Una Extraña Mezcla

Un cuartillo or "cuatí"- medio real-  te podía comprar mucho para ahuyentar el hambre.

Un cuartillo o “cuatí”- medio real- te podía comprar mucho para ahuyentar el hambre.

Aun tengo que admitir que desde mis años de infancia siempre me había gustado irme rondando por el monte o lugares selváticos puesto que las ciudades siempre han parecido ser lo más llamativo; nunca tuve la oportunidad de residir en las zonas rurales.

Nuestros abuelos quienes, poco antes de jubilarse, prefirieron adentrarse en las áreas boscosas de nuestro país con el fin de poder vivir en áreas tranquilas y poco pobladas, nos daban un descanso de la vida cruda de los centros urbanos. Recuerdo que nos bañábamos bajo la lluvia y en los cercanos arroyos de donde también tomábamos agua de manantial y llenábamos los tanques de agua de reserva para los días no lluviosos del verano.

A mis antiguos compañeros del barrio de la Calle Mariano Arosemena, a quienes todavía considero como hermanos de crianza, los visitaba de vez en cuando, y aunque nunca pude visitarlos en las áreas de donde procedían allá en Los Santos y Veraguas, los recuerdo con cariño; generalmente, vivíamos en paz y tranquilidad y, desde mi punto de vista, eramos una mezcla extraña.

Pude conocer familias Italianas, por ejemplo, y otras de procedencia europea, griega, etc.. Los italianos, sobretodo, llegaron a montar una panadería para luego llamarnos, los chicos del vecindario, para regalarnos una bolsa de pan. Casi entrando en mi adolescencia también conocí a una familia de mezcla panameña con Chino. Así fue que, en esos días, observé como las familias extranjeras con hijos nacidos en Panamá se acostumbraron a compartir con nosotros.

Aquella familia Panameña/ China , en particular, serviría de un ejemplo para todos nosotros y nuestras familias. Vinieron un día y se apoderaron de varias viviendas uni-habitacionales (one room) en la Planta Baja y las convirtieron en un pequeño comercio en toda la esquina del Edificio Magnolia del barrio de San Miguel en Calidonia.  Alquilaron todo menos el local de la iglesia Beji-nite en la esquina.

Desde esa tienda, eventualmente, se dedicaronn a vender pequeñas cantidades de distintos productos;  un cuartillo (un cuatí) de sal, por ejemplo, o un real de azúcar les compraba a una pila de niños de barrio algún quita-hambre ya que los adultos de casa, en muchas ocasiones, no podían cocinar. Un real de cosas como la harina, o el arroz, un pan micha con una rebanada de Salami del “Chinito” nos salvaba muchas veces de la barriga vacía y nos permitía sobrevivir los tiempos. Adicionalmente, el “Chinito,” el predecesor del Mini-super o Mini-mercado, revolucionó la vida de las amas de casa West Indian, sobretodo, por ser mucho más conveniente y al alcance de sus bolsillos que los comisariatos Silver Roll de la Zona del Canal.

Sin embargo, al parecer, estábamos tildados de “los privilegiados” de la Zona del Canal. Como gente rica les parecíamos a nuestros vecinos hispanos. De hecho, nada teníamos de “privilegiados” por ser que la comodidad de poder comprar en el Comisariato Silver Roll de la Zona del Canal quedaba muy lejos de nuestra realidad y muy lejos del concepto de libertad.

Esta historia continuará.

Comments are closed.