Desconectados

Sucede en una de esas noches en que me sentaba al lado de mi abuela cuando asistíamos a lo que para mí sería mi primera experiencia con cualquier tipo de educación espiritual en una de las iglesias evangélicas que a mi abuela le encantaba visitar. Mi abuela, de hecho, era una de esas personas que tenía siempre cuidado con las iglesias “organizados” prefiriendo visitar a todas las muchas y variadas expresiones de la religión cristiana y las otras no convencionales como las iglesias del monte o “Bush Churches” lo que, mas en adelante, explicaré.

Esa noche yo no podía dejar de sentirme literalmente apresado. Sintiéndome totalmente restringido, solo podía pensar en las palabras de me abuelo, Seymour, quien siempre se refería a los blancos como “hombre blanco maldito”- Cussed White Man- ya que escuchábamos el discurso de un predicador evangélico blanco. Observaba mejor a mi abuela a mi costado y me preguntaba, “Será esta la misma persona que se quedaba callada ante las brutales golpizas de me daba mi padre muchas veces sin merecerlas o los maltratos severos de mis tíos, que jamas decía una bendita palabra en mi defensa”?

En ese momento habíamos, mi hermanita y yo, aguantado más de dos años de este tipo de tratamiento sin tregua desde que nuestra madre nos había abandonado a un padre abusivo y sus familiares que parecían ser igualmente de abusivos y aborrecibles. Nuestros propios familiares nos consideraban los enemigos pero yo pensaba que “el enemigo” tenía que estar entre las imágenes de esos extraños demonios colgados de las paredes de esa iglesia. El enemigo no era el “maldito hombre blanco”, sino mi propia familia.

Sería en ese momento que yo empiezo a notar un cambio pronunciado en mi hermanita Aminta, el único otro testigo de mi maltrato físico por parte de mis parientes. De hecho, ella había sido el blanco de mucho maltrato tanto físico como emocional por nuestra abusiva tía. Pero, observándola allí al lado de mi abuela en esa iglesia, notaba que ella ya parecía haberse desconectado totalmente de este mundo brutal. Desprendida sería una mejor palabra, de un mundo en que ella no parecía tener oportunidad ni protección.

Aunque desconectada, mi hermana a mi me parecía la más astuta de los dos ya que ella parecía ser la mas independiente. El hecho doloroso era que nosotros dos habíamos perdido todo sentimiento o emoción como niños sobretodo después del reciente divorcio de nuestros padres. Jamas fuimos consolados o considerados con palabras de sosiego procedentes de uno de los adultos en nuestra familia. Solo nos teníamos uno al otro en nuestra acelerada carrera por la madurez y libertad.

Nuestro aislamiento era tal que incluso nuestros vecinos nos catalogaban como “pajaritos de jaula” ya que pasábamos la mayor parte de nuestros días confinados a nuestra dos habitaciones en el Edificio Magnolia y, como prisioneros, nos desprendíamos poco a poco e inevitablemente el uno del otro, temiendo discutir siquiera la libertad tan preciada que tanto anhelamos.

Even the congregation at the Evangelical Church that night, which was mostly Westindian, was not the enemy, remembering my maternal grandfather with the original fondness I felt for him although he had not even come to Panama City to see me since the terrible breakup of my parents.

Sin embargo, esa misma noche en 1945, yo estaba seguro de que yo no era un “enemigo”, y mantenía la gran esperanza de ser como mi mi tío Eric y mi abuelo, Joshua Reid, hombres muy singulares, por decir lo menos. Incluso la congregación de la Iglesia Evangélica de la noche, en su mayoría Westindian, no era el enemigo.
Esta historia continuará.

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