Las Iglesias de Barrio Beji-Nite y Su Legado

Una Obispa de la Iglesia Spiritual Baptist de Trinidad que es de donde proviene nuestro legado Beji- Nite. Imagen

Una Obispa de la Iglesia Spiritual Baptist de Trinidad que es, en gran parte,  de donde proviene nuestro legado Beji- Nite. Imagen

Unas encantadoras niñas Nigerianas con sus tocados distintivos. Imagen.

Unas encantadoras niñas Nigerianas con sus tocados distintivos. Imagen.

Tal vez puedan recordar mi constante y, a veces, fastidiosa reclamación que nadie nos hablaba en nuestra primera infancia sobre temas como la religión o las prácticas religiosas. No fue hasta que había crecido y hecho mis propias decisiones con respecto a estos temas que yo buscaría tratar de participar en estas prácticas con mi abuela paterna, Fanny. Creciendo con mi abuela, sin embargo, me recuerdo haber conocido a varios practicantes y adeptos de las iglesias Beji-Nite- las Iglesias de Barrio. Ellos y ellas visitaban con mucha frecuencia a nuestra humilde casa en el Edificio Magnolia donde yo vivía con mi abuela puesto que ella los acogía con mucho aprecio en su hogar.

Inicialmente, sus visitas me harían recordar esa primera instancia en mi infancia en Calidonia cuando fui testigo de una curiosa ceremonia. Mi tía María me tenía a cuestas mientras que ella visitaba con una de sus amiguitas adolescentes justo al otro lado de la calle donde vivíamos en Calidonia que entonces era territorio Westindian. Permanecía sentado en silencio en las escaleras de madera de uno de esos clásicos “edificios de tabla”, mientras que las niñas charlaban cuando, de repente, su atención se centra en una grieta en las escaleras. De pronto mantienen su mirada fija mientras todo se convertía en un profundo silencio.

Intrigado, yo entonces tenía que averiguar qué era lo que las había hecho mirar con tanta intensidad y las importunaba para dejarme ver el espectáculo por mí mismo, ya que no dejaban de comentar, “Ellos sólo están bailando!” Tan extraño me parecía “el baile” a esa tierna edad de cuatro años, que el cuadro se fijó en mi mente. Era bastante inusual que la mujer estuviera bailando delante de un hombre que estaba sentado frente a ella y parecía estar comentándole con cada uno de sus movimientos. El hombre, luego se levanta en silencio y comienza a girar a la mujer en misteriosos círculos para, entonces, volverse a sentar. Al repetirse la escena una y otra vez , yo me aburro rápidamente, volviendo mi atención a la tonta conversación entre mi joven tía y su amiga.

Nunca llegaría a conocer a esas personas que me habían introducido a ese arte del “baile espiritual” hasta mucho después en mi juventud. Me quedaría fascinado, formulando la idea de que fuera algo natural a mi identidad como negro West Indian en Panamá. Apenas podría empezar a comprender la profundidad de este tema que mi querida Mamí conocía como la Iglesia Beji-Nite. No sería hasta más tarde, cuando habría crecido lo suficiente como para poder explorar la colonia Afro Antillana, que yo sería capaz de aprovechar cualquier oportunidad para detenerme ante la puerta abierta de una de esas Iglesias de Barrio, observando y escuchando por largos períodos de tiempo, y admirando esas mujeres jóvenes, en particular, bailando en sus coloridas envolturas en la cabeza y sus vestidos blancos atados a la cintura con cordones de muchos colores.

Tuve que vivir muchos años mas para ser capaz de comprender sobre el simbolismo de los colores usados y el significado de las ceremonias Beji-Nite. Por otra parte, sería la mística que rodeaba a estas personas que me provocaría a preguntarme el por qué de la participación, en su mayoría, de tanto las mujeres jóvenes como las mujeres maduras que eran atraídas a esas ortodoxas ceremonias y también como organizadoras y líderes de esas iglesias.

Esta historia continuará.

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