Madame y La Ecuación de la Vida Resuelta

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Recordando a Madre Campbell – Madame– sólo falta retroceder un poco. Poco después de llegar a Panamá de lo que en su momento habría sido mi viaje de luna de miel en 1974. Ella, incluso en ese momento, después de muchos años habían pasado sin oír de mí en los Estados Unidos, se acordó de mí, a quien había conocido desde que era un niño. Yo siempre la había admirado por siempre llevar una actitud autoritaria como la líder espiritual que yo había conocido desde que tenía unos ocho años de edad y cuya iglesia era una parada frecuente para mi abuela y yo.

En esa ocasión mi abuela, Fanny, toma el teléfono y la llama para acertar una consulta para mi. Encantada, Madame inmediatamente me recuerda de lo cariñosa que siempre fue conmigo y concordamos en una visita en su casa de dos plantas en Rio Abajo. Su residencia y el lugar donde recibía sus seguidores, era una de esas antiguas casas de madera y el lote donde estaba ubicada era bastante amplio. Una vez allí, al igual que con cualquier doctor respetado de psiquiatría, me recibe en su oficina privada y se sienta ella en su sillón favorito.

Diminuta y esbelta en apariencia en nada le quitaba, sin embargo, el espíritu de general y persona de autoridad que llevaba en su ser. Esta “pequeña mulata” de apenas ochenta años, se convertiría en toda la figura familiar para mí de nuevo ya que ella no había cambiado en absoluto desde mi temprana niñez. Para iniciar entablamos una pequeña charla acerca de mí vida y le presenté mi nueva esposa. Ella muestra su plena aprobación de mi esposa y de mi progreso académico en Estados Unidos y seguimos hablando de mis logros. Con solo sentarme con ella durante ese pequeño espacio me hizo sentir mejor y continué actualizándola acerca de mi vida.

Fue entonces que ella se prepara para entrar en “el espíritu” prendiendo una simple vela blanca en la mesa donde estábamos sentados y me invita a preguntarle acerca de cualquier cosa que yo deseaba del “Espíritu”. Procede a entrar en trance sin ningún esfuerzo en absoluto, haciendo la transición a vidente sin aparente cambio físico. Me habla con tanta naturalidad como con cualquier otro visitante bienvenido. Yo quedo, por decir lo menos, sin palabras en total con veneración hacia “esa Santa” que tan acertadamente me había advertido que yo vendría a asesorarme y consolarme con sus benditos consejos.

Nunca antes había estado tan cerca de tener una sesión de consejos y sanación con ella porque ella siempre fue una presencia benigna y maternal en mi vida con una sonrisa para mí cada vez que la visitaba cuando era niño. Esta sería la primera vez en mi vida después de convertirme en un adulto que tendría una sesión de sanación privada con ella.

Después de ese memorable día con mi querida Madame, la visitaría de nuevo unos días más tarde para decirle que nos íbamos de regreso a los EE.UU.. Sin embargo, esos momentos con mi venerable Reina Madre Campbell me harían revisar aquellos aspectos de mis investigaciones acerca de la prevalencia de estas expresiones religiosas entre mi gente Afro Antillana panameña que me resultaban tan edificantes.

Esta historia continuará.

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