Maltrato y Abandono Infantil Dentro y Fuera de la Zona del Canal

En los días de mi niñez en Panamá todavía nadie en nuestra comunidad Westindian o de la familia íntima de uno les hablaba a los niños. Aparte del Jefe Scout quien intentó probarme en la valentía y la inteligencia en mi único contacto con ellos, nadie conversaba con nosotros.

De hecho, no existía entre nosotros un Cuentacuentos aparte de lo poco que mi abuela materna me relataba así como llevan la tradición en África. Sin embargo, la vida de los obreros en la Zona del Canal y sus vínculos conmigo y mi familia en nuestro barrio de San Miguel en Calidonia, se harían palpable en forma brutal e inesperada.

Sucede que un día como cualquier otro, yo jugaba en la calle fuera de mi casa como yo había aprendido hacer cuando mi padre llegaba a casa por las noches. Era mi forma de evitar las reacciones imprevisibles y violentas de mi papá.  En cualquier caso, de pronto escucho a mi padre llamándome como siempre.  “¡Juni ven acá”! dijo en ingles en su usual forma brusca.  Con la mente fijada en mis juegos con los demás niños de la vecindad respondí tan pronto que lo pudiera oír.

Al entrar al recinto de nuestra habitación- lo que se convertiría en una sala de ejecución- con mi usual entusiasmo, me topo con un gran e inesperado golpe a la cabeza. La sangre descendió casi inmediatamente a mi cara  cuando vi lo que me había pegado- un plato roto- cayó de la mano de mi padre.  “¿Por qué no viniste cuando te llamé?” me dice airadamente una y otra vez sin controlar su ira.

Al verme bañado en sangre, mi madre da un salto y sale repentinamente de la habitación situándose sobre la repisa de nuestra única ventana diciendo, “Tengo ganas de llamarte la policía ‘pa que te encierren. ¡Mira lo que le has hecho al niño? ¿Por qué te enojas así? Otros chicos usan el uniforme ¿por qué no puedes tu?” Poco entendía yo a que se eataba refiriendo. Con eso, mi madre se aleja de la ventana dejándome en manos de un obviamente arrepentido hombre del Silver Roll quien, entonces, comienza a limpiar la herida y vestirla con espada trapo.

Sin embargo, el daño ya se le había hecho a un niño en un frágil estado físico y emocional. Tal era el grado de abuso físico y verbal que muchos niños dentro del Silver Roll, tanto adentro como afuera de la Zona del Canal, sufrían sin ser auxiliados.

Esta historia continúa.

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