El Cristo Negro de Portobelo: Impresiones que Perduran

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Ahora que la celebración anual del Cristo Negro de Portobelo empieza a entrar en la psiquis colectiva de Panamá, comienzo a dibujar imágenes mentales así como un artista de una escena íntima de nuestro folclore y el patrimonio espiritual que es tan panameño. 

Las muy gráficas impresiones que vienen a la mente cuando pienso en el Cristo Negro de Portobelo que nos ha acompañado a lo largo de estos siglos de nuestra historia en Panamá aun me impacta la memoria. Por citar algunos ejemplos vamos a empezar a considerar la escena histórica desde la cual un artista en el año 1658 podría inspirarse para traducirla en una representación escénica sobre lienzo.

Tomemos, por ejemplo, el aspecto notable de la imagen del Cristo Negro encontrado por unos humildes pescadores que al caminar sobre una playa casi desierta cerca del puerto y fortaleza de San Lorenzo en la pequeña aldea de Portobelo en la Costa Caribe de nuestro bello Panamá, descubrieron este perfectamente tallado tesoro celestial.

Era un momento de nuestra historia todavía colonial en que a nuestra comunidad de afro-ascendientes la habían organizado para mantener a la gente de la raza negra esclavizada. De hecho, como señala evidencias históricas, la mayoría de los negros esclavos eran propiedad del Rey de España y a medida que seguían llegando encadenados en los buques españoles, inclusive en sitios como Portobelo, pronto se hacían parte de la mayoría de la población de los residentes de estos puertos aduaneros.

Los relatos históricos nos recuerdan cómo los residentes marcaban con hierros calientes a los esclavos recién llegados con sus marcas particulares y procuraban, entonces, a emplearlos en los extenuantes trabajos en los puertos y almacenes.  Por cierto, y contrario a las creencias populares, se les pagaba algún tipo de salario de subsistencia de conformidad con los proyectos grandiosos que hoy son un legado a la humanidad.

Nos adelantamos, ahora, a nuestro tiempo actual a observar a los descendientes de esos mismos ciudadanos que año tras año desembarcaban encadenados en estas costas sagradas. Estos fueron y siguen siendo puntos urbanos entre otros puertos en las Américas en donde estos hombres y mujeres de la raza Africana eran históricamente destinados a plena “esclavitud”. Sólo que hoy, tras el paso de los siglos, se consagran a través de en un voto a su Dios, Jehová, como está escrito en las Sagradas Escrituras.

Para mí, desde el punto de vista de un historiador, esta consagración voluntaria se ha convertido en una señal de la eterna espera de redención de aquellos tiempos de cruda penuria por tiempos mejores para llevarles la serenidad y borrar esas horribles escenas de las formas más crueles de ese antiguo episodio de la trata negrera.

Los cuadros se me manifiestan, como historiador estudiado y asiduo investigador del tema de la esclavitud, como visiones descriptivas de los días pasados. Revelan el legado de nuestra historia Americana todavía no revelada, una historia que debe llevarnos a reconocer el vínculo genético y milenario entre África y las Américas. De hecho, los vínculos que siguen siendo de nuestra raza esclavizada han demostrado tener conexión genética con la raza bíblica que se ha extendido desde los días del profeta Moisés. Solo recientemente entendemos mejor el vínculo intrínseco y directo entre los negros africanos y el continente asiático.

Sin embargo, solo los integrantes de la rama Afro-Latino Americana de las diásporas dispersas todavía sentimos los golpes del flagelo psicológico de desdén que busca penalizarnos y robar y humillarnos desde los días del siglo XV cuando una imagen llegó misteriosamente en la costa atlántica de Panamá; una imagen con que nosotros los panameños de origen africano sentimos una especial conexión inseparable y duradera y con nuestra divinidad universal.

Sigo convencido de que no será una tarea fácil para sostener esta visión en un mundo que nos sigue odiando al punto de que, incluso, nos niegan el perdón por haber ganado esa gracia especial de nuestro padre Dios todopoderoso por habernos favorecido con parte de su glorioso cielo con algo tan bello y dulce como la imagen y semejanza de un Cristo Negro que nunca podría separarse de su pueblo.

Esta historia continúa.

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