El Camino Correcto y Moral

por Lydia M. Reid

Es patentemente claro a cualquiera que hemos vivido en ambos lados de este hemisferio que existe la injusticia racial en América Latina.  El artículo sobre Pedro Rhodes acentuó el fanatismo racial inherente entre las élites panameñas durante esos tiempos históricos.  Sin embargo y lamentablemente, al parecer nada ha cambiado salvo que, cada vez más, los autores de la injusticia racial en la actualidad tienen la tez más oscura y provienen de los estratos económicos más populares.

Hace poco que yo cruzaba La Avenida Cinco de Mayo y, para nosotros que lo hemos experimentado, es una intersección de cuatro vías siempre lleno de tráfico.  Con la mirada fijada en el semáforo esperaba pacientemente el cambio de luces junto a un grupo de peatones entre los cuales estaba un par de señoras paisanas Kuna, las dos vestidas de forma tradicional de su pueblo. La luz por fin cambia a verde y, listos para entrar en el cruce peatonal, las dos paisanas encabezan la marcha de nuestro grupito aunque visiblemente nerviosas.

De pronto un carro inesperadamente irrumpe en el cruce casi arrollando a las mujeres Kuna quienes, por supuesto, pasan el susto de sus vidas.  Entre vulgares siseos y palabrotas ofensivas el enloquecido conductor les dice, “¡Mejor que se cuiden indias pende__s que no las atropelle!”

Sacudida por la acción tan violenta y ofensiva de este ‘hombre’ yo reacciono inmediatamente con mi mejor censura y amenaza que le llamaría a los policías.  Hasta yo misma me sorprendí con esta reacción ya que siempre trato de mantener la calma y la cordura incluso en el ambiente tan emocionalmente cargado de Panamá.  El conductor me mira de la manera más extraña, como quien dice, “¿Qué pasa con es esta fula y estas indias tontas?” Pero, él acelera inmediatamente continuando su disparado rumbo hacia el Marañon.

Sorprendentemente, las mujeres Kuna no aparentaron muy sorprendidas por este indigno asalto verbal, como si ellas estuviesen acostumbradas a este tipo de ataque a su persona y pronto siguieron su camino. Yo, por lo tanto, añadí el incidente a los tantos que he sido testigo; uno más entre similares incidentes de odio racial que abundan en Panamá.  Son, en su mayoría, dirigidos a los negros, los indios y a veces a los chinos con diversos grados de crudeza; todos usualmente cometidos por personas de un tono más oscuro de piel.

Esto es sólo un ejemplo de los demonios sociales que hemos permitido desarrollar aquí en América Latina debido a, entre otras cosas, una actitud muy torcida de nuestra identidad racial.

Yo, inequívocamente, sostengo uno de nuestros lectores que comentó que los mártires que derramaron su sangre y fallecieron el 09 de enero de 1964 tomaron “el camino correcto y moral”.  Los estadounidenses así como los panameños han fomentado en el pasado, así como en la actualidad, crueles sistemas racialmente y socialmente injustas, y, la crueldad engendra la crueldad.

La privación cruel y mayorista y actitud indiferente ante un grupo de personas que les ayudó a construir y desarrollar la vía acuática más impresionante de nuestros tiempos modernos que eventualmente heredaron, apunta a una actitud mezquina e impasible.

Sin embargo, la mezquindad de espíritu y estas actitudes tenaces son difíciles de cambiar.  De hecho, hasta se han librado revoluciones sobre estos “crímenes secretos” que corroen a nuestra sociedad, revoluciones que han dado muy pocos resultados dejando una estela de sangre y violencia y muy poca transformación moral.

Creo que esta historia, la historia del pueblo de los Silver People, tiene que ser sacada y expuesta a la luz de nuestro entorno tecnológico para enseñarle a nuestros hijos que sí es totalmente posible aprender a cambiar sus actitudes y alejarse de los graves errores morales que promovieron sus antepasados.

De lo contrario, seguiremos por el mismo camino destructivo que vemos desplegándose en nuestra desdichada América Latina de hoy que nos traerá, ya seamos soberanos o no, a ser gobernados por los peores tiranos- la violencia y la codicia.

Esta historia continuará.

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