Recreando Una Historia Urbana

El Fruto del Nance.

Intentaremos recrear esa parte de nuestra historia urbana panameña que jamás sería tocada por algún historiador y que duraría más de un siglo.  Era, por decir así, el tiempo de auge de nuestra etnia negra Westindian. El país estuvo en parto de su política de “democracia,” y el constante alboroto partidario que producía. Nuestra comunidad Silver Roll vivía con vecinos allá abajo en el conocido distrito llamado Calidonia, donde nacían casi todos los descendientes de su etnia.

La Calle Mariano Arosemena en que vivíamos, me parecía estar sumida en la más dulce ignorancia acerca de las cuestiones políticas, de aquello que estuvo afectando a sus vecinos Westindian en los recintos judiciales panameños y de la cercana Zona del Canal Negra- la cual nunca estuvo lejos- y de sus problemas laborales con el Canal de su orgullo.

Para la mayoría de los jóvenes de los barrios cercanos al Estadio Olímpico, que sólo estuvo a unas cuadras de distancia, este se había convertido en un sitio de escape y esparcimiento.  Sería un trasfondo, sin embargo, abarrotado con nuestra del Silver Roll, quienes todavía alimentaban la economía de esas áreas urbanas. Ellos continuaban siendo los principales moradores de esas extensas zonas de esa área urbana no solo destinada a ser “ciudad” sino principal fuente de riquezas para la elite panameña- la elite que, cada vez más, provenía de los gremios de ganaderos y agricultores que suplían las ciudades pero que todavía estaban apegados al interior del país.

Entre tanto, la gente de habla castellana con quienes nuestra comunidad Silver se encontraba conviviendo eran los que realmente comprendían a nuestra comunidad. Estos vecinos, después de todo, fueron los que vivieron junto a nosotros desde las primeras etapas de nuestra historia y quienes perdurarían en esta escena urbana en el todavía nuevo país de Panamá. Sin embargo, las crónicas del momento, insistirían a hacernos invisibles y hasta a describir a nuestros barrios como guarida de criminales.

En esos días de mi adolescencia se experimentaba todo tipo de trato que, generalmente, nos hacían sentir desanimados. A la vez iba todo aquello a confirmar mis experiencias como parte de esa etnia de la cual no había historia, ni de hablar sobre nuestra parte en el panameñismo y la urbanidad en la que había participado nuestras gentes. Entre tanto para mi también era experiencia, en que algunos de los abuelos castellano hablantes de patio, en sus charlas proveyeron vistazos real de mis abuelos los originales Silver Men, como era con mis abuelos, maternos y paternos.

Para mí como escritor y estudioso del tema, me daría materia para poner a la vanguardia esos abuelos e intentar establecer en el ritmo de mis relatos una historia sobre los que realmente estaban al frente de la revolución obrera panameña desde los movimientos de inquilinatos en el año de 1925 en las ciudades de Panamá y Colón. Los Westindian del Silver Roll empezaban a organizarse para presentar sus peticiones esperando lograr mejoras en su salario y condiciones de trabajo

En todo caso, puedo recordar que mis padres entre los años 1936-1944, nos llevaban en automóvil a los bosques cercanos a la Zona del Canal y a otras partes de la Zona a visitar personas de nuestra etnia del Silver Roll.  En las raras veces que solíamos ir en familia era para recolectar frutas silvestres, algunas de ellas conocidas por la gente del barrio simplemente como monkey fruit o fruta de mono.

Generalmente, sería en la estación seca y mi padre Cobert nos montaba en su coche y terminábamos en algún bosque cercano a pasar el día entero. Todo el tiempo que yo imaginaba al pensar que así era la vida con las personas indias que cazaban y recolectaban lo que encontraban en el bosque. Como niños nos sentíamos útiles al estar con adultos buscando entre las hojas secas debajo de un gran árbol, encontrando unas pequeñas y fragantes frutas amarillas que parecían canicas.

El fruto de los frondosos árboles de Nance continuaba cayéndonos encima sin importarles nuestra presencia ya que estaba en su temporada y la madre naturaleza era generosa. En una ocasión llegaron mis tías desde la ciudad de Colón para unirse a nuestro círculo de recolectores de Nance. Como el tronco del árbol es ancho y crece muy alto aprovechamos la inesperada ayuda de nuestras tías para minar entre las hojas secas.

Absortos en la tarea a mano no nos dimos cuenta de que se acercaba una tropa de monos sigilosamente. Eran monos de pelaje negro y de tamaño mediano y se movían con toda curiosidad en una banda muy unida.  De pronto, notamos que se posaban y luego subían, merodeando un instante para después pararse arriba de nosotros como para decir, “Hey ustedes ¿qué hacen aquí en nuestra casa?”

Esta historia continuará.

Comments are closed.