El Día en que El Divino Redentor fue Excomulgado

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La noción que el Redentor de Israel apareciera como un “Cristo Negro” y, a la vez, un Nazareno tanto como un nazareo, consagrado al Señor nuestro Dios, no siempre fue una idea aceptable para los príncipes y reyes de La Reconquista.

Mucho menos tolerable sería la idea que el hijo único de Dios había sido enviado a sufrir y ser humillado para demostrarle a la humanidad pecaminosa, sobretodo a  las masas africanas esclavizadas de América, a encontrar el camina a la salvación.  Los afro-descendientes, incluso, llegaron a venerar con más profundidad a El Santo que a la mismísima Virgen madre, algo que se acercaba a lo anatema para muchos de los gobernantes de la Iglesia Universal.

¿Sería que el fenómeno que ocurrió en Portobelo en el año 1658 en el diminuto istmo de Panamá se convertiría en un foco de gloria, un punto en el que las sufridas masas de humanidad se sumarían en total unión fraternal? ¿Sería que esta especial manifestación de un Cristo Negro pudiera reunir en un solo lugar a todos los hijos de raza negra en el escenario más grande y desenfrenado de adoración sincera jamás visto en la historia de la humanidad?

Sucede que el 19 de octubre de 1947 el Cristo Negro, como una de las mayores manifestaciones de unión entre la gente de la raza negra, sería rechazado rotundamente por el obispo de la Iglesia Católica de la época, José María Preciado, M. C. f. D. D lo cual provocaría una preocupante actitud de guerra abierta contra las comunidades de Portobelo y Colón.

Había comenzado como cualquier otra celebración tradicional de siglos previos con los inicios de las preparaciones para la gran manifestación de alegría espiritual de un pueblo profundamente espiritualizado.  Como ya sabemos, desde el año en que El Santo había adoptado al pueblo Colonense en 1658 estas tradiciones cogían auge.

Este año, sin embargo, la máxima autoridad provincial de la iglesia se niega a permitir en lo absoluto cualquiera de los párrocos ordenados por su iglesia oficiar o de cualquier manera participar en las ceremonias o misas y celebraciones tradicionales durante el mes de octubre y durante la Semana Santa.

El obispo fue tan lejos como para reunirse en el Palacio del Gobernador de Colón con el Comité Organizador y pronunciar oficialmente la excomunión de la ciudad de Portobelo y su amada imagen del Cristo Negro que se le había encomendado. Esta excomunión de Portobelo y, consecuentemente, el Cristo Negro duraría hasta el 19 de octubre de 1950 por orden del obispo que incluso se negó a siquiera estar presente en el país solo para no dar su bendición a estas “festividades de los negros”.

De hecho, en 1947 el Obispo Preciado se ausentó del país iniciando unas vacaciones para visitar a sus amigos en California que todavía se bañaba en las riquezas de la fiebre del oro que, por cierto, lo había facilitado la fundación de la Ciudad de Colón.  Marcaría el segundo año consecutivo en que el obispo había de proclamar la excomulgación oficial de las personas que componían el Comité Organizador de Portobelo y su imagen sagrada.

Este poco conocido evento, sin embargo, fue significativo en su conjunto ya que nos confirma nuestras sospechas que fue un intento de obstaculizar la plena devoción al Cristo Negro y así evitar que las masas de gente negra aparecieran en Portobelo y, por ende, no se reunieran con la gente de Colón, los Silver People, bajo la bandera de unificación del Cristo Negro.

No podrían detener, sin embargo, las futuras generaciones de ambos grupos étnicos de tomar parte en las celebraciones que, de hecho, se pusieron más populares. Lograron popularizar las ricas tradiciones del Cristo.

Tampoco lograrían disuadir la evolución de las maravillosas tradiciones y festivales relacionados con el Festival de los Congos y Diablitos en Portobelo y las celebraciones tradicionales y las procesiones de la Virgen y la Santa Cruz en la Ciudad de Colón como había sido la costumbre durante siglos.

Este nefasto evento, sin embargo, les revelaría a los fieles de Colón y Portobelo cuánto su prelado oficial aborrecía la idea de ver a la gente negra de la Provincia unida en una gran hermandad. Supongo que la idea de ver toda la raza de una fragmentada humanidad unida bajo la venerada bandera del perdón de Dios, especialmente durante las celebraciones de Semana Santa, fue demasiado inadmisible para el representante oficial de la iglesia.

Esta historia continúa.

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