Escasa Privacidad Pero Muchos Niños

El caserón de madera donde vivíamos en la
29-47 de la Calle Mariano Arosemena.


Nuestro barrio en el conocido Corregimiento de
Calidonia, en una de las principales calles en el caserón numero 29-47 de la Calle Mariano Arosemena, iba a parecer apacible por un largo rato. Habíamos llegado a residir allí como unos más de los niños más pequeños de los de nuestra etnia Westindian. En realidad nos criábamos como otros más de los niños hispanos y nos confortábamos con la idea que las cosas seguirán siendo idílicas tan sólo para nosotros.

De hecho, seguiría siendo así para nosotros que empezábamos a tomar nuestro lugar entre el rebaño de niños que aun no se habían inscrito en la escuela y quienes permanecían en casa todo el día. Con el paso del tiempo se nos parecería que estábamos creciendo en un vecindario de buenos amigos y vecinos.

Recuerdo a Osiris, una niña de mi edad que vivía en el cuarto directamente detrás de nosotros con su madre una persona de avanzada edad. Osiris tenía un hermano mayor que, aparentemente, nunca estaba en casa ya que apenas se había unido al cuerpo de policía panameña. Con ellos también vivía su cuñada a quien todos conocíamos como Maye desde que llegamos a conocerles. Osiris en cambio era nuestra edad, y siempre se encontraba acompañándonos en nuestro cuarto de habitación jugando en la mayor parte del tiempo con mi hermana Aminta.

Por aquel entonces mi hermana Aminta y yo habíamos comenzado a encontrar nuestro lugar fuera de nuestra habitación haciendo cualquier cosa para mantenernos alejados del cuarto cuando lo encontrábamos un poco apretado en ese primer piso del viejo caserón que realmente nos no brindaba nada de privacidad. Me parece haber sido los mismos sentimientos para nuestra joven madre y para todas las demás mujeres del vecindario.

Me parecía ser peor para mi madre Rosa debido a que donde estábamos situados era un “cuarto vidriera” ya que cada vez que mi madre decidía tomarse una ducha, el barrio entero podría darse cuanta. En el momento en que ella se ponía la bata de baño y salía con la parrilla de madera que usábamos para pararnos dentro del establo de la ducha ya todos los vecinos sabían sus intenciones. A veces ella permanecía sentada en la habitación esperando que uno de los dos establos de la ducha comunal fuera desocupado. Nos parecíamos a unos peces dorados dentro de un tazón de vidrio- muy pequeños y abarrotados.

Honestamente yo sentía en esos tiempos de mi infancia que mi padre nunca había deseado que nuestra familia siguiera viviendo tanto tiempo tan atestados. Los tiempos y las circunstancias, sin embargo, habían cambiado para él y los malestares laborales se habían encrudecidos y se vio como otros empleados Silver Roll capturados en apretones económicos. Los obreros del Silver Roll no estuvieron recibiendo los tan necesarios y esperados alzas en su pago para poder costear una mudanza a mejor vivienda. De cualquier modo, Cobert, mi padre, empezó a buscar oportunidades para ausentarse de casa. Al menos, así me parecía.

Esta historia continúa.

 

One response to “Escasa Privacidad Pero Muchos Niños

  1. Gracias por el buen trabajo y por traer algo nuevo a la Internet!