Mis Primeras Experiencias en Spanish School

Pedro_Sosa

Busto del Ing. Pedro J. Sosa que reside en La Plaza de Francia. Imagen gracias a Wikipedia.org

Algún tiempo después de irnos a vivir con mi abuela y mis tías, tanto Aminta como yo seríamos oficialmente inscritos en “Spanish School“, en una de las pocas escuelas que habían sido inauguradas por el gobierno nacional para todos los niños panameños. Mi primer escuela oficial fue la Escuela Primaria Pedro J. Sosa, la cual yo me enteré había recibido su nombre de un ingeniero civil panameño que había trabajado junto a los ingenieros estadounidenses mucho antes de la construcción del Canal por los Yankees en 1903.

Hasta entonces mi principal fuente de sabiduría y la única educación que realmente me serviría para algo eran las lecturas de mi abuelo, Seymour, en Colón. Pues, estar en un salón de clase con mis compañeros latinos me parecía poco desafiante, muy aburrido. En mi caso, me matricularon en el primer grado a la edad de diez años y yo ya estaba listo para competir. La competencia me impulsaba, de hecho, mientras ideaba todas las respuestas correctas a las preguntas fáciles que la maestra preguntaba. Incluso, los niños recién expulsados de las escuelas Silver Roll de la Zona del Canal me parecían poca cosa en materia de desafío intelectual.

No me había dado cuenta de lo mucho que yo había aprendido solo en casa mientras los demás niños asistían a la escuela convencional. Comencé a darme cuenta de que la educación formal, incluso en las “privilegiadas” escuelas de la Zona del Canal, no los había hecho mas astutos ni mas preparados que yo. El primer grado resultó ser tan fácil que mi mente vagaba por otros asuntos, sondeando temas que me parecían más interesantes- temas como las noticias internacionales que se transmitían por la radio.

También tuve nuevos compañeros por conocer que vivían en el barrio que rodeaba la escuela. Esos barrios alrededor de la escuela que quedaban bien escondidos entre los edificios de dos y tres plantas con sus grandes y centralizados patios encerrados hacían de ese conocido distrito un lugar interesante como el otro barrio en que yo había crecido en la Calle Mariano Arosemena en el cercano Distrito de Calidonia.

Mis nuevos compañeros que vivían cerca de las escuelas organizaban los mismos juegos de siempre a medida que fueron abriendo nuevas escuelas oficiales por toda la ciudad; escuelas como la Josefina Tapia y las escuela primaria Guillermo Andreve acababan de abrir sus puertas en la misma calle de la Pedro J. Sosa.

Esta historia continúa.

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