La Tradición Africana de la Reina Matriarca

Dama de la religión Beji Nite abriendo la ceremonia con campanas. Imagen.

Dama de la religión Beji Nite abriendo la ceremonia con campanas. Imagen.

La religión de origen africano de nuestra infancia en Panamá, la religión a la cual nosotros los Afro Antillanos nos referíamos como Beji-Nite que más tarde la encontraría en mis investigaciones de las religiones practicadas en ciertas regiones de África Central, se trataba de una antigua tradición africana en que las mujeres asumen el papel de intermediario con los Espíritus para la protección de su familia, el clan y el medio ambiente en general.

Con esto en mente, no puedo dejar de sentir doblemente bendecido de haber participado en un momento crucial en mi vida de algunas de esas ceremonias notables. Esta experiencia única con ceremonias Beji-Nite sería, de hecho, me ayudaría a alcanzar mi sueño de lograr una educación universitaria y de regresar a Panamá como todo un hombre de sustancia.

En esencia, la presencia y el cuidado de esas mujeres -madres-matriarcas-reinas- fue una respuesta a lo que yo había estado deseando y rezando a ver en mi propia familia de mujeres- mi madre, mis abuelas, mis tías y toda mujer Afro Antillana que yo había tenido la oportunidad de conocer en mis infancia. Desde la primera infancia a menudo había soñado acerca de las cualidades que estaba buscando en el “mujer de mis sueños” y yo sólo había vislumbrado estas cualidades en las figuras de estas mujeres venerables que dirigían, con mucha dignidad, sus congregaciones que a veces numeraban en los cientos.

Me llevaría toda una vida para que todo quedara claro que lo que yo estaba buscando, aparte de una amante y una esposa- era una camarada, compañera y una verdadera “ayuda idónea”. Lamentablemente, nunca encontré personalmente rasgos como la lealtad , amor a la comunidad, o la dedicación a la causa de recordar el amor y la devoción de nuestros antepasados entre las chicas de mi edad y ascendencia Panameña Westindian. Tuve que buscar mas allá de las fronteras de mi gente.

¡Qué mala suerte he heredado! sería mi lamento desesperado desde que vi que para nosotros los descendientes de la admirable Silver Roll- los Hombres y Mujeres de plata- habría poco que transmitir a las generaciones futuras. Con amargura me quejaría ante mi Dios que me sentía engañado por no tener tiempo para vincularme con nuestro patrimonio cultural en la Zona del Canal Negro (The Black Canal Zone) en Panamá o en nuestra vida en los Estados Unidos. En mi desilusión todo parecía un verdadero “Puckatery” mientras trataba de mirar en el alma de “toda mujer negra” en busca de aquel Espíritu de la Matriarca, Reina y Madre. Aunque mis expectativas habían sido concebidas ingenuamente, mis experiencias me devolverían un escupitajo en la cara.

A cada paso en la vida parecía ser la misma historia repetida una y otra vez hasta que en mi búsqueda de respuestas me encontraría haciendo mi visita a nuestros muertos en lo que antes era la sección segregada de “Plata” en el Cementerio Corozal. El impacto de esas visitas me llevó a empezar a visitar todos los cementerios donde esos pioneros hombres y mujeres de Plata y sus familias habían sido enterrados. Uno no puede realmente considerarse a sí misma un descendiente de los Afro Antillanos sin antes visitar los pocos cementerios restantes en las orillas del Canal de Panamá, la única evidencia histórica que nosotros los negros Antillanos fuimos una importante parte del Canal de Panamá. Pero, primero tendría uno que prepararse emocionalmente para hacerlo y verdaderamente apreciar el espíritu de nuestros queridos antepasados.

El estado de estos sitios históricos me ha hecho incluso yo, un hombre adulto, llorar lágrimas de vergüenza, vergüenza compartida con la presente generación como parte del abandono colectivo de nuestros antepasados. Para mí, todos esos años de búsqueda había sido un período de preparación en que yo había estado trabajando para llenar un gran vacío espiritual en mí propio ser. Era una sensación de vacío en mi interior seguido por el implacable impulso de tener algo, un gran “algo” que faltaba en mi vida.

Esta historia continuará.

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