A Puñetazo Limpio

Escuela Pedro J. Sosa. Hoy por hoy, no ha cambiado.

En nuestro nuevo entorno continué conociendo a la gran mayoría de los chicos de mi edad a quienes me había adaptado desde el edificio 29-47 de la calle Mariano Arosemena y la mayoría de los niños que vivían en la contigua Calle “S” incluyendo los adolescentes de mayor edad.

La primera vez que volvería ver una pelea entre los adolescentes sería por causa de la gregaria Ita, la misma chica que había crecido justo detrás de nuestra habitación cuando vivíamos con nuestros padres. Resulta que ella y un chico conocido como Rey tenían un romance en secreto. Una noche, sin embargo, mientras estaba sentado en mi el umbral de mi puerta disfrutando de la dinámica entre los adolescentes congregados allí, un chico se acerca y desafía a Rey a un duelo de puñetazos.

Rey, sin embargo, al ser un chico más bien reservado con un temperamento apacible, no quería tener una pelea callejera. No obstante, su retador y pretendiente a la mano de la bella morena Ita, sale corriendo por todo el vecindario pronunciándola a todos que Rey era un cobarde. “¡Vamos a luchar como hombres, solo tu y yo!” decía el mozalbete mientras que Rey guardaba silencio sin mostrarle reacción.

Esto solo logra enfurecer al otro chico quien se enardece y acorta la distancia entre él y Rey. Sin embargo, lo esperaría una gran sorpresa cuando de pronto recibe toda la furia de ese chico normalmente manso en la forma de un puño al rostro que lo dejó fuera de combate. La familia del muchacho llega justo a tiempo a recogerlo y se lo llevan a casa pareciendo más muerto que vivo.

Desde ese día en adelante Rey se convertiría en mi héroe por su tranquila fortaleza y valentía a pesar de que no vivía en nuestro edificio y sólo había venido a visitar allí esa noche a su encantadora Ita.

Para mí no sería hasta que entrara a la escuela local, Pedro J. Sosa en Calidonia, que me daría cuenta de que si pretendía sobrevivir en las calles de Calidonia, tendría que luchar como un boxeador de verdad y mantenerme en constante vigilia. Yo no había observado realmente una pelea antes de este incidente ni había conocido los rudimentos de lo que es luchar hasta que estuve a punto de entrar a la escuela después del divorcio de mis padres. Tal era el ambiente de eterna lucha en mi querida Panamá en mis tiempos de joven.

En todo caso, la primera pelea a puñetazo limpio que yo tendría con cualquier chico sería con un muchacho Afro-Antillano quienes los niños hispanos del barrio llamaban Figurina.

Esta historia continúa.

Comments are closed.