El Problema de La Asimilación y La Educación

De niño siempre vinculé el pico y pala que se encuentra en nuestro símbolo patrio con mis antepasados Westindian que laboraron en la construcción del Canal de Panamá.

Desde la inauguración del Canal en 1914 hubo un constante flujo de la gente negra del Silver Roll de Panamá hacia los dos mayores centros urbanos a ambos extremos de la gran zanja. Mientras que los norteamericanos libraban guerra en el continente europeo que, lograron, al mismo tiempo, uno de los mayores proyectos de construcción en la República de Panamá y todo con la indispensable mano de obra Westindian para respaldarlos.

Sin embargo, como la mayoría de los hispanohablantes de la América Central y el área del Caribe, los Afro-Antillanos del Silver Roll quedarían fuera del reconocimiento y apoyo concomitante con ese gran logro.  Ellos entrarían los barrios urbanos sin infraestructura ni políticas de aceptación, particularmente para su creciente población de niños en edad escolar.

Desde el principio en el 1915 la población hispana panameña montaría una férrea oposición a los Afro-Antillanos. La base de su fiereza, sin embargo, parecería ser mal dirigida hacia un pueblo cuyo sacrificio y labor podría simbolizarse en su nuevo himno nacional en cuyas estrofas poéticas se hizo eco su experiencia:

“Recordar el pasado, el Calvario y la Cruz” y más adelante… “Adelante con picos y palas, a trabajar sin demora”.

De hecho, nuestro himno nacional siempre me había parecido dirigido a la multitud de mis nuestros abuelos Westindian y su letra chocaba drásticamente con la repentina ola de rechazo que mis antepasados Afro Antillanos tendrían que soportar a manos del público panameño.

“Los Afro Antillanos no pueden asimilarse culturalmente en la cultura panameña,” sería la principal excusa para el programa de repudio calculado -el “Monte Calvario” de humillantes incidentes-que se desencadenaría.  Claro está que a lo largo de la presencia histórica de los negros Westindian en Panamá el sistema escolar público panameño le negaría rotundamente admisión a los niños y adolescentes de origen étnico Westindian en sus escuelas.

Los jóvenes y sus padres toparían con un cada vez más arrogante y constantemente abrumador actitud de acoso al intentar, pacientemente, acercarse a las autoridades del gobierno para solicitar matrícula para sus hijos para el año escolar. Este escenario hostil, comprensiblemente, daría lugar a motivos suficientes a los padres Westindian para enviar sus niños y adolescentes a internados en otros países de la región. Por esta situación encontramos muchos casos, de hecho, una fuga, estudiantes nacidas en Panamá que los mandaban a estudiar a países como Costa Rica, México, Estados Unidos, Inglaterra y otras partes de las islas caribeñas.

Esta gran presencia de jóvenes panameños en el exterior finalmente le da lugar a preguntas por parte de muchas personas en estas naciones con respecto a los panameños y sus orígenes.  “¿Son todos los panameños de raza negra como tu”?  

En fin, muchos de estos niños Westindian se encontrarían creciendo lejos de su patria, empezando sus carreras educativas en el extranjero mientras e, inconscientemente, convirtiéndose en el mayor grupo de representantes del país de Panamá.  Así es que muchas personas en todo el mundo comenzarían a identificar a los Afro-Antillanos o  Westindians automáticamente como “Los Panameños”.

Esta historia continuará.

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