Los Boy Scouts de La Sociedad Jamaicana

El contagioso entusiasmo de los Cub Scouts.

Cuando mi acompañante y yo finalmente llegamos a la gran sala de La Sociedad Jamaicana no podía creer mis ojos. Ante mi deslumbrada mirada había un grupo de muchachos mucho mayor que yo perfectamente agrupados por edad. Antes de que me colocaran en el grupo apropiado para mi corta edad me percaté de que yo era el más joven de toda esa tropa.

Habían algunos niños bastante chicos pero me parecían un poco mayor que yo.  “No hay nadie de mi edad,” me dije un poco incómodo, pero pronto los demás niños más pequeños me habían tomado de la mano y me habían aceptado en su grupo.

Inmediatamente me fijé en sus uniformes de Boy Scout con asombro notando los pines y el hermoso pañuelo azul alrededor de sus cuellos.  Yo estaba seguro de que vendría a muchas reuniones como ésta con mi gran aspecto uniformado.  El jefe del grupo me miró y me dijo, “¿Cómo te llamas, hijo?” Respondí con gran orgullo y sin reparo, “Cobert Reid, Junior!” A continuación, preguntó nuevamente, cuestionándome para asesorarse de mi inteligencia y valentía, “Cómo te llaman en casa?” “Todo el mundo me llama Juni,” respondí sin miedo. “OK, te puedes quedar con ese grupo, pero la próxima vez tendrás que usar tu pañuelo; te lo proveeremos y te enseñaremos a colocártelo. Ahora, todos comiencen a linearse!”

Los niños de nuestro grupo me llevaron al lugar indicado para los más chicos y comenzaron a mostrarme cómo saludar. Estaba tan emocionado que mis inexpertas manos, con mucha dificultad, podían hacer el saludo de tres dedos.  Los muchachos, sin embargo, se habían comprometido a enseñarme. Estaba tan orgulloso de mí mismo por haber sido aceptado en la tropa que hubiera hecho cualquier cosa que pidieran de mí sólo por pertenecer. Eso habría sido mi primer encuentro con un grupo de niños Westindian de familias del Silver Roll en mucho tiempo desde que fui a un picnic del cuatro de julio en Colón regresando a casa desde la Zona del Canal Negro. Estaba tan contento de estar allí que no quería ver terminar la reunión.

Pero, la reunión por fin llegó a su conclusión y el mismo joven respetuoso y entusiasta que me trajo ya me tenía de la mano de nuevo para llevarme a mi casa. Al llegar al umbral me mi hogar y antes de entregarme a mi madre, me dice, “¡Saludo de Scout!” Mi pequeño brazo automáticamente responde levantando mi manito para hacer la complicada maniobra del saludo de tres dedos mientras que mi madre se queda observándome con una sonrisa pintada en los labios. Entonces mi escolta dice, “¡Nos vemos la próxima vez Juni!”  Con eso el joven abandona el recinto y regresa apresuradamente al Jamaican Society Hall.  Mi madre, todavía sonreida, se detiene conmigo en la puerta de la habitación como para ver retirarse el muchacho de los Boy Scouts.

Esa noche casi no podía dormir y para los próximos días esperé pacientemente al joven a regresa para llevarme de nuevo a la reunión de los Scouts. Por fin apareció una noche tal como había prometido, diciendo, “Miss Rosa, he llegado a llevar a Juni a la reunión de Los Boy Scouts“.

Esta vez y para mi total sorpresa y disgusto, mi madre le dice, “Lo siento pero su padre no le da permiso para unirse a los Boy Scouts“.  Mi asombro fue tan absoluto que me costó luchar contra la ir y las lágrimas que comenzaron a llenar mis ojos.  No podía creer esas palabras que con tanta finalidad y tan falta de emoción salían de la boca de mi mamá.

“¿Cómo puede ser tan egoísta?” pensé en total silencio al ver mi madre rendir ese veredicto tan impasiblemente diciéndole al joven decepcionado que yo jamas podría ser Boy Scout. Con estas pocas palabras mi sueño se evaporó. Totalmente desolado, empecé a sospechar que el mismo ceñudo que se hacía llamar mi padre quería destruir mi felicidad. Mi sueño infantil con convertirme en un Cub Scout de la Sociedad Jamaicana había sido reservado para mí para que se solo ser estrellado contra la pared de insensibilidad de mi padre.

El resentimiento por esta indiferencia por parte de mis padres me acompañaría hasta mi edad adulta. Ese profundo dolor y resentimiento me seguiría implacablemente hasta mi vida adulta. Entretanto, ese hombre que decía ser mi papá se encargó de descargar toda su furia sobre mí en particular- al menos así lo consideraba yo. Desde ese momento en adelante me dí a la tarea de descubrir las razones del por qué.

A finales de la década de los años 40 habría algunos temas acerca de las luchas en la Zona del Canal que yo jamás podría comprender.  Sería una lucha legítima de mi pueblo el Silver Roll de la Zona del Canal de Panamá que, años después, tomaría un inexorable investigador, trabajando duro y parejo, negándose a odiarse y a su gente, comprender.  Yo terminaría por ver esta lucha, sin embargo, como algo que produjo pocos cambios laborales para el Silver Roll como parte de la historia de Panamá y Estados Unidos.

Esta historia continúa.

One response to “Los Boy Scouts de La Sociedad Jamaicana

  1. Allan Hawkins V.

    Last Campamento Nacional de Patrulla at Gamboa, a few months ago )cpy the full address and paste).
    http://www.kodakgallery.com/gallery/sharing/shareRedirectSwitchBoard.jsp?token=703780934408%3A939843743&sourceId=533754321803&cm_mmc=eMail-_-Share-_-Photos-_-Sharee

    Saludos, Allan.