La Primera Generación Dañada

Muchos Westindian optaron por huir de su patria querida para hacer de Nueva York su nuevo hogar.

El duro separatismo en la racialmente segregada Zona del Canal de Panamá y el país de Panamá inevitablemente dio lugar a una generación de gente Silver dañada y alienada como sus homólogos blancos de la nómina de oro y sus descendientes de la Zona del Canal. Que la gente de la nómina de plata hizo de su cruda realidad una experiencia culturalmente enriquecedora sirve como testimonio a su adaptabilidad y su fuerza de carácter.

Después de todo, la historia ha lo corroborado, una historia que puede hablar con más certeza que cualquiera de los supervivientes Silver Roll a este respecto, dejando un largo testimonio de cómo ciudadanos blancos estadounidenses, los ex empleados de la nómina de – los llamados “privilegiados” como una vez pensaron que eran- recurrieron a un comportamiento tan censurable que han dejado una nota bastante agria en la Zona del Canal de nuestro legado.

Tendrán su parte en lo que yo siempre he descrito como la generación psicológicamente dañada, una generación de la nómina de oro marcada por una actitud que les ganaría enemigos a su país, los Estados Unidos de América, sin preocuparse de las consecuencias de sus acciones. La acumulación de muchos eventos históricos que confirmaba este bastante malévolo legado se derivaba de su celebrada actitud de estar en “su derecho” como ciudadanos blancos nutridos, por supuesto, por las políticas y acciones de sus antepasados y la administración de la Zona del Canal.

Predispuesto como estaban a esta ceguera racial, fueron incapaces de amistarse con la gente negra Westindian,  con “esas personas” que a ellos le había indoctrinado a ver solo como su clase de servidores y no mucho más. Eran probablemente tan ariscos con los panameños de los Barrios más pobres que rodeaban la Zona del Canal a los que pudieron haberse unido en lasos de amistad. Por otra parte, sus amistades históricas y mejor cultivadas entre la clase élite panameña inevitablemente provocarían la ira de la opinión pública.  Invariablemente, como vimos en la década de los 1970’s, solicitarían al gobierno nacional de Panamá la devolución del Canal y todas las tierras asociadas a la autoridad de la República de Panamá.

Que la inevitable desaparición del sistema de clase en la Zona del Canal de Panamá (el fin oficial del sistema Gold y Silver Roll) habría seguido tan de cerca en los talones del ascenso del movimiento de derechos civiles en Estados Unidos y su virtual expulsión de la República de Panamá, fue inevitable. Incluso, con la introducción de la nueva Constitución de Panamá de 1972, débiles intentos de borrar los recuerdos de aquellos años, incluso de sus propios actos racistas contra ciudadanos negros, incluyendo los Westindians, se harían, aunque sin mucho éxito.

Los panameños, en general, iniciaron sus propios esfuerzos para despejar la atmósfera de discriminación racial y de clase. Sin embargo, uno podría ver esos torpes esfuerzos por el pueblo panameño que continúa albergando un persistente “idealismo” que especifica la distinción de clase y raza, como débiles intentos.   Aun queda mucha tela por cortar en materia de cambio de actitudes sobretodo entre nuestros jóvenes emergentes en Panamá.

Por ello, en mi humilde opinión, la Constitución panameña del 1972 fue principalmente una constitución de trabajadores. Tal ha sido el clima histórico de racismo y clasismo que los Westindians, incluso hoy, permanecen ocultos detrás y entre las cláusulas ambiguas de las leyes constitucionales de la República de Panamá con ninguna definición acerca de sus derechos civiles.

El documento actual, sin embargo, da bienvenida a todos los panameños nacidos fuera de Panamá, especialmente a los Westindians que se vieron obligados a buscar refugio en los Estados Unidos bajo la Constitución de los Estados Unidos, una Constitución que había sido reformada para reconocer las leyes laborales que ofrecieron igual oportunidades de empleo e igualdad de derechos que se formularon para cumplir los requisitos de derechos humanos de las Naciones Unidas para todos sus ciudadanos.

De hecho, se ha convertido en una creciente tendencia el número de padres Westindian Panameño que buscan adquirir para sus hijos nacidos en los Estados Unidos de América- los “Panameños nacidos en el extranjero”-su soñada ciudadanía y los correspondientes documentos de identificación que se nos garantizan como ciudadanos panameños.

Esta historia continuará.

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