Una Nota Sobre la Acción de Gracias

En esta imagen del 1909 tenemos una
vista de la principal Estación del Ferrocarril de Panamá
en la Ciudad de Colón. Imagen gracias al autor de
From the Canal Zone- Panama, Thomas Graham Grier
1909


A medida que se acerque la celebración Norte Americana de la Acción de Gracias (Thanksgiving), debemos notar que es celebración heredada a nuestra comunidad Panameña Westindian. Esta en realidad es una de las fiestas que cada año hemos siempre apreciado y en la cual hemos siempre participado con expresa alegría aquí en nuestro país y en los Estados Unidos.

Nos corresponde hoy conmemorar el legado de nuestros ancestros ya desaparecidos y hacemos hecho llamado a toda la ciudadanía Panameña a que se nos une en honrarles simplemente porque ellos fueron quienes, en su mayoría, llegaron al país para dejarnos una múltiple herencia.

Fueron ellos en realidad los que conformaron la mayoría de los primeros residentes, moradores y ciudadanos. Fueron ellos también los que estuvieron conscientes de sus deberes ciudadanos, y en tiempos difíciles solidarios vecinos, quienes componían la mano de obra hasta en las primeras construcciones que urbanizaban lugares en crecimiento con propios y extranjeros a ser conocidos barrios que cada vez se volvían repletos de gentes quienes después pudieron subir las escalas económicas para dar fe de una historia de la panameñidad nuestra en toda la región de Centroamérica.

La Ciudad de Panamá siempre reflejó su identidad Española desde los tiempos de su fundación a mediados de la década de los 1500 hasta que arribaron los primeros grupos grandes de nuestra etnia Westindian desde la isla de Jamaica. Llegarían ellos a ser la fuerza motriz en las construcciones en el país, primero del Ferrocarril de Panamá, luego El Canal de los franceses, para luego nuevamente ser escogidos por los estadounidenses para ser esa fuerza laboral que construyera el Canal que hoy conocemos.

A principios de la década que comenzara con el año de 1950, fue la que marcó una era de más de 400 años que iba a estar sonando ese lenguaje ingles el cual no se había escuchado tan dominante en ningunos de los lugares de la región; salvo, excepto, dentro de las comunidades puramente Westindian-panameña.

Los Westindians para esos entonces llegarían a ser algo más que las primeras bandas iniciales de Jamaicanos y llegaría a ser después tiempos en que esa comunidad de gentes de color, todavía tenía algunos de sus residentes fundadores que seguían con vida dentro de sus recintos. Tal fue el caso de mis abuelos maternos y paternos de esa generación de inmigrantes, quienes por muchas décadas más, habían permanecido casi escondidos hasta su muerte en sus respectivas ciudades terminales de Panamá y Colón.

También fue cierto que esos mismos supervivientes como mis abuelos y sus hijos, de la primera generación de Westindian panameños, vivieron en esas mismas ciudades que ellos ayudaron a construir, y que como colonos también persistieron sufriendo de acosos raciales y clasistas cuales a menudo fue claro mensaje de que se entregasen todos a “simplemente desaparecer.”

En todo caso, las generaciones que fueron las más jóvenes de nuestro pueblo Silver Roll, fueron como lo era yo, de esos quienes se mantenían aferrados a su patrimonio cultural dual, de los que sabían existir como residentes Westindian, siendo a la vez Criollos de habla Castellana o Español. Éramos vecinos quienes nunca temían en lo absoluto, el defender sus derechos y legados de nacimiento no importa en donde se encontraran en el mundo. De hecho, a menudo estuve sintiendo que el derecho a la existencia dependía de aquellos de poder exponer mi identidad bilingüe y bicultural, aquello que estuvo sistemáticamente siendo cuestionado. Mi apellido es inglés, sin embargo, y el color de mi piel me eliminaba de cualquiera confusión de mi parte, en estar reclamando el lugar que me correspondía como hijo nativo del Panamá que tanto amaba.

De hecho, estuvieron entre muchos padres de familia de esa primera generación de inmigrantes, que les toco nombrar a sus hijos con nombres de del idioma Castellano, y a la vez manteniendo sus apellidos en el idioma Inglés. De esta generación íbamos a obtener las hordas de proles de la raza negra, niños que por primera vez llegaban a las primeras escuelas primarias con nombres como Rogelio, Gerardo, Roberto, Cirilo, Alberto, Armando, Ana, Berenice, Carmela, Eugenia, etc., en lugar de nombres en el puro Inglés de sus padres. En realidad muchos de esos primeros padres de familia Westindian también estuvieron con ese gesto tratando de auxiliar a sus hijos a hacerle frente a una xenofobia rampante y generalizada en el país. Fue con ese gesto que demostraban su adherencia a la panameñidad, y aduciendo que por esos medios daban públicamente nombre hispano a sus proles que con orgullo podrían ser aceptados en las escuelas y en su vida pública.

Muchos padres de familias, sin embargo, estuvieron haciendo declaración de que ellos y sus hijos en esas horas de la historia como ciudadanos panameños pertenecían a una nación soberana como ciudadanos pleno, con todos los derechos y beneficios inherentes a una ciudadanía de hombres y mujeres libres. Incluso yo en esos momentos de la historia panameña, sin embargo, tuve mis ideas propias acerca de eso de mantener el nombre de mi padre intacto como me lo había legado. Aquel Cobert Reid, Jr. Como hijo predilecto de mi padre fue además nombre que tenia real significado para mi.

Era nombre que yo había creído involucrar el significado de toda una etnia, y ser nombre que iba a llegar a ser algún día, reconocido en los anales de la comunidad Westindian, por ser entre quienes estuvieron mis padres y mis abuelos como agentes fundadores; de lo que es una ciudadanía que había proporcionado auge al país de Panamá. No tan solo porque fuesen de raza negra, sino que ya fueran ciudadanos negros, blancos o indígenas, eran ciudadanos que estuvieron en un país que había decidido a rechazarnos en gran parte por ser de la raza negra. Aquello iba a resultar cambiarse en un corto lapso de tiempo para mi persona después, por ser que más tarde, a medida que se acercaba mis cumpleaños numero 18I, iba a encontrar el nombre Castizo con que me habían inscrito mis padres.

Iba a resultar siendo que a pesar de que no tenía en esos entonces conocimiento de bibliotecas públicas o lugares en donde iba a poder yo escapar a estar haciendo estudios personales y además a estar escribiendo, aunque había en secreto comenzado a estar escribiendo la historia de sobre mi vida entre mis gentes Westindian de Panamá, pero en forma de memorial. Además había encontrado que en algunas ocasiones estuve tratando de combatir esos sentimientos de desvergüenza al encontrar que no tenía manera alguna de corroborar mis hipótesis y simples observaciones, de esos de tan solo simplemente haber observado del sólo vivir dentro de nuestro mundo urbano, sin saber que nuestra etnia había también sido unos de los principales instrumentales en edificar las primeras ciudades urbanas del continente americano.

Así fue que me iba a tocar volver a profundizarme en aquello de estar plenamente reconociendo esa comunidad Westindian que había yo heredado de mis abuelos, y me encontraba estar agradecido por esas experiencias. Incluso, eran tiempos en que me enfrentaría a algunos de los “Patriotas” de barrio, de esos niños de raza criolla que habían heredado identidad de madres cuya lengua natal es el Castellano o el Español. Esos quienes siempre estuvieron listos a luchar en contra de los “invasores” quienes éramos nosotros los Westindians.

Eran tiempos de estar además entre esos quienes se creían ser muy buenos panameños, y que me iban a proporcionar otras oportunidades para estar mas centrado en mis observaciones de nuestra comunidad negra Westindian, de la misma forma que lo había estado haciendo mucho antes de que comenzara a estar asistiendo a la escuela publica, en que se hablaría el español.

Entre tanto otra vez en vida me ha tocado llegar a momento en que pudiese demostrar, aunque sólo a mí persona, que la nuestra comunidad Westindian siempre ha tenido miembros que en su actuar fue con inteligencia, demostrando aquellos valores del buen actuar a la vez que se mantenía una reputación moral. Además de ser esa mi modo de ver mi historia personal, también pensaba estar rindiéndome secuestrado en país lejano. A la vez que pensaba que algún día se iba a estar contando mi historia con la ayuda de Dios.

Mientas tanto esperaba con ansias y anhelos de obtener algún día los grados que podía significar intelectualidad. Poder llegar a ser aquel que mi Maestra Sánchez estuvo previsualizando, uno que estuvo interesado no tan solo su graduación con grado universitario, sino llegar ser uno que estuvo observando aquello de que las obras y labores de nuestros progenitores son y deberían contarse como herencias vivas. Además que para este servidor no son obras perdidas, para estar eternamente encerradas bajo cuerpos acuosos, ni selladas en tumbas silenciosas para siempre. Si no que son obras eternas, dones abiertas a la humanidad.

En esta fecha de Acción de Gracias debieramos detenernos y hacer respetuosa pauta con rezo en la boca para honorar a esos obreros Westindian. Esta ha sido siempre mi forma de pensar aun estando por años en moderno cautiverio viviendo en varios países lejos de mi querida patria Panamá. Únanse en oración a dar gracias por los recuerdos y legados de los obreros Westindian así como todos los obreros Panameños.

Esta historia continuará.

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