Hombre de Bien – Panameño

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Para mí, la verdadera prueba de la hombría llegaría en un momento en mi vida en que estaría buscando establecer relaciones con las niñas que proporcionarían una futura esposa. Yo tenía la esperanza de que entre las chicas con que me estaba criando yo podría elegir esa chica especial con quien me enamoraría locamente. Sin embargo, con el paso del tiempo yo ni siquiera estaba cerca de hacer esa conexión de amor.

Me había vuelto un tanto temeroso, de hecho, que me reuniría con mis predecesores Afro Antillanos y yo me volvería obsoleto en el pensamiento en una época que iba ganando terreno rápidamente, con el mundo volviéndose un campo de batalla sobre nuevas ideas. Por un lado habían los ideales del comunismo que, entre mi entorno familiar, nunca se discutía entre los Westindians. Más nos preocupaba, como una comunidad de personas negras, que terminaríamos nuestros días sin tener una idea de cómo era ser una persona realmente “Negra” y totalmente asimilada dentro de la la cultura panameña que todavía nos aborrecía.

El “scuffling”- el fregado escaramuzar de la vida- se veía como una forma perfectamente viable en la vida en aquellos días, y aunque todavía yo era demasiado joven para ser empleado oficialmente, yo ya me sentía listo para asumir el reto. Adicionalmente, yo estaba convencido de que yo ya estaba asimilado. Prueba de ello era mi capacidad de comunicar, tanto por escrito y verbalmente en Inglés y Español. Para la mayoría de los hombres de mi raza Afro Antillana, sin embargo, su percepción de la existencia en Panamá era de continuo hostigamiento y la asimilación como algo fuera de su alcance.

De la misma manera, ser un Afro Antillano y asimilado significaba, para mí, considerar no tener una esposa Afro Antillana, ya que esto me obstaculizaría mi progreso. Sin embargo, la batalla de ideales para un niño Westindian como yo, que siempre se había sentido ignorado por su propia familia y por su comunidad, continuaba en mi mente. Yo hacía planes serios para lo que iba a convertirse en un futuro próximo. Esas ideas secretas y las filosofías de la vida que llevaba adentro quedarían bien cuidadas ya que nunca habría encontrado a nadie con quien compartirlas.

Gústeme o no, sin embargo, llegó el momento de convertirme en un verdadero “Westindian”. Para mí quien apenas había asistido a “English School” era evidente que realmente me faltaba el know-how – el conocimiento íntimo- de como un niño en crecimiento, interesado en formar parte de su pueblo en Panamá y en la Zona Negra del Canal, debería proceder.

Se presentaba como todo un problema, este asunto de saber lo que era ser un verdadero Westindian- algo que yo tendría que hacerle frente la mayor parte de mi vida adulta. Incluso en esos días tendría que reconocer mis sentimientos de ser un representante de lo que era ser un Spanish boy negro – un Afro Hispano Panameño. Pero, aun no era tiempo de alardear ser tal representante de los Negros en Panamá.

Irónicamente, no sentía ningún rechazo por parte de la mayoría de mis amigos criollos en la escuela, incluso las chicas me aceptaban, más o menos, mi forma de ser y en mis términos. De hecho, al madurar me di cuenta de que las chicas de habla hispana me encontraban atractivo y me buscaban. La idea de desarraigarme y mudarme al país del “sueño americano¨- los Estados Unidos- como los demás hombres de mi comunidad, era cada vez menos atractiva para mí. Lo que jamas podría saber era que esta forma de pensar, la de irse a vivir a los Estados Unidos, como la respuesta a todos sus males entre los panameños Westindian, y de hecho, lo había sido desde los principios de la década de los 1930.

Pero, los tiempos parecían dictar que los Westindians estarían nuevamente, en movimiento- y en masa- y mi padre había sido una excepción en ese éxodo considerable de panameños Westindian a “los states” que ya había comenzado.  El camino ya estaba preparado para nosotros, las generaciones más jóvenes, si nos parecía inteligente hacerlo. Mi empeño, sin embargo, era en ser hombre negro de bien pero Panameño.

Esta historia continúa.

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