Noticias de la Comunidad Westindian

Albert E. Bell, editor de la sección West Indian News en The Panama American.

A medida que iba creciendo la comunidad Westindian en Panamá los residentes de esta etnia en los barrios populares de la Ciudad de Panamá y Colón trataban, en lo posible, de mantenerse en contacto como una sola colectividad.

Los Westindian en ese momento se identificaban entre si como “la comunidad de color”, con un espacio asegurado en los periódicos locales de habla inglesa.  Por ejemplo, tenían columnas escritas en las páginas en inglés del The Panama Tribune, el Panamá América y El Star and Herald, hoy conocido como La Estrella de Panamá.

Sin embargo, sería en las páginas en inglés del Panamá América en una columna titulada “Noticias Antillanas” –West Indian News- que se encuentra los artículos más interesantes.

El Sr. Albert E. Bell era el editor de esta sección de noticias de los Westindian y presentaba historias de varios escritores contribuyentes. Una historia que captó mi interés fue uno escrito por el Sr. Elías Hunter. El relato se titula, “Lenguaje Inadecuado en la Iglesia de Silver City Heights: Una Cuestión de Orden”. La historia trataba principalmente de una denuncia presentada contra el Reverendo Padre Hill de la iglesia Católica de San José de la congregación “de color” de Colón.

El joven Sr. Hunter era más bien descriptivo en referencia a cosas que les causó ofensa como miembro de la congregación. Por ejemplo, Hunter se refirió al Reverendo “haciendo referencia al pago de alquileres, cobro de cheques de quincena y el uso indebido de los libros del comisariato”. Posteriormente, el artículo llega a quejarse del Reverendo Padre por “referirse a estas prácticas con palabras fuertes como wicked (infame)  y wretched (desdichado) “desde el púlpito en la iglesia.”

El artículo menciona el hecho de que los jóvenes en la congregación ese domingo hasta se llegaron a “lamentar de haber ido a la iglesia en lugar de ir a Cativá a divertirse, como originalmente lo habían intencionado”.

El airado escritor entonces nos da un encantador vistazo al lenguaje peculiar de los Westindian de esos tiempos diciendo, “esas expresiones son totalmente ajenas a la pregunta del día, irrelevante para el tema, frívolo, irritante e inapropiado. “incluso si le habrían llevado la queja al Reverendo caballero en términos de sus expresiones desafortunadas, todo a causa, probablemente, de alguna mujer tonta que seguramente sólo estaba cosechando lo que ella había sembrado de la mano de su hombre (por lo que muchos de ellos hacen esto) no logramos ver la conexión práctica entre esta trifulca de pareja y la historia de la Santa Cruz”.

Al parecer, el sacerdote se había involucrado en cuestiones que nada le incumbía para luego apoyarse en una de las conocidas vidajenas de la Congregación que se dedicaba a susurrarle al Reverando Padre en el oído sobre las supuestas actividades ilegales de los feligreses.

El Sr. Hunter, sin embargo, no dudó en ofrecer su opinión sobre la espantosa cadena de bochinche que estos chismes desencadenaron en la cortante admonición repleta de ofensas desde el púlpito.

La historia sigue diciendo, “Especialmente cuando predican a gente de pigmento oscuro. Y, ¿estamos para concluir que la lepra del complejo por lo tanto ha penetrado en la iglesia, y hasta los predicadores olvidan la presencia del Santo sacrificio en el altar y descienden al lenguaje de los barrios populares desde el púlpito”?

Así terminó esa historia publicada en un viernes 17 de abril de 1936 la cual logró hacerme sonreír ya que pude captar los aspectos más encantadores de leguaje de los Westindian de nuestros antepasados.

Esta historia continúa.

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