No Habían Escuelas Reales Tanto en la Zona Como en Panamá

Como vengo sustentando en el artículo previo, a finales de la década de los 1920 la discriminación racial tanto en la Zona de Canal de Panamá como en el país de Panamá afectaría a los Afro Antillanos de manera que la salida de jóvenes Westindian a vivir o estudiar en el extranjero con extraños y familiares se habría convertido en algo bastante común.

También sería una tendencia muy común en nuestro racialmente hostil país la llegada de profesores Antillanos desde lugares como Jamaica y Barbados quienes, llegarían con el propósito de abrir escuelas en los centros urbanos en ambos extremos de la gran zanja para hacerle frente a la urgente demanda de escolarización de los niños negros Westindian.  La ciudad capital de Panamá, centro urbano más grande del país, en particular, había adquirido una distinción notoria y vergonzosa para rechazar niños negros Afro Antillanos en las escuelas públicas de la ciudad.

Esta tendencia, al parecer, fue prevista por los padres de los niños Westindian desde el comienzo de los días de la construcción del Canal.  Examinando las páginas de Harry A. Franck, Zone Policeman 88 (Policía 88 de la Zona, una narrativa de un policía de la Zona del Canal del Gold Roll) ilustra este descubrimiento conmovedor.

Al abrirse camino entre el monte de la Zona del Canal en el corazón del Imperio (Empire) en busca de las  muchas y diversas gentes a quienes se le habían asignado para ser contados para el censo de la Zona del Canal de 1912 – esto sería su empleo inicial antes de que asumiera el nombramiento como un policía de la Zona del Cana- él se encontraba con muchos trabajadores Westindian y sus familias que preferían enviar sus hijos a sus propias English School con maestros de su propia raza negra, en lugar a enfrentarse a la indignidad de ser para siempre iletrados o mal educados. Franck relata un encuentro no descuidando captar los matices lingüísticos únicos de los tiempos:

“En un salón de la parte inferior de un casón ubicado monte adentro de La Zona, un viejo jamaicano de pelo canoso había montado una escuela privada para que la élite entre los hermanos de tez más oscura pudieran enviar a sus hijos en lugar de patrocinar las escuelas públicas común y corrientes que el Tío Sam les proporciona gratuito a todos los residentes de La Zona. El anciano se sentó antes unos veinte niños azorados, uno de los cuales se encontraba con los hombros caídos con un libro en mano en el centro de la habitación, y a intervalos regulares de no más de veinte segundos el viejo le gritaba en voz alta sobre todo el bullicio del barrio:

‘Yo calls dat Eng-leesh! How eber yo gon’ l’arn talk proper lika dat, yo tell me?’”

Esta historia continuará.

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