa.

Mi Predecesor- Mi Tío Eric

La entrada del Instituto Nacional de Panamá

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El General Simón Bolívar, El Libertador de las Américas

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