Nadie Nos Hablaba

El logotipo de el Panama Tribune, semanario en
ingles publicado en Panamá.


Para uno como yo, quien vivió los tiempos de mis abuelos Westindian quienes pasaron de la esclavitud de las islas del Caribe a ser los Silver People de la Zona del Canal de Panamá, el hecho de haberme auto-alfabetizado en esos tiempos de tantos cambios me hacía sentir verdaderamente aislado.

Durante esos momentos de mi niñez acostumbraba quedarme muy quieto en las tempranas horas de la mañana escuchando atentamente a la despedida de unos niños vecinos de su madre en sus preparaciones rutinarias para ir a la escuela en la Zona. Su familia eran nuestros vecinos de la misma clase Silver Roll viviendo todos en el mismo barrio en Calidonia solo que sus niños asistían a una escuela de la Zona.

Como niño estaba poco consciente de que, tanto ellos como nosotros, éramos víctimas de la carencia de empleo y de vivienda. Nuestra habitación (ya que no se pudiera llamar apartamento) servía de sala, cocina, y comedor y estaba situada en un barrio de la Calle Mariano Arosemena de Calidonia. Con nuestra ciudadanía en juego en esos precisos momentos históricos, pues aun no éramos niños panameños ni tampoco pertenecíamos al Silver Roll de la Zona del Canal- yo estaba sumamente deseoso de unirme a esos pequeños vecinos y entrar a esa escuela en la Zona Negra del Canal.

De hecho, habíamos conocido a esa familia en particular cuando llegamos a vivir en la ciudad de Panamá desde nuestro refugio de niñez en el hogar de nuestros abuelos en la Ciudad de Colón. Recuerdo que fue después del gran incendio del 1940 que llegaría a destruir la mayor parte de la ciudad en la costa atlántica del canal. Tiempos también en que estuvimos como niños aislados porque realmente no conocíamos a los vecinos para aun conversar con ellos.

Sería mucho más tarde en la vida en mi carrera universitaria en que llegaría a concienciarme de que aquellos fueron los tiempos de los cuales habló Sydney Young, el fundador y editor del semanario Panama Tribune, único semanario dirigido a las gentes de habla ingles Westindian, a lo que él aludía en sus enredos con la clase élite panameña desde la fundación del periódico en 1928.

Era en nombre de niños como yo que el ilustre y sus colaboradores se enfrentaron a toda una maquinaria de los medios elitistas panameños, que habían usado a los ciudadanos Westindian como peones de la colonia europea en búsqueda de prebendas de esos grandes regalos del imperio que habían comenzado en el año de 1902 de nuestra historia panameña.

El notable descuido de los niños de la etnia negra Westindian, hasta de las generaciones antes de nosotros, se manifestaría en el mismo sentido de aislamiento que nosotros sufríamos durante nuestra niñez. Éramos niños que nos cuidábamos solos. Consecuentemente comprendí que la mayoría de esos niños y jóvenes criados en la Zona del Canal Negra bajo el gobierno estadounidense, sufrían, generalmente, la misma carencia de acceso a la enseñanza. Era normal para todo joven que al llegar a la edad la adolescencia, siendo alrededor de los 15 años, que iniciara su búsqueda de empleo, uniéndose a la gran masa de gente desempleada.

La vida de niño pequeño para mí, el mayor de dos hermanos en esos entonces, no se podía comparar con la vida de jóvenes y niños panameños de ascendencia Westindian de familias numerosas. Me parecía que las familias pequeñas como la mía estaban a la desventaja ya que las exigencias de la vida en los barrios eran tales que los niños de familias grandes tenían mejor protección de su familia compuesta de muchos hermanos.

Sin los beneficios y la protección inherente en haber asistido a una de las escuelas Inglesas Westindian nosotros sentíamos esa inseguridad y aislamiento, enclaustrados detrás de la puerta cerrada casi todo el día, ya que mi madre no hacía las gestiones de ser responsable para mantenernos matriculados en escuela alguna. Agregado a los sentimientos de vulnerabilidad cuando nuestros padres estaban ausentes nos sentíamos sumamente solos e inútiles. Yo, en particular, padecía ese sentido de inutilidad por no poder salir a “ganarme mi espacio y mantenerme” y la gran insensibilidad de mi joven padre -que acostumbraba abusarme físicamente- era el detonante de muchos de mis temores. Sin embargo, como es típico de niños abusados, me parecía que todo era a causa de las frustraciones masculinas causadas por la cambiante situación laboral.

Desafortunadamente, nadie nos hablaba como niños. Nos trataban como si no estuviéramos presentes, dejando sentimientos marcados en este hijo varón, de aprender de cualquier “experto” con que me encontrara en la vida. Entre tanto, me auto impuse la meta de tener que aprender rápidamente y estar siempre dispuesto a demostrarlo. Sin embargo, durante mucho tiempo no encontré a ningún “idóneo” que me diera la mano en aprender cosa alguna; así que muy pronto emprendí mi camino hacia el auto didáctica, sobretodo para aprender a leer en ingles y español.

Esta historia continúa.

One response to “Nadie Nos Hablaba

  1. Señor Reid,

    Ud. està contando mi vida de niño en Panamà.

    Excelente artìculo.

    Rey

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