Amarga Decepción

Para un niño de seis años yo había ya detectado en mi padre esa disolución emocional, algo que luego descubriría generalmente entre los hombres de nuestra raza. Ya había detectado aquella deprimente decepción en los varones descendientes directos de uno de los primeros hombres Silver como eran mis abuelos Joshua Austin Reid y Seymour Green.

En cuanto a mi padre, Cobert, aun recuerdo haber tratado de alcanzar a conocer lo mas hondo de su ser- llegar a aproximarme a ese alma o espíritu de donde origina la fortaleza  para cuando nos encontramos acosados por fuerzas que a veces creemos poder vencer.  Honestamente, yo pretendía llegar al meollo de aquello que lo desilusionaba y descubrir qué era lo que una vez él había pensado en su juventud.

Supongo que ese joven varón había pensando haber dado el todo por el todo, como ejemplar trabajador que era en el Silver Roll, como también habían pensado todos nuestros ancestros jamaicanos, mucho antes que él. Sin embargo, el mero hecho de haber logrado sacarle ese dólar yanqui todo lo que pudo, ¿era aquello, quizás, lo que lo estuvo enfermando?

Como estudioso de la gente de mi raza puedo divisar un poco mas con claridad aquello de cómo mis antepasados jamaicanos, quienes fueron los principales obreros y trabajadores de calidad en las primeras obras del canal y quienes llegarían a ser eslabón firme para las ganancias billonarias y sustentadoras de economías florecientes en Estados Unidos por mas de un siglo, pensaban.

Ellos, además, fueron los que en sucesivas generaciones siguieron dando todo a su alcance para implantar las semillas de ser hombres libres y vivir en Santa Libertad en el jardín que era las Américas.  Además, creían, firmamente, que era para una causa justa y un bien para todo el mundo viviente.

Precisamente, en ese rincón del jardín fue que se estuvo forjando el Nuevo Mundo Europeo de haberse escogido a Panamá como laboratorio oficial.  Muy pronto, sin embargo, para los negros Westindian, resultaría ser algo muy lejos del Edén.

Además, no iba a ser el Dios de la Justicia quien les había hablado a esos hombres de la raza Negra, sino el mismo Satanás ya que la historia dictaría que mi padre, al igual que mis abuelos y todos aquellos ancestros desde siglo XIX que habían llegado mucho antes que ellos, terminaría su vida en la Zona del Canal con sus manos vacías.  De allí, estoy convencido, provenía su amarga decepción- su implacable rabia interna.

Esta historia continúa.

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