El Lenguaje y los Matices del Insulto

Ahora vivíamos en Casa Magnolia con nuestras tías y nuestra abuela, Fanny.

Después del turbulento divorcio de mis padres mi padre siguió viviendo en nuestro viejo uni-cuarto como su residencia y nos confió al cuidado de sus dos hermanas, Gwendolyn y Berenice y su madre, mi abuela Fanny. Mi madre, por supuesto, fue a vivir con su familia en Colón.

Así fue que comencé a vivir con mis dos tías paternas y mi abuela en la aun muy conocida Casa Magnolia, una de las estructuras más grandes de su tiempo en la esquina de la Calle “P” y la Calle Mariano Arosemena en el barrio de San Miguel. El edificio estaba situado no muy lejos de donde yo había crecido hasta la edad de nueve años rodeado de queridos compañeros y vecinos que nos habían conocido desde que éramos niños muy pequeños provenientes de Colón.

Cobert me transfiere la tarea de velar por su negocio de pollos y cuidar su gallinero todas las noches. El había comenzado la cría de pollos en nuestra pequeña habitación desde los tiempos antes del divorcio, manteniendo la caja de pollitos que había mandado a encargar en la Sears debajo de la cama, manteniendo el calor con una sola bombilla de luz. Al observarlo siempre me intrigaba mientras él les alimentaba y los manejaba hasta que estaban suficientemente desarrollados como para trasladar sus gallinas a su base más grande en algún lugar cerca del Estadio de Curundú.

Bueno, al crecer siempre fui testigo de la aversión de los Westindian a estar involucrándose con la gente latina de su época como esto venía de precedentes que nosotros, los niños Reid, no podríamos comprender. Mucho más tarde, sin embargo, a medida fui entendiendo mi gente Westindian llegué con mas frecuencia los comentarios despectivos que ellos también albergaban en contra de sus vecinos hispanos a los que llamaban “los Paña”. Con el tiempo aprendería más epítetos dirigidos a los latinos que simplemente subrayaban la aversión que los Afro Antillanos sentían a mezclarse con ellos, tales como, “Them Paña nasty no Rass”! Algo como, “¡Esos Paña son bastante cochinos”!

También me crie aprendiendo como los Westindian tenían manera de insultarse entre si, así como cuando le decían a uno de sus compatriotas “Small Island”- isla pequeña- o cuando los jamaiquinos hablaban en privado acerca de los “Bayjans”, – los Barbadianos- o alguna otra isla pequeña. Para esa época era muy común escuchar a los niños Westindian componer canciones al ritmo calipso como “Bayjan dumpling kill a fayaman”. Su significado sigue siendo un misterio para mí y por qué había matado al pobre bombero un simple dumplin.

Una muy cruel frase, sin embargo, que escucharíamos entre nuestra propia familia después del divorcio de nuestros padres sería “Bongo children”-niños Bongo, una frase lacerante dirigida a nosotros despectivamente. Como he dicho antes,  en todas nuestras experiencias al crecer con los niños más pequeños hispanos, nunca nos insultaron o nos hicieron sentir indeseados. Recibimos mayores humillaciones a manos de nuestros propios familiares.

Esta historia continúa.

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